lunes, 23 de agosto de 2010

Capítulo 10 (parte 1)

Ya lejos de la casa de Stefan y Ronny, saqué mis alas y me elevé en el aire para dirigirme a Italia donde se encontraban mis amigos. El tono de Afrodita me preocupó. ¿Una trampa?
Podría sucederles cualquier cosa pero ¿dónde buscar? Italia es bastante grande por lo que en pleno vuelo cogí mi móvil y llamé a Afrodita.
-Artemisa... ¿los has encontrado?
¿Cómo voy a encontrarlos si ni siquiera sé dónde están?
-Acabo de salir de la ciudad, voy de camino pero no sé a dónde me dirijo exactamente, ¿alguna ciudad en especial?
-Bueno, los Ángeles Caídos están en Verona.
-Verona... de acuerdo, voy para allá.
-Ten cuidado.
-Sí- tras decir esto, colgué.
Tenía que dirigirme a Verona y buscarlos por todo el lugar.
Tardé cerca de dos horas en llegar y todo parecía asolado por un huracán. Probablemente los Caídos atacaron allí pero ¿dónde podrían estar escondidos? A ver, piensa, Artemisa, si atraparon a Airam, Isis y Adara, claramente no pueden estar en un hotel, ¿una casa? Eso sería como buscar una aguja en un pajar, además, los Caídos no pueden ser tan listos y los vecinos alertarían a la policía de un secuestro.
Aunque podrían haber matado a los vecinos. No... ¿una casa abandonada? ¡Claro! Un lugar abandonado pero la cuestión es saber cuál. ¿Una casa? ¿Una fábrica? Un momento... ¡una Iglesia!
Tanto nosotros como los Caídos tenemos cierta tendencia por las Iglesias. ¿Dónde podría haber una Iglesia que esté abandonada? Recorrí todo el lugar buscando Iglesias abandonadas y las que encontraba hasta el momento estaban completamente vacías.
Me llevó varias horas mirar en todas, al parecer habían bastantes en Verona. Ya estaba llegando a la última y si no estaban allí, tendré que volver a pensar en posibles sitios. Cuando estuve frente a la puerta, descendí para abrirla. Una vez abierta, atisbé en el interior pero todo se hallaba en penumbra, salvo por algunos rayos de sol que entraban por los huecos de las cristaleras. Me adentré.
-Airam, Isis, Adara...- llamé haciendo que mi voz retumbara dentro del lugar.
Hubo silencio hasta que de repente oí un ruido al fondo por lo que corrí hacia allí y los vi. Tanto Airam como Isis estaban encadenados a la pared mientras que Adara permanecía acostada con la cabeza en el regazo de Isis, cubiertas por sus alas que... ¡se estaban oscureciendo!
Me acerqué rápidamente a ellas e Isis levantó la cabeza para mirarme.
-Artemisa...
Me agaché para tocar las alas de Adara y noté que estaba tiritando.
-¿Qué ha pasado? ¿Por qué se están oscureciendo sus alas?- pregunté mirándolos a ambos.
-Adirael le dio a beber se su sangre y se está llevando a cabo su transformación en una Caída.
Sorprendida, miré a Isis.
-Eso no puede ser, esa no es una de las formas de producirse una transformación.
-Lo es, sólo quedan un par de horas para que sea definitiva y tenemos que evitarlo o si no, no la volveremos a ver más porque se irá con él.
-No, no lo voy a permitir- dije levantándome- hay que soltaros.
-¿Cómo?- me preguntó Airam- las llaves de los grilletes no están a la vista, probablemente las tenga ese tipo.
Sin contestar, saqué mi espada de la vaina y de un golpe certero, rompí las cadenas de Airam haciendo caer sus brazos como un peso muerto.
-Coge a Adara y sácala de aquí, llévala a los Cielos que yo me encargo de Isis.
Airam miró a Isis por un momento para luego dirigir su mirada a hacia mí. Asintió y cogió a Adara entre sus brazos, luego salió corriendo del lugar.
Miré a Isis e hice lo mismo con las cadenas que la retenían. Sus brazos también cayeron y tras quedar libre, se masajeó los hombros haciendo gestos de dolor.
La ayudé a levantarse.
-Tenemos que salir ya de aquí.
-¿Y no vamos a matar a esos Caídos?
Tenía razón, había que acabar con ellos, al parecer el día de hoy iba a ser de los que ojalá pudiese olvidar. No he tenido suficiente con Astarté y sus dos secuaces para ahora ponerme a luchar de nuevo con cuatro Caídos entre los que estaba ese malnacido de Adirael.
-Sí, tenemos que hacerlo pero si no estás en condiciones de luchar, mejor ve con Airam y con Adara.
Isis hizo un movimiento con los hombros y me miró.
-Estoy bien, creo que puedo luchar...
-De acuerdo, ¿dónde está tu arma?
-Allí- dijo señalando hacia el lugar medio iluminado.
Corriendo, se dirigió allí y trajo una ballesta con un carcaj lleno de flechas, una espada y una katana.
Cogí la espada.
-¿Sabes manejar una katana?
Isis miró el arma y la observó detenidamente.
-Creo que sí, aunque no me será fácil manejar la ballesta y la katana a la vez.
-No te preocupes entonces, con que uses la ballestas es más que suficiente, ahora vayamos a buscar a esos Caídos para acabar con ellos.
-Artemisa, creo que han intentado engañarnos... los tres que nos rodearon a Airam y a mí no parecían Ángeles Caídos, ya sabes que estos poseen una belleza bastante poco usual. Para mí que los otros tres son demonios menores.
-De todas formas hay que acabar con ellos.
Isis asintió y nos adentramos más en la Iglesia. Intentamos hacer el menor ruido posible para que no nos descubrieran pero nuestros intentos fueron en vano porque casi al instante de meternos en la parte trasera del lugar, aparecieron tres tipos delante de nosotras con sus horribles alas negras.
Uno de ellos soltó una risotada que sonó metálica y se nos acercó a pesar de que nosotras teníamos las armas listas para atacar.
-Intentando escapar ¿eh?- preguntó mirando a Isis que estaba a mi lado- como se entere Adirael se te va a caer el pelo- luego me miró a mí que tenía las dos espadas en ambas manos- guau, una prisionera nueva...
-Será mejor que no te acerques más...- le dije mostrando una mirada asesina.
-Uy, qué miedo me das... estoy seguro de que si no tuvieseis esas espadas en las manos, no sabrías defenderte.
-¿Quieres comprobarlo?- pregunté desafiante, mientras miraba a Isis instándola a que disparara la flecha que tenía cargada en la ballesta en esos instantes.
-Tira las espadas.
Bajé las manos y las dejé en el suelo, todo esto sin dejar de mirar al demonio y justo cuando me fui a levantar, una flecha lo atravesó haciéndolo desaparecer en el aire.
Sin dar tiempo a reaccionar a los otros, cogí mis espadas y los alcancé, que estaban algo más alejados. Sin pensármelo, entonces, les clavé las espadas y al igual que el primero, desaparecieron en el aire.
Sonriendo miré a Isis.
-Buen trabajo, ahora sólo nos queda Adirael.
De repente oímos unos aplausos que venían de algún lugar cercano pero en la semioscuridad del lugar era difícil ver de dónde provenía exactamente.
-Un trabajo excelente y muy rápido...
-Adirael...- dije al oír la voz del Ángel Caído.

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