viernes, 26 de marzo de 2010

Capítulo 4 (parte 2)

Así fue cómo me fui a vivir a la casa de al lado de Stefan y Ronny. Adara, Isis y yo llegamos a la vez que el camión de la mudanza aunque tampoco es que trajéramos muchas cosas de nuestro antiguo piso pero bueno, algo es algo.
Isis se había sacado el carné de conducir y entre las tres compramos un coche de segunda mano. Pretendíamos ser lo más normal posible así que aquí estamos ahora, bajándonos del coche para ayudar con las cosas que pondríamos en nuestra nueva casa.
Sin poder evitarlo, miré hacia la casa de al lado y vi que Ronny estaba asomado en una de las ventanas.
-¿Ese es uno de los hermanos?- me preguntó Adara.
-Sí, es el más pequeño- dije entrando en la casa.
Al entrar, me fijé en que esta era muy amplia y de un estilo muy rústico. Tanto el suelo como la mitad de abajo de las paredes eran de madera oscura. Quizás con algunos arreglos podrían quedar una casa un poco más moderna ya que ese estilo no me gustaba mucho. Pensando en todo lo que había que arreglar, dejé la caja en la habitación destinada al salón y salí a por otra.
Pero justo al salir me topé con unos ojos grandes y verdes.
-Artemisa...- dijo su voz- no sabía que te ibas a mudar aquí.
Le sonreí y aparté mi pelo de la cara ya que se me estaba pegando a causa del calor asfixiante que hacía ese día.
-¡Sorpresa!- dije mostrando mi mejor sonrisa- me echaron del piso en el que estaba y esta casa estaba bastante bien de precio aunque claro, lo pagamos entre tres- dije señalando a mis amigas.
Ambas nos miraron y saludaron con la mano, Stefan les respondió al saludo más o menos igual.
-Vaya coincidencia ¿no? Hace unos días me salvas de un tipo raro y hoy te vas a convertir en mi vecina.
-Sí, toda una coincidencia...- dije pensando en las grandes razones que me llevaban a mudarme a la casa de al lado- al menos ya conozco a alguien de por aquí...
-Oh, por eso no te preocupes, los vecinos son bastante buenos, hasta ahora no ha habido problemas entre nosotros así que no tienes nada que temer.
El que deberías temer eres tú, tanto por ti como por tu hermano. No pude evitar pensar en esto mientras me dirigía al camión a por otra caja.
Noté que me seguía y tras coger la caja me giré hacia él.
-¿Cómo está tu hermano?
-La verdad que mejor, al parecer dice que puede sentir un poco sus piernas.
La caja casi se me cayó de las manos. ¿Había palicado mi poder de curación mientras intentaba observar qué sucedió el día del accidente? No puede ser, lo que yo hice fue entrar en su mente aunque fuera por unas milésimas de segundo.
Un momento... ¡Airam! Estoy segura de que ha sido él. No pude evitar mirar hacia arriba frunciendo el ceño. Intenté mostrar mi mejor sonrisa cuando volví a mirar a Stefan.
-Eso es fantástico. Eso quiere decir que dentro de poco lo veremos caminando ¿no?
-Ojalá... sé que se siente impotente al no poder hacer nada y todo el día encerrado. He hecho todo lo posible para animarlo pero parece que nada logra levantarle el ánimo.
-Debes darle tiempo.
-Lo sé y eso es lo que me sorprende porque parece como si hubieses ejercido un poco de magia con él.
Volví a tensarme y la caja casi se me escapa de las manos de nuevo. Por suerte él me ayuidó y la cogió.
-La magia no existe...- logré decir tras la impresión de sus palabras.
-A veces un par de palabras son más mágicas que las ilusiones de los magos.
Ambos entramos en " mi casa" y dejó la caja junto a las otras mientras yo abría una de ellas para comenzar a sacar cosas, ya que casi todas las cajas estaban allí.
La que había abierto estaba llena de libros que he ido recopilando a lo largo de los años, tengo las primeras ediciones de grandes obras de grandes autores como Shakespeare.
-Vaya, son libros muy antiguos... ¿a alguna de vosotras les gusta coleccionar grandes obras?- preguntó él.
-A mí, tengo las primeras ediciones de grandes obras literarias.
-¡Guau! ¿Las primeras ediciones? Habrás tenido que gastar un pastón en todos ellos.
No tanto como piensas, pensé sonriendo para mí pero como no, esa sería otra de las mentiras que deberé aladir a una larga lista de ellas.
-La verdad es que sí pero no fue tan difícil conseguirlos.
-Lo malo de las primeras ediciones es que están muy desgastadas por el paso de los años.
-Para mí eso no es problema, mientras se pueda leer...
Vi que cogió un ejemplar de una gran obra de Shakespeare.
Hamlet.
Una de mis obras favoritas.
Él lo abrió y sorprendido me miró.
-Vaya, este libro está dedicado. "Para una gran amiga. Shakespeare" Tuvo qeu salirte un ojo de la cara.
-No sabes cuánto- dije mientras pensaba que esa gran amiga a la que se lo dedica soy yo y que ese fue el primer libro de todos.
Dejó el libro y me ayudó a sacar mi extensa colección.
-¿No nos vas a presentar?- preguntó Adara entrando con Isis en la estancia.

jueves, 25 de marzo de 2010

Capítulo 4 (parte 1)

Cuando le conté todo a mis amigas, permanecieron un rato calladas, al parecer estaban meditando todo lo que les acababa de contar. Lo notaba en sus miradas.
-Impresionante, de verdad- dijo Isis.
-Pobre chico- dijo Adara- teniendo a sus hermanos tan cerca y sin poder acercarse a decirles nada.
-Lo sé pero si se deja ver, los otros recibirían una fuerte impresión. Los trastocaría- dije yo.
-Sí pero tiene que ser muy duro para él verlos y no poder decirles absolutamente nada- dijo Adara.
-Ya- dije.
De repente, apareció una Ninfa Soldado de cabellos castaño claro y ojos azules como el mismísimo mar. La joven se nos acercó y me miró.
-Artemisa, Afrodita quiere verte ahora mismo.
Sorprendida, miré a la chica de voz melodiosa.
-¿Qué? Pero si acabo de llegar del edificio principal hace tan sólo un rato...
-Eso me dijo Afrodita, eso mismo te vengo a decir yo.
Miré a mis amigas que se encogieron de hombros por lo que me levanté y seguí a la Ninfa Soldado. Volví al edificio principal pero esta vez Afrodita me recibió en una habitación algo alejada de la sala principal. Allí se encontraba ella tendida en un diván.
Alguien estaba arrodillado frente a ella y enseguida reconocí a Airam que al verme entrar me miró y sonrió levemente. ¿qué hacía él aquí?
Afrodita se levantó y me indicó que me acercara. Cuando estuve frente a ella me arrodillé en señal de saludo y permanecí así hasta que ella me indicó que me levantara. También Airam se levantó y volvió a mirarme. ¿Qué estaba pasando?
-Me dijeron que querías verme...- le dije a Afrodita mientras miraba a Airam intentando averiguar cuál podría ser la razón por la que quería verme aquella mujer.
-Cierto- dijo ella mientras se giraba y se dirigía a una mesita auxiliar donde alguien depositó un cesto con distintos tipos de fruta. Cogió una uva y se la comió.
-¿Puedo preguntar para qué se me ha avisado?
-Claro, estás en todo tu derecho.
-Pues entonces me gustaría saberlo.
-Osiris- dijo Afrodita mirando al chico- tú mismo puedes decírselo, después de todo, tú me pediste el favor.
Sin comprender nada miré a Airam que me sonrió de nuevo.
-Verás, Artemisa, quería pedirte un favor muy grande.
-¿Qué favor?- pregunté con cierto recelo.
-Me gustaría que fueras la guardiana de mis hermanos...
Parpadeé rápidamente. ¿Me estaba pidiendo que fuera la guardiana de dos chavales a los que hacía poco acababa de conocer? No estaba entendiendo nada de nada.
-¿Guardiana?- pregunté mirando a Afrodita- hace muchos años que no ejerzo de guardiana de alguien...
-No te preocupes por nada, Artemisa, eres una buena Ninfa y sabrás muy bien qué hacer.
-Pero yo sola no sé si podré cuidar de dos chicos... además, tampoco puedo ir y decirles que soy su guardiana.
-Ellos no tienen por qué enterarse- dijo Airam- hace varios días que los observo y me he dado cuenta de que la casa de al lado está en venta, podríamos comprarla y así estás cerca de ellos sin tener que saber lo que eres.
-Pero yo sola no podré cuidarlos, necesitaré ayuda.
-Por eso no te preocupes- intervino Afrodita- Isis y Adara se irán contigo, no han podido aguantar mucho tiempo en Egipto y en Grecia por lo que será mejor que se vayan contigo y te ayuden con los hermanos de Osiris.
Estaba completamente anonadada. No lograba entender nada.
-¿Por qué? No lo entiendo... ¿por qué yo?
-Porque confío en ti- me dijo Airam- salvaste a mi hermano y me gustaría que fueras tú quien lo cuidara... sé que esto de Badariel no quedará así, lo volverán a atacar...
-Hace tan solo unas horas que nos conocemos y ay quieres que sea la guardiana de tus hermanos.
-Tu aura desprende confianza- me dijo él.
-No creo que sea la adecuada, la última persona de la que fui guardiana no tuvo mucha suerte... por eso me he dedicado a ir por las calles vigilando y acabando con los Ángeles Caídos.
-Por favor, Artemisa, hazlo por mí.
-Para poder ser la guardiana de alguien debe de haber una fuerte conexión empática, un vínculo difícil de romper. Yo no soy muy sociable que se diga...
-Artemisa siempre ha tenido problemas de confianza en sí misma- dijo de repente Afrodita a Airam- cree que casi todo lo hace mal y que ese vínculo que debe formar con tus hermanos sería peligroso. Es una de mis mejores Ninfas pero ese problema de confianza me llega a preocupar.
Miré a Afodita frunciendo el ceño. Odiaba que hiciera eso y ella lo sabía.
-Sabes que he fallado muchas veces...- le dije- ya viste lo que pasó con la última persona de la que me encargué...
-¿Se puede saber qué pasó?- intervino Airam.
Afrodita lo miró y habló solemnemente.
-Se suicidó. Ella no pudo hacer nada por salvarla...
Airam pareció sorprendido ante tal revelación.
-¿Por qué?- sólo pudo preguntar.
-Quizás no llevó bien que hubiesen tantos ataques a su persona... o quizás fueron otras variantes... exactamente no lo sabemos, no está en el mundo de las Ninfas y los Ángeles para que nos lo explique- respondió Afrodita.
Bajé la mirada. A mi mente volvió la imagen de aquella chica con las muñecas llenas de sangre y un gran charco de esta a su alrededor. Intenté detener las hemorragias pero ya era demasiado tarde. Desde esa vez decidí no ser guardiana de nadie más pero Airam me estaba poniendo en un compromiso.
Algo dentro me decía que lo ayudara pero no podía poner en riesgo la vida de esos dos chicos.
Vi que Airam me miraba.
-Artemisa, sé que quizás tengas miedo pero algo me dice que tú eres la adecuada para cuidar de mis hermanos... a lo mejor no estoy siendo justo con lo que sientes pero ya viste lo que pasó con Stefan y su encuentro con Badariel. Los ataques no cesarán... Badariel era uno de los Ángeles Caídos más influyentes de Lucifer y él no parará hasta que haya acabado con los que causaron su desaparición. Ronny no puede defenderse solo en estos momentos y stefan no es suficiente protección para él.
Tenía razón, aunque me lo negara a mí misma sabía que tenía razón en lo que estaba diciendo. Ronny estaba en silla de ruedas y probablemente los secuaces de Lucifer irían a por el más débil y en estos momentos, ese chico era el más débil de los dos hermanos que aún estaban con vida. Quizás debería aceptar pero ¿y si sucedía lo mismo que con aquella chica?
-Airam...- comencé a decir.
-No te voy a obligar, si no quieres lo entenderé pero ahora mismo eres la persona en la que más confío. Es muy difícil para mí pedirte esto ya que te lo pediría como un favor personal y también sé que que hace apenas unas horas que nos conocemos pero los otros que rondan por aquí no me inspiran mucha confianza ahora mismo...
-Airam... no sigas...- le interrumpí- seré la guardiana de tus hermanos... intentaré ser mejor guardiana de lo que he sido anteriormente.
El chico me sonrió y sin previo aviso me abrazó. Sorprendida, lo miré y él se apartó.
-Muchas gracias, Artemisa, te debo una- me dijo sonriendo y yo le correspondí con otra aunque por dentro sabía que aquello no iba a salir muy bien.