martes, 13 de julio de 2010

Capítulo 7 (parte 2) (Por Adara)

Aún puedo escuchar los gritos de agonía de Artemisa en mi cabeza. Yaso había sido muy dura con ella cuando la curó. La hizo sufrir bastante. Por suerte, ahora mismo ya se estaba reponiendo en el anexo.
Sorprendentemente, al poco de llegar nosotras aquí, apareció Airam que había ido a nuestra casa y al ver que no estábamos, supuso que estaríamos aquí por causa de Artemisa lo que había confirmado todas sus sospechas.
En este momento, estamos en el edificio principal donde nos habían mandado llamar Afrodita y Hermes.
Miré a Isis y a Airam que también me miraron para luego volver la vista a nuestros jefes.
-¿Sucede algo?- pregunté.
-Nos ha llegado la noticia de que cuatro Ángeles Caídos están haciendo de las suyas en Italia- dijo Afrodita.
-¿Cuatro?- preguntó Airam, sorprendido, mirando a Hermes.
Este era un hombre bastante guapo. Alto, joven, musculoso, de cabello castaño claro y ojos color ámbar.
-Me temo que sí, Osiris- dijo el joven jefe.
-Una de nuestras mejores Ninfas está ahora mismo recuperándose de una herida que hubiera podido ser mortal- dijo Afrodita- por eso no puede ayudaros, sé que haréis lo mejor, como siempre- nos observó a Isis y a mí.
Nosotras asentimos a la vez e hicimos el saludo correspondiente con su rango. Airam hizo lo mismo y nos dispusimos a marcharnos.
-Esperad un momento...- dijo Hermes- antes debemos comunicaros que han hecho armas nuevas para que las cambiéis.
-¿Nuevas armas?- pregunté.
-Sí, nos hemos percatado, en especial Yaso, que las armas de los Ángeles y las Ninfas Caídas ahora son más poderosas- dijo Hermes.
-Entiendo... pues vayamos a recogerlas. Están en el lugar de siempre ¿no?- preguntó Isis, que parecía ansiosa por ponerse en camino.
Afrodita asintió y nos pusimos en camino para ir a la habitación donde se guardaban las armas. Una habitación dentro del edificio principal donde había una gran variedad de armas.
Una vez allí, miramos las nuevas y cada uno nos decidimos por una distinta. Airam cogió una espada con empuñadura plateada en la que se halla grabada algunos motivos mitológicos, como no.
Isis tomó una ballesta con un carcaj lleno de flechas de punta plateada.
Yo no me lo pensé dos veces porque en cuanto la vi, me dirigí hacia el lugar donde estaba colocada. Una preciosa katana de empuñadura igualmente plateada pero los motivos de esta eran japoneses. La vaina destacaba por ser negra aunque en medio de esta había un precioso dragón plateado que parecía echar fuego por la boca.
Antes había probado otro tipo de armas pero ninguna era tan eficaz como esta arma japonesa tan delicada pero a la vez tan mortífera.
Una vez cogimos nuestras armas, salimos del edificio principal y nos dirigimos a Italia donde estaban los cuatro Ángeles Caídos.
No sé por qué me dio en ese momento por pensar en mi muerte, ya que Italia no tiene nada que ver con lo que ocurrió en Francia durante la Revolución. Los peores años de mi vida ya que mi padre era el hombre de confianza del monarca y por culpa de esto, toda mi familia, entre los que se encontraban mi padre, mi madre y mis dos hermanos, fuimos ejecutados en la guillotina.
Yo les pedí a mis padres que huyéramos pero él se empecinó en que no podía abandonar a nuestro rey, un hombre realmente horroroso que nunca me gustó y por el que mi familia sufrió hasta las últimas consecuencias. Quizás por mi negación a ser partidaria de la realeza, las Ninfas de los Cielos se apiadaron de mí y me convertí en una de estas a mi muerte.
Casi sin darme cuenta y siguiendo a mi amiga y a Airam, llegamos hasta la zona de Verona donde nos informaron que estaban los Ángeles Caídos.
Al llegar, vimos que todo era un completo caos. La gente huía despavorida hacia lugares más seguros. Alguien había provocado un incendio en uno de los edificios principales de la zona.
Obra de los Ángeles Caídos que estaban aquí y ahora más que nunca era preciso encontrarles.
Rápidamente, volvimos a elevarnos, por suerte, la gente no se percataría de esto, y miramos a nuestro alrededor para ver si veíamos a alguno, cuando de repente, Isis sacó una flecha de su carcaj y la cargó en la ballesta.
-Justo frente a mí hay uno- dijo ella- yo iré a por él, cuando acabemos con todos nos encontramos aquí de nuevo ¿entendido?
Airam y yo sólo pudimos asentir y cada uno se fue por su lado en busca del resto.
Me recorrí todas las calles del lugar con la mano preparada para sacar mi katana y atacar a mi oponente. De improviso, me topé con él.
Adirael.
Después de tanto tiempo sin verle, vuelve a aparecer en mi camino. Lo miré fijamente, aunque estaba algo alejado de mí sabía exactamente lo alto que era. también puedo recordar su piel morena y lo musculoso que era, luciendo en su espalda un tatuaje enorme de una pantera donde la cabeza terminaba en su hombro. La cola de este no sabía hasta donde llegaba por los pantalones que lo ocultaban aunque podía hacerme una idea de dónde podía acabar ésta.
Esta vez llevaba los pelos cortos y de punta de un color tan oscuro como la noche sin estrellas.
Sin darle tregua alguna, me acerqué empuñando mi katana.
-Parece que volvemos a encontrarnos, Adirael- le dije.
Él dirigió su mirada hacia mí y me hizo apreciar sus grandes ojos verdes en los que me vi reflejada.
Sonrió maliciosamente al verme con la katana en las manos y él sacó una muy parecida a la mía. Al parecer, a ambos nos gustaba esa arma en concreto.
-Sí y al parecer tanto tú como tus amiguitos cayeron en nuestra trampa.

Capítulo 7 (parte 1)

El timbre me hizo levantar bruscamente lo que hizo que mi brazo se resintiera más de lo que ya lo hacía.
Elle, que estaba dormida a mi lado, también se despertó súbitamente.
-Tranquila...-le dije al ver que se asustaba- sólo ha sido el timbre...
Me levanté con cierta dificultad me acerqué a la puerta donde miré por la mirilla. Eran dos personas mayores de unos cuarenta y largos lo que me hizo suponer que eran los padres de Elle ya que el parecido entre esta y ellos dos era difícil de negar.
Abrí la puerta y la pareja me miró.
-Perdona, hemos recibido una llamada de mi hija donde nos decía que estaba en esta casa...- dijo la mujer bastante parecida a la chica a excepción del color de sus ojos porque los de la madre de la chica eran de color castaño.
-Sí, está aquí en el salón, pasad- dije apartándome para dejarles pasar.
La pareja corrió hacia el salón mientras yo cerraba la puerta. Pude oír desde donde estaba, los sollozos de una familia que volvía a estar unida después de tanto tiempo y me hizo sentir feliz.
Después de tanto tiempo, había logrado sonreír. ¿Cuándo fue la última vez que sonreír de verdad? Ni siquiera lo recuerdo.
Me dirigí al salón y los vi allí abrazados. No sé por qué vino a mi mente el recuerdo de mis queridos padres a los que tanto adoraba.
Me senté en un sillón porque me estaba mareando bastante. Todo me daba vueltas.
La madre de Elle se me acercó y me miró con lágrimas en los ojos mientras me tomaba de las manos.
-Gracias, muchas gracias por salvar a mi hija.
Traté de sonreír.
-No es nada.
Entonces, la puerta principal se abrió y aparecieron Isis y Adara que entraron en el salón.
Los padres de Elle las saludaron y tras un rato, se llevaron a la chica, no sin antes despedirse de nosotras.
-Gracias, de verdad- nos dijo ella.
-De nada- le dije- recuerda que no puedes decirle a nadie lo que somos, debe ser un secreto.
Elle sonrió.
-Te prometo que de mi boca no saldrá nada.
Asentí y la joven me dio un abrazo.
Conseguí mantener la compostura hasta que se fueron que fue cuando caí de rodillas al suelo. Pero ¿qué me estaba pasando? Tanta debilidad por una simple herida...
Tanto Isis como Adara se me acercaron.
-Artemisa, te encuentras mal ¿verdad?- me dijo Isis.
-Estaba bien hace un momento...
-No, desde que te hirieron no has estado bien, Artemisa... es hora de que te vea Yaso.
Rápidamente, levanté mi mirada hacia mis amigas. ¿Tan mal estaba que me tenían que llevar a esa Ninfa que más que curar parece asesinarte? No, tenían que estar locas, o quizás yo esté delirando. Claro, es eso, estoy delirando y creí oír que me iban a llevar a ver a Yaso.
-Estáis de broma... ¿verdad?- dije con la mirada suplicante.
-Me temo que no- dijo Adara- cada vez estás peor...
-Estoy bien, no hace falta ir a ver a Yaso.
Esa mujer me daba un miedo terrible.
Isis me cogió del brazo y no pude evitar la mueca de dolor que asomó a mi cara.
-¿De verdad que estás bien? Entonces, ¿a qué viene esa mueca, Artemisa?
-Porque apretaste mucho...
-Venga ya, si apenas te rocé... de verdad, amiga, vamos a ver a Yaso.
-Pero es que ella es una asesina... su fuerza curativa es brutal, no me gusta.
Tanto Isis como Adara fruncieron el ceño.
-Lo que me parece a mí es que le tienes miedo- dijo Adara.
Sorprendida, las miré a ambas.
-¿Qué? ¿Miedo yo? Yo no le tengo miedo.
-Pues vamos, entonces. me dijo Isis tendiéndome la mano para ayudarme a levantarme.
Acepté su mano a regañadientes y me levanté.
-Debemos ir a un lugar alejado de la civilización para poder ir a los Cielos- dijo Adara.
-Cierto, id al garaje en lo que busco las llaves- dijo Isis.
Adara y yo nos dirigimos al garaje aunque a mí me costó bastante llegar, las piernas no me respondían. Una vez allí, me apoyé en el coche, fatigada. Sólo habían sido unos pasos y estaba agotada... ¿qué me está pasando? No logro entenderlo... fue un simple corte.
Al momento apareció Isis con las llaves del coche. Tras abrir, nos subimos y pusimos rumbo a las afueras de la ciudad.
Al llegar, Isis detuvo el coche y nos bajamos de este. Ellas consiguieron sacar sus alas como si nada. Cuando fui a sacar las mías, sentí como si miles de cuchillos se clavaran en mi espalda, justo por donde salen estas.
No pude contener el aullido de dolor que brotó de mis labios en ese momento, el dolor era insoportable, ni siquiera me había dado cuenta de que estaba en el suelo cuando vi que tanto Isis como Adara se agachaban frente a mí, preocupadas.
-No puedo sacar mis alas...- dije en apenas un susurro, aquel dolor me había dejado sin aliento.
Se miraron.
-Esto es más grave de lo que pensaba- dijo Isis.
-Es verdad, nunca había visto un poder maligno así. Las alas son una parte vital de nuestro ser... La está dejando inútil por decirlo de una forma suave.
-Debo sacarlas...- murmuré- tengo que hacerlo...
Lo intenté de nuevo pero fue en vano. Volví a sentir los mismos dolores de antes. Me mordí el labio inferior.
-No te esfuerces... nosotras te llevaremos- me dijo Adara pero no podía dejar que hicieran eso.
Debía llegar por mis propios medios.
Hice un ademán con las manos para que se apartaran. Me esforcé al máximo pero mis alas se negaban a salir. Alguien posó una mano en mi hombro.
-Agárrate a nosotras- me dijo Adara y me obligó a pasar mi brazo por sus hombros, lo mismo pasó con Isis y entre las dos me elevaron en el aire para poner rumbo a los Cielos.
Por alguna extraña razón, comenzó a entrarme sueño.
-Artemisa, no cierres los ojos, debes mantenerte despierta para cuando te vea Yaso- me decía Isis, ¿o era Adara? Realmente no podía saberlo... lo oía todo muy lejano.
¿Qué me estaba pasando? No siento nada. No siento dolor...
Sólo sé que tengo mucho sueño y que mis ojos se estaban cerrando.
-Vamos, Artemisa, aguanta un poco, enseguida estaremos en los Cielos y cuando te curen, podrás dormir todo lo que quieras...
¿Quién me estaba diciendo eso? Sólo quiero dormir un rato, no mucho tiempo y aún así, sentía que tenía que hacer caso de aquella orden.
Intenté mantener mis ojos abiertos y así ver el momento en el que llegaba a los Cielos. Le tenía miedo a Yaso pero en ese lugar em sentía segura y era algo parecido a un hogar.
Un lugar donde podía dejarme llevar tranquilamente.
Podía oír murmullos de los Ángeles y Ninfas a nuestro paso pero no lograba descifrar lo que decían aunque tampoco es que me importase tanto, lo que yo quería en ese momento era descansar y recuperarme de la herida de mi brazo...
-¡Artemisa!

lunes, 12 de julio de 2010

CAMPEONES!!!!!!


Al fin somos campeones!!!
Después de tanto tiempo hemos conseguido el tan preciado trofeo y la estrella sobre el escudo en la camiseta española!! :D
No tiene nada que ver con la historia pero bueno... no podía evitarlo jajaja :D