domingo, 21 de febrero de 2010

Capítulo 3 (parte 1)

De repente, me acordé de mi cita con Afrodita y miré al Ángel que tenía ante mí.
-Mierda, llego tarde- dije enfadada conmigo misma por haberme entretenido sabiendo cómo se pone Afrodita si una de las Ninfas llegaba tarde a una cita oficial con ella.
-¿Sucede algo?- me preguntó él.
Me limpié las lágrimas que aún surcaban mis mejillas y me levanté rápidamente.
-Sí, tenía que haber ido a los Cielos hace casi media hora, sólo tengo cinco minutos para llegar ante la presencia de Afrodita.
-Pues vas bastante retrasada- me dijo levantándose también- si quieres te acompaño y le explicamos lo que ha sucedido.
-Afrodita no es como Hermes... ella es más dura con las Ninfas que él con los Angeles.
-Nunca está de más un poco de ayuda ante la implacable Afrodita- dijo el chico sonriendo- no puedo creer que le pusieran ese nombre siendo representante del amor y la lujuria.
Ambos sacamos nuestras alas y emprendimos el vuelo lo más rápido que pudimos.
-La verdad que profesar amor, profesa poco, en todo el tiempo que llevo siendo una Ninfa de los Cielos, muy pocas veces la he visto transmitir algún sentimiento parecido al amor- le dijo. Luego hubo un momento de silencio en el que pensé que aún no me había dicho su nombre, es más, ni siquiera le había dado yo el mío- ¿te puedes creer que no nos hemos presentado todavía? Aunque claro, suponiendo que eres el hermano de Stefan, tú debes de ser Airam ¿no? Pero tu nombre de Ángel no lo sé.
-Prefiero que me llamen Airam, no me gusta mi nombre de Ángel.
-¿Por qué?
-No lo sé, no me gusta. Yo también sé tu nombre verdadero por tus recuerdos pero creo que tú eres al revés que yo, que prefieres tu nombre de Ninfa, ¿me equivoco?
Lo miré fijamente y asentí suspirando.
-Sí, lo prefiero, me llamo Artemisa.
-Un buen nombre, te define perfectamente, sobre todo después del placaje que me hiciste hace un rato, aún me duele la espalda.
-Lo siento- me disculpé- es que no sabía por qué estabas espiando a tus hermanos.
Tras esto, ambos nos quedamos callados hasta que llegamos a los Cielos. Un lugar donde abundaba el blanco y el dorado, algo que sinceramente me parecía demasiado brillante. Encandilaba con sólo mirarlo. Tenía que llegar hasta el edificio principal rápidamente. Se me había hecho tarde y seguro que Afrodita estará enfurecida.
En el trayecto me llevé a un par de Ninfas y a un par de Ángeles por delante pero no me importó, ahora mismo mi prioridad era llegar ante Afrodita y luego salir viva de allí.
El gran edificio principal era un lugar muy parecido al Olimpo de Grecia con el exterior lleno de columnas y su tejado triangular. el suelo era de un mármol brillante que al caminar puedes oír el repiqueteo de las sandalias que llevábamos puestas. El lugar era una amplia sala donde se encontraban varias estatuas de dioses de todas las mitologías existentes, desde la griega, pasando por la egipcia, la romana, etc., algo realmente asfixiante.
Al fondo de la habitación, había una especie de altar hecho de mármol donde ya estaba Afrodita esperándome con cara de pocos amigos.
Miré a Airam y este sonrió mientras me acompañaba hasta donde se encontraba aquella hermosa Ninfa de rostro duro pero igualmente delicado. Sus ojos azul zafiro brillaban intensamente mientras que su cabello, dorado como la decoración de la ciudad, estaba recogido al estilo griego. Era extremadamente alta y esbelta, la envidia de cualquier modelo que se precie.
Inspiré hondo y como toda Ninfa, me arrodillé ante ella como una fiel guerrero ante su comandante.
-Mis saludos, Afrodita- dije solemnemente.
No respondió ante mi saludo, me miró y yo me levanté mientras Airam se quedaba un poco rezagado para no molestar la tertulia que íbamos a tener Afrodita y yo a menos que él me viera necesitada de ayuda.
-Llegas casi veinte minutos tarde- me dijo ella con su dura voz.
-Lo sé- dije asintiendo- he tenido que resolver un asunto.
-¿Y se puede saber qué asunto es ese para que lo antepongas ante una de mis órdenes?
-Como te comenté antes, había salvado a un chico de morir a manos de Badariel, pues cuando fui a despedirme de él y de su hermano pequeño, vi un resplandor en la ventana.
-¿Un resplandor?
-Sí, el resplandor de una Alas Blancas. En fin, que cuando salí de la casa del chico, él- dije mirando a Airam- pasó ante mí y lo seguí para saber si era el protector de aquellos dos hermanos.
Afrodita miró a Airam y este la miró directamente a los ojos.
-Acércate- dijo Afrodita.
El Ángel se acercó y se puso a mi lado. Se arrodilló tal y como acababa de hacer yo hacía tan solo unos pocos minutos y saludó a la Ninfa.
-Mis saludos, Afrodita, se presenta ante ti el Ángel Osiris..
Ella hizo un movimiento de la cabeza en señal de saludo. Yo no pude evitar mirar a Airam al oír su nombre de Ángel. Pertenecía al dios egipcio de la resurrección.
-Mis saludos, Osiris- dijo Afrodita- espero que puedas explicar el restraso de mi Ninfa.
Ambos se miraron e hicieron como si yo no estuviese allí.
-Por supuesto, lo que ha dicho Artemisa es la verdad. Yo estaba observando a mis hermanos cuando ella me vio, luego me siguió y nos entretuvimos hablando sobre el por qué yo estaba allí. No fue su culpa.
Yo agradecí totalmente que hubiese intercedido por mí ante esa Ninfa.
-Entonces es cierto- dijo Afrodita dirigiendo su mirada a mí de nuevo- entonces, Artemisa, te pido disculpas aunque espero que no vuelva a pasar.
Me puse una mano a la altura del corazón y bajé la cabeza.
-No lo volverá a pasar, lo prometo.
-Bien- me dijo, luego miró a Airam y le dijo- Osiris, puedes retirarte, quiero hablar a solas con Artemisa.
Él hizo un gesto de asentimiento y se despidió de mí dejándome sola ante el peligro.
-Afrodita, sé que estás enfadada pero ya te expliqué lo que pasó.
-No estoy enfadada, más bien estoy preocupada- me dijo, cosa que me sorprendió bastante viniendo de ella.
-¿Preocupada?
-Sí, cuando me dijiste que mataste a Badariel, tu tono de voz no era el habitual.
-Sabes muy bien qué sucedió entre Badariel y yo hace mucho tiempo.
-Sí, lo sé y por eso me preocupé. Sé que sentías algo muy fuerte por él.
-Lo maté, eso quiere decir que ya no siento nada. Esos sentimiento murieron con él esta noche.
-¿Estás bien?
-Sí, estoy perfectamente.
-¿Y por qué veo en tus ojos tanta aflicción?
Aparté la mirada para que ella no se precatara de cómo me sentía Odiaba cuando me hacía eso.
-Estoy afligida porque odio matar pero no me importa que él haya desaparecido de mi vida y de este mundo.
-Entonces me alegro de que estés bien... espero que la próxima vez que te avise vengas puntual, por ahora puedes ir a ver a tus amigas que están en el anexo.
Asentí y tras hacer el saludo oficial, salí de allí rumbo al anexo para encontrarme con Isis y Adara.

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