viernes, 6 de agosto de 2010

Capítulo 8 (parte 1)

Me duele todo el cuerpo. Estoy destrozada.
¿Por qué me duele tanto? Vagas imágenes venían a mi mente en las que veía la cara de Yaso y sus manos en mi brazo. También podía ver las caras de mis amigos.
Lentamente, abrí los ojos y miré a mi alrededor. Tras echar un pequeño vistazo, supe enseguida que estaba en el anexo. me incorporé un poco. Lo suficiente para mirar mi brazo donde antes había una venda llena de sangre y ahora no había nada, ni siquiera una pequeña cicatriz que evidenciara que había sufrido una herida que me podía haber destruido.
Me senté para levantarme y estirar un poco las piernas.
De repente, recordé que antes de venir aquí, no podía sacar mis alas, supongo que a causa de la debilidad pero si realmente estaba curada podría sacarlas sin problemas, por lo que lo intenté. Me concentré en las alas hasta que noté el delicado peso de estás aún plegadas.
Sonreír satisfecha mientras las estiraba y las batía ligeramente lo que hizo que me elevara en el aire. Di algunas vueltas por la habitación. Cuando me detuve, oí voces que se acercaban y mi instinto, que nunca suele fallar, me advirtió de algo por lo que escondí las alas y volví a tumbarme en la cama en la que había estado antes. Cerré los ojos haciéndome la dormida justo cuando la puerta se abrió.
Las voces eran las de Afrodita y Yaso.
-¿Hay problemas en Italia?- preguntó esta última.
La oí acercarse a la cama y me palpó el brazo que había estado herido antes de que sus manos asesinas me tocaran.
-Eso parece, hace horas que deberían haber vuelto, sus armas eran lo suficientemente potentes como para acabar con esos Ángeles Caídos.
-Quizás se complicaron un poco las cosas y no hay nada de qué preocuparse.
-Ya pero no debí haber enviado a los tres, quizás debería haber enviado a alguno de ellos a velar por los hermanos que protege Artemisa.
Un momento, ¿Stefan y Ronny estaban desprotegidos? ¿Cómo va a ser eso? Se supone que si algún mortal que está bajo la protección de un Ángel o Ninfa de los Cielos debería estar siempre vigilado, siempre y cuando, el protector oficial no puede.
-Pues manda a otros para ayudarlos o envía a alguien a cuidar de los dos hermanos.
-El problema es que no puedo, tengo a todas mis Ninfas ocupadas y Hermes a los Ángeles por igual, parece que los Ángeles y las Ninfas Caídas se pusieron de acuerdo para atacar hoy en todos lados.
-Algo poco usual en ellos...
-Exacto, temo por mis mejores guerreros...
-Pues no sé qué podrías hacer la verdad.
Hubo unos momentos de silencio en los que Yaso aún me palpaba el brazo. Supongo que ambas me miraban fijamente, al menos, yo tenía esa sensación.
-¿Cómo está?- preguntó Afrodita, probablemente de refería a mí ya que no había ningún otro herido en esa habitación.
-Su brazo ya ha sanado por lo que despertará de un momento a otro.
-¿Y crees que podrá luchar? Sé que cuando le cuente la situación hará lo posible para ir a ayudar a sus amigos y también velar por esos dos chicos que cuida.
-No puedo asegurarte nada, Afrodita, he curado a varios de los nuestros que han estado como ella y algunos si se han recuperado favorablemente, otros tienen que esperar algunos días para poder hacer lo que hacían normalmente.
-Artemisa es una chica fuerte.
Claro que lo soy, hasta ahora mismo estaba volando dentro de la habitación. Estoy perfectamente y pienso ir a ayudar a mis amigos.
-Lo sé, a pesar de sus gritos cuando la curé, supe que lo soportaría hasta el final y no todos pueden conseguirlo. Quizás parezca que me pase con mis pacientes pero lo hago por su bien. No es que esté resentida ni nada.
Yaso apartó la mano de mi brazo, parecía triste aunque es normal porque no he oído a nadie hablar bien de ella en términos curativos. Todo lo que se ha oído de ella es que parece una asesina que en vez de curar te hace más daño y cosas por el estilo. Yo me incluyo entre ellos porque la verdad que sus curaciones duelen bastante.
Realmente me daba pena que se sintiera así.
-Siempre he oído decir que que lo que cura no mata y esto no es menos- dijo Afrodita.
-Es posible.
-Pues entonces no te preocupes, a pesar de lo que digan de ti, todos están muy agradecidos porque los has curado y han podido seguir con nuestra misión de proteger a los mortales de los Ángeles Caídos. Ahora debo volver a mi puesto, a ver qué puedo hacer para solucionar lo que está pasando. Desde que se despierte y recupere un poco de fuerzas, me la envías.
-De acuerdo, yo debo ver a otros Ángeles por lo que me pasaré más tarde a ver si se ha despertado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario