viernes, 6 de agosto de 2010

Capítulo 8 (parte 2)

Oí pasos alejarse de mi cama por lo que me confirmaba que ambas saldrán de un momento a otro de aquí. Tras cerrar la puerta, me aseguré de que estaban lo suficientemente lejos como para saber que no me pillarían despierta y abrí los ojos.
Me incorporé rápidamente y me acerqué a la puerta. La abrí ligeramente para ver fuera. Debía asegurarme de que nadie me delataría.
No quería permanecer más tiempo allí sabiendo el peligro que está asolando al mundo en estos momentos.
Bien, no había nadie por los pasillos. Me aventuré a salir mirando a mi alrededor. Por suerte, mis sandalias no se oían al caminar por lo que en cuestión de ruido nadie me pillaría.
Cuando ya casi iba llegando al final del anexo, alguien salió de una habitación por lo que me escondí tras una columna con la espalda apoyada en esta y conteniendo la respiración.
Asomé un poco la cabeza y vi que era un Ángel que salía de allí por lo que suspiré aliviada y salí corriendo hacia la habitación donde estaban las armas, necesitaba una nueva.
Cuando llegué, abrí la puerta y vi unas nuevas armas que brillaban bastante cuando le daban la luz del exterior. Forjadas en plata. Me acerqué a estas y tras observar la gran variedad que había, me decidí por una espada de doble filo con empuñadura de plata con zafiros incrustados en él.
Hice algunos movimientos con la espada para ver si era muy pesada pero como no lo era, cogí su vaina y me la colgué a la cintura. La envainé y salí de allí.
Salir del edificio principal de los Cielos era lo más complicado ya que había varios guardias haciendo acto de presencia por todas las salidas disponibles aunque sinceramente no sé qué guardan si nadie va a entrar a hacer daño a nadie.
Quizás por si robaban algo pero aún así... bueno, yo acabo de coger prestada una espada sin pedir permiso... vale, eso es robar pero se trata de una necesidad en estos momentos.
Tenía que despistar a los guardianes de alguna puerta y sólo se me ocurrió tirar un jarrón que por allí al suelo. El estrépito los alertó y entraron los dos, momento que aproveché para salir de allí.
Corrí como una posesa hasta las afueras, intentando por todos los medios agarrar la espada ya que el cinturón me quedaba bastante flojo y no lo había regulado.
Miré a mis espaldas un par de veces para ver si me seguían pero nadie pareció darse cuenta de mi escapada y esto me hizo sonreír.
Me interné en el bosque para recuperar el aliento, luego saqué mis alas y eché a volar rumbo a la Tierra donde Stefan y Ronny necesitaban mi protección. No podía defraudar a Airam de ninguna manera.
jamás pensé que podría llegar tan rápido a la Tierra y menos después de haber estado convaleciente. Por lo que se ve el descanso me ha sentado bastante bien y tengo fuerzas renovadas. Aunque ahora no es el momento de pensar en eso, lo que más me preocupaba era que mis protegidos estuviesen en peligro como me decía mi instinto.
Y no me equivocaba porque alrededor de la casa de Stefan y Ronny había dos Ángeles Caídos y una Ninfa Caída a la que reconocí al instante.
-Astarté- murmuré mientras me ponía frente a ella- cuánto tiempo...
Le habían puesto el nombre de una diosa fenicia que representa a la madre naturaleza, la vida y la fertilidad, algo qeu ahora mismo ya no le iba porque su misión como Ninfa Caída es quitar la vida y no darla como su nombre de diosa indica.
Tenía un aspecto que parecía delicado, con su cabello largo rubio y su cara ovalada en la que los ojos destacaban más que nada por su color azul intenso.
-Vaya, Artemisa, sí que ha pasado tiempo... te veo, cómo decirlo..., muy angelical.
-Y tú más endemoniada...- le respondí sonriendo con malicia.
-Nos había llegado el rumor de que estabas convaleciente.
-Te informaron bien aunque no te dieron la información completa porque como ves, estoy justo delante de tus narices y dispuesta a luchar por defender a mis protegidos.
-Así que son tus protegidos... entonces conocerás la historia por la cual nos han mandado a matarlos.
-Claro que sí, sí que puedes ahorrarte el discursito- dije mientras sacaba la espada de la vaina.
Astarté me sonrió y miró a los dos Ángeles Caídos que iban con ella. Uno tenía una larga melena de color rojizo y los ojos de color verde esmeralda; el otro tenía el pelo corto castaño y los ojos de color ámbar. Ambos me miraban sonrientes.
-Oliviar, Rimmon, ¡a por ella!- gritó mientras se elevaba en el aire con sus enormes alas negras, que antes habían sido tan blancas como las mías.
Cuando los vi dirigirse a mí, me elevé en el aire y ellos me siguieron para darme caza.
Cada uno tenía un arma distinta en sus manos. Olivier, que era el pelirrojo, llevaba un hacha de doble filo de un metal oscuro y Rimmon, el de pelo castaño, tenía una lazan con la punta igual que la del hacha del otro.
Ambos iban a cargar contra mí pero me elevé aún más y sus armas chocaron haciendo saltar chispas tras el choque de los metales. Astarté no dejaba de darles órdenes por lo que me dio a entender que ella era la que mandaba en ese momento y que ambos la obedecían fielmente como si de una verdadera diosa se tratara.
-Astarté, esto no es lo que se llama juego limpio, dos contra una, aunque claro, conociéndoos como os conozco, os gusta hacer trampas con todo...- dije mientras atacaba con mi espada a Olivier que cargaba su hacha de nuevo contra mí.
-Qué bien nos conoces, querida- dijo Astarté riéndose maliciosamente.
-¡Lo suficiente como para saber cuáles son vuestros puntos débiles!- grité rebanando el brazo del pelirrojo, justamente el que asía el hacha.
Este gritó dolorido mientras caía en picado al suelo. Luego, una vez allí, se esfumó entre gritos de agonía.
Rimmon, sorprendido ante mi ataque fatal, miró hacia el lugar por donde había desaparecido el otro.
-¡Rimmon, muévete, idiota!- le gritó Astarté.
El pobre Caído miró a esta y tras asentir, se preparó para lanzar su lanza contra mí, jutsamente apuntaba hacia mi corazón pero cuando lo lanzó, lo esquivé fácilmente y de un tajo, le corté la cabeza. También se esfumó aunque no tuvo tiempo de gritar.
Me elvé hasta quedar a la altura de Astarté.
-Parece que ahora el juego es más justo. Somos una contra otra y nadie más.
-Te has fortalecido... antes eras más débil, sobretodo cuando te topabas con Badariel.
-Badariel ya no existe. Además, como tú has dicho, ya conozco la historia por la que queréis matar a mis protegidos- dije apuntándola con la espada.
Ella sacó un sable y nos pusimos a luchar. Cuando nuestros metales chocaban, saltaban algunas chispas. Casi sin proponérmelo, le hice una herida a Astarté en el vientre lo que hizo que se rasgara ese vestido tan corto y ceñido que llevaba, como no, de color negro.
Gritó, más de rabia que de dolor y voló rápidamente para atacarme. La rabia puede hacer perder los papeles a cualquiera y ella los perdía muy fácilmente. Siempre había sido una presumida y una egocéntrica. Le gustaba que todos la adorasen, incñuso consiguió enamorar a su último protegido que acabó muy mal porque no supo cuidarlo.
Miré hacia la casa donde se había encendido una luz, la de la habitación de Ronny por lo que me obligué a actuar con rapidez y elevarme lo suficiente para que él no viese lo que estaba sucediendo fuera pero no fui lo bastante rápida ya que nos vio.
Volví a elevarme haciendo que Astarté me siguiese, cosa que conseguí rápidamente, como ya dije, la rabia le podía en esos momentos y mantuvimos una lucha encarnizada, bastante dura.
Ella intentaba por todos los emdios herirme pero esta vez tenía todos los entidos puestos a lo que estaba porque conocía sus intenciones, a pesar de que Ronny podía haber visto mi cara, sabía que tenía que solucionar este pequeño problema que me había encontrado al llegar aquí.
Quizás una de las razones por la que Astarté cayó fue su gran ingenuidad en la lucha, aparte de haber estado con un Ángel Caído.
Su método de lucha era demasiado sencillo y sabía en todo momento por dónde me iba a venir así que en una de estas y con todo el dolor de mi alma, irónicamente hablando claro, le clavé mi espada hasta que la punta de esta atravesó el otro lado de su cuerpo.
Ella fue a gritar pero la sorpresa fue mucho mayor y no pudo hacer nada mientras se esfumaba.
-Artemisa tres, Astarté cero- me dije satisfecha.
Envainé la espada y descendí. Debías aber si stefan y Ronny estaban bien, sobretodo asegurarme de que Ronny no había visto mi cara cuando se asomó a la ventana.
Me acerqué a la puerta, toqué y esperé.

2 comentarios:

  1. Ya lei el capitulo entero =D, esta wapo, asi me gusta bastante que leer jajajaja, a ver donde estan lo otros y que les paso =D.
    Allegra

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  2. me alegro k te gustara jejeje trankila lo sabras en el proximo cap jejeje

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