lunes, 23 de agosto de 2010

Capítulo 10 (parte 2)

Miré a mi alrededor y entonces lo vi salir de las sombras. Su perversa mirada provocaba escalofríos a alguien que no estuviese ya curado de espanto pero aún así, conseguía meterme algo de miedo en el cuerpo.
-Artemisa... pensé que estabas en los Cielos recuperándote de una herida.
Otro con la misma suposición. De verdad que me cansa tener que decir que ya estoy bien, como si no lo vieran por sí solos.
-¿Por qué le hiciste eso a Adara?
-Porque sí.
-¡Maldito!- exclamó Isis y cargó una flecha en su ballesta.
Adirael la miró divertido, su sonrisa no mostraba temor ante lo que se disponía a hacer mi amiga. Aquella mirada, no me inspiró confianza y mis sospechas se vieron confirmadas cuando dijo:
-Si me mata, matarás a su amiga... parte de mi sangre está en su organismo y si yo desaparezco, ella también porque ahora nos une un lazo de sangre.
Isis pareció no escucharle porque le apuntó con la ballesta al corazón por lo que tuve que ir hacia ella corriendo y detenerla.
-¡No lo hagas!- le grité bajando su mano en el momento en el que disparaba.
La flecha se clavó en el suelo justo delante de los pies de Adirael.
-¿Qué has hecho?- me preguntó Isis- ¡Iba a matarlo!
-¡No puedes matarlo!- le exclamé- si lo haces, también matarás a Adara, ¿es que no le oíste?
-¿Qué?- me preguntó y miró al Ángel Caído.
-¡Lo que has oído! ¡No podemos matarlo hasta que no salvemos a Adara!
-Pero... no lo entiendo...
-Les une un lazo de sangre.
Isis parecí quedarse pensativa mientras miraba a Adirael.
-¡Claro! ¡Le dio a beber su sangre y ahora están unidos!- exclamó cayendo en la cuenta.
-Por eso mismo no podemos matarlo...- murmuré.
La sonrisa del Caído se ensanchó aún más si es que se podía.
-Vosotras debéis tomar la decisión. Me matáis y matáis a vuestra amiga o me dejáis en paz y volvéis con los otros Angelitos a los Cielos- dijo esto último en un tono sarcástico.
Me acerqué a él lentamente arrastrando las espadas por el suelo
cuando estuvimos frente a frente, levanté una de las espadas y le hice un corte en un costado, eso sí, poco profundo para cómo me hubiese gustado. Me encantó ver su cara de asombro ante mi osadía y ambos vimos cómo la espada se manchaba de su sangre pero rápidamente me aparté.
-Por ahora preferimos no matarte, pero juro que cuando Adara ya no tenga ni una pizca de sangre tuya en su cuerpo, vendré a por ti y ese corte se hará mucho más profundo, te lo aseguro.
Me giré para quedar frente a Isis que me miró sorprendida. Luego, con la cabeza bien alta, salí del lugar hasta fuera donde la luz me hizo cerrar los ojos.
-¿Vas a dejarlo pasar así? Podríamos haberlo llevado prisionero...
-¿Para qué? Pronto nos volveremos a encontrar y lo mataré con mis propias manos.
-Entonces volvamos a los Cielos a ver si Yaso ha conseguido alguna cura para Adara.
-Puedes ir tú, yo primero quiero ver qué es lo que hicieron esos cuatro aquí e informar a Afrodita para que se encargue de todo.
-¿Y si Adirael piensa atacarte por la espalda?
-Tendré que arriesgarme aunque no creo que pueda hacer mucho porque si nuestras armas son como la que me hirió a mí, tendrá que volver a los Infiernos para que le curen.
-La herida fue superficial... ¿verdad?
-Sí, no me atrevería a hacerle más sabiendo que está unido a Adara y que podría perjudicarla.
-Será mejor que te acompañe
-De acuerdo.
Ambas sacamos nuestras alas y desde el cielo pudimos ver el desastre que habían hecho Adirael y los diablos menores en Verona. Varios accidentes de tráfico, casas derrumbaradas, otras incendiándose... Bomberos, policías y sanitarios trabajarán muy duro hoy y todo por culpa de ese maldito.
-Afrodita trabajará hoy bastante y le hace falta porque está echando trasero...- dije mientras observaba toda la ciudad.
-No creo que se encargue ella personalmente.
-Tiene bastante poder para eso, además, hoy se han producido varios ataques a la vez en el mundo. Por que trabaje un poco no le va a pasar nada.
-¿Pasó algo para que estés así con ella?
-Dejó a mis protegidos solos... cuando llegué, la casa estaba rodeada por Astarté y dos Caídos que estaban dispuestos a matarlos a ambos...
-¿Afrodita no envió a alguien a velar por esos dos chicos? ¿En qué estaba pensando?
-La verdad es que no lo sé. Cuando me llamó para que viniera a buscaros, le exigí que pusiera a alguien a cargo de su vigilancia hasta que yo volviese. Sólo espero que haya cumplido su palabra porque si no, me va a escuchar como nunca antes lo había hecho...
Hubo unos momentos de silencio antes de que Isis volviera a hablar.
-Han hecho una masacre.
Asentí mientras observaba la gran cantidad de heridos que los servicios sanitarios intentaban atender y se me revolvió algo en el estómago.
Negándome a seguir viendo esto, miré a Isis.
-Volvamos a los Cielos, ya Afrodita se encargará de esto.
-De acuerdo.
Dicho esto, ambas pusimos rumbo a los Cielos para acompañar a Adara y ver si Yaso había encontrado una cura para lo que el malnacido de Adirael le había hecho.

Capítulo 10 (parte 1)

Ya lejos de la casa de Stefan y Ronny, saqué mis alas y me elevé en el aire para dirigirme a Italia donde se encontraban mis amigos. El tono de Afrodita me preocupó. ¿Una trampa?
Podría sucederles cualquier cosa pero ¿dónde buscar? Italia es bastante grande por lo que en pleno vuelo cogí mi móvil y llamé a Afrodita.
-Artemisa... ¿los has encontrado?
¿Cómo voy a encontrarlos si ni siquiera sé dónde están?
-Acabo de salir de la ciudad, voy de camino pero no sé a dónde me dirijo exactamente, ¿alguna ciudad en especial?
-Bueno, los Ángeles Caídos están en Verona.
-Verona... de acuerdo, voy para allá.
-Ten cuidado.
-Sí- tras decir esto, colgué.
Tenía que dirigirme a Verona y buscarlos por todo el lugar.
Tardé cerca de dos horas en llegar y todo parecía asolado por un huracán. Probablemente los Caídos atacaron allí pero ¿dónde podrían estar escondidos? A ver, piensa, Artemisa, si atraparon a Airam, Isis y Adara, claramente no pueden estar en un hotel, ¿una casa? Eso sería como buscar una aguja en un pajar, además, los Caídos no pueden ser tan listos y los vecinos alertarían a la policía de un secuestro.
Aunque podrían haber matado a los vecinos. No... ¿una casa abandonada? ¡Claro! Un lugar abandonado pero la cuestión es saber cuál. ¿Una casa? ¿Una fábrica? Un momento... ¡una Iglesia!
Tanto nosotros como los Caídos tenemos cierta tendencia por las Iglesias. ¿Dónde podría haber una Iglesia que esté abandonada? Recorrí todo el lugar buscando Iglesias abandonadas y las que encontraba hasta el momento estaban completamente vacías.
Me llevó varias horas mirar en todas, al parecer habían bastantes en Verona. Ya estaba llegando a la última y si no estaban allí, tendré que volver a pensar en posibles sitios. Cuando estuve frente a la puerta, descendí para abrirla. Una vez abierta, atisbé en el interior pero todo se hallaba en penumbra, salvo por algunos rayos de sol que entraban por los huecos de las cristaleras. Me adentré.
-Airam, Isis, Adara...- llamé haciendo que mi voz retumbara dentro del lugar.
Hubo silencio hasta que de repente oí un ruido al fondo por lo que corrí hacia allí y los vi. Tanto Airam como Isis estaban encadenados a la pared mientras que Adara permanecía acostada con la cabeza en el regazo de Isis, cubiertas por sus alas que... ¡se estaban oscureciendo!
Me acerqué rápidamente a ellas e Isis levantó la cabeza para mirarme.
-Artemisa...
Me agaché para tocar las alas de Adara y noté que estaba tiritando.
-¿Qué ha pasado? ¿Por qué se están oscureciendo sus alas?- pregunté mirándolos a ambos.
-Adirael le dio a beber se su sangre y se está llevando a cabo su transformación en una Caída.
Sorprendida, miré a Isis.
-Eso no puede ser, esa no es una de las formas de producirse una transformación.
-Lo es, sólo quedan un par de horas para que sea definitiva y tenemos que evitarlo o si no, no la volveremos a ver más porque se irá con él.
-No, no lo voy a permitir- dije levantándome- hay que soltaros.
-¿Cómo?- me preguntó Airam- las llaves de los grilletes no están a la vista, probablemente las tenga ese tipo.
Sin contestar, saqué mi espada de la vaina y de un golpe certero, rompí las cadenas de Airam haciendo caer sus brazos como un peso muerto.
-Coge a Adara y sácala de aquí, llévala a los Cielos que yo me encargo de Isis.
Airam miró a Isis por un momento para luego dirigir su mirada a hacia mí. Asintió y cogió a Adara entre sus brazos, luego salió corriendo del lugar.
Miré a Isis e hice lo mismo con las cadenas que la retenían. Sus brazos también cayeron y tras quedar libre, se masajeó los hombros haciendo gestos de dolor.
La ayudé a levantarse.
-Tenemos que salir ya de aquí.
-¿Y no vamos a matar a esos Caídos?
Tenía razón, había que acabar con ellos, al parecer el día de hoy iba a ser de los que ojalá pudiese olvidar. No he tenido suficiente con Astarté y sus dos secuaces para ahora ponerme a luchar de nuevo con cuatro Caídos entre los que estaba ese malnacido de Adirael.
-Sí, tenemos que hacerlo pero si no estás en condiciones de luchar, mejor ve con Airam y con Adara.
Isis hizo un movimiento con los hombros y me miró.
-Estoy bien, creo que puedo luchar...
-De acuerdo, ¿dónde está tu arma?
-Allí- dijo señalando hacia el lugar medio iluminado.
Corriendo, se dirigió allí y trajo una ballesta con un carcaj lleno de flechas, una espada y una katana.
Cogí la espada.
-¿Sabes manejar una katana?
Isis miró el arma y la observó detenidamente.
-Creo que sí, aunque no me será fácil manejar la ballesta y la katana a la vez.
-No te preocupes entonces, con que uses la ballestas es más que suficiente, ahora vayamos a buscar a esos Caídos para acabar con ellos.
-Artemisa, creo que han intentado engañarnos... los tres que nos rodearon a Airam y a mí no parecían Ángeles Caídos, ya sabes que estos poseen una belleza bastante poco usual. Para mí que los otros tres son demonios menores.
-De todas formas hay que acabar con ellos.
Isis asintió y nos adentramos más en la Iglesia. Intentamos hacer el menor ruido posible para que no nos descubrieran pero nuestros intentos fueron en vano porque casi al instante de meternos en la parte trasera del lugar, aparecieron tres tipos delante de nosotras con sus horribles alas negras.
Uno de ellos soltó una risotada que sonó metálica y se nos acercó a pesar de que nosotras teníamos las armas listas para atacar.
-Intentando escapar ¿eh?- preguntó mirando a Isis que estaba a mi lado- como se entere Adirael se te va a caer el pelo- luego me miró a mí que tenía las dos espadas en ambas manos- guau, una prisionera nueva...
-Será mejor que no te acerques más...- le dije mostrando una mirada asesina.
-Uy, qué miedo me das... estoy seguro de que si no tuvieseis esas espadas en las manos, no sabrías defenderte.
-¿Quieres comprobarlo?- pregunté desafiante, mientras miraba a Isis instándola a que disparara la flecha que tenía cargada en la ballesta en esos instantes.
-Tira las espadas.
Bajé las manos y las dejé en el suelo, todo esto sin dejar de mirar al demonio y justo cuando me fui a levantar, una flecha lo atravesó haciéndolo desaparecer en el aire.
Sin dar tiempo a reaccionar a los otros, cogí mis espadas y los alcancé, que estaban algo más alejados. Sin pensármelo, entonces, les clavé las espadas y al igual que el primero, desaparecieron en el aire.
Sonriendo miré a Isis.
-Buen trabajo, ahora sólo nos queda Adirael.
De repente oímos unos aplausos que venían de algún lugar cercano pero en la semioscuridad del lugar era difícil ver de dónde provenía exactamente.
-Un trabajo excelente y muy rápido...
-Adirael...- dije al oír la voz del Ángel Caído.

domingo, 15 de agosto de 2010

Capítulo 9 (parte 2)

Estaba en el salón de la casa de Stefan cuando este apareció con unos vasos de refresco.
-Hacía algunos días que no te veíamos- dijo el chico.
-Bueno... he estado un poco ocupada, ya sabes, esos libros no se colocan solos- dije tratando de sonreír porque esos libros aún seguían en sus cajas y no había tenido tiempo de hacer nada a causa de la herida.
-Ya, por lo que vi, eran demasiados.
-Sí... por cierto ¿cómo está Ronny?- pregunté cambiando de tema y llegando al que ahora mismo me interesaba, debía asegurarme de que no había visto mi cara y que pensara que lo que pasó en su jardín fue una creación de su mente fuera de la realidad.
-Pues bien hasta hace un rato, antes me dijo que había visto dos Ángeles luchar entre sí, pero que eran dos chicas, una con alas blancas y la otra con alas oscuras...
Abrí los ojos. ¿Tanto había visto?
-¿De verdad? Qué raro...- traté de disimular.
-Sí y me está preocupando porque ahora son dos Ángeles, hasta hace unos días me dijo que veía a Airam entrar por la ventana con unas enormes alas blancas. Quizás debiera ver a un especialista porque no es normal que vea Ángeles por todos lados.
Vaya, qué rápido se le olvidó que a mí me vio con las alas la primera vez que nos encontramos porque si se acordara, estaría ahora mismo en el especialista.
-Quizás sea una forma de recordarlo...- traté de decir aunque sabía que eso era una excusa bastante estúpida.
-No sé...- dijo Stefan mirándome- me tiene muy preocupado.
-¿Quieres que vaya a hablar con él?- pregunté.
-No quiero molestarte, además, seguro que tienes muchas cosas que hacer en tu casa.
Demasiado diría yo.
-No me importa...- básicamente porque no puedo desatender a mis protegidos porque aún estando media convaleciente, tengo que venir, matar a tres Caídos porque la señorona de Afrodita no se dignó a reservar algunos de los nuestros para velar por ellos en mi ausencia.
Disimuladamente miré hacia el cielo con su mirada cargada de rabia.
Me levanté y fui hasta las escaleras. Subí y me dirigí a la habitación de Ronny que al verme me miró receloso. Me temía lo peor y mis sospechas fueron confirmadas.
-¿Qué eres?- me preguntó nada más cerrar la puerta de su habitación. Me había visto la cara.
Lo miré y me acerqué pero él hizo un movimiento con la silla de ruedas y se alejó de mí.
-Ronny, ¿qué pasa?- pregunté, tenía que sacar la imagen de Astarté luchando conmigo.
-¿Qué eres?- me repitió.
-Soy una persona como tú, pero ¿qué te pasa?
-No eres una persona normal... tenías alas...- dijo mirándome buscando una respuesta que claramente no podía darle- te vi, Artemisa, si es que ese es tu nombre...
-Claro que es mi nombre, Ronny. Por favor, dime qué es lo que te pasa.
-Que no eres lo que pretendes parecer... te vi, vi tus alas, estabas en el aire y tenías una espada entre tus manos, mataste a la otra, la de las alas negras.
-Ronny...- dije acercándome lentamente pero él volvió a apartarse.
-¡No te acerques! Hasta que no me digas lo que eres, prefiero tenerte lejos.
-Pero..., Ronny, yo no he hecho tal cosa... yo no tengo alas, mira- dije girándome para enseñarle mi espalda- ¿dónde ves alas?
Hubo unos momentos de silencio en los que me miró fijamente, como si buscara realmente mis alas, la cosa se estaba poniendo fea y no sabía que hacer.
-Las vi, yo estoy segurísimo, es más, lo juraría si hiciera falta.
Suspiré interiormente al ver la duda en sus ojos.
-No viste nada porque no tengo alas... qué más quisiera yo tener unas para poder desplazarme más rápido- dije tratando de sonreír con inocencia.
-Yo lo vi, estoy seguro.
-Quizás tu imaginación te jugó una mala pasada- negó con la cabeza, realmente me había visto pero tenía que sacárselo de la mente como sea. Cogí una de sus manos entre las mías- ¿acaso tengo yo pinta de asesina?
Me miró sonriendo levemente.
-Seguramente fue una mala pasada de mi mente... el problema es que antes sólo veía aparecer a Airam con las mismas alas blancas y ahora te veo a ti también o al menos eso creí... creo que me estoy volviendo loco...
Ahí no supe qué responder porque si decía algo, probablemente metería la pata y acabaría dándose cuenta de que lo que había visto era tan real como todo lo que había a nuestro alrededor.
Yo no sé si fue suerte o quizás el destino que provocó que sonara mi móvil, pero un momento ¿de dónde había salido? Cuando salvamos a Elle y le dije que llamara a sus padres, no tenía mi móvil encima aunque claro, durante este tiempo no había podido cambiar mi aspecto angelical por el normal.
Sin demora, lo saqué y miré la pantalla.
-Maldita sea...- murmuré por lo bajo mientras me levantaba- tengo que contestar...- le dije a Ronny.
-No pasa nada- me dijo él aunque me daba pena dejarlo solo en este instante pero cuando Afrodita se da el gusto de llamar no se puede hacerla esperar.
Salí de la habitación y descolgué.
-¿Qué quieres, Afrodita?- pregunté en voz baja claramente enfadada, algo bastante normal cuando te enteras de que los mortales a los que proteges no estaban muy protegidos hasta que yo aparecí.
-Te necesitamos...- dijo Afrodita con voz preocupada.
-¿Me necesitáis? ¿De verdad? Yo también necesitaba que alguien cuidara de Stefan y Ronny y no enviaste a nadie a cuidarlos... no puedo alejarme, acabo de deshacerme de Astarté y de dos Caídos... podrían venir más.
Afrodita suspiró.
-Nos oíste...
-Claro que os oí, si os hubieseis fijado mejor, hubierais sabido que estaba consciente y que estaba oyendo todo.
-Creo que no es momento de recriminaciones, hace varias horas que Osiris, Isis y Adara no han vuelto de Italia. Empiezo a pensar que les tendieron una trampa.
-No pudiste pensar eso antes ¿no? Cuando casualmente hoy ha habido más ataques que de costumbre en el mundo... de verdad, Afrodita, que últimamente tienes la cabeza en otro sitio... normal, te pasas el día sentada en ese diván que tienes, tomando fruta y bebida. Te estás creyendo mucho tu papel de diosa...
-¡Basta!- me cortó de repente y di un respingo ante eso- por favor, solo quiero que vayas a Italia y los encuentres... enviaré a alguien a velar por tus chicos...
Su voz sonaba bastante preocupada y eso hizo preocuparme a mí. Suspiré.
-De acuerdo, iré pero espero que cuando regrese haya alguien aquí...
-Lo habrá, te lo prometo.
Dicho esto, colgué y bajé las escaleras sin apenas despedirme de Stefan, tenía que llegar a Italia cuanto antes.

Capítulo 9 (parte 1) (Por Airam)

¡Ah! La cabeza me va a estallar. Parece que tengo un bombo junto a mis oídos. Añadido a este, podría decir que mi cuerpo estaba hecho polvo.
Oí un gemido de dolor a mi lado y abrí los ojos. Me costó bastante enfocar la mirada ya que el lugar donde estábamos, estaba en penumbra pero junto a mí vi a Isis que gemía de dolor. Tenía sangre seca en la frente y había manchado parte de su blusa de un solo tirante, en cambio sus pantalones piratas estaban rasgados a la altura de las rodillas. Sus manos estaban encadenadas a la pared.
Intenté moverme pero al parecer yo también estaba encadenado.
-Isis...- logré decir a pesar del martilleo de mi cabeza- ¿estás bien?
-Umm, me duele la cabeza... ¿dónde estamos?- me preguntó.
Miré a mi alrededor y pude observar las cristaleras de colores de las ventanas asemejando escenas religiosas pero, curiosamente, le faltaban algunos cristales, lo que me llevaba a pensar en una cosa.
-Creo que estamos en una iglesia abandonada.
-Irónico...- dijo intentando moverse lo que le provocó un gemido de dolor, luego miró a su alrededor- ¿y Adara? ¿Dónde está?
-No lo sé, yo acabo de despertar- le contesté- todo era una trampa, una sucia trampa para atraparnos. Dios, me duele todo.
-Te dieron una buena paliza.
Así que me habían dado una zurra... que no se preocupen, cuando consiga escapar, se van a enterar de lo que es una buena paliza. Volví a mirar a mi alrededor y vi algo brillante al otro lado de la estancia, parecía...
-Mi espada... está allí.
-Seguro que mi ballesta y mi carcaj también.
-Malditos malnacidos...
Hubo unos momentos de silencio en los que sentí pasos por lo que me incorporé todo lo que pude para saber quién era. Era uno de los Ángeles Caídos y cargaba un cuerpo inerte.
Isis también lo vio, reconociendo el cuerpo que traía el tipo.
-¡Adara!- exclamó intentando soltarse pero lo único que consiguió fue gemir de dolor por sus hombros- ¿qué le has hecho?
El Ángel Caído tenía un aspecto siniestro, la clara evidencia de lo que es por su aura de peligro, de pelo corto de punta negro y ojos igual de oscuros que reflejaban la perversidad que llevaba escondida dentro. Su complexión era bastante fuerte, casi tanto como la mía. Quizás fuera un poco más alto que yo aunque no podría asegurarlo ya que desde el suelo donde estaba sentado a esta altura, todos eran mayores que yo, lo que me dejaba en una clara desventaja.
Nos miró sonriendo maliciosamente y dejó a Adara tendida sobre el altar que había allí. Aquello parecía un sacrificio satánico, nunca mejor dicho. Como en las películas de terror, la joven tendida sobre el altar de sacrificio con un vestido blanco, que en este caso era bastante más corto que el que se usa en las películas. Luego estaba el que se podría llamar jefe de la secta y que se encargaba del sacrificio de la inocente.
-Parece que ya os habéis despertado...- nos dijo el Ángel Caído.
-Déjala en paz, Adirael- dijo Isis mirándolo con la rabia bullendo por los ojos- no haces más que molestarla...
El tal Adirael enarcó una ceja antes de sonreír.
-Mi querida Isis, con toda esa sangre en el rostro no te reconocí... hacía tiempo que no nos veíamos. Si la dejara en paz, no podría llevar a cabo mi plan de convertirla.
A Isis se le mudó el rostro, de repente se había quedado pálida. Al parecer sí se iba a producir un sacrificio satánico... tengo que dejar de ver esas películas.
-No puedes hacer semejante cosa- dijo la joven.
-¿Y por qué no? Nadie me lo puede impedir, prácticamente porque los que pueden ayudarla están ahora mismo encadenados...
-Sí y eso me demuestra que no eres más que un cobarde- dije de repente mostrando una sonrisa.
Adirael me miró y se acercó.
-¿Qué has dicho?- parecía enfadado y eso me hizo sentir bien.
-Lo que has oído, no creo que haga falta repetirlo de nuevo.
Sin siquiera esperármelo, me golpeó y sentí el sabor metálico de la sangre en mi boca.
-Pues ahora menos ganas tendrás, imbécil- dijo girándose para volver al altar donde Adara aún no había recuperado el conocimiento.
-¿Qué le has hecho?- preguntó Isis.
-Bueno, he usado un poco de droga para que no despertara hasta después de haber bebido de mi sangre.
Isis volvió a intentar soltarse pero sólo conseguía hacerse más daño.
-Si sigues haciendo eso te dislocarás los hombros- le dije mirando hacia el altar.
-¿Prefieres que la convierta en una Ninfa Caída sin haber hecho nada?
-Has intentado dos veces soltarte y no lo has conseguido, así no podremos pensar en algo.
-¡No hay nada que pensar! La que está en ese altar es mi amiga y no puedo dejar que le haga algo semejante.
Aparté la mirada del altar para mirarla a ella. Para mirar aquellos ojos entre verdes y marrones que brillaban con intensidad, probablemente por la rabia. Por raro que pudiese parecer, no pude apartar la mirada de esos ojos lo que me llevó a un cierto grado de confusión que no lograba explicar.
Me tuve que obligar a mirar a otro por lo que volví hacia el altar donde Adirael acababa de sacar una pequeña daga que observaba para ver si estaba bien afilada.
-¡No la toques!- gritó Isis, lo que hizo que me doliera más la cabeza, parecer ser que nadie sabe que mi cabeza ahora mismo es un bombo.
-No voy a hacer nada, esto es para mí, ella sólo beberá la sangre de mi mano.
Con la daga se hizo un corte en la mano de la cual manó sangre oscura. Con la otra mano abrió la boca de Adara que poco a poco comenzaba a recuperar la consciencia y vertió la sangre en esta. La joven se tragó la sangre y tosió retorciéndose.
Adirael tomó un trozo de tela de su camiseta oscura y se envolvió la mano. Isis hizo un gesto de asco y trató de esconder el rostro pero poco podía hacer estando encadenada. La verdad que la imagen era bastante siniestra... dar de beber sangre a otra persona era realmente asqueroso, todavía no entiendo cómo es posible que estén de moda esas películas de vampiros.
-Bien, ya ha bebido de mi sangre, ahora su transformación durará veinticuatro horas- dijo y luego nos miró- viereis cómo se convierte en una Caída.
-Te arrepentirás de esto, te lo juro- dije realmente ofuscado viendo cómo Adara se estremecía.
-Cuando logres soltarte, ya hablaremos- dijo mirándome con una sonrisa sarcástica recalcándome que él tenía ventaja sobre mí.
Tras esto, ese imbécil se largó dejándonos allí a los tres. Adara entre temblores miró a su alrededor hasta dar con nosotros.
-Chicos...- logró decir con voz temblorosa.
Parece que la sangre comenzaba a hacer efecto y le estaba provocando escalofríos. Isis y yo vimos cómo se ponía en pie a duras penas y se acercó a nosotros tambaleándose. Sus piernas no la sostenía y acabó cayendo junto a nosotros.
-Adara...- susurró Isis.
Esta se arrastró hasta quedar la cabeza en el regazo de Isis.
-¿Qué me ha hecho?- preguntó Adara abrazándose, tiritaba de frío a pesar del calor sofocante que hacía en el lugar.
-Te ha dado de su sangre para que te conviertas en una Caída- dije al ver que Isis no podía decirle nada.
-No... yo no quiero ser una Caída...
-Pues a menos que ocurra un milagro, nadie podrá salvarte de tu destino.
-¡Airam!- me gritó Isis, su rostro reflejaba autentica preocupación y tristeza por su amiga- ¡no seas así de duro! ¡Lo menos que necesitamos ahora es que nos recuerdes la situación en la que estamos, maldita sea! ¿Por qué coño no envían a alguien a ayudarnos?
Miró a Adara mientras lágrimas de desesperación asomaban a sus ojos pero que se negaba a sacar. Negué con la cabeza mientras el silencio del lugar se cernía sobre nosotros.

viernes, 6 de agosto de 2010

Capítulo 8 (parte 2)

Oí pasos alejarse de mi cama por lo que me confirmaba que ambas saldrán de un momento a otro de aquí. Tras cerrar la puerta, me aseguré de que estaban lo suficientemente lejos como para saber que no me pillarían despierta y abrí los ojos.
Me incorporé rápidamente y me acerqué a la puerta. La abrí ligeramente para ver fuera. Debía asegurarme de que nadie me delataría.
No quería permanecer más tiempo allí sabiendo el peligro que está asolando al mundo en estos momentos.
Bien, no había nadie por los pasillos. Me aventuré a salir mirando a mi alrededor. Por suerte, mis sandalias no se oían al caminar por lo que en cuestión de ruido nadie me pillaría.
Cuando ya casi iba llegando al final del anexo, alguien salió de una habitación por lo que me escondí tras una columna con la espalda apoyada en esta y conteniendo la respiración.
Asomé un poco la cabeza y vi que era un Ángel que salía de allí por lo que suspiré aliviada y salí corriendo hacia la habitación donde estaban las armas, necesitaba una nueva.
Cuando llegué, abrí la puerta y vi unas nuevas armas que brillaban bastante cuando le daban la luz del exterior. Forjadas en plata. Me acerqué a estas y tras observar la gran variedad que había, me decidí por una espada de doble filo con empuñadura de plata con zafiros incrustados en él.
Hice algunos movimientos con la espada para ver si era muy pesada pero como no lo era, cogí su vaina y me la colgué a la cintura. La envainé y salí de allí.
Salir del edificio principal de los Cielos era lo más complicado ya que había varios guardias haciendo acto de presencia por todas las salidas disponibles aunque sinceramente no sé qué guardan si nadie va a entrar a hacer daño a nadie.
Quizás por si robaban algo pero aún así... bueno, yo acabo de coger prestada una espada sin pedir permiso... vale, eso es robar pero se trata de una necesidad en estos momentos.
Tenía que despistar a los guardianes de alguna puerta y sólo se me ocurrió tirar un jarrón que por allí al suelo. El estrépito los alertó y entraron los dos, momento que aproveché para salir de allí.
Corrí como una posesa hasta las afueras, intentando por todos los medios agarrar la espada ya que el cinturón me quedaba bastante flojo y no lo había regulado.
Miré a mis espaldas un par de veces para ver si me seguían pero nadie pareció darse cuenta de mi escapada y esto me hizo sonreír.
Me interné en el bosque para recuperar el aliento, luego saqué mis alas y eché a volar rumbo a la Tierra donde Stefan y Ronny necesitaban mi protección. No podía defraudar a Airam de ninguna manera.
jamás pensé que podría llegar tan rápido a la Tierra y menos después de haber estado convaleciente. Por lo que se ve el descanso me ha sentado bastante bien y tengo fuerzas renovadas. Aunque ahora no es el momento de pensar en eso, lo que más me preocupaba era que mis protegidos estuviesen en peligro como me decía mi instinto.
Y no me equivocaba porque alrededor de la casa de Stefan y Ronny había dos Ángeles Caídos y una Ninfa Caída a la que reconocí al instante.
-Astarté- murmuré mientras me ponía frente a ella- cuánto tiempo...
Le habían puesto el nombre de una diosa fenicia que representa a la madre naturaleza, la vida y la fertilidad, algo qeu ahora mismo ya no le iba porque su misión como Ninfa Caída es quitar la vida y no darla como su nombre de diosa indica.
Tenía un aspecto que parecía delicado, con su cabello largo rubio y su cara ovalada en la que los ojos destacaban más que nada por su color azul intenso.
-Vaya, Artemisa, sí que ha pasado tiempo... te veo, cómo decirlo..., muy angelical.
-Y tú más endemoniada...- le respondí sonriendo con malicia.
-Nos había llegado el rumor de que estabas convaleciente.
-Te informaron bien aunque no te dieron la información completa porque como ves, estoy justo delante de tus narices y dispuesta a luchar por defender a mis protegidos.
-Así que son tus protegidos... entonces conocerás la historia por la cual nos han mandado a matarlos.
-Claro que sí, sí que puedes ahorrarte el discursito- dije mientras sacaba la espada de la vaina.
Astarté me sonrió y miró a los dos Ángeles Caídos que iban con ella. Uno tenía una larga melena de color rojizo y los ojos de color verde esmeralda; el otro tenía el pelo corto castaño y los ojos de color ámbar. Ambos me miraban sonrientes.
-Oliviar, Rimmon, ¡a por ella!- gritó mientras se elevaba en el aire con sus enormes alas negras, que antes habían sido tan blancas como las mías.
Cuando los vi dirigirse a mí, me elevé en el aire y ellos me siguieron para darme caza.
Cada uno tenía un arma distinta en sus manos. Olivier, que era el pelirrojo, llevaba un hacha de doble filo de un metal oscuro y Rimmon, el de pelo castaño, tenía una lazan con la punta igual que la del hacha del otro.
Ambos iban a cargar contra mí pero me elevé aún más y sus armas chocaron haciendo saltar chispas tras el choque de los metales. Astarté no dejaba de darles órdenes por lo que me dio a entender que ella era la que mandaba en ese momento y que ambos la obedecían fielmente como si de una verdadera diosa se tratara.
-Astarté, esto no es lo que se llama juego limpio, dos contra una, aunque claro, conociéndoos como os conozco, os gusta hacer trampas con todo...- dije mientras atacaba con mi espada a Olivier que cargaba su hacha de nuevo contra mí.
-Qué bien nos conoces, querida- dijo Astarté riéndose maliciosamente.
-¡Lo suficiente como para saber cuáles son vuestros puntos débiles!- grité rebanando el brazo del pelirrojo, justamente el que asía el hacha.
Este gritó dolorido mientras caía en picado al suelo. Luego, una vez allí, se esfumó entre gritos de agonía.
Rimmon, sorprendido ante mi ataque fatal, miró hacia el lugar por donde había desaparecido el otro.
-¡Rimmon, muévete, idiota!- le gritó Astarté.
El pobre Caído miró a esta y tras asentir, se preparó para lanzar su lanza contra mí, jutsamente apuntaba hacia mi corazón pero cuando lo lanzó, lo esquivé fácilmente y de un tajo, le corté la cabeza. También se esfumó aunque no tuvo tiempo de gritar.
Me elvé hasta quedar a la altura de Astarté.
-Parece que ahora el juego es más justo. Somos una contra otra y nadie más.
-Te has fortalecido... antes eras más débil, sobretodo cuando te topabas con Badariel.
-Badariel ya no existe. Además, como tú has dicho, ya conozco la historia por la que queréis matar a mis protegidos- dije apuntándola con la espada.
Ella sacó un sable y nos pusimos a luchar. Cuando nuestros metales chocaban, saltaban algunas chispas. Casi sin proponérmelo, le hice una herida a Astarté en el vientre lo que hizo que se rasgara ese vestido tan corto y ceñido que llevaba, como no, de color negro.
Gritó, más de rabia que de dolor y voló rápidamente para atacarme. La rabia puede hacer perder los papeles a cualquiera y ella los perdía muy fácilmente. Siempre había sido una presumida y una egocéntrica. Le gustaba que todos la adorasen, incñuso consiguió enamorar a su último protegido que acabó muy mal porque no supo cuidarlo.
Miré hacia la casa donde se había encendido una luz, la de la habitación de Ronny por lo que me obligué a actuar con rapidez y elevarme lo suficiente para que él no viese lo que estaba sucediendo fuera pero no fui lo bastante rápida ya que nos vio.
Volví a elevarme haciendo que Astarté me siguiese, cosa que conseguí rápidamente, como ya dije, la rabia le podía en esos momentos y mantuvimos una lucha encarnizada, bastante dura.
Ella intentaba por todos los emdios herirme pero esta vez tenía todos los entidos puestos a lo que estaba porque conocía sus intenciones, a pesar de que Ronny podía haber visto mi cara, sabía que tenía que solucionar este pequeño problema que me había encontrado al llegar aquí.
Quizás una de las razones por la que Astarté cayó fue su gran ingenuidad en la lucha, aparte de haber estado con un Ángel Caído.
Su método de lucha era demasiado sencillo y sabía en todo momento por dónde me iba a venir así que en una de estas y con todo el dolor de mi alma, irónicamente hablando claro, le clavé mi espada hasta que la punta de esta atravesó el otro lado de su cuerpo.
Ella fue a gritar pero la sorpresa fue mucho mayor y no pudo hacer nada mientras se esfumaba.
-Artemisa tres, Astarté cero- me dije satisfecha.
Envainé la espada y descendí. Debías aber si stefan y Ronny estaban bien, sobretodo asegurarme de que Ronny no había visto mi cara cuando se asomó a la ventana.
Me acerqué a la puerta, toqué y esperé.

Capítulo 8 (parte 1)

Me duele todo el cuerpo. Estoy destrozada.
¿Por qué me duele tanto? Vagas imágenes venían a mi mente en las que veía la cara de Yaso y sus manos en mi brazo. También podía ver las caras de mis amigos.
Lentamente, abrí los ojos y miré a mi alrededor. Tras echar un pequeño vistazo, supe enseguida que estaba en el anexo. me incorporé un poco. Lo suficiente para mirar mi brazo donde antes había una venda llena de sangre y ahora no había nada, ni siquiera una pequeña cicatriz que evidenciara que había sufrido una herida que me podía haber destruido.
Me senté para levantarme y estirar un poco las piernas.
De repente, recordé que antes de venir aquí, no podía sacar mis alas, supongo que a causa de la debilidad pero si realmente estaba curada podría sacarlas sin problemas, por lo que lo intenté. Me concentré en las alas hasta que noté el delicado peso de estás aún plegadas.
Sonreír satisfecha mientras las estiraba y las batía ligeramente lo que hizo que me elevara en el aire. Di algunas vueltas por la habitación. Cuando me detuve, oí voces que se acercaban y mi instinto, que nunca suele fallar, me advirtió de algo por lo que escondí las alas y volví a tumbarme en la cama en la que había estado antes. Cerré los ojos haciéndome la dormida justo cuando la puerta se abrió.
Las voces eran las de Afrodita y Yaso.
-¿Hay problemas en Italia?- preguntó esta última.
La oí acercarse a la cama y me palpó el brazo que había estado herido antes de que sus manos asesinas me tocaran.
-Eso parece, hace horas que deberían haber vuelto, sus armas eran lo suficientemente potentes como para acabar con esos Ángeles Caídos.
-Quizás se complicaron un poco las cosas y no hay nada de qué preocuparse.
-Ya pero no debí haber enviado a los tres, quizás debería haber enviado a alguno de ellos a velar por los hermanos que protege Artemisa.
Un momento, ¿Stefan y Ronny estaban desprotegidos? ¿Cómo va a ser eso? Se supone que si algún mortal que está bajo la protección de un Ángel o Ninfa de los Cielos debería estar siempre vigilado, siempre y cuando, el protector oficial no puede.
-Pues manda a otros para ayudarlos o envía a alguien a cuidar de los dos hermanos.
-El problema es que no puedo, tengo a todas mis Ninfas ocupadas y Hermes a los Ángeles por igual, parece que los Ángeles y las Ninfas Caídas se pusieron de acuerdo para atacar hoy en todos lados.
-Algo poco usual en ellos...
-Exacto, temo por mis mejores guerreros...
-Pues no sé qué podrías hacer la verdad.
Hubo unos momentos de silencio en los que Yaso aún me palpaba el brazo. Supongo que ambas me miraban fijamente, al menos, yo tenía esa sensación.
-¿Cómo está?- preguntó Afrodita, probablemente de refería a mí ya que no había ningún otro herido en esa habitación.
-Su brazo ya ha sanado por lo que despertará de un momento a otro.
-¿Y crees que podrá luchar? Sé que cuando le cuente la situación hará lo posible para ir a ayudar a sus amigos y también velar por esos dos chicos que cuida.
-No puedo asegurarte nada, Afrodita, he curado a varios de los nuestros que han estado como ella y algunos si se han recuperado favorablemente, otros tienen que esperar algunos días para poder hacer lo que hacían normalmente.
-Artemisa es una chica fuerte.
Claro que lo soy, hasta ahora mismo estaba volando dentro de la habitación. Estoy perfectamente y pienso ir a ayudar a mis amigos.
-Lo sé, a pesar de sus gritos cuando la curé, supe que lo soportaría hasta el final y no todos pueden conseguirlo. Quizás parezca que me pase con mis pacientes pero lo hago por su bien. No es que esté resentida ni nada.
Yaso apartó la mano de mi brazo, parecía triste aunque es normal porque no he oído a nadie hablar bien de ella en términos curativos. Todo lo que se ha oído de ella es que parece una asesina que en vez de curar te hace más daño y cosas por el estilo. Yo me incluyo entre ellos porque la verdad que sus curaciones duelen bastante.
Realmente me daba pena que se sintiera así.
-Siempre he oído decir que que lo que cura no mata y esto no es menos- dijo Afrodita.
-Es posible.
-Pues entonces no te preocupes, a pesar de lo que digan de ti, todos están muy agradecidos porque los has curado y han podido seguir con nuestra misión de proteger a los mortales de los Ángeles Caídos. Ahora debo volver a mi puesto, a ver qué puedo hacer para solucionar lo que está pasando. Desde que se despierte y recupere un poco de fuerzas, me la envías.
-De acuerdo, yo debo ver a otros Ángeles por lo que me pasaré más tarde a ver si se ha despertado.