martes, 8 de junio de 2010

Capítulo 6 (parte 2) (Por Isis)

-¡Es una inconsciente!- exclamé cuando Adara y yo sobrevolábamos los cielos lo más rápido posible- Está herida y aún así quiere ir a salvar a unas jóvenes encerradas en una casa cerca de un volcán... ¡apenas se mantenía en pie!
-Al menos conseguimos dejarla allí para que descansara... el brazo está en muy mal estado... quizás deberíamos avisar a Yaso.
-Yaso no vendrá, tendremos que llevarla nosotras- le dije sin dejar de mirar hacia delante.
Yaso era una Ninfa, la cual se encargaba de curar las heridas que provocan los Ángeles Caídos a los Ángeles y a las Ninfas, y el nombre que tiene no podía ser más adecuado ya que Yaso era una diosa menor griega de la curación.
-Si no se cura no nos quedará más remedio que hacerlo.
-Irremediablemente...- dije tras un suspiro. Yaso no me caía muy bien, me parecía muy huraña y algo bruta a la hora de realizar la curación. Yo misma había sufrido los efectos de su curación y no era nada agradable. Me pasé varios días tendida en una cama sin apenas poder moverme porque utiliza una fuerza curativa demasiado fuerte, podría incluso asegurar que un humano no lo soportaría sin gritar de agonía.
-Estoy segura de que ella podría hacer algo- intervino Adara interrumpiendo el hilo de mis pensamientos lo que me obligó a mirarla- no sé, anoche hicimos todo lo posible y la hemorragia no cesaba, incluso lo intentamos los tres a la vez y nada. Yaso ha conseguido curar heridas que podrían haber destruido a cualquiera de los nuestros. Conoce todo lo referente a las armas de los Ángeles Caídos.
-Lo sé pero no me gustan sus métodos curativos, sólo de pensarlo me da escalofríos.
-Isis, de no ser por ella, muchos de los nuestros no existirían hoy.
-Ya lo sé...
Cerré la boca, no quería seguir hablando de ese tema por lo que seguimos el resto del camino en silencio. Tras casi una hora de intenso vuelo pude ver el volcán que me había mostrado Artemisa cuando conecté con ella porque todo lo que decía no tenía mucho sentido a causa de la debilidad.
En este momento ella debería estar aún tendida en el sofá mientras aquella joven que salvó anoche está hablando con sus padres por el móvil de Adara, el único disponible en este momento porque el mío desapareció antes de volver de Egipto. Pensándolo bien, tengo que comprarme uno ya.
Volví a mirar hacia el volcán y a sus pies vi la mansión donde las chicas permanecían encerradas por culpa del mujeriego de Asael, alguien a quien había tenido el disgusto de conocer una vez.
Fue al poco tiempo de haberme convertido en una Ninfa de los Cielos después de mi trágica muerte. Algo que aún hoy me duele recordar después de veinte años. Fui una ilusa al pensar que aquellos mafiosos no me descubrirían.
En aquel tiempo no supe cuan peligroso era meterse en el mundo de la investigación. Pensé que sería una diversión fascinante como en los libros de misterio que me gustaba leer pero no fue así y acabé con un par de puñaladas en mi cuerpo llevándome a una dolorosa muerte.
Pero ahora eso no importaba, la vida de muchas chicas dependía de Adara y de mí en este momento y debíamos entrar cuanto antes en aquella mansión. Sólo espero que la puerta no esté cerrada con llave aunque si es así, he aprendido muchos trucos para abrir cerraduras sin que nadie se percate de nada.
-Ya hemos llegado- dijo Adara mientras descendíamos y apoyábamos los pies en el suelo de tierra.
-Eso parece...- dije mientras observaba la enorme mansión hecha de piedra y madera oscura. No pude evitar soltar un bufido de admiración- pedazo de casa que tenía el tío.
Sin dejar de admirar aquella casona, me dirigí a la puerta principal comprobando que sí estaba cerrada con llave. Vivía a las afueras de la ciudad y no había nadie en kilómetros, ¿cómo es posible que cerrara su casa con llave cuando por aquí no pasaba ni un alma? Bueno, en tal caso no me quedará otro remedio que emplear mis dotes para forzar cerraduras.
Busqué en los bolsillos de mis vaqueros una navaja suiza que había comprado hace algún tiempo y forcé la cerradura con una de sus tantas utilidades. Algo bastante sencillo.
Entramos y encendimos la luz, todo parecía decorado con estilo rústico aunque había algunas cosas que no pegaban para nada con el estilo que pretendía conseguir. Los cuadros, en su mayoría, se trataban de chicas muy ligeritas de ropa o más bien con casi nada de ropa. No pude evitar mostrar repulsión ante esas imágenes y rápidamente aparté la mirada para buscar una puerta que nos llevara hasta el famoso sótano donde Asael había encerrado a las chicas.
Por suerte el sonido de unos lamentos me hicieron encontrar una puerta muy bien camuflada que enseguida abrí y bajé las escaleras mal iluminadas hasta llegar al sótano donde tanto Adara como yo pudimos ver varias celdas. En cada una había una joven en estado deplorable, todas suplicándonos con la mirada que las sacáramos de aquel lugar.
Adara parecía horrorizada ante esta visión pero teníamos que sacarlas de allí así que le dije que buscara las llaves de las celdas mientras yo trataba de calmar a las chicas.
-Las llaves no están por ningún lado...- me dijo Adara desde algún punto alejado de la estancia.
-No te preocupes, forzaré las cerraduras.
Así lo hice. Forcé cada una de las cerraduras de las celdas y las chicas salieron libres después de tanto tiempo. Estaban en los huesos. Necesitaban comer y una buena ducha.
Una vez estuvieron todas libres, las miré y les dije:
-Es hora de que volváis con vuestras familias.
Las jóvenes se miraron y muchas se echaron a llorar felices al saber que al fin volverían a sus casas con los suyos.

Capítulo 6 (parte 1)

"El patíbulo se hallaba allí, lleno de troncos... las cuerdas se cernían sobre su cuerpo, el calor del fuego era cada vez mayor, se asfixiaba, no podía gritar, quería hacerlo, debía gritar..."
-¡Soy inocente!
El sol me dio de lleno en la cara mientras recuperaba el aliento. Aún sentía en mi piel el calor de las llamas de aquel día. Otras vez había vuelto a tener esa pesadilla que apenas me dejaba dormir. Me llevé las manos a la cabeza pero un fuerte dolor en uno de ellos me hizo bajarlos inmediatamente. Miré el brazo que me produjo dolor y vi una venda con una mancha de sangre.
-Vaya, ya has despertado- dijeron desde la puerta.
Miré hacia allí y vi a Isis.
-¿Qué pasó? ¿Cómo llegué aquí?
-Perdiste mucha sangre y te desmayaste. Airam te trajo aquí.
-¿Por qué no me curasteis con el poder de curación? La venda está manchada de sangre, es más, no debería tener venda.
-Lo intentamos- dijo ella acercándose y sentándose a mi lado- pero esa herida no podemos curarla con nuestro poder, no sé por qué pero no podemos. Cuanto más lo intentábamos, más aumentababa la hemorragia...
Cerré los ojos presionando con mis dedos y rememoré todo lo sucedido la noche anterior y me acordé de la chica.
-La chica está bien ¿verdad?- pregunté con los ojos cerrados.
-Se despertó hace un rato y preguntó por ti.
Abrí los ojos y la miré.
-¿Cómo?
-No lo sé, cuando despertó dijo que quería ver a la que preguntó por su nombre, esa debes de ser tú ¿o me equivoco?
-Iré a verla entonces- dije mientras sacaba los pies de la cama. Aún llevaba la ropa de Ninfa.
-Aún estás débil... ¿podrás sola?
-Creo que sí...- dije levantándome lentamente.
Me agarré el brazo y salí de la habitación.
-Está al fondo del pasillo- me dijo Isis.
Asentí y andando junto a la pared, me dirigí a la habitación donde estaba la chica a la que salvé. Al llegar, vi la puerta cerrada por lo que toqué suavemente para que ella me oyera desde dentro. El brazo me dolía a reventar. Espero que se me cure pronto, no quiero parecer una inútil.
-Adelante- se oyó desde dentro, la vez no parecía ser la misma que la que oí la pasada noche, ahora parecía mucho más suave.
Abría la puerta levemente y miré dentro.
La estancia estaba en penumbra pero pude ver claramente a la joven que la pasada noche habíamos salvado. Ella estaba sentaba aunque ligeramente encogida, como si tuviese miedo. Era una joven preciosa con el cabello larguísimo de color castaño claro, enmarcando un rostro delicado con unos grandes ojos verdes.
Nos miramos por un instante y me acerqué hasta sentarme frente a ella, no pudiendo evitar hacer un gesto de dolor. El brazo me dolía bastante.
La joven me miró el brazo y luego desvió su atención hacia mi cara.
-Lo siento...- dijo mientras señalaba mi herida.
Yo sólo pude sonreír levemente y decirle:
-No te preocupes, se me pasará.
-Yo no quería... no sé qué me pasaba... sólo oía voces en mi mente que me decían que te atacara.
-Seguramente estabas poseída y por eso cuando te pregunté el nombre, esas voces no reaccionaron sobre ti. Vi cómo tu mirada recuperaba su brillo normal cuando te lo pregunté. Tu lucha contra las voces que inundaban tu cabeza.
-Sí, en ese momento se libró una lucha dentro de mí y cuando... ese hombre- dijo mientras se abrazaba a sí misma con asco en la mirada- desapareció, las voces hicieron un último intento para destruirme... parece ser que no lo consiguieron...- la joven mostró una leve sonrisa.
-Estás aquí...
-Sí y creo que debería responder a la pregunta que me hiciste... me llamo Elle, Elle Spellman.
-¿Y desde cuando llevabas con ese... tipo?- realmente no se merecía ni ese apelativo a alguien tan despreciable como él pero no se me ocurrió una forma adecuada para dirigirme a él.
-Poco tiempo comparado con otras que tenía... algo así como un año más o menos, o eso creo..., en el sitio donde nos tenía encerradas el tiempo no pasaba... era horrible- dijo abrazándose más fuerte.
-¿Sabrías ubicar ese lugar? Digo, porque a lo mejor podemos salvar a las otras chicas, porque hay más ¿no?
-Sí, hay como unas veinte, no sabría ubicarlo exactamente, lo único que recuerdo es una montaña muy alta pero no tenía pico, era como un volcán...
-¿Un volcán?
-Creo que sí, no lo recuerdo muy bien.
-Dame la mano... dije tendiéndole la mía.
-¿La mano? ¿Para qué?- preguntó mirándome confusa.
-Bueno, quizás pueda averiguar dónde está el lugar si conecto contigo y con tus recuerdos. Aunque no lo creas, los recuerdos no se pierden, van a parar a una parte de la memoria muy recóndita y difícil de acceder... para mí eso no es un problema si conecto contigo, yo puedo acceder a todos los recuerdos.
-Entiendo.
Elle me tendió la mano y yo se la cogí. Cerré los ojos y me concentré para llegar al fondo de su memoria, un lugar muchas veces vetado para las personas que quieren acceder a sus recuerdos más recónditos y no pueden.
Entonces lo vi. Allí estaba la montaña sin pico, un volcán. Justo a los pies de este había una enorme casa de dos pisos de piedra oscura. Luego pasó a ver un sótano enorme donde habían varias habitaciones que parecían celdas donde había varias chicas que parecían sufrir bastante.
Podía sentir en mis carnes el terror de aquellas jóvenes y tuve que romper el contacto con Elle.
-Sé dónde están...- logré decir cuando abrí los ojos y miré a la joven- no puedo creer que os haya hecho sufrir de esa manera.
-¿Vas a sacarlas de allí?
-Sí pero primero deberíamos contactar con tu familia, seguro que aún estarán buscándote y se alegrarán al saber que estás viva- dije sonriendo- ¿recuerdas el número de teléfono de tu casa?
La joven asintió levemente por lo que me levanté y la insté a que me siguiera. Mi móvil estaría por algún lado. El brazo comenzó a dolerme de nuevo y vi como la mancha de sangre se había un poco más grande. No le di mucha importancia y bajé las escaleras.
-Adara, Isis...- llamé una vez estuve abajo.
Ambas me miraron pero sabía que no me miraban a la cara, lo que estaban mirando era mi brazo vendado.
-¿Estás mejor?- preguntó Adara aunque era evidente que la herida aún seguía abierta y la venda se me estaba llenando de sangre.
-Sí- le respondí- ¿alguna tiene el móvil por ahí? Queremos llamar a la familia de Elle para que vengan a buscarla, yo tendré que ir a salvar a las otras jóvenes que aún están cautivas.
-No puedes ir así...- me dijo Isis- tu brazo tiene mal aspecto.
-Nuestra prioridad es salvar a esas chicas...- protesté yo.
-Iremos nosotras pero tú no sales de aquí- me ordenó Isis.
-Dadme un móvil...- me llevé una mano a la cabeza cuando todo comenzó a darme vueltas. Cerré los ojos y me apoyé en la pared.
Elle se me acercó mirándome preocupada, podía sentirlo.
-No estás bien, ¿por qué no dejas esto en nuestras manos?- preguntó Adara que también se me acercó para luego ayudarme a sentarme en el sofá.
-Está junto al volcán que está fuera de la ciudad...- dije mientras me recostaba, debilitada.
-De acuerdo, iremos nosotras pero tú te quedas aquí- me advirtió Isis sin dejar tiempo para las réplicas.