martes, 13 de julio de 2010

Capítulo 7 (parte 1)

El timbre me hizo levantar bruscamente lo que hizo que mi brazo se resintiera más de lo que ya lo hacía.
Elle, que estaba dormida a mi lado, también se despertó súbitamente.
-Tranquila...-le dije al ver que se asustaba- sólo ha sido el timbre...
Me levanté con cierta dificultad me acerqué a la puerta donde miré por la mirilla. Eran dos personas mayores de unos cuarenta y largos lo que me hizo suponer que eran los padres de Elle ya que el parecido entre esta y ellos dos era difícil de negar.
Abrí la puerta y la pareja me miró.
-Perdona, hemos recibido una llamada de mi hija donde nos decía que estaba en esta casa...- dijo la mujer bastante parecida a la chica a excepción del color de sus ojos porque los de la madre de la chica eran de color castaño.
-Sí, está aquí en el salón, pasad- dije apartándome para dejarles pasar.
La pareja corrió hacia el salón mientras yo cerraba la puerta. Pude oír desde donde estaba, los sollozos de una familia que volvía a estar unida después de tanto tiempo y me hizo sentir feliz.
Después de tanto tiempo, había logrado sonreír. ¿Cuándo fue la última vez que sonreír de verdad? Ni siquiera lo recuerdo.
Me dirigí al salón y los vi allí abrazados. No sé por qué vino a mi mente el recuerdo de mis queridos padres a los que tanto adoraba.
Me senté en un sillón porque me estaba mareando bastante. Todo me daba vueltas.
La madre de Elle se me acercó y me miró con lágrimas en los ojos mientras me tomaba de las manos.
-Gracias, muchas gracias por salvar a mi hija.
Traté de sonreír.
-No es nada.
Entonces, la puerta principal se abrió y aparecieron Isis y Adara que entraron en el salón.
Los padres de Elle las saludaron y tras un rato, se llevaron a la chica, no sin antes despedirse de nosotras.
-Gracias, de verdad- nos dijo ella.
-De nada- le dije- recuerda que no puedes decirle a nadie lo que somos, debe ser un secreto.
Elle sonrió.
-Te prometo que de mi boca no saldrá nada.
Asentí y la joven me dio un abrazo.
Conseguí mantener la compostura hasta que se fueron que fue cuando caí de rodillas al suelo. Pero ¿qué me estaba pasando? Tanta debilidad por una simple herida...
Tanto Isis como Adara se me acercaron.
-Artemisa, te encuentras mal ¿verdad?- me dijo Isis.
-Estaba bien hace un momento...
-No, desde que te hirieron no has estado bien, Artemisa... es hora de que te vea Yaso.
Rápidamente, levanté mi mirada hacia mis amigas. ¿Tan mal estaba que me tenían que llevar a esa Ninfa que más que curar parece asesinarte? No, tenían que estar locas, o quizás yo esté delirando. Claro, es eso, estoy delirando y creí oír que me iban a llevar a ver a Yaso.
-Estáis de broma... ¿verdad?- dije con la mirada suplicante.
-Me temo que no- dijo Adara- cada vez estás peor...
-Estoy bien, no hace falta ir a ver a Yaso.
Esa mujer me daba un miedo terrible.
Isis me cogió del brazo y no pude evitar la mueca de dolor que asomó a mi cara.
-¿De verdad que estás bien? Entonces, ¿a qué viene esa mueca, Artemisa?
-Porque apretaste mucho...
-Venga ya, si apenas te rocé... de verdad, amiga, vamos a ver a Yaso.
-Pero es que ella es una asesina... su fuerza curativa es brutal, no me gusta.
Tanto Isis como Adara fruncieron el ceño.
-Lo que me parece a mí es que le tienes miedo- dijo Adara.
Sorprendida, las miré a ambas.
-¿Qué? ¿Miedo yo? Yo no le tengo miedo.
-Pues vamos, entonces. me dijo Isis tendiéndome la mano para ayudarme a levantarme.
Acepté su mano a regañadientes y me levanté.
-Debemos ir a un lugar alejado de la civilización para poder ir a los Cielos- dijo Adara.
-Cierto, id al garaje en lo que busco las llaves- dijo Isis.
Adara y yo nos dirigimos al garaje aunque a mí me costó bastante llegar, las piernas no me respondían. Una vez allí, me apoyé en el coche, fatigada. Sólo habían sido unos pasos y estaba agotada... ¿qué me está pasando? No logro entenderlo... fue un simple corte.
Al momento apareció Isis con las llaves del coche. Tras abrir, nos subimos y pusimos rumbo a las afueras de la ciudad.
Al llegar, Isis detuvo el coche y nos bajamos de este. Ellas consiguieron sacar sus alas como si nada. Cuando fui a sacar las mías, sentí como si miles de cuchillos se clavaran en mi espalda, justo por donde salen estas.
No pude contener el aullido de dolor que brotó de mis labios en ese momento, el dolor era insoportable, ni siquiera me había dado cuenta de que estaba en el suelo cuando vi que tanto Isis como Adara se agachaban frente a mí, preocupadas.
-No puedo sacar mis alas...- dije en apenas un susurro, aquel dolor me había dejado sin aliento.
Se miraron.
-Esto es más grave de lo que pensaba- dijo Isis.
-Es verdad, nunca había visto un poder maligno así. Las alas son una parte vital de nuestro ser... La está dejando inútil por decirlo de una forma suave.
-Debo sacarlas...- murmuré- tengo que hacerlo...
Lo intenté de nuevo pero fue en vano. Volví a sentir los mismos dolores de antes. Me mordí el labio inferior.
-No te esfuerces... nosotras te llevaremos- me dijo Adara pero no podía dejar que hicieran eso.
Debía llegar por mis propios medios.
Hice un ademán con las manos para que se apartaran. Me esforcé al máximo pero mis alas se negaban a salir. Alguien posó una mano en mi hombro.
-Agárrate a nosotras- me dijo Adara y me obligó a pasar mi brazo por sus hombros, lo mismo pasó con Isis y entre las dos me elevaron en el aire para poner rumbo a los Cielos.
Por alguna extraña razón, comenzó a entrarme sueño.
-Artemisa, no cierres los ojos, debes mantenerte despierta para cuando te vea Yaso- me decía Isis, ¿o era Adara? Realmente no podía saberlo... lo oía todo muy lejano.
¿Qué me estaba pasando? No siento nada. No siento dolor...
Sólo sé que tengo mucho sueño y que mis ojos se estaban cerrando.
-Vamos, Artemisa, aguanta un poco, enseguida estaremos en los Cielos y cuando te curen, podrás dormir todo lo que quieras...
¿Quién me estaba diciendo eso? Sólo quiero dormir un rato, no mucho tiempo y aún así, sentía que tenía que hacer caso de aquella orden.
Intenté mantener mis ojos abiertos y así ver el momento en el que llegaba a los Cielos. Le tenía miedo a Yaso pero en ese lugar em sentía segura y era algo parecido a un hogar.
Un lugar donde podía dejarme llevar tranquilamente.
Podía oír murmullos de los Ángeles y Ninfas a nuestro paso pero no lograba descifrar lo que decían aunque tampoco es que me importase tanto, lo que yo quería en ese momento era descansar y recuperarme de la herida de mi brazo...
-¡Artemisa!

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