sábado, 20 de noviembre de 2010

Capítulo 12 (parte 2)

Como siempre, no tardé mucho en llegar a los Cielos. Me dirigí al anexo y me encaminé a la habitación donde estaba mi amiga. La puerta estaba entreabierta y encontré a Isis sentada junto a la cama donde descansaba Adara.
Sus alas estaban cubiertas por las sábanas por lo que no podía saber con seguridad si se estaba volviendo blancas o no por lo que me vi obligada a preguntarle a mi amiga.
-¿Cómo está?
-Parece que está mejorando levemente aunque sus alas no han recuperado el blanco normal. Incluso tiene una mancha oscura en una de sus alas que no se va...- me dijo con voz preocupada.
-Se repondrá y pronto volveremos las tres a la Tierra...- dije yo mirando a Adara.
-¿Estuviste llorando?- me preguntó Isis y noté su mirada fija en mí. ¿Veis lo que digo? Mis ojos me delatan cuando lloro. Ella se levantó y se acercó a mí- ¿sucede algo?
-No, no pasa nada, es solo que los recuerdos son muy dolorosos.
-¿Estuviste recordando lo que te pasó? ?Cuántas veces te hemos dicho que tienes que dejarlo en el pasado?
-¿Crees que no lo sé? Lo intento, de verdad que lo intento pero cuando hablé con Ronny, mis defensas cayeron como un muro mal hecho y el dolor atravesó mi corazón. El pasado no se irá, seguirá ahí para joderme nada más y no lo soporto. Quiero olvidar la traición que sentí, cómo me dejaron todos de lados cuando me acusaron de ser lo que no era.
-Artemisa, eso pasó hace demasiado tiempo, estamos hablando de la Inquisición, perdona que te lo diga pero la gente de tu época estaba muy loca, amiga.
Esas palabras consiguieron arrancarme una leve sonrisa.
-Lo sé... cualquiera que hiciese algo que no aprobaba la Iglesia ya era acusado de herejía...
-Lo que yo digo, una panda de locos...
-Mi época tampoco se queda atrás...- se oyó una voz a nuestras espaldas.
Rápidamente nos giramos y vimos a Adara despierta y sonriendo levemente. Acababa de recuperar la conciencia pero aún estaba muy pálida.
Nos acercamos rápidamente y sonreímos.
-¿Cómo estás?- le pregunté cogiéndole la mano.
-Tengo la sensación de que me ha pasado una apisonadora por encima... esto de la sangre no es muy agradable.
-Me imagino, siento haberte obligado a beber de la mía cómo lo hice- dijo Isis.
-Sé que lo hiciste por mi bien así que estás perdonada.
Adara intentó levantarse pero la fuerza de los brazos le falló y volvió a caer tendida en la cama.
-No deberías hacer mucho esfuerzo, estás débil.
-No creo que aguante mucho así- dijo ella y me miró fijamente- has vuelto a llorar... hacía mucho tiempo que no llorabas.
-Pensé que me había vuelto una chica dura pero parece ser que no- dije con una sonrisa torcida.
-Eres una chica dura pero tienes tu corazoncito- me dijo ella sonriendo.
-Prefiero no tenerlo porque si cada vez que recuerdo lo que sucedió se me desgarra... además, una buena Ninfa de los Cielos deja de lado sus sentimientos para cazar a los Caídos.
-Sí pero también tenemos tiempo para sentir- dijo Isis.
-Ese tiempo puede no ser bueno.
-No digas eso, Artie...- me dijo Adara utilizando mi diminutivo- todos tenemos derecho a sentir y ser felices.
-¿De verdad crees que podemos ser felices cuando no hacemos más que mentir a las personas que nos importa?
-Tenemos que hacerlo, no podemos meter a esas personas en nuestro mundo, sería muy peligroso- dijo Isis.
-¿Entonces por qué los protegemos? Están en peligro igualmente, tanto si lo saben como si no.
-¿Es que acaso quieres contarles a tus protegidos que eres su protectora?- me preguntó Isis- eso es una locura y lo sabes. Lo tenemos prohibido.
-Sé que está prohibido pero estoy harta de tener que fingir. Me gustaría, por una vez, ser yo misma, poder decir cualquier cosa sin temer nada. Sin fingir ser alguien que realmente no soy. Odio tener que mentir.
-Nosotras también lo odiamos pero es parte de nuestro destino como Ninfas de los Cielos- dijo Adara.
-Pues ojalá no me hubiesen elegido para ser una, para vivir así hubiera preferido ir al Más Allá- dije cruzándome de brazos.
-¡No digas esas cosas! Sabes mejor que nadie que eres una de las mejores Ninfas que tenemos ahora mismo en los Cielos. Ninguna tiene el entrenamiento que tienes tú- me dijo Adara.
-Si fuese tan buena como todos piensan no me habría dejado hacer esta cicatriz- dije señalando mi brazo- nadie es perfecto y nosotras lo somos mucho menos...
-¿Tan poco confías en ti misma?- me preguntó Isis.
-No es que no confíe en mí misma, más bien soy realista. Estoy cansada de esta vida. Llevo muchos años pasando por las mismas cosas. Acabar con los Caídos mientras protejo a alguien a quien tengo que mentir.
-¿Es que acaso le vas a pedir a Afrodita que te envíe al Más Allá?- me preguntó Adara con temor.
-Lo he pensado varias veces durante todo este tiempo pero algo me impide decírselo... no me preguntéis el qué pero es así.
-Lo único que te mantenía era tu venganza contra Badariel...- murmuró Isis- y conseguiste acabar con él... ya nada te ata a esto.
-Sí pero ¿a qué precio? Todos los Caídos quieren vengar la muerte tanto de la pareja de Badariel como la suya propia... Si no hubiese sucumbido a sus encantos... ¡Maldición!- exclamé con rabia- ¡lo odio! ¡Por su culpa es por lo que yo estoy pasando por esto! ¡Yo nunca quise ser lo que soy! Yo sólo quería casarme y tener hijos... quería ser feliz... ¿por qué me eligió a mí?- pregunté sin poder contener un segundo más las lágrimas que pugnaban por salir sin control de mis ojos- ¿por qué eligió a una persona como yo cuando no era más que una campesina sin ninguna propiedad pudiendo elegir a cualquier noble? ¿Por qué?
-Por el aire de inocencia que desprendías...- dijo una voz a mi espalda.

Capítulo 12 (parte 1)

No pude evitar que la sorpresa asomara a mi rostro.
-Pero ¿estás seguro de eso?
-Eso fue lo que me dijo otro amigo mío, que los vio salir juntos de una fiesta a la que yo no fui.
-Quizás te mintieron. Mucha gente dice ser tu amiga, a veces te engaña- dije yo sintiendo una punzada de dolor en el corazón.
-Hablas como si eso te hubiese pasado a ti- me dijo mirándome fijamente a los ojos por lo que vi obligada a apartar mi mirada de la suya- ¿acaso te pasó algo parecido?
-Más o menos...- dije tratando de evitar un tema tan doloroso como que tus propios amigos te acusaran de ser una bruja cuando nunca lo fui. Cerré las manos en puños hasta que mis nudillos se quedaron blancos y me obligué a contener las lágrimas que luchaban por salir al exterior. Hacía muchos años que había dejado de llorar por el pasado, no el momento de volver a sentir dolor.
-Entonces entiendes cómo me sentí en ese momento ¿verdad?
-Sí, te sientes traicionado, solo...- dije en apenas un susurro.
-Pues así me sentí yo y esa es una de las razones por las que no quiero ver a esa chica.
-¿Le dejaste que se explicara? Quizás deberías oír la versión de ella y a lo mejor te das cuenta de muchas cosas.
-Ella sólo intentará decirme que no pasó nada cuando sí pasó.
-Yo creo que deberías escucharla, no deberías juzgar antes de oír su versión. Es muy doloroso ver que nadie te escucha sabiendo que no hiciste nada para que te acusen de forma tan dura.
Ni me di cuenta de que una lágrima descendía por mi mejilla cuando noté la mano de Ronny limpiándomela.
-¿Qué te pasó para que tus ojos muestren tanta pena y tanto dolor?
-Todas las personas que yo creía que eran mis amigos me dejaron de lado por una falsa acusación y nadie me creyó... no escucharon mis explicaciones. Me trataron de la peor manera posible...
Mis manos temblaban al igual que todo mi cuerpo porque me convulsionaba levemente acompañando a las lágrimas que salían sin control de mis ojos y recorrían mis mejillas. Después de tanto tiempo intentando olvidar lo que sucedió, no podía. El pasado siempre volvía para hacerme más y más daño, desgarrando mi corazón sin apenas oponer resistencia.
Las pesadillas me dejaban un mal cuerpo pero recordando estando despierta era le peor mazazo que podía recibir.
Sentí que los brazos de Ronny me rodeaban en un abrazo que parecía ser fraternal, algo que no había sentido desde hacía muchísimo tiempo. Mis amigas me abrazaban pero no era lo mismo que lo que estaba sintiendo en ese momento. Ronny me consolaba con dulces palabras:
-Tranquila, no pienses en lo que pasó, sólo te hará más daño.
-Ojalá... ojalá fuera tan... tan fácil...- dije entre ridículos hipidos, intentando sorberme las lágrimas- es muy difícil vivir con una carga tan grande encima. No es fácil sentirte rechazada por las personas a las que quieres, por eso te recomiendo que intentes hablar con esa chica y oigas su versión. Podrías llevarte muchas sorpresas- logré decir esto tras haber conseguido controlar los hipidos que me impidieron hablar al principio.
Entonces, como si algo golpeara a mi mente, intenté apartar el dolor de mi mente y me concentré para aplicar un poco de mi poder curativo a Ronny que me tenía abrazada y no podía ver lo que realmente hacía.
Un pequeño resplandor salió de mis manos y se expandió por toda la columna de Ronny que se estremeció un poco ante el calor de mi poder e intentó apartarse. Tenía que retenerlo un poco más para que me dé tiempo a curarlo un poco más.
-¿Artemisa?
-Abrázame un poco más, por favor...- le dije yo intentando acabar lo más rápido posible por si a Stefan se le ocurría aparecer de repente en la habitación con el famoso tazón de chocolate. Finalmente, cuando acabé, me aparté y me limpié las lágrimas que aún quedaban en mis mejillas y sonreí levemente- gracias.
-De nada, siento haberte hecho recordar algún momento doloroso para ti.
-No es nada- dije tratando de sonreír- quizás me venía bien descargar todo lo que tenía dentro... debo de estar horrible con los ojos hinchados y rojos- dije frotándome levemente los ojos con los dedos, masajeándolos.
-No estás tan horrible como piensas...
Esa voz me sobresaltó y apartando las manos de mi cara, miré hacia la puerta muerta de miedo por dentro. ¿Habría visto lo que hice con mis manos en la columna de Ronny? No, no parecía haberlo visto, su sonrisa era bastante sincera y no parecía tensa.
Supuse que entró en el momento en que dije lo de mis ojos.
-Gracias pero no sé si creerte, cuando lloro acabo fatal.
Él se nos acercó y le tendió la taza de chocolate caliente a su hermano en (como no) un tazón con todo tipo de balones. Hombres, ¿quién los llega a entender?
Me levanté de la cama no sin antes posar una de mis manos con cierta fuerza en una de las piernas de Ronny, el cual hizo una mueca. Su hermano lo miró preocupado y se acercó a él.
-¿Pasa algo, Ronny?
-No sé...- dijo confuso mirando sus piernas- sentí... sentí la presión de la mano de Artemisa...
Yo me hice la sorprendida porque ya sabía que había sentido mi presión, el proceso de curación comenzaba a hacer efecto. Me arrodillé junto a la cama.
Stefan presionó ligeramente con una mano la otra pierna de su hermano y este hizo otra mueca.
-¿Sentiste eso?- preguntó Stefan con los ojos llenos de esperanza.
Ronny sonrió y asintió.
-Eso es buenísimo- dije yo con una amplia sonrisa. Se me daba demasiado bien actuar pero no me quedaba otro remedio.
-Podré volver a caminar al fin- dijo Ronny con la felicidad inundando su rostro.
-Sí, eso parece...- dijo Stefan- pero tienes que ir poco a poco, no nos adelantemos o retrocederás, ¿entendido?
-No creo que pueda esperar...
Yo miré al chico y me sentí bastante bien al saber que gracias a mí puede volver a poner una sonrisa después de tantas desgracias.
-Yo me tengo que ir...- dije mirando a los dos chicos y me acerqué a Ronny para decirle- si de verdad quieres a esa chica, escucha lo que tenga que decirte, no hagas que se sienta como yo...
El joven me miró y asintió levemente aunque con ciertas dudas, como era normal.
-Lo intentaré.
Volví a sonreír y salí de la habitación apoyándome por un momento en la pared. Los sentimientos encontrados en mi corazón me hacían sentir enferma. Por un lado estaba la felicidad que sentía por Ronny al saber que mi poder estaba surtiendo efecto pero por otro, aún sentía el dolor de mi corazón al recordar mi oscuro pasado.
Siempre me decía que no iba a lamentarme más por lo que sucedió pero el dolor era lacerante cuando venía y conseguía sobrepasar mis defensas, unas que había creado con el paso del tiempo pero que aún eran débiles como una tela muy fina que todo lo traspasara.
Me aparté de la pared y salí de la casa antes de que Stefan pudiera verme así aunque realmente, bastante débil me mostré ante Ronny como para que su hermano también me viera en ese estado tan lamentable y horrible, y con horrible me refiero a mis ojos rojos e hinchados, de verdad que acababa horrible después de llorar por eso no me gusta que me vean llorar.
Una vez fuera y bastante lejos de la casa, saqué mis alas y me dirigí a los Cielos a ver cómo se encontraba Adara. Espero que haya despertado ya.