domingo, 21 de febrero de 2010

Capítulo 3 (parte 2)

Entré en el anexo, una especie de balneario donde los Ángeles y las Ninfas nos relajábamos o incluso nos recuperábamos de heridas que nos hayan hecho los Ángeles Caídos o las Ninfas Caídas.
Busqué a mis amigas con la mirada y las encontré al fondo del lugar. Por un lado estaba Isis con su media melena de color castaño y sus ojos entre marrones y verdes, probablemente la más graciosa de nosotras tres y por el otro está Adara con su larga melena castaña clara y sus ojos color miel. Ella era la más seductora, la más coqueta, en cambio yo con mi cabello negro y mis ojos oscuros era la seria.
Me acerqué a ellas para saludarlas y las encontré como siempre discutiendo. Algo muy normal entre ellas dos y que a pesar de las discusiones, se llevaban la mar de bien.
-Te digo que no, es imposible que Afrodita llamase a Artemisa por lo de Badariel- dijo Adara.
-Que sí, lo oí decir a una de las Ninfas Soldado- dijo Isis.
Sonriendo me acerqué y las sorprendí:
-Creo que es más fácil que me preguntéis a mí.
Ambas se sorprendieron y me miraron fijamente. Tras unos segundos, se levantaron y me abrazaron con fuerza.
-¡Ay! ¡Cómo te he echado de menos, amiga!- exclamó Adara junto a mi oído.
-Vale pero no hace falta que me grites, de verdad, cualquier día me dejas sorda- dije sonriendo al verme junto a mis amigas.
-No sabes las ganas que tenía de verte, Egipto es un infierno... he pasado un calor impresionante- se quejó Isis- y para colmo, Agniel me hirió en el muslo. Tuve que venir aquí a que me curaran urgentemente pero espero que así Afrodita se dé cuenta de que no valgo para estar en un sitio tan caluroso y me mande de nuevo a la ciudad contigo.
-No te quejes que a mí me persiguieron una horda de deminos menores por toda Grecia y por poco me dan caza- dijo Adara- no sabéis lo mal que lo pasé.
-No seáis exageradas, seguro que no fue para tanto- dije yo mientras nos sentábamos a relajarnos un poco.
-No lo somos, es la verdad- dijo Adara mirándome fijamente y por la expresión que puso, enseguida supe que se había dado cuenta de mi estado de ánimo- ¿estás bien?
Yo asentí levemente mientras me encogía y me abrazaba las rodillas. Mis manos, no sé por qué, estaban temblando.
-¿Seguro? ¿Qué te dijo Afrodita? ¿Para qué te llamó?
-Bueno, hoy Badariel atacó a un chico...
-¿Badariel?- preguntó Isis- ¿Ese capullo inmaduro?
-El mismo- dije tratando de sonreír- si supiérais todo lo que me dijo...- las dos me miraron expectantes esperando que dijera algo por lo que proseguí- me dijo que nunca me quiso, que sólo quería aprovecharse de mí... nunca sintió nada.
-Oh cariño- dijo Adara abrazándome.
-Pero ¿tú qué hiciste? ¿Lo dejaste ir?- me prgeuntó Isis mirándome fijamente.
-La rabia me pudo, quería hacerle sufrir todo lo que él me hizo sufrir a mí, en vez de eso, le clavé la espada tan hondo que lo maté de una vez y ¿sabéis una cosa? Me sentí aliviada por primera vez en muchos años... ¿Cuántas veces no me lo he encontrado y lo he dejado escapar? Demasiadas como para contarlas pero ahora me siento bien.
-No sabes cuánto me alegro- dijo Isis- espero que ahora sonrías un poco más, desde que entré en esta especie de mundo maravilloso de las Ninfas y desde que te conozco, muy pocas veces te he visto sonreír de verdad.
-La situación en la que estamos no es que me agrade, Isis- le contesté mirándola a los ojos- quizás tú te lo puedas tomar con humor o incluso con filosofía pero yo llevo muchos más años que tú y créeme, estoy aburrida de esta vida que llevamos.
-Pero te tienes que sentir bien al salvar a humanos de una muerte segura a manos de los Ángeles Caídos o incluso de las Ninfas Caídas- dijo Adara.
-Sí, tienes razón, me reconforta saber que puedo salvar vidas pero son demasiados años. Yo llevo aquí tantos años como Afrodita, soy de las más viejas y he visto demasiadas cosas.
-Lo sabemos, nos has contado muchas de las cosas cuando nos entrenaste para meternos miedo y aún así, míranos, estamos a tu lado como tus amigas porque te queremos y porque sabemos que no puedes vivir sin nosotras- dijo Isis consiguiendo sacarme una sonrisa- pero ahora cuéntanos por qué llegaste tarde a la llamada de Afrodita.
Sorprendida, las miré a las dos.
-¿Cómo os habéis enterado?
-Oímos a un Ángel quejarse de que lo empujaste en el trayecto hasta el edificio principal y supongo que por las prisas era porque se te estaba haciendo tarde- respondió Adara.
-Supongo que no me queda más remedio que contároslo, aunque es un poco largo de explicar.
-Con lo que te encanta a ti contarnos historias- dijo Isis- me haría falta un bol con palomitas pero claro, el edificio anexo es pobre en esas cosas, no sabes las ganas que tengo de volver a la ciudad para ir al cine a ver una peli y comprarme un buen paquete de palomitas.
-¿No piensas en otra cosa que no sea comer?- le preguntó Adara mirándola fijamente.
Isis hizo una mueca y le contestó:
-¿No haces otra cosa que mirarte al espejo?
Las miré a las dos haciendo un gesto con mi manos y las corté.
-¿Queréis que os cuente el por qué de la tardanza o no? Pues a callar porque si no me marcho y no cuento nada.
Isis y Adara me miraron y finalmente dejaron de discutir para escuchar lo que me había pasado hacía tan sólo unas pocas horas.

Capítulo 3 (parte 1)

De repente, me acordé de mi cita con Afrodita y miré al Ángel que tenía ante mí.
-Mierda, llego tarde- dije enfadada conmigo misma por haberme entretenido sabiendo cómo se pone Afrodita si una de las Ninfas llegaba tarde a una cita oficial con ella.
-¿Sucede algo?- me preguntó él.
Me limpié las lágrimas que aún surcaban mis mejillas y me levanté rápidamente.
-Sí, tenía que haber ido a los Cielos hace casi media hora, sólo tengo cinco minutos para llegar ante la presencia de Afrodita.
-Pues vas bastante retrasada- me dijo levantándose también- si quieres te acompaño y le explicamos lo que ha sucedido.
-Afrodita no es como Hermes... ella es más dura con las Ninfas que él con los Angeles.
-Nunca está de más un poco de ayuda ante la implacable Afrodita- dijo el chico sonriendo- no puedo creer que le pusieran ese nombre siendo representante del amor y la lujuria.
Ambos sacamos nuestras alas y emprendimos el vuelo lo más rápido que pudimos.
-La verdad que profesar amor, profesa poco, en todo el tiempo que llevo siendo una Ninfa de los Cielos, muy pocas veces la he visto transmitir algún sentimiento parecido al amor- le dijo. Luego hubo un momento de silencio en el que pensé que aún no me había dicho su nombre, es más, ni siquiera le había dado yo el mío- ¿te puedes creer que no nos hemos presentado todavía? Aunque claro, suponiendo que eres el hermano de Stefan, tú debes de ser Airam ¿no? Pero tu nombre de Ángel no lo sé.
-Prefiero que me llamen Airam, no me gusta mi nombre de Ángel.
-¿Por qué?
-No lo sé, no me gusta. Yo también sé tu nombre verdadero por tus recuerdos pero creo que tú eres al revés que yo, que prefieres tu nombre de Ninfa, ¿me equivoco?
Lo miré fijamente y asentí suspirando.
-Sí, lo prefiero, me llamo Artemisa.
-Un buen nombre, te define perfectamente, sobre todo después del placaje que me hiciste hace un rato, aún me duele la espalda.
-Lo siento- me disculpé- es que no sabía por qué estabas espiando a tus hermanos.
Tras esto, ambos nos quedamos callados hasta que llegamos a los Cielos. Un lugar donde abundaba el blanco y el dorado, algo que sinceramente me parecía demasiado brillante. Encandilaba con sólo mirarlo. Tenía que llegar hasta el edificio principal rápidamente. Se me había hecho tarde y seguro que Afrodita estará enfurecida.
En el trayecto me llevé a un par de Ninfas y a un par de Ángeles por delante pero no me importó, ahora mismo mi prioridad era llegar ante Afrodita y luego salir viva de allí.
El gran edificio principal era un lugar muy parecido al Olimpo de Grecia con el exterior lleno de columnas y su tejado triangular. el suelo era de un mármol brillante que al caminar puedes oír el repiqueteo de las sandalias que llevábamos puestas. El lugar era una amplia sala donde se encontraban varias estatuas de dioses de todas las mitologías existentes, desde la griega, pasando por la egipcia, la romana, etc., algo realmente asfixiante.
Al fondo de la habitación, había una especie de altar hecho de mármol donde ya estaba Afrodita esperándome con cara de pocos amigos.
Miré a Airam y este sonrió mientras me acompañaba hasta donde se encontraba aquella hermosa Ninfa de rostro duro pero igualmente delicado. Sus ojos azul zafiro brillaban intensamente mientras que su cabello, dorado como la decoración de la ciudad, estaba recogido al estilo griego. Era extremadamente alta y esbelta, la envidia de cualquier modelo que se precie.
Inspiré hondo y como toda Ninfa, me arrodillé ante ella como una fiel guerrero ante su comandante.
-Mis saludos, Afrodita- dije solemnemente.
No respondió ante mi saludo, me miró y yo me levanté mientras Airam se quedaba un poco rezagado para no molestar la tertulia que íbamos a tener Afrodita y yo a menos que él me viera necesitada de ayuda.
-Llegas casi veinte minutos tarde- me dijo ella con su dura voz.
-Lo sé- dije asintiendo- he tenido que resolver un asunto.
-¿Y se puede saber qué asunto es ese para que lo antepongas ante una de mis órdenes?
-Como te comenté antes, había salvado a un chico de morir a manos de Badariel, pues cuando fui a despedirme de él y de su hermano pequeño, vi un resplandor en la ventana.
-¿Un resplandor?
-Sí, el resplandor de una Alas Blancas. En fin, que cuando salí de la casa del chico, él- dije mirando a Airam- pasó ante mí y lo seguí para saber si era el protector de aquellos dos hermanos.
Afrodita miró a Airam y este la miró directamente a los ojos.
-Acércate- dijo Afrodita.
El Ángel se acercó y se puso a mi lado. Se arrodilló tal y como acababa de hacer yo hacía tan solo unos pocos minutos y saludó a la Ninfa.
-Mis saludos, Afrodita, se presenta ante ti el Ángel Osiris..
Ella hizo un movimiento de la cabeza en señal de saludo. Yo no pude evitar mirar a Airam al oír su nombre de Ángel. Pertenecía al dios egipcio de la resurrección.
-Mis saludos, Osiris- dijo Afrodita- espero que puedas explicar el restraso de mi Ninfa.
Ambos se miraron e hicieron como si yo no estuviese allí.
-Por supuesto, lo que ha dicho Artemisa es la verdad. Yo estaba observando a mis hermanos cuando ella me vio, luego me siguió y nos entretuvimos hablando sobre el por qué yo estaba allí. No fue su culpa.
Yo agradecí totalmente que hubiese intercedido por mí ante esa Ninfa.
-Entonces es cierto- dijo Afrodita dirigiendo su mirada a mí de nuevo- entonces, Artemisa, te pido disculpas aunque espero que no vuelva a pasar.
Me puse una mano a la altura del corazón y bajé la cabeza.
-No lo volverá a pasar, lo prometo.
-Bien- me dijo, luego miró a Airam y le dijo- Osiris, puedes retirarte, quiero hablar a solas con Artemisa.
Él hizo un gesto de asentimiento y se despidió de mí dejándome sola ante el peligro.
-Afrodita, sé que estás enfadada pero ya te expliqué lo que pasó.
-No estoy enfadada, más bien estoy preocupada- me dijo, cosa que me sorprendió bastante viniendo de ella.
-¿Preocupada?
-Sí, cuando me dijiste que mataste a Badariel, tu tono de voz no era el habitual.
-Sabes muy bien qué sucedió entre Badariel y yo hace mucho tiempo.
-Sí, lo sé y por eso me preocupé. Sé que sentías algo muy fuerte por él.
-Lo maté, eso quiere decir que ya no siento nada. Esos sentimiento murieron con él esta noche.
-¿Estás bien?
-Sí, estoy perfectamente.
-¿Y por qué veo en tus ojos tanta aflicción?
Aparté la mirada para que ella no se precatara de cómo me sentía Odiaba cuando me hacía eso.
-Estoy afligida porque odio matar pero no me importa que él haya desaparecido de mi vida y de este mundo.
-Entonces me alegro de que estés bien... espero que la próxima vez que te avise vengas puntual, por ahora puedes ir a ver a tus amigas que están en el anexo.
Asentí y tras hacer el saludo oficial, salí de allí rumbo al anexo para encontrarme con Isis y Adara.