domingo, 15 de agosto de 2010

Capítulo 9 (parte 1) (Por Airam)

¡Ah! La cabeza me va a estallar. Parece que tengo un bombo junto a mis oídos. Añadido a este, podría decir que mi cuerpo estaba hecho polvo.
Oí un gemido de dolor a mi lado y abrí los ojos. Me costó bastante enfocar la mirada ya que el lugar donde estábamos, estaba en penumbra pero junto a mí vi a Isis que gemía de dolor. Tenía sangre seca en la frente y había manchado parte de su blusa de un solo tirante, en cambio sus pantalones piratas estaban rasgados a la altura de las rodillas. Sus manos estaban encadenadas a la pared.
Intenté moverme pero al parecer yo también estaba encadenado.
-Isis...- logré decir a pesar del martilleo de mi cabeza- ¿estás bien?
-Umm, me duele la cabeza... ¿dónde estamos?- me preguntó.
Miré a mi alrededor y pude observar las cristaleras de colores de las ventanas asemejando escenas religiosas pero, curiosamente, le faltaban algunos cristales, lo que me llevaba a pensar en una cosa.
-Creo que estamos en una iglesia abandonada.
-Irónico...- dijo intentando moverse lo que le provocó un gemido de dolor, luego miró a su alrededor- ¿y Adara? ¿Dónde está?
-No lo sé, yo acabo de despertar- le contesté- todo era una trampa, una sucia trampa para atraparnos. Dios, me duele todo.
-Te dieron una buena paliza.
Así que me habían dado una zurra... que no se preocupen, cuando consiga escapar, se van a enterar de lo que es una buena paliza. Volví a mirar a mi alrededor y vi algo brillante al otro lado de la estancia, parecía...
-Mi espada... está allí.
-Seguro que mi ballesta y mi carcaj también.
-Malditos malnacidos...
Hubo unos momentos de silencio en los que sentí pasos por lo que me incorporé todo lo que pude para saber quién era. Era uno de los Ángeles Caídos y cargaba un cuerpo inerte.
Isis también lo vio, reconociendo el cuerpo que traía el tipo.
-¡Adara!- exclamó intentando soltarse pero lo único que consiguió fue gemir de dolor por sus hombros- ¿qué le has hecho?
El Ángel Caído tenía un aspecto siniestro, la clara evidencia de lo que es por su aura de peligro, de pelo corto de punta negro y ojos igual de oscuros que reflejaban la perversidad que llevaba escondida dentro. Su complexión era bastante fuerte, casi tanto como la mía. Quizás fuera un poco más alto que yo aunque no podría asegurarlo ya que desde el suelo donde estaba sentado a esta altura, todos eran mayores que yo, lo que me dejaba en una clara desventaja.
Nos miró sonriendo maliciosamente y dejó a Adara tendida sobre el altar que había allí. Aquello parecía un sacrificio satánico, nunca mejor dicho. Como en las películas de terror, la joven tendida sobre el altar de sacrificio con un vestido blanco, que en este caso era bastante más corto que el que se usa en las películas. Luego estaba el que se podría llamar jefe de la secta y que se encargaba del sacrificio de la inocente.
-Parece que ya os habéis despertado...- nos dijo el Ángel Caído.
-Déjala en paz, Adirael- dijo Isis mirándolo con la rabia bullendo por los ojos- no haces más que molestarla...
El tal Adirael enarcó una ceja antes de sonreír.
-Mi querida Isis, con toda esa sangre en el rostro no te reconocí... hacía tiempo que no nos veíamos. Si la dejara en paz, no podría llevar a cabo mi plan de convertirla.
A Isis se le mudó el rostro, de repente se había quedado pálida. Al parecer sí se iba a producir un sacrificio satánico... tengo que dejar de ver esas películas.
-No puedes hacer semejante cosa- dijo la joven.
-¿Y por qué no? Nadie me lo puede impedir, prácticamente porque los que pueden ayudarla están ahora mismo encadenados...
-Sí y eso me demuestra que no eres más que un cobarde- dije de repente mostrando una sonrisa.
Adirael me miró y se acercó.
-¿Qué has dicho?- parecía enfadado y eso me hizo sentir bien.
-Lo que has oído, no creo que haga falta repetirlo de nuevo.
Sin siquiera esperármelo, me golpeó y sentí el sabor metálico de la sangre en mi boca.
-Pues ahora menos ganas tendrás, imbécil- dijo girándose para volver al altar donde Adara aún no había recuperado el conocimiento.
-¿Qué le has hecho?- preguntó Isis.
-Bueno, he usado un poco de droga para que no despertara hasta después de haber bebido de mi sangre.
Isis volvió a intentar soltarse pero sólo conseguía hacerse más daño.
-Si sigues haciendo eso te dislocarás los hombros- le dije mirando hacia el altar.
-¿Prefieres que la convierta en una Ninfa Caída sin haber hecho nada?
-Has intentado dos veces soltarte y no lo has conseguido, así no podremos pensar en algo.
-¡No hay nada que pensar! La que está en ese altar es mi amiga y no puedo dejar que le haga algo semejante.
Aparté la mirada del altar para mirarla a ella. Para mirar aquellos ojos entre verdes y marrones que brillaban con intensidad, probablemente por la rabia. Por raro que pudiese parecer, no pude apartar la mirada de esos ojos lo que me llevó a un cierto grado de confusión que no lograba explicar.
Me tuve que obligar a mirar a otro por lo que volví hacia el altar donde Adirael acababa de sacar una pequeña daga que observaba para ver si estaba bien afilada.
-¡No la toques!- gritó Isis, lo que hizo que me doliera más la cabeza, parecer ser que nadie sabe que mi cabeza ahora mismo es un bombo.
-No voy a hacer nada, esto es para mí, ella sólo beberá la sangre de mi mano.
Con la daga se hizo un corte en la mano de la cual manó sangre oscura. Con la otra mano abrió la boca de Adara que poco a poco comenzaba a recuperar la consciencia y vertió la sangre en esta. La joven se tragó la sangre y tosió retorciéndose.
Adirael tomó un trozo de tela de su camiseta oscura y se envolvió la mano. Isis hizo un gesto de asco y trató de esconder el rostro pero poco podía hacer estando encadenada. La verdad que la imagen era bastante siniestra... dar de beber sangre a otra persona era realmente asqueroso, todavía no entiendo cómo es posible que estén de moda esas películas de vampiros.
-Bien, ya ha bebido de mi sangre, ahora su transformación durará veinticuatro horas- dijo y luego nos miró- viereis cómo se convierte en una Caída.
-Te arrepentirás de esto, te lo juro- dije realmente ofuscado viendo cómo Adara se estremecía.
-Cuando logres soltarte, ya hablaremos- dijo mirándome con una sonrisa sarcástica recalcándome que él tenía ventaja sobre mí.
Tras esto, ese imbécil se largó dejándonos allí a los tres. Adara entre temblores miró a su alrededor hasta dar con nosotros.
-Chicos...- logró decir con voz temblorosa.
Parece que la sangre comenzaba a hacer efecto y le estaba provocando escalofríos. Isis y yo vimos cómo se ponía en pie a duras penas y se acercó a nosotros tambaleándose. Sus piernas no la sostenía y acabó cayendo junto a nosotros.
-Adara...- susurró Isis.
Esta se arrastró hasta quedar la cabeza en el regazo de Isis.
-¿Qué me ha hecho?- preguntó Adara abrazándose, tiritaba de frío a pesar del calor sofocante que hacía en el lugar.
-Te ha dado de su sangre para que te conviertas en una Caída- dije al ver que Isis no podía decirle nada.
-No... yo no quiero ser una Caída...
-Pues a menos que ocurra un milagro, nadie podrá salvarte de tu destino.
-¡Airam!- me gritó Isis, su rostro reflejaba autentica preocupación y tristeza por su amiga- ¡no seas así de duro! ¡Lo menos que necesitamos ahora es que nos recuerdes la situación en la que estamos, maldita sea! ¿Por qué coño no envían a alguien a ayudarnos?
Miró a Adara mientras lágrimas de desesperación asomaban a sus ojos pero que se negaba a sacar. Negué con la cabeza mientras el silencio del lugar se cernía sobre nosotros.

No hay comentarios:

Publicar un comentario