sábado, 30 de enero de 2010

Capítulo 2 (parte 2)

Al salir, miré a mi alrededor y el resplandor blanquecino que había visto en las Alas del Ángel pasó ante mí rápidamente por lo que hice aparecer mis Alas y lo seguí. A pesar de lo rápido que iba, logré darle alcance y tuve que tirarme encima de él para detenerlo.
Ambos acabamos en el suelo en un revoltijo de brazos y piernas hasta que logré apartarme y mirarle a la cara. Su pelo de color castaño brillaba a la luz de la luna y sus ojos verdes oscuros me miraban. El silencio se cernió sobre nosotros así que aproveché para decirle.
-Espero que tengas una buena excusa para estar en aquella ventana mirándonos. ¿Es que eres su protector o algo parecido?
El Ángel se sentó y me miró con cierto enfado por el placaje que le acababa de hacer así como así.
-Estaba allí porque aquellos chicos son mis hermanos...
Sorprendida ante tal revelación, me aparté y lo miré. ¿Él era el hermano que murió en el accidente? Rápidamente intenté disculparme por mi comportamiento.
-Lo siento, no lo sabía, no pensé que tú habías tenido el privilegio de ser Ángel.
-La forma en que morí por lo visto fue cruel y por eso decidieron hacerme Ángel. ¿Se puede saber qué le pasó a mi hermano Stefan?
-Badariel lo atacó.
-¿Badariel?
-Sí.
El chico le dio un puñetazo a la hierba en la que habíamos caído hacía tan solo unos minutos.
-Iba a cumplir su promesa, el muy...
-¿Su promesa?- le corté a oír lo que acababa de decir- ¿Qué promesa?
Él me miró con preocupación en sus ojos y contestó:
-Me dijo que mataría a los seres que más quería por haber matado a su pareja.
-¿Pareja?
-Sí, una Ninfa Caída. Atenea creo que se llamaba. Pensé que no cumpliría su promesa.
-Bueno, puedes estar tranquilo, yo misma lo maté. Ya no podrá cumplir su promesa- le dije con un tono amargo en mi voz y bajando la mirada.
Supe que él se había percatado porque enseguida me obligó a mirarlo a los ojos.
-¿Tenías alguna razón para matarlo?- asentí lentamente- ¿Qué pasó?- me preguntó.
Yo no sabía cómo empezar a contarle, no me salían las palabras en aquel momento así que lo que hice fue apoyar mi mano a la altura del corazón de él y le transmití recuerdos de mi vida, antes de morir, junto a Badariel. Luego le mostré lo que me había dicho hacía un rato, antes de acabar con él y supe que sintió el hondo dolor que me consumía al recordar todo esto.
Una vez terminé de transmitir mis recuerdos, corté el lazo que nos estaba uniendo a través de mi mano y nos miramos a los ojos.
-Intenté matarlo otras veces pero no lo conseguí pensando que aún él podía sentir algo por mí y cambiar pero me equivoqué, esta noche me demostró que realmente quería que fuera su... su...- quería llorar pero mis lágrimas estaban atascadas y no podían salir.
Sus manos se posaron en mis hombros y lo miré.
-No sigas, ningún Ángel Caído cambiaría su vida de libertinaje por alguien tan puro como una Ninfa de los Cielos, ya tienen a las Ninfas Caídas.
-Lo sé, quizás deseé imposibles.
-Estabas enamorada. Al menos esta noche viste de la calaña que estaba hecho y ahora dejarás de sufrir.
-Es posible.
-Si lo que me cuentas es cierto, entoces debo agradecerte que hayas salvado a mi hermano Stefan y hayas hecho sonreír un poco a Ronny.
-Te echa mucho de menos. Se siente mal por no recordar qué sucedió el día del accidente. Intenté ver algo pero no pude observar mucho. Ya sabes, podría sentirse mal ante la invasión en su interior.
-Ya...
-¿No recuerdas nada de lo que sucedió en el accidente?
Él negó con la cabeza y al igual que Ronny, se lo veía frustrado. Su gesto era muy parecido al del chico.
-Absolutamente nada y no lo entiendo porque todos los Ángeles y las Ninfas recuerdan su muerte.
-Quizás es mejor que no recuerdes nada, no es nada agradable recordar la forma en la que mueres y más si es de una forma tan cruel como las que hemos sufrido todos nosotros.
-¡Mi hermano está en una silla de ruedas y puede que haya sido por mi culpa! ¡Necesito saberlo!
-¿Has probado a que alguien invada tus recuerdos?- le pregunté.
-Sí y no consiguen nada, dicen que se topan con una especie de muro que no les deja ir más allá.
-No es normal que suceda eso.
-Eso me dicen todos y nadie es capaz de entender cómo me siento.
Hubo un momento de silencio y lo miré de frente para preguntarle:
-¿Y cómo te sientes?
Él, que había bajado la mirada, la elevó para mirarme a la cara, al parecer, era la primera vez que alguien le hacía esa pregunta y se sorprendió bastante de que yo, una Ninfa con un aspecto tan frágil como presentaba en ese momento, le preguntara cómo se sentía cuando debería estar lamiendo mis heridas.
-Sinceramente, me siento mal y culpable. Tengo la sensación de que podía haber evitado el accidente y en cambio, mírame, me he convertido en un Ángel que lucha contra Ángeles Caídos y no recuerda como fue su propia muerte. Culpable de saber que mi hermano está postrado en una cama y que no pueda andar como los demás chicos de su edad para salir a conocer chicas como hacen todos. Mal de ver a mis padres y a mis hermanos intentar salir adelante, cargando con la tristeza de mi muerte. Verlos y no poder acercarme a decirles que estoy bien me hace sentir como una aunténtica mierda.
Ante tales palabras, mis lágrimas lograron salir a causa de la empatía que estaba sintiendo por ese chico que no era capaz de recordar tan fatídico día para él y su familia. En cambio, yo siempre iba a cargar con saber que morí a causa de una acusación que no fue cierta.

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