viernes, 29 de enero de 2010

Capítulo 2 (parte 1)

-¿Artemisa?- me preguntó- ¿ese no es el nombre de una diosa griega?
-Sí, la diosa de la caza- dije tratando de sonreír.
Él hizo una mueca de dolor disimulado con una sonrisa.
¿Y te identificas con tu nombre?
Estaba llegando lejos con las preguntas y era momento de callar.
-Quizás sí o quizás no- contesté minetras cogía la venda y la enrollaba alrededor del muslo de Stefan- ¿por qué tu hermano no puede bajar las escaleras?- pregunté cambiando de tema.
Stefan se puso serio y me miró, me mordí el labio inferior y aparté la mirada.
-Mi hermano...- me dijo- no puede caminar.
-Lo siento, quizás no debí haber preguntado.
-No te preocupes. Ya es hora de que hable de esto con alguien porque mis padres ya sufren bastante y me quedo callado para no verlos sufrir más.
Casi sin darme cuenta, coloqué mi mano en su pierna sana y lo miré a los ojos.
-¿Qué le pasó?
-Tuvo un accidente con mi hermano mayor.
-¿Tienes otro hermano?
-Tenía, murió en el accidente.
-Lo siento- dije sinceramente- ¿tus padres no están aquí?- pregunté mirando a mi alrededor.
-Me independicé hace tiempo y Ronny se vino a vivir conmigo después del accidente, no soportaba tanta tristeza y que sintieran pena de él.
-Entiendo...
Mientras él se desahogaba, yo apoyé una de mis manos en la herida y tras concentrarme un poco alivié el dolor de Stefan lo máximo posible sin que se diese cuenta. Luego aparté mi mano sin dejar de mirarle e intenté poner toda la atención posible.
-Lo peor de todo es que Ronny no recuerda nada de lo que pasó en el accidente y se siente frustrado, no sabemos lo que sucedió ese día.
Suspiré. Sabía que yo podía ayudar a ese chico con mis poderes pero si lo hacía, corría el riesgo de que me descubrieran y permanecer en la Tierra pasando desapercibida era una de las primeras reglas que debíamos cumplir las Ninfas de los Cielos.
Perdida en mis pensamientos como estaba casi ni me di cuenta de que mi móvil estaba vibrando. Cuando salí de mi ensimismamiento, advertí que Stefan me miraba.
-Creo que tu móvil está sonando.
Metí la mano en un bolsillo que llevaba oculto en el vestido del cual saqué mi móvil. Al mirar la pantalla y ver el nombre, suspiré y me levanté mirándolo.
-¿Algún sitio donde pueda hablar a solas? Es...- me quedé callada un momento sin saber qué decir y luego dije lo primero que me vino a la cabeza- mi madre.
-Puedes hablar en la cocina- dijo él intentando levantarse y pude ver que no sentía dolor alguno- vaya, eres una buena enfermera- me comentó- apenas me duele. Bueno, puedes hablar aquí, yo voy a llevarle los medicamentos a mi hermano ahora que puedo.
Asentí y cuando lo vi salir, me acerqué el teléfono a la oreja.
-Artemisa, ¿se puede saber dónde estás?
-En la casa de un chico al que acabo de salvar de morir a manos de Badariel- contesté rápidamente- estaba herido y no podía dejarlo tirado.
-Dime que no ha visto tus alas... y que tampoco has usado tu poder para curarlo.
-Tranquila he sido lo más humana que he podido. Estos dos chicos necesitan a alguien que los cuide, que vele por su seguridad. Uno de ellos se ha quedado paralítico y al que salvé, lo atacaron hoy, es posible que Lucifer envíe a alguien para acabar con el trabajito de Badariel- dije sin poder contener mi enfado al nombrar al hombre que había arruinado lo que fui.
-¿Conseguiste matar a Badariel?
-Sí, al fin acabé con él.
-Entonces tenemos que hablar tú y yo, quiero verte. Aquí en media hora ¿entendido?
-Tengo que hacer una cosa primero, podemos hablar mañana.
-Artemisa, estoy harta de tener que recordarte quien manda aquí, que seas una de mis mejores Ninfas no quiere decir que tengas libertad de movimientos, así que en media hora quiero verte aquí.
Suspiré ruidosamente y al final acepté, por lo que tendría que despedirme de Stefan y salir pitando hacia los Cielos, donde me esperaba Afrodita, la jefa de las Ninfas de los Cielos. Al menos podría ver a Isis y a Adara que habían ido allí hace una semana y aún no habían vuelto a la Tierra o quizás sí habían vuelto pero no al sitio donde yo ahora misma estaba. Esperé un par de minutos y al ver que Stefan no bajaba, decidí subir las escaleras que me llevaban al piso superior.
Cuando llegué arriba vi una puerta al fondo y me acerqué lentamente. Sin hacer ruido me asomé y vi a Stefan sentado en una cama junto a un chico de unos dieciséis años bastante parecido a él.
-Stefan, no me mientas, dime qué te pasó en la pierna ¿por qué la tienes vendada?
-A ti no se te puede mentir ¿eh? Está bien, un tipo me atacó en el parque pero no llegó a más, una chica que pasaba por allí me ayudó. Precisamente ella está aquí y me curó la herida.
-¿Es guapa?
-Guapísima.
-Eso es una suerte, hermano, la verdad que sí.
Yo sonreí levemente al ver lo bien que se llevaban.
-Me gustaría conocerla.
-Pillín, lo que quieres es ligar con ella- le dijo Stefan sonriendo.
Ronny miró hacia la puerta y me vio. Vi que me sonreía y luego miraba a su hermano para decirle.
-Creo que no tardaré mucho en conocerla, está ahí mismo.
Mordiéndome el labio, abrí la puerta y entré en la habitación bajo la atenta mirada de los dos hermanos, ambos muy parecidos entre sí.
-Hola- dije sonriendo levemente.
Stefan se levantó y se acercó a mí.
-Ronny, esta es Artemisa.
Me acerqué a la cama y le tomé la mano que él me tendía. Pensé en utilizar mis poderes para intentar ver el pasado, justo el día del accidente pero si permanecía mucho tiempo con mi mano en la suya, se daría cuenta de mi invasión. Por suerte, sólo llegué a ver un coche que venía de frente.
Mis ojos, que sin darme cuenta se habían cerrado momentáneamente, se abrieron de par en par. Al ver la mirada inquisitiva de ambos, me limité a disimular mi comportamiento fingiendo sorpresa.
-Vaya, os aprecéis bastante.
-Sí- dijo Ronny- mi hermano Airam, era el diferente, él se parecía más a nuestra madre, nosotros, en cambio, salimos a nuestro padre.
Pude comprobar que hablaba con mucho cariño de su hermano muerto.
-Veo que querías mucho a tu hermano mayor.
-Sí, no sólo era nuestro hermano, también era nuestro amigo.
-Ya sabes que siempre estará en tu corazón y en tu mente, aunque no lo puedas tocar, seguro que podrás sentirlo.
-Sí- me contestó el chico con cierta tristeza.
Miré a Stefan que estaba cerca de la ventana y me sorprendí al ver a un Ángel detrás de la ventana. Sus Alas Blancas brillaban intensamente pero los dos chicos no podían notarlo. Solo yo podía verlo en ese momento.
Rápidamente miré a Ronny y luego volví a mirar a la ventana pero ya no había nadie así que miré a Stefan, el cual parecía alicaído y le dije:
-Debo marcharme, mi... madre me está esperando. No hace falta que me acompañes- dije sonriendo al ver que quería compañarme- encárgate de que tu hermano se beba las pastillas- sin esperar respuesta salí corriendo de allí y bajé a toda prisa las escaleras para salir fuera de la casa.

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