domingo, 25 de diciembre de 2011

¡¡¡FELIZ NAVIDAD!!!

Feliz Navidad para todos, espero que Papá Noel se haya portado bien :D un saludito lleno de alitas de ángel :D

domingo, 27 de noviembre de 2011

Capítulo 25 (parte 2) (Por Adirael)

He perdido la cuenta de los días que llevo aquí encerrado, en las garras de esa perversa mujer. Me dolía todo el torso de los arañazos y mordiscos que me ha dado la muy bestia.
Ni siquiera me había desatado de la cama. Estoy deseando salir ya de aquí para buscar una forma de vengarme de ella. Se me ocurrían un millón de cosas pero quizás pueda pagarle con la misma moneda o que se lo haga otro. La cuestión es que ella también sufra por los daños morales que me ha causado.
Sí, daños morales, diría incluso corporales...
De repente la puerta se abrió y aparecieron dos demonios menores que se acercaron a desatarme. La rabia que tenía guardada quería salir pero aquellos pobres diablos, y nunca mejor dicho, no debían la culpa de lo que es aloca me había hecho, aún así cuando me quitaron las ataduras, me incorporé rápidamente y salí dando zancadas, buscando una cara bonita en la que estampar mi puño si se atrevían a burlarse de mí.
Me metí en mi habitación y tras cerrar, golpeé con fuerza la pared haciéndome daño en los nudillos pero ya no me importaba, llevaba mucho tiempo sintiendo el dolor de las uñas y los dientes de Deméter. Apoyé la frente junto al puño y cerré los ojos. Solo ha habido una cosa que me ha hecho soportar todo este periodo.
La vi en su trabajo colocando unas latas en una de las estanterías pero sabía que dentro de unos minutos terminaba su turno así que salí de mi cuarto para salir de aquel lugar infestado de locos.
Una vez fuera, respiré hondo el aire limpio de la tarde hasta que saqué mis alas negras donde había una mancha blanca. Sobrevolé los aires con rapidez y descendí en la trasera del supermercado que era por donde salía ella.
La puerta se abrió y salió tranquilamente pero no me había visto así que me acerqué por detrás y la agarré de la cintura con un brazo y con la mano libre le tapé la boca al ver que iba a gritar.
-Shh, soy yo... no grites, por favor...- la notaba tensa entre mis brazos y con intenciones de escapar o incluso de hacerme daño- si vas a hacerme daño, busca un lugar que no tenga herido, al menos.
Ella tomó mi mano entre las suyas para apartarla de su boca y giró parte de su cuerpo hacia mí.
-¿Qué haces aquí?- me preguntó mirándome a la cara y trató de apartarse.
La solté y ella se apartó para mirarme de frente. Su cara pasó en apenas un segundo del enfado a la estupefacción. Iba sin camiseta así que podía ver perfectamente todas las heridas que me había hecho Deméter.
-Bueno, después de tanto tiempo encerrado pensé en verte, ¿hago mal?- pregunté.
-¿Qué te ha pasado?- preguntó mirándome.
-Nada, ajustaron cuentas conmigo...
-¿Cuentas? Casi te arrancan la piel- dijo mientras se me acercaba lentamente.
-No es nada grave, además, no creo que le gusten que te acerques a mí- dije señalando hacia arriba.
-¿Entonces a qué has venido?
Me encogí de hombros.
-Quería ver algo bonito.
Ella enarcó una ceja y se cruzó de brazos.
-Ya... algo bonito...- dijo con desconfianza- esto es una locura- dijo mientras se daba la vuelta.
No quería dejarla marchar así que la agarré del brazo.
-Solo esperaba que me curaras las heridas, como favor, claro. Me escuecen un poco.
-¿Quieres que te cure las heridas?
Asentí cuando me miró.
-Por favor.
-Primero tendrás que contarme quién te hizo esto.
-¿De qué serviría que te lo contara?
-Creo que tengo derecho a saberlo si voy a curarte.
Suspiré antes de mirarla a los ojos.
-Lucifer me castigó porque hacía tiempo que no me acostaba con Deméter que fue a llorarle. Esto que ves me lo hizo la propia Deméter.
-¿Y por qué te has dejado?
-Estaba atado a la cama- dije mirando a otro lado. Me sentía un poco avergonzado de contar esto porque nunca me había pasado y aunque sea un Ángel Caído, tengo mi orgullo, ahora herido pero lo tengo.
Sentí una mano suave en mi mejilla que me obligó a mirarla.
-Lo siento.
Encogí un hombro despreocupadamente.
-Estoy acostumbrado a todo esto- dije tratando de sonreír.
La mano que ella tenía libre la posó a la altura de mi corazón y sentí un extraño calor que de repente eché de menos después de tantos siglos. Sentí como si mi corazón volviese a latir de nuevo con una sensación de paz que pensé no volver a sentir.
Cerré los ojos mientras mis heridas se curaban con rapidez. Quería sentir todo aquello antes de perderlo de nuevo.
Sentí un extraño cosquilleo en una de mis alas que duró hasta que Adara quitó su mano de mi corazón.
-Tu ala...- susurró ella.
Abrí los ojos lentamente y la miré.
-¿Mi ala?
-Tienes una mancha blanca en una de tus alas.
Extendí mis alas para mirarla bien y ella tenía razón. La pequeña mancha que me salió tras beber la sangre de Adara, ahora era más grande.
¿Será posible que esté cambiando por la unión que existe entre Adara y yo? ¿Podría volver a subir a los Cielos?

Capítulo 25 (parte 1)

La puerta se abrió de repente y vi entrar a Isis corriendo. Se detuvo unos instantes para observarme apoyada en Ronny y luego la horrible mancha viscosa que desprendía un olor terrible. Se tapó la nariz y se nos acercó.
-¿Qué ha pasado aquí? ¿Por qué huele tan mal?- no preguntó.
-Nos atacó un demonio menor- dijo Ronny- o al menos eso es lo que yo entendí.
Isis me miró y luego le indicó a Ronny que me recostara en la cama.
-Estoy bien... ya se me está pasando- dije pero aún así no me resistí.
-No estás bien, ¿qué sentimiento te afectó ahora?- preguntó Isis.
-El miedo de Ronny porque el demonio quería zampárselo.
-Bueno, cualquiera se asustaría si oye que va a ser la cena de un demonio, no pude evitarlo- dijo Ronny.
Apoyé la cabeza en la almohada sonriendo levemente.
-Yo al menos sí me asustaría- dije antes de mirar a Isis- tengo que limpiar este desastre.
Ronny se apartó.
-Yo lo limpio- dijo él- si me decís dónde están las cosas de limpieza claro.
-Está en el trastero que está al lado de la cocina- dijo Isis.
Él asintió y tras salir, Isis me miró.
-Esto no puede seguir así, Artemisa, debemos hablar con Artemisa.
-¿Crees que nos hará caso? He intentado llamarla varias veces y no quiere contestarme.
-Yo me enfrenté a ella pero no me hizo caso, más bien me golpeó.
Me incorporé sorprendida.
-¿Te golpeó?
-Sí pero no fue nada importante. Airam me curó...
De repente ella se puso colorada mientras apartaba la mirada. La agarré del mentón y la obligué a mirarme.
-¿Sucede algo?
Isis asintió levemente mientras se mordía el labio inferior.
-Es extraño, Artemisa, desde que lo salvé de aquella súcubo, las cosas no han vuelto a ser las mismas entre él y yo. Hay una conexión que no puedo explicar... una atracción... nos besamos- dijo finalmente.
Abrí los ojos sorprendida por la revelación.
-¿Qué? ¿Os besasteis?- Isis asintió levemente- pero eso es una locura, Isis. Podríais haber caído.
-¿Crees que no lo sé? No pudimos evitarlo, sucedió sin darnos cuenta pero luego le pasó lo mismo que te pasa a ti. Estuvo a punto de perder el conocimiento. Me asusté mucho y estoy muy confusa con todo esto. Creo que estoy empezando a sentir algo por Airam.
-Podría ser peligroso, no quiero que caigas, Isis.
-Yo tampoco quiero caer y eso es lo que más miedo me da. No me importa sentir algo por Airam porque es un buen chico y ha sufrido mucho.
-Tú también has sufrido.
La puerta se abrió y apareció Ronny que nos miró por un instante antes de ponerse a limpiar todo el desastre que había dejado el demonio menor.
-Puag, esto está muy viscoso- dijo Ronny frunciendo el ceño. va a costar bastante quitarlo.
El joven comenzó a frotar con la fregona pero lo único que hacía era extender más la mancha.
Me levanté para detenerlo.
-Déjalo, ahora mismo no saldrá, ya la quitaré luego.
-Pero ¿estás bien?
-Sí, ya me siento un poco mejor, aún me da vueltas la cabeza pero no tanto como al principio.
-Lo mejor sería que descansaras- me dijo sonriendo.
-Estoy cansada de estar aquí encerrada... pero si salgo es probable que pierda el conocimiento.
-¿Perder el conocimiento?- preguntaron desde la puerta abierta. Todos miramos hacia allí y vi a Stefan mirándonos- ¿es que te pasa algo, Artemisa?
Miré a Ronny por unos instantes antes de volver a mirar a su hermano. No podía contarle que los sentimientos me afectaban.
-Estoy enferma pero no es nada grave.
-¿Cómo que nada grave? Acabo de oír que es probable que pierdas el conocimiento. Quizás habría que llevarte al médico- dijo mientras se me acercaba para tomarme de las manos. Nos miramos a los ojos fijamente y me sentí débil. Estaba preocupado por mí. Las rodillas me fallaron y a punto estuve de caer al suelo de no ser porque Stefan me cogió por la cintura y yo me agarré a sus hombros- ¿estás bien, Artemisa?
Tenía los ojos cerrados porque todo me daba vueltas pero los abrí lentamente y estábamos a un suspiro de rozar nuestros labios. Volví a mirarlo a los ojos con cierta sorpresa por la cercanía aunque realmente no me molestaba estar así. Su cuerpo era muy cálido.
-Sí... no te preocupes...
-Claro que me preocupo...
Ronny se nos acercó y posó la mano en el hombro de su hermano, mirándome.
-Se pondrá bien, además Isis la está cuidando.
-Ya pero no puedo evitarlo, cuando fui a ver a Tim me dijo que estaba de baja y vine a ver por qué. ¿Qué es lo que te pasa realmente?- me preguntó.
-Tengo las defensas un poco bajas- mentí.
Ronny enarcó una ceja pero su hermano no lo vio.
-¿Y te estás tomando algo para recuperarte?
-Sí, Isis y Adara se encargan de eso.
-Debes descansar- dijo Isis que también se nos acercó.
Stefan asintió.
-Será lo mejor- sin esperármelo siquiera, él me pasó un brazo por la espalda y el otro por las rodillas cogiéndome entre sus brazos por lo que tuve que agarrarme con fuerza a su cuello mientras apoyaba mi cabeza, con los ojos cerrados, sobre su hombro. Inspiré hondo el aroma que desprendía y sonreír levemente. Olía a hierba fresca recién cortada- por cierto ¿qué es esa mancha del suelo?
Me tensé un poco y levanté la cabeza para mirarlo.
-Se me cayó una lámpara de lava y se rompió.
-Ya veo.
Me depositó en la cama casi con delicadeza y sentí frío cuando se apartó. No pude evitar coger su mano para que no se alejara. ¿Qué me estaba pasando? Fruncí el ceño ante mis actos mirando a Isis que me miró con cara de preocupación.
Stefan se sentó junto a mí sin soltarme la mano y sin decirme nada.
-¿Vas a quedarte aquí?- preguntó Ronny mirándolo.
Él cogió el edredón que no había colocado bien en todo el tiempo que he estado encerrada y me cubrió con él, mi piel estaba bastante fría pero no sabía la razón exacta. Quizás fuese por debilidad o puede que por otra cosa.
-Me quedaré un rato.
-Pero...- comenzó Isis pero calló al saber que no conseguiría disuadirlo.
-No pasa nada, Isis- le dije sonriendo levemente.
-Artemisa, tienes que descansar.
-Estoy harta de descansar, no me vendrá mal distraerme un rato.
-Podrías perder el conocimiento.
-Stefan puede avisarte si pasara.
-De acuerdo, estaré en la cocina preparando algo que le devuelva las fuerzas a Artemisa.
Stefan asintió y luego miró a su hermano.
-¿Le dijiste lo del asadero?
-No, con tanto lío no pude preguntarle.
-¿Lío?- preguntó Stefan frunciendo el ceño.
Negué con la cabeza a Ronny sin que me viese su hermano.
-¿Lío? Claro, Stefan, el de la lámpara.
Miré a Stefan y enseguida supe que no se fiaba pero aún así no dijo nada y sentí que me adormecía lentamente sin poder evitarlo.

domingo, 16 de octubre de 2011

Capítulo 24 (parte 2)

Ha pasado varios días en los que apenas he salido de mi habitación, no puedo salir sin sentirme débil a causa de los sentimientos de los demás. Fui a trabajar y me jefe me dijo que me tomara unos días hasta que me sintiera mejor pero si Afrodita no me levantaba el castigo, quizás no pueda volver nunca y ese trabajo me gusta.
Me he pasado varias horas intentando leer un libro pero no puedo concentrarme del todo..
No puedo soportar este encierro, me volveré loca...
Alguien tocó en la puerta lo que hizo que me sobresaltara de repente.
-Adelante...- dije en voz baja.
La puerta se abrió y por esta apareció Ronny.
-¿Estás ocupada?
-No... llevó varios días aquí sin poder hacer mucho así que no estoy ocupada- dije mostrando una leve sonrisa.
-¿Acaso es por lo que te pasó cuando vino mi hermano Stefan?
-En parte.
Ronny se sentó a mi lado en la cama.
-¿Qué pasa? ¿Por qué no ha venido Airam? ¿Qué sucedió ahí arriba?- preguntó señalando hacia el cielo.
-Nos castigaron. Un castigo muy duro. Cuando hay sentimientos humanos cerca nos debilitamos y perdemos todos nuestros poderes. Nos sentimos tan débil que casi podemos perder el conocimiento, al menos yo, Airam no sé ya que decidió quedarse en los Cielos para no verse afectado.
-Ya veo... entonces no merece la pena que me asome todas las noches a la ventana esperando verlo para preguntarle todo lo que no recuerdo del día del accidente, no me dio detalles cuando hablamos...
-Al menos hasta que acabe el castigo no- dije mientras me abrazaba las rodillas.
-Entiendo. ¿Y tú cómo estás?
-Fatal, no puedo salir a ningún sitio sin sentirme fatal y a este paso creo que me voy a volver loca.
-Asssí que era verdad...- dijeron desde la ventana- estásss sssufriendo un cassstigo...
Ronny y yo miramos hacia la ventana y vimos a una criatura agazapada en el alféizar. Tenía unas alas sin plumas y puntiagudas por lo que supuse que sería un demonio menor. Su piel blanquecina con tonos marrones en algunas partes de su cuerpo daba a pensar en un paño usado en algo realmente desagradable. Sus grandes ojos completamente oscuros, sin una pizca de blanco, me miraron fijamente mientras de entre sus labios salía una lengua muy parecida a la de las serpientes.
Rápidamente me levanté de la cama y me puse delante de Ronny que también se había levantado.
-¿Quién eres?- pregunté sin dejarme asustar por su lengua sibilante.
Sus pies desnudos de largas uñas amarillentas se posaron en el suelo para luego estirarse en toda su altura. Era casi tan alto como yo, incluso diría que más.
-Miss amoss me llama Ganael, cuando essstán de buen humor al menosss... pero essso no importa ahora...- dijo mientras movía la cabeza levemente como si fuese un tic pero de un modo lento y bastante terrorífico.
-¿Y te mandaron a comprobar mi estado de debilidad?- pregunté mientras hacía aparecer mi espada en mis manos.
-Claro que sssí. Sssoy un demonio muy ssservicial.
-Ya veo, ¿no te advirtieron de que podría matarte antes de darte cuenta?
-No podrásss hacer nada sssi te debilitasss.
-¿Cómo sabéis que he recibido un castigo?
-Losss rumoresss también llegan al infierno, pequeña.
-¿Qué demonios es eso?- preguntó Ronny a mis espaldas.
-Tú mismo lo has dicho: un demonio. Son subordinados de los Ángeles Caídos y algunos pueden ser bastante letales.
-¿Todos tienen ese aspecto?
-No todos, cada uno tiene un aspecto bastante desagradable al igual que este.
Ganael no tardó en comenzar a atacar por lo que levanté mi espada en alto para detenerlo pero se movía con rapidez; me esquivó con facilidad. Pude ver cómo se acercaba a Ronny con la baba cayéndole por la comisura del labio.
-Me encantan losss humanosss, ssson muy ssabrossoss...
-¡Ronny, apártate!- le grité y de repente sentí su miedo- no, no, ahora no, por favor... Ronny, por favor, aparta el miedo de ti...- dije apoyándome en la parte baja de la cama- si no lo haces, no podré acabar con el demonio...
El joven se acercó hasta ella tras alejarse lo suficiente del demonio que no tardó en empezar a acercarse.
-Artemisa... ¿qué pasa?
-Tú miedo... es un sentimiento... que me afecta...
-Misss amosss ssse pondrán muy contentosss con Ganael... una buena presssa, también me llevaré al humano.
Miré hacia Ganael aunque lo estaba viendo todo borroso cuando sentí la mano de Ronny agarrar con fuerza la que sostenía mi espada e izarla hacia el demonio.
-Ronny...- giré mi cabeza hacia él.
-Alguien tiene que acabar con esa criatura y si te sientes débil yo te ayudaré, no quiero ser la cena de ningún demonio.
Posó la otra mano en mi cintura para agarrarme mientras yo trataba de sacar fuerzas de donde no tenía para poder atravesar con mi espada a Ganael.
-No sé si podré, Ronny.
-Tenemos que hacerlo, es la única oportunidad que tenemos de salir bien parados de esto, vamos, confía en mí.
Asentí y posé la mano libre sobre el brazo de Ronny mientras veíamos cómo se nos acercaba Ganael mostrando unos horribles dientes puntiagudos y amarillentos.
Ambos nos acercamos y sentí cómo la espada se hundía en la carne del demonio del que empezó a salir una masa viscosa oscura. Parecía sangre pero algo más espesa.
Sonreí levemente y apoyé la cabeza en el hombro de Ronny completamente debilitada mientras el demonio se consumía, gritando, ante mis ojos dejando un intenso olor a azufre y una masa viscosa en el suelo.

Capítulo 24 (parte 1) (Por Isis)

Nos miramos directamente a los ojos y no supe muy bien qué sucedió. La enorme conexión que sentí con él cuando vi lo que sucedió el día del accidente, se acababa de incrementar al mirar fijamente aquellos rasgos tan bien definidos.
-¿Mejor?- me preguntó.
-Sí... ya... ya no me duele tanto...- dije nerviosa, pero ¿qué me pasaba? Me estoy comportando como una adolescente.
-Me alegro.
Traté de sonreír levemente mientras él se apartaba para coger su camiseta y ponérsela.
-¿Cómo estás?
Él se encogió de hombros mientras recogía las cosas para salir de allí.
-No me quejo. Ahora puedo hacer mucho deporte.
-¿Y no estás preocupado por tus hermanos? Supongo que te estará costando no verlos.
-Algún día tendría que haberlo dejado, mejor cuanto antes- dijo mientras salía.
Yo le miré la espalda y luego lo seguí aunque  casi tenía que correr para poder seguir su paso.
-¿Te ha pasado lo mismo que a Artemisa?- pregunté, aunque fuésemos Ángeles y Ninfas de los Cielos, también teníamos sentimientos por lo que también podía afectarle. Airam no me contestó por lo que tuve que agarrarlo del brazo para detenerlo- te ha pasado, por eso vienes al gimnasio, para no pensar y para huir de los sentimientos.
Él no me miró pero supe que había acertado en mis suposiciones.
-Esto es muy duro, Isis, es horrible esa sensación de debilidad- me dijo mientras lo veía cerrar los ojos como si estuviese sintiéndolo ahora- sentir que pierdes tu fuerza sin poder evitarlo es lo peor que me puede pasar después de ser lo que soy. Apenas puedo ir a ningún sitio sin sentirme débil por culpa de los sentimientos. Odio esto que me está pasando, lo odio.
Me mordí el labio inferior y cogí una de sus manos entre las mías mientras lo miraba fijamente.
-Voy a convencer a Afrodita para que os levante el castigo, no puede haceros esto.
Airam negó con la cabeza.
-Déjalo así, no me gustaría tener que curarte el labio más- dijo mostrando una leve sonrisa que no le llegaba a los ojos.
-Airam, no me gusta verte así, ¿por qué no dices abiertamente que echas de menos a tus hermanos y que quieres verlos?- pregunté exasperada al ver que trataba de mostrarse de una forma en la que realmente no se sentía.
-¿Y de qué serviría que lo dijera, Isis? Eso solo acrecentaría mi dolor y me debilitaría, prefiero no pensar.
-Que me ayudaría a saber que realmente no te estás volviendo un ser sin sentimientos como pretendes aparentar ahora. Sé lo que es no poder estar cerca de tu familia y el dolor por el que se pasa. No sabes lo difícil que fue ver cómo todos lloraban un cuerpo irreconocible a causa de las puñaladas y los golpes, lo difícil que fue estar cerca de ellos y no poder decirles que ya no estaba sufriendo dolor alguno, que estaba perfectamente, no viva pero bien a fin de cuentas. Me tragué todo el dolor y no lo mostré con nadie sino que me pasaba el día entrenando con la ballesta, día y noche sin parar para no pensar en mi familia. Me volví un ser sin sentimiento alguno que solo se dedicaba a acabar con los Caídos día tras día. No quería consuelo de nadie hasta que Artemisa se me acercó una vez y me quitó la ballesta de las manos. Me dijo que lo dejara que me estaba haciendo daño y así era, sin apenas haberme dado cuenta me vi con el brazo lleno de heridas que ella curó con amabilidad aunque apenas habíamos hablado- no pude evitar sonreír levemente al recordar aquel momento- me derrumbé. Estuve llorando mucho tiempo, ni siquiera me di cuenta de que me quedé dormida tras desahogarme, por eso no quiero que te contengas aunque te debilite... no quiero que te pase lo que me pasó a mí, Airam, no se lo deseo a nadie.
De repente unos brazos me rodearon con fuerza, sorprendiéndome. Apenas me moví y parpadeé varias veces. Levanté apenas la mirada y noté su mentón en mi cabello.
-Siento haberte preocupado así- me dijo casi en un murmullo- no pensé que fueras a sentirte así.
Sin saber muy bien por qué rodeé con mis brazos su cintura y sentí que él me daba un beso en la cabeza. Levanté la mirada hacia sus ojos hasta que casi sin darnos cuenta acercamos nuestros rostros hasta que nuestros labios quedaron unidos. Fue algo inesperado para mí, nunca antes me habían besado y no supe muy bien cómo reaccionar al principio.
Cerré los ojos dejándome llevar por las sensaciones que estaba padeciendo. Entreabrí mis labios dejando que él explorara mi boca haciéndome sentir escalofríos. Un extraño sentimiento me embargó hasta embotarme los sentidos pero los brazos de Airam dejaron de sostenerme y estuve a punto de caer porque las rodillas me temblaban.
Al abrir los ojos vi que Airam intentaba apoyarse en la pared que tenía detrás con esfuerzo.
-¿Airam?- pregunté aún embotada. Él levantó la mano libre para que no hablara y me sentí confusa por unos instantes hasta que entonces caí en la cuenta de lo que pasaba- ¡maldición!- exclamé antes de acercarme- lo siento, lo siento.
-Estoy bien...- me dijo casi en un susurro y con los ojos cerrados- se me pasará...
-Lo siento, Airam, de verdad que lo siento. Ven, vamos a sentarnos.
Pasé uno de sus brazos por mis hombros y lo conduje hasta una de las habitaciones para sentarlo en la camilla.
-Si intentas no preocuparte tanto, se me pasará... maldita sea, todo me da vueltas.
-Cierra lo ojos y si puedes mete la cabeza entre las rodillas- le dije.
Él me obedeció y se hizo un ovillo sobre la camilla mientras trataba de respirar tranquilamente, yo intentaba relajarme y alejar mis sentimientos para que no le siguiera afectando más. Me senté a su lado en la camilla y lo observé fijamente. No quería preocuparme porque sabía que le afectaría así que lo único que pude hacer fue posar una mano en su hombro para darle apoyo.
Tras un rato, Airam levantó la mirada y sonrió levemente.
-Siento haberte asustado- me dijo con una media sonrisa que me dio un vuelvo al corazón.
¿Por qué nos habíamos besado? ¿Qué me está pasando? ¿Por qué siento esta especial conexión con él? Era bastante confuso porque yo nunca había sentido nada igual y es algo nuevo para mí.
-No te preocupes, quizás deberías descansar un poco. Debes estar muy cansado después de lo que te ha pasado- dije incorporándome pero de repente su mano agarró mi brazo.
Nos miramos a los ojos fijamente.
-No te vayas, por favor, cuando me pasa esto no quiero estar solo.
No supe qué decir, lo veía tan vulnerable que deseé quedarme para consolarlo. Me senté a su lado de nuevo y Airam me abrazó.
-Airam...- susurré.
-Esto es muy duro, Isis, no sé si podré soportarlo más, de verdad. No puedo ver a mis hermanos, cada vez que hay un sentimiento me debilito hasta casi perder el conocimiento. No puedo más.
Mis brazos se movieron solos alrededor de su cuerpo para abrazarlo y así consolarlo.
-Te prometo que hablaré con Afrodita para que os levante el castigo, no me gusta veros sufrir a ti y a Artemisa.
-Eres muy buena- dijo él en voz baja- nunca dejes de lado tus sentimientos.
Los ojos se le estaban cerrando y apoyó su cabeza en mi hombro hasta que finalmente se quedó profundamente dormido. No pude evitar acariciar su mejilla.

sábado, 24 de septiembre de 2011

Capítulo 23 (parte 2) (Por Isis)

Es la tercera vez que leo el mismo párrafo sin enterarme de nada. Estoy tan preocupada que no me concentro. Hace un par de días que no sé nada de Airam y a pesar de que Artemisa me dijo que no pensaba bajar para no verse perjudicado por el castigo, se me hace muy raro no verlo por aquí vigilando a sus hermanos.
Supongo que no debe ser nada agradable perder todo tu poder por culpa de los sentimientos humanos. Al parecer, según me contó Artemisa cuando Stefan se fue, se siente muy mareada y débil. Otra que me tiene el alma en vilo. Esas pesadillas no pueden ser normales. Esos gritos de agonía como si realmente lo estuviese sufriendo en ese momento. Tiene que haber alguna de que olvide lo sucedido.
Me mordí el labio inferior al mirar al sofá que tenía a mi lado. El lugar donde había llegado a los recuerdos de Airam. Es un castigo injusto, ninguno de los dos se lo merece. Quizás si hablo con Afrodita...
En ese momento me decidí. Iba a ir a hablar con ella, quizás podía conseguir que cumplieran otro tipo de castigo no tan duro como este. Salí de mi casa hasta llegar a un lugar alejado de la civilización. Estiré mis Alas y me elevé lentamente en el aire para luego dirigirme a toda velocidad a los Cielos.
Al llegar arriba, me dirigí al Edificio Principal y entré sin hacer caso de los Ángeles que guardaban la puerta de entrada. Afrodita estaba sentada en un diván como siempre y la miré fijamente. Ella levantó la mirada y me sonrió levemente. Una sonrisa demasiado falsa que no mostraba sus verdaderos pensamientos.
-Bienvenida, Isis.
-Levántale el castigo a Artemisa y a Airam- dije sin andarme con rodeos.
Ella se incorporó lentamente para luego acercarse a mí mirándome directamente a la cara.
-Están cumpliendo un castigo justo, no veo la razón para levantárselo. Incumplieron las normas.
-No las incumplieron intencionadamente y lo sabes. Yo habría actuado igual que Airam.
-No pueden dejarse ver ante sus familiares y tiene suerte de que este sea un castigo leve, podría haberlos mandado al Limbo.
-Eres cruel con nosotros, ¿se puede saber qué es lo que te hace tan despiadada? Protegemos a los humanos porque fuimos elegidos por ti, cumplimos todas las órdenes, creo yo al menos que deberíamos tener una segunda oportunidad tras un fallo.
-Lo que sucedió no fue ningún fallo, Isis.
Apreté las manos en sendos puños.
-Están sufriendo. Artemisa casi pierde el conocimiento al quedarse sin fuerza. ¿Cómo pretendas que proteja a esos dos chicos si no puede hacer nada?
-Tendrá que buscar la forma de que los sentimientos humanos no le afecten.
-¡Ella también tiene sentimientos humanos! De un momento a otro podría desaparecer si la ataca cualquier Caído y no es capaz de defenderse porque no tiene toda su fuerza para hacerlo. ¿De verdad quieres perder a tu mejor Ninfa?
-Creo que esto no es asunto tuyo, Isis, yo sé lo que hago.
-Yo no estaría tan segura, estás poniendo en peligro las vidas de esos chicos al igual que la de Artemisa pero parece que te da igual lo que les pase. ¿Qué pasa? ¿Acaso se te están acabando los Ángeles y quieres tener a esos dos chicos entre tus filas? Seguro que quieres recrearte la vista un rato ¿no?- estaba realmente enfadada y estaba soltando lo primero que me venía a la cabeza- ah claro, es que quieres tenerlos en tu habitación ¿verdad?
Su mano impactó contra mi mejilla con fuerza. Me llevé la mano a esta mientras la miraba sorprendida, nunca nadie me había levantado la mano.
-Será mejor que no sigas, Isis, no me gustaría tener que castigarte al igual que a Artemisa y a Osiris.
Su voz me produjo escalofríos al igual que su mirada penetrante. Retrocedí un paso con cierto temor a que volviera a golpearme. Sentí el regusto metálico de la sangre sobre mis labios. Sin decir nada, salí corriendo de allí en busca de un lugar tranquilo en el que recuperarme de la sorpresa.
Sin casi darme cuenta, me dirigí al anexo que se encontraba vacío y me senté en uno de los sillones cuando oí ruidos en una de las habitaciones. Este provenía del gimnasio que había para que los heridos ya casi curados recuperaran fuerzas. La curiosidad me pudo y tras levantarme, me dirigí hasta la puerta que estaba abierta.
Al parecer alguien estaba haciendo ejercicio en el interior así que no pude evitar asomarme. Al mirar, no pude evitar sonrojarme porque ante mí veía una espalda desnuda que se elevaba y descendía desde una barra fija que había instalada en el lugar. enseguida reconocí ese pelo castaño y entré.
-¿Molesto?- pregunté en voz baja.
Él se detuvo y me miró con aquellos ojos verdes oscuros que bien podrían representar la hierba en la noche. Se soltó de la barra para limpiarse la cara con una toalla.
-¿Qué haces aquí?- me preguntó antes de coger una botella de agua y darle un buen trago.
-Vine a hablar con Afrodita sobre el castigo que estáis sufriendo tú y Artemisa. No me parecía justo que os llevarais un castigo semejante, Artemisa casi se desmaya delante de tu hermano Stefan. Estaba preocupada y vine a comentárselo pero no me hizo mucho caso.
Me miró fijamente antes de acercarse y posar su mano en mi barbilla para que lo mirara.
-¿Por qué tienes el labio partido?
Pasó el pulgar por mi labio herido y me limpió la sangre sin dejar de mirarme a los ojos.
-Digamos que no me comporté debidamente con Afrodita y este fue el precio que pagué por no pensar las cosas antes de decirlas.
-No debería haberte pegado.
Su mano curó mi herida y me sonrió levemente, algo que me dejó sin aliento.

Capítulo 23 (parte 1) (Por Adirael)

El salón era bastante tétrico, decorado con un estilo muy gótico para mi gusto. Las paredes eran de color negro al igual que el suelo y el techo. Era como si estuviese en una caja. Las luces eran de color rojo que le daban un aire macabro a la habitación. En uno de los laterales había una chimenea, también negra como no, con un cálido fuego encendido
Al fondo de esta había un enorme sillón hecho de huesos de todo tipo. Desde cúbitos hasta cráneos. Incluso había alguna que otra mano repartida por todo ese amasijo de huesos. El lugar destinado a posar las posaderas estaba tapizado de terciopelo negro.
Encima de ese terciopelo se encontraba Lucifer, Luci para los amigos, bueno en realidad así solo lo llamo yo cuando él no me escucha. Si se enterara sería capaz de enviarme al Limbo de una patada en el trasero así que espero que me guardes el secreto.
¿Quieres que describa al amigo Luci? No es nada del otro mundo. Eso sí, como ahora están de moda las novelas de vampiros podrías pensar que lo es pero no es así, este es un Ángel Caído bastante demoníaco. Tiene una larga melena negra con un corte bastante estrafalario y parte de este ocultaba sus ojos tan negros como su pelo. Labios finos siempre con la misma mueca de desdén y superioridad y nariz fina como la de una mujer. Eso sí, su aura es muy siniestra.
-Vaya, Adirael...- dijo al verme. Su voz podría darte escalofríos en esos momentos- pensé que no vendrías.
Los pelos se me pusieron de punta y no era porque no tuviese la camiseta puesta, que no la tengo, tampoco porque hiciese frío allí, más bien hacía demasiado calor con tanta lucecita roja.
-Me mandaste llamar y aquí estoy- dije encogiéndome de hombros.
-Sí y se trata de un asunto bastante delicado... me han dicho que has dejado de complacer a mis queridas Caídas.
-Últimamente me pillan cuando estoy de mal humor.
-¿Mal humor? Eso no es lo que me ha dicho Deméter. Al parecer ha recibido varios desplantes por tu parte. Está bastante indignada y ya sabes como es ella.
Claro que lo sé. Es una arpía que busca nada más satisfacerse sin dar nada a cambio, que yo también tengo necesidades.
-Sí, sé como es ella pero no puedo estar siempre a disposición de ella cuando quiere y como quiere. Yo también tengo cosas que hacer como por ejemplo hacer lo que le tocaba a Badariel. Los genes más poderosos estaban en él y también yo los tengo por ser de los Antiguos.
-Ella también es de las Antiguas, Adirael. No puedo permitir que esté descontenta.
La mirada que me echó me dijo todo lo que tenía que saber.
-No, olvídalo... tengo cosas que hacer.
-He cancelado todos tus deberes, desde este momento servirás a Deméter en todo lo que ella quiera y no pienso aceptar un no por respuesta.
-No pienso hacer algo semejante, Lucifer. Esa tía está loca.
-No me obligues a hacer algo que no quiero.
Lo estás deseando, Luci. Te diviertes haciendo sufrir a los demás.
-Me da igual, no pienso hacer nada para ella.
Luci suspiró ruidosamente de forma cansina y se incorporó en toda su altura. Podría medir peferctamente los dos metros.
-Adirael, Adirael... ¿cuánto tiempo hace que nos conocemos?
Enarqué una ceja ante aquella pregunta.
-Demasiados como para contarlos- contesté.
-¿Y aún hoy piensas que podrás escapar de mis órdenes?- se me acercó y dio una vuelta a mi alrededor, por lo que parece tengo pinta de rotonda- jamás podrás escapar de lo que yo ordene, Adirael. Ni lo pienses por un solo momento. Ahora harás todo lo que Deméter te ordene o te mandaré directamente al Limbo donde estarás encadenado y con una máscara ocultando tu rostro de por vida, sufriendo un duro castigo por tu estupidez al no querer realizar algo tan sencillo. ¿Aún sigues negándote? Podemos hacerlo a las buenas o a las malas, tú decides.
No quise contestar, cualquiera de las dos opciones me llevaría a la misma situación así que permanecí callado y quieto como una estatua. Yo no quiero encontrarme con esa Caída. Es perversa y cruel. Si tiene que hacerte daño para someterte a su voluntad, lo hará encantada.
-Estoy esperando una respuesta... ¿es que no piensas contestar? Muy bien, pues lo haremos por las malas. ¡Chicos!
La puerta se abrió con estrépito y sentí cómo dos pares de manos me agarraban con fuerza para sacarme de allí. Intenté resistirme todo lo que pude pero al parecer estos tíos habían pasado por el gimnasio que teníamos en el Infierno y han sacado demasiado músculo.
-¡Soltadme!- exigí.
-Que disfrutes, Adirael, ya me contarás la experiencia- dijo Lucifer con una mueca burlona en el rostro.
-¡Maldito seas, Lucifer, pagarás por esto te lo juro!- le grité con toda la rabia que bullía en mi interior.
los dos tipos no dejaron de arrastrarme hasta que llegamos a una habitación en la que me metieron a empujones. En ese momento estaba totalmente oscura pero cuando se encendió la luz, no pude evitar hacer una mueca de asco. Aquello parecía más una sala de torturas que un lugar para un encuentro... vamos a tacharlo de esporádico aunque esa no sea la palabra adecuada para lo que veían mis ojos.
Me zafé de los brazos de los dos gorilas e intenté escapar de aquel lugar. Llegué a salir pero no tardaron mucho en darme caza. Intenté escapar de nuevo pero todo fue en vano, volvieron a meterme en el interior de la habitación.
-¡Dejadme ir!- exigí.
Pero ninguno de los dos me hizo caso y me llevaron hasta el fondo de la habitación donde había una enorme cama de sábanas rojas con cojines del mismo color. Me tendieron allí sin darme tiempo a replicar y oí varios sonidos metálicos. Algo se cerró alrededor de mis muñecas y cuando me miré las manos estas estaban encadenadas a la cama.
-Esto es una broma de mal gusto- dije mirando a los dos gorilas- soltadme- moví las manos y las cadenas tintinearon- odio este tipo de bromas, en serio. ¡Eh, no os vayáis! ¡Maldición!- exclamé al ver cómo se cerraba la puerta tras esos tipos de los que cuando saliera de aquí me vengaría.
Intenté con todas mis fuerzas soltarme pero cada intento que hacía sólo conseguía hacerme daño. Suspiré mirando al techo y golpeé la cabeza contra los cojines que tenía debajo.
La puerta se abrió de repente y oí el ruido de unos tacones acercándose a la cama.
-Al fin te tengo todo para mí, Adirael.
-Vaya, Deméter, la última vez que nos vimos no estabas tan... ¿cómo decirlo? Tan vieja...
Ella se rió y se colocó su larga melena dorada sobre uno de sus hombros mientras me miraba con aquellos ojos azules. Vestida con un traje de cuero rojo que mostraba más que ocultaba, se acercó y se arrodilló a mi lado y pasó su mano por mi torso.
-Qué bromista eres, querido. Ya verás que lo pasamos bien durante mucho tiempo.
Gruñí cuando me clavó las uñas en el torso y la miré.
-Mientras no destroces este cuerpo que me han dado, vamos bien, ah y acaba rápido que tengo cosas que hacer.
-¿No te dijo Lucifer que ibas a estar aquí el tiempo que yo quisiese?
Enarqué una ceja.
-Veremos quién se cansa antes, Deméter.
Ella sonrió.
-Ya lo veremos.
Se acercó hasta mis labios y me besó pero mi mente se alejó de allí para estar con Adara.

martes, 13 de septiembre de 2011

Capítulo 22 (parte 2) (Por Adirael)

Tenía que alejarme de ella fuera como fuese.
¿Por qué me había tratado con tanta amabilidad cuando solo soy un ser despreciable? He matado mucha gente a lo largo de los años. no merezco el buen trato de Adara. Ni el de ella ni el de nadie.
Soy un Ángel Caído.
Quizás ella no tendría que haber salido sola. Con sus amigas podrían haberme matado.
Me miré la mano vendada y recordé las palabras que ella me había dicho. ¿Cómo iba a ser yo un ejemplo para todos los Ángeles y Ninfas de los Cielos cuando caí como un estúpido por culpa de una Ninfa que cayó con todos los demás? Me dejé llevar por lo que sentía y acabé en los Infiernos sin ninguna posibilidad de enmendar mi error.
El trozo de tela de su blusón estaba empapado de sangre y todo porque quise evitar que me rebanara la cabeza con la katana cuando es lo que me merecía pero algo me decía que tenía que impedirlo.
La conexión que ambos teníamos no era solo cosa mía. Ella también la sentía como mismo me confesó.
Casi cada noche la veo mientras se cepilla el cabello frente al espejo de su tocador. Aquella larga y sedosa mata de cabello castaño.
Desterré la idea de mi mente tan rápido como había aparecido. Adara se merece algo mucho mejor que un Caído como yo. Necesitaba alguien que realmente la hiciera feliz y que Afrodita le diera la vida que le arrebataron hacía tanto tiempo.
Me dirigí a los Infiernos tan pronto como pude. Necesitaba acostarme para descansar un poco. Ojalá que no venga ninguna de esas Caídas que solo buscan ser saciadas y no saciarme a mí. Desde que cayeron se volvieron unas egoístas, algo de lo que no me había dado cuenta antes pero que tras el paso de los años uno se va fijando en esos detalles.
No tardé mucho en llegar al caluroso Infierno donde ya me esperaban varias Caídas para yacer conmigo en mi cama.
-¡Adirael!- gritaron todas entusiasmadas mientras corrían para alcanzarme.
Solté un suspiro cansado y con las manos metidas en los bolsillos de mi pantalón negro en pose despreocupada, las miré.
-¿Qué mosca os ha picado? pregunté con tono cansado.
Era verlas y me daban ganas de coger una espada para cargármelas a todas.
-Queremos pasar el tiempo contigo- dijo una de ellas, llamada Sejmet.
-No estoy de humor...- dije intentando alejarme de ellas.
-No nos digas eso que llevamos un buen rato esperando- dijo otra de ellas llamada Bast.
-Pues seguid esperando entonces- dije yo y me alejé de ellas para meterme en mi habitación.
Varios gritos de disgusto se oyeron a mis espaldas a los que no di importancia y me metí en mi refugio donde nadie podía entrar a menos que yo quisiera.
Fue el lugar en el que me refugié tras caer cuando ella se rió de mí en mi propia cara. Fui un auténtico estúpido. Tuve suerte de perderla de vista en la Edad Media cuando alguien la destruyó. Me quité la camiseta y me acosté en la cama.
Tras coger el mando del aparto de música, lo encendí a tope para así evitar oír llamadas de aquellas víboras. Miré al techo pensativamente. Aún no lograba entender por qué Adara me trató con tanta amabilidad cuando intentaba violar a una joven inocente.
Cerré los ojos por un momento y de repente ella apareció en mi margen de visión. Acababa de llegar a su casa y se metía en su habitación. La vi acercarse a su cama para luego sentarse abrazándose las rodillas. Parecía pensativa y seguro que se estaba arrepintiendo de no haberme matado.
Se miró el lugar donde faltaba el trozo de tela que había utilizado para vendarme la mano. Se levantó para quitarse la blusa y ponerse una nueva y limpia. Observé su piel de tono pálido y parecía tersa y suave aunque el taco de sus manos en la mía lo evidenciaron. Su espalda era perfecta aunque en la parte baja, por encima de la cinturilla del pantalón, tenía una mancha con forma de...
Un momento... tiene forma de fresa. Me incorporé rápidamente y abrí los ojos. Fresa. ¿De verdad tenía una mancha con forma de fresa? ¿Por qué su mancha era la misma que la de mi fruta preferida?
Es una casualidad que tuviese algo así. No pude evitar sonreír. Volví a recostarme pensando en cómo se pondría si se enterara de que sé su pequeño secreto. Esa pequeña mancha me fascinó y no dudaría en usarla como un arma para divertirme un poco con ella.
Si no podía matarme quizás es por algo. No me importaría averiguarlo ahora mismo pero si salía de mi habitación me encontraría con una horda de Caídas dispuestas a acostarse conmigo y no me apetecía nada.
Me acosté de lado y miré hacia la pared sin ningún tipo de adorno. Apenas tenía unos pocos muebles ya que era también como una especie de celda para mí puesto que me castigaba continuamente por haber sido tan estúpido. No tenía muchos lujos salvo aquel aparato de música y poco más.
Cuando acabó el disco, alguien tocó en la puerta y traté de ignorarlo tapándome la cabeza con la almohada pero la voz que sonó fuera me impidió que lo hiciese. Era Ahiah, el hijo de Semyaza.
-Adirael, contesta.
Me incorporé y miré hacia la puerta.
-¿Qué pasa?
-Lucifer quiere verte.
-¿A mí? ¿Para qué?
-No lo sé exactamente pero creo que se ha enterado de algo que no le ha gustado para nada.
Maldije para mis adentros mientras me levantaba. Como haya visto que dejé escapar a Adara, no me salvaré de un buen castigo.
Abrí la puerta y me encontré con Ahiah, un chico alto y musculoso como un guardaespaldas. Su cabeza estaba rapada y sus ojos eran de color verde. Iba con unos vaqueros desgastados y una camiseta blanca que le quedaba bastante ajustada, al parecer no sabe que existen más tallas aparte de la mediana...
Me hizo una seña para que lo siguiera. Por lo que lo seguí sin decir nada y con las manos en los bolsillos. Llegamos ante la sala principal del Infierno donde Lucifer me esperaba.

Capítulo 22 (parte 1) (Por Adara)

El parque estaba oscuro a esta hora, solo la zona principal estaba iluminada por las farolas pero yo sabía que los Caídos se escondían en la oscuridad.
Aunque ese día no me apetecía encontrarme con ninguno porque no estoy de humor. Las imágenes que aparecen de repente en mi mente me tienen en un estado de alerta y me da miedo lo que sucede. ¿Beber la sangre de un Caído provocaba semejante unión a pesar de estar casi limpia?
De repente, un ruido me alertó. Provenía de la zona oscura del parque donde todos los árboles se movían al son que marcaba el viento. Sin hacer el menor ruido, me acerqué al lugar para descubrir qué era lo que provocaba aquellos sonidos.
Lo que vi me desconcertó ya que había un Ángel Caído besando a una pobre chica que parecía no darse cuenta del peligro que corría en los brazos de aquel ser despreciable. Hice aparecer mi katana y apunté al Caído.
-Déjala...- dije con rabia en la voz.
El Ángel Caído dejó de besar a la joven pero no me dio la cara. La chica, de cabellos rubios, quedó entre los brazos de él inconsciente.
-Parece que nuestro destino es encontrarnos ¿no crees?
Aquella voz me hizo retroceder un paso y que las manos me temblaran ligeramente. Finalmente, dejó que la chica cayera al suelo de cualquier manera y se giró hacia mí. Al mirarme sonrió. Una sonrisa que denotaba malicia.
-¿Qué estabas haciendo, Adirael?
-Divertirme un poco con esta joven ¿o es que no lo estabas viendo?
-Ibas a maldecirla dejándola embarazada de un Nefilim.
Él se encogió de hombros.
-Es posible, soy casi tan bueno como lo era Badariel.
-No seas cruel. Es una joven inocente.
-Esas son las mejores ¿no crees?- me preguntó sonriendo.
La rabia creció en mi interior y corrí hacia él con la katana en alto. Cuando estuve a su altura, él cogió la katana con la mano para apartarla, luego me cogió del brazo y me atrajo hacia él quedando mi espalda contra su torso.
Mi respiración se aceleró por el miedo y no me moví ni un milímetro.
-Déjame- logré decir.
-¿Y si no quiero?
-Si no lo haces te cortaré las manos.
-Ya me corté una- dijo mostrándome la mano herida. Un gran corte recorría la palma de su mano- mira, como la última vez, ¿quieres beber un poco?
Aparté la cara para evitar que acercara su mano a mi boca.
-¿No crees que ya bebí suficiente? No sé si sabrás que a pesar de todo hay una conexión entre los dos.
-Así que después de todo estamos conectados.
-Te vi mirándote en un espejo.
-Y parece que te gustó ¿no?
-No- dije con convicción.
-Ya veo.
La mano sana acarició mi mejilla con delicadeza mientras me sostenía con la herida para evitar escapar. Bajó por mi cuello, lo que hizo que un escalofrío recorriera mi columna.
-No sigas, Adirael.
-¿Por qué, Adara? Yo sé que te gusta esto.
Posó sus labios en mi cuello y cerré los ojos con fuerza. Intenté apartarme pero él era más fuerte que yo.
-Para... basta...
-Quiero saciar mi deseo y si no es con esa chica ¿con quién lo haré? A ti te tengo aquí y por lo que veo has venido sola ¿no?
-¿Acaso te importa?
Un mordisco en la piel de mi cuello me hizo estremecer.
-Claro, con tus amiguitas aquí no podría hacer esto.
Su mano recorrió mi vientre con tanta delicadeza que sentí miedo de caer bajo el influjo de sus caricias.
-Basta... ¡basta!
Me aparté rápidamente y con respiración agitada lo miré. Adirael sonreía con los brazos a sus costados y de la mano herida caía un reguero de sangre que manchaba la hierba.
-Pues entonces mátame, pequeña, no sé por qué dudas tanto y te dejas hacer.
-No me tientes, Adirael.
-Si me dejas ir, caerá sobre tu conciencia lo que pase.
-No creo que puedas hacer nada. Tienes la mano herida.
Adirael se la miró.
-¿Acaso te estás compadeciendo de mí por estar herido?
-Es un defecto que tenemos las Ninfas de los Cielos: la compasión.
-No quiero tu compasión, Adara.
-Tampoco pensaba sentirla mucho tiempo más.
Me acerqué hasta donde estaba la chica para agacharme junto a ella y tomarle el pulso. Era constante y respiraba con normalidad. Parecía estar dormida. Probablemente de un momento a otro abriría los ojos y nos vería a ambos allí hablando y sin saber muy bien qué era lo que había sucedido.
-No la he matado si es lo que te preocupa- dijo Adirael con los brazos cruzados.
No respondí, simplemente me incorporé y lo miré.
-Me han dicho que tú no eras así...
Adirael me miró sin demostrar ningún ápice de sorpresa o cualquier otra reacción.
-¿Es que te han hablado de mí? Pensé que allá arriba ya no hablaban de gente como yo.
-Eras un ejemplo a seguir en aquella época... ¿qué pasó? ¿Qué te hizo caer?
Él cerró los puños con fuerza. No pude evitar acercarme para mirarlo a la cara. Observé sus ojos verdes fijamente y casi sin darme cuenta le cogí la mano herida.
-No era un ejemplo si luego caí...- me dijo él en un leve susurro.
-¿Te arrepientes?
-Aunque así fuera ya es tarde para eso.
Rasgué un poco de tela de mi blusón y con él envolví la mano herida de Adirael. No sé muy bien por qué estaba siendo amable con él cuando debería haberlo matado.
-Deberías matarme...- dijo él como si me hubiese leído el pensamiento.
-Estás herido, no necesito tener ningún tipo de ventaja. Quizás la próxima vez- dije mientras sonreía levemente- ahora vete de aquí antes de que la chica se despierte.
-Puedo buscar a otra.
-Algo me dice que no lo harás.
-Nunca des nada por sentado.
-Tienes muchas Ninfas Caídas para saciar tu deseo, estarán encantadas de darte todo lo que quieras, no hagas más daño a chicas inocentes.
-¿Quién te dice que te haré caso?- preguntó apartándose y mirándose la mano vendada.
Me dio la espalda para marcharse y entonces yo me agaché junto a la chica que comenzaba a despertar. Cuando ya casi lo había perdido de vista me pareció haberlo oído decir "gracias" pero seguro que solo eran imaginaciones mías.
Cuando la chica se despertó, me miró confusa y le dije que se había desmayado. La ayudé a levantarse mientras me daba las gracias por preocuparme pero si en realidad supiera lo que había sucedido, saldría corriendo gritando como una loca.
Al menos yo lo hubiese hecho.
La vi marchar mientras mi mente volvía a dirigirse hacia Adirael y la conexión que teníamos.

domingo, 21 de agosto de 2011

Capítulo 21 (parte 2) (Por Stefan)

Adara calentó la pizza de Artemisa y yo me encargué de llevársela ya que ella tenía que salir e Isis parecía estar enfrascada en un libro de misterio o algo parecido, lo que sé es que no se separaba del libro para nada como si quisiera evadirse de algo.
Al llegar arriba, toqué en la puerta pero nadie respondió por lo que la abrí lentamente. Escruté la habitación y vi a Artemisa en la cama, durmiendo plácidamente.
Se abrazaba a sí misma como si se protegiera de algo aunque su rostro se mostraba sereno en el placentero sueño que parecía tener.
El vestido que llevaba puesto le quedaba a la perfección, como si lo hubiesen hecho para ella. Se ajustaba perfectamente a su cuerpo de piel tan suave que parecía imposible que fuera de este mundo, era perfecta. Sus pómulos sonrosados le daban un aire inocente que estando despierta no aparentaba y las dos medias lunas de sus pestañas descansaban sobre sus mejillas de forma delicada.
Dejé la bandeja en una mesa que tenía un portátil, seguramente lo usaría de escritorio, y me acerqué a la cama. Me senté a su lado para apartarle el mechón de pelo que ocultaba parte de su rostro.
No sé muy bien por qué pero me gustaba observarla mientras dormía. Le debo bastante por haber ayudado a mi hermano hoy y no sé cómo pagárselo.
-No...
Parpadeé al percatarme de que ella estaba hablando en sueños y la miré.
-¿Artemisa?- susurré.
-No... soy inocente...
¿Inocente? Mi ceño se frunció. ¿Por qué decía eso en sueños? ¿Sería solo una pesadilla?
-Dejadme... no he hecho nada... lo juro...
Se removió en la cama y todo su pelo quedó esparcido por completo sobre la almohada creando un halo de color oscuro.
La cogí de la mano, preocupado. ¿A qué venía todo aquello? No parecía ser una pesadilla corriente.
-No... dejad de torturarme... soy inocente... al fuego no... lo suplico... no...
-¿Fuego?- pregunté
-Por favor... no soy una bruja... ¡parad!
Comenzó a golpear en el aire como si tratara de defenderse de un enemigo invisible por lo que tuve que agarrarla con fuerza para que no acabara cayéndose de la cama.
-Artemisa, para, es un sueño...- le decía pero parecía no oírme mientras trataba de zafarse.
-¡No soy una bruja! ¡Soy inocente! ¡Dejadme!
Intentó arañarme la cara y por suerte lo esquivé pero me vi obligado a zarandearla para intentar despertarla. Estaba sufriendo mucho con esa pesadilla.
-¡Artemisa, despierta!- le grité.
Ella se incorporó soltando un grito de agonía y abrió los ojos al fin. Estaba cubierta de sudor y respiraba agitadamente. Parpadeó varias veces antes de mirarme con ojos asustados.
La puerta se abrió de repente y apareció Isis alarmada.
-¿Qué ha pasado?
Artemisa no decía nada, solo me miraba a mí y luego miraba a Isis mientras intentaba recuperarse.
-Nada... una... pesadilla...- dijo sin resuello como si hubiese corrido una maratón.
Isis me miró con el ceño fruncido por unos instantes.
-Pero está todo bien ¿no?
Artemisa asintió levemente por lo que entonces Isis salió pero no dejó de mirarme hasta que la puerta se cerró.
-¿Estás bien?- pregunté.
-Sí... solo ha sido... una pesadilla...- dijo mirando al frente.
-¿Quieres hablarlo?
-No, no recuerdo mucho...
-¿Estás segura?
-Sí...
No me dejó muy convencido por lo que le cogí la mano que temblaba ligeramente. Toda ella temblaba.
-Me estás engañando, Artemisa.
Ella me miró con cara de sorpresa y retrocedió un poco pero le agarré fuertemente la mano.
-¿En qué te estoy engañando?- preguntó como si tuviese miedo de mi respuesta.
-Recuerdas perfectamente todo lo que soñaste, estás temblando como una hoja y te has quedado pálida mirando a la nada. ¿Acaso es repetitiva esta pesadilla?
Encogió las rodillas y me miró. Sus ojos brillaban a causa de las lágrimas contenidas.
-Cada vez que cierro los ojos para dormir, tengo la misma pesadilla. Es horrible, tan vívida, la siento en mis carnes. Siento el dolor de la tortura, me insultan, me desprecian, me escupen, me... me...
Las lágrimas escaparon sin control de sus ojos. ¿Cómo era posible que siempre soñara con lo mismo y que sienta tanto dolor? Me acerqué más a ella y la atraje hacia mí para abrazarla con fuerza.
Artemisa se tensó al principio pero luego dejó escapar su llanto sobre mi hombro mientras la mecía suavemente.
-Tranquila, estoy aquí...- le decía para que se relajara un poco.
-No puedo más, no puedo...- decía ella entre hipidos.
-Debes combatirlo, tienes que sacar esa pesadilla fuera.
-Ojalá pudiese...- me dijo.
No dije nada, simplemente me limité a consolarla hasta que dejara de llorar.
Aunque algo me decía que realmente me gustaba estrecharla entre mis brazos. ¿Acaso estaba surgiendo algo dentro de mí? Me sentó confuso de repente.
Cuando el llanto se convirtió en un leve sollozo, ella me miró sonriendo levemente y me dijo:
-Gracias...
-De nada- le dije yo sonriendo.
Ella se acurrucó más entre mis brazos y cerró los ojos. No iba a dejar que ese día volviera a tener esa horrible pesadilla.

Capítulo 21 (parte 1)

-¡Stefan!- exclamé ante la sorpresa de verlo en la habitación.
Recogí el vestido de mis hombros ya que al no estar totalmente abrochado se me baja de los hombros. Notaba las mejillas ardiendo al ver cómo me miraba fijamente sin decir nada. Nada deseaba más en ese momento tener puesto otra cosa.
Ese vestido era algo especial que no deseaba compartir con nadie pero él ya me lo estaba viendo puesto.
-Lo... lo siento...- dijo Stefan- toqué varias veces pero no contestabas así que entré...
-No lo oí...- dije alejándome un poco más como si pudiese encontrar un lugar donde esconderme y que solo se viera mi cabeza- estaba poniéndome este vestido y claro...
-Ya veo... es un vestido muy bonito, te queda bien...- dijo él rascándose la nuca con las mejillas algo sonrojadas.
-Gracias.
-He visto que no lo tienes abrochado del todo, si quieres...- entró un poco más en la habitación. Me encogí un poco con vergüenza y luego me acerqué a él. Le di la espalda para que me abrochara los botones que me quedaban. Un escalofrío me recorrió cuando sentí los dedos de Stefan rozando mi espalda. Sus manos eran algo rudas pero muy cálidas- quería darte las gracias por haber ayudado a mi hermano cuando Ailin cayó por las escaleras. Ha sido un verdadero milagro lo de Ronny ¿verdad?
Miré hacia el espejo y lo vi sonreír de felicidad al saber que su hermano volvía a caminar. De repente me sentí débil y sin fuerzas, se me doblaron las rodillas un poco notando cómo mis poderes me abandonaban provocándome mareo.
Cerré los ojos y noté cómo las manos de Stefan me agarraban con fuerza.
-Artemisa, ¿estás bien?- no podía hablar, solo necesitaba alejarme de esos sentimientos que Stefan mostraba pero era imposible si él me agarraba de esa forma. Me llevó hasta la cama y me ayudó a sentarme- ¿Qué te pasa? ¿Llamo a tus amigas?
Negué con la cabeza.
-Estoy... bien...- dije con voz entrecortada.
-No, no lo estás, has estado a punto de desmayarte...
Abrí los ojos para mirarlo. La preocupación que sentía hacia mí me debilitaba aún más y todo me daba vueltas. Me recosté volviendo a cerrar los ojos y traté de serenarme pero me era imposible con tanto sentimiento junto. Esto es horrible.
¿Por qué me has hecho esto, Afrodita? ¿Acaso no he sido siempre una buena Ninfa que cumple con todo? No me merezco algo así.
-Debería avisar a tus amigas- me dijo y lo escuché abrir la puerta.
-No, por favor...- le pedí- no quiero preocuparlas...
-Pero es que estás pálida.
-Se me pasará...
-Yo no estaría tan seguro.
-Si te relajas podré calmarme, tus nervios hacen que me ponga más nerviosa- dije en un intento por que se calmara y dejara sus sentimientos aparte para así yo poder centrarme.
-Vale- dijo sentándose a mi lado en la cama- pero es que no estás bien.
-Se me pasará, de verdad, solo tienes que calmarte un poco.
Mantuve los ojos cerrados durante un buen rato antes de volver a abrirlos. El mareo había pasado y me sentía un poco mejor. Eso quería decir que Stefan había logrado serenarse y dejar de tener sentimientos tan fuertes.
-¿Puedo saber por qué te has puesto ese vestido?- preguntó él con lo que parecía ser curiosidad.
Abrí los ojos para mirarlo. Tenía ganas de contarle toda la verdad, total ya estaba sufriendo un castigo así que no me hubiera importado pero algo me impuso a mentir, como hago siempre.
-Bueno, lo encontré en ese baúl que me dio mi jefe- dije señalándoselo.
-¿El padre de Tim te dio ese baúl?
-Sí, es una larga tradición de familia que él ha cumplido.
-Tim nunca me ha contado nada de eso- dijo mirando el baúl y todas las cosas que había dejado en el suelo junto a él.
-Son recuerdos que un antepasado de Tim dejó para una posible reencarnación de su hermana- dije tragándome el nudo que tenía en la garganta.
-¿Reencarnación?
-Sí, ese vestido estaba ahí metido junto con otro tipo de recuerdos, incluso un dibujo de la joven en cuestión- dije mientras me levantaba para coger el dibujo y se lo mostré.
Él lo tomó entre sus manos y me miró sorprendido.
-Eres igual que la del dibujo.
-Eso parece- dije yo tragándome las verdaderas palabras que querían salir de mis labios.
-¿Entonces eres la reencarnación de la hermana del antepasado de Tim?
-No lo sé, he oído decir que las personas reencarnadas tienen recuerdos de un pasado lejano, como pequeños flashes de cosas que vivió y yo no he sentido tal cosa.
-Quizás solo haya sido una coincidencia.
-Es posible.
¡No lo era por todos los Caídos! ¡Esa chica del dibujo soy yo! Soy la misma, llevo en el mundo desde esa época aunque una vez morí pero soy yo... ¿Por qué no podía decirlo? ¿Qué me impedía hacerlo? ¿Que me mandaran al Limbo? Como si me importara. Las mentiras se van acumulando cada vez y estoy en el punto más álgido de mi paciencia.
-Dejaron muchos recuerdos en ese baúl, entre ellos ese vestido.
-Sí.
-Parece un vestido de novia ¿no? No sé, de color blanco con poco detalle de color...
Lo miré con sorpresa. ¿Cómo había adivinado que era un vestido de novia? Mi vestido de novia.
-A mí también me lo parece.
-Te queda bien.
Sonreí levemente, era la primera persona que me veía con el vestido con el que me iba a casar en un pasado muy lejano ya.
-Gracias, aunque es bastante antiguo y la tela es bastante delicada, por lo que puedo ver y tocar- dije mientras tocaba la larga manga de suave seda sonde seguro mi madre se había gastado una gran cantidad de dinero.
Él asintió, luego se acercó hasta mí y me miró a los ojos. Yo apenas pude moverme porque detrás de mí estaba el baúl y podría caer si intento retroceder.
-Deberías descansar un poco, aún estás pálida y no tienes buena cara, te vi antes cuando llegaste y parecías triste. Me preocupé bastante.
-Es que no he dormido bien y el susto que me dio tu hermano también me afectó un poco.. Luego tuve que salir por una urgencia y apenas he comido.
-Puedo decirle a tus amigas que te preparen algo.
-Quizás sea una buena idea.
La verdad es que me había dado hambre y también me encontraba muy cansada. Esto de perder poderes no es muy soportable que se diga.
Stefan salió de la habitación y aproveché para recoger las cosas y meterlas dentro del baúl.
El vestido me lo dejé puesto ya que necesitaba algo que me protegiera y nada mejor que el vestido hecho por mi madre para mí. Con él me sentía protegida y era como si sintiera los brazos de mi madre de mi madre alrededor.
Me acosté en la cama de lada abrazándome a mí misma mientras observaba el baúl cerrado.
Los párpados me pesaban y el sueño comenzaba a hacer mella en mí por lo que cerré los ojos y me dejé llevar al mundo de los sueños.

domingo, 7 de agosto de 2011

Capítulo 20 (parte 2)

Llegué a la Tierra y me dirigí a mi casa. Me sentía bastante mal al saber que Airam se quedaría en los Cielos para evitar estar cerca de sus hermanos. Lo que él más necesitaba era verlos y saber que estaban bien, se le hará muy duro no poder verlos al menos cuando duermen.
Abrí la puerta de casa donde ya me esperaban Isis y Adara con cara de preocupación.
-¿Qué te dijeron?- me preguntó Adara.
-Nos castigaron a Airam y a mí, si estamos cerca de sentimientos humanos muy fuertes, perderemos nuestro poder y seremos mortales hasta que nos alejemos de esos sentimientos.
-¿Cómo?- preguntó Isis- pero eso sería peligroso, en especial para ti que tienes que proteger a dos chicos... ¿se puede saber en qué está pensando Afrodita? A veces creo que lo único que le gusta es amargarnos la existencia. Vaya un castigo más inapropiado.
-Bueno, mejor eso que mandarla a Limbo- dijo Adara mirándome y me sonrió levemente.
-Esto no puede quedar así, ¿dónde está Airam?- preguntó Isis.
-Se quedó en los Cielos para evitar ver a sus hermanos y así conservar sus poderes, no sería de gran ayuda siendo mortal.
-Tú tampoco y esos chicos te necesitan, ¿cómo piensas hacerlo?
-Pensaba pediros que velarais por ellos durante un tiempo, no podría cuidar de ellos como me gustaría.
Adara e Isis me miraron con compasión.
-Haremos lo que esté en nuestras manos, te lo aseguro- dijo Adara frotándome el brazo con cariño.
Asentí agradecida y me dirigí a las escaleras.
-Estaré en mi habitación.
-¿No quieres comer algo?- preguntó Adara- he preparado pizza casera. Yo misma hice la masa.
-Gracias pero no tengo hambre.
-Te la guardaré en el horno entonces, cuanto tengas hambre, bajas y comes.
Asentí y finalmente subí para meterme en mi habitación donde me tiré en mi cama pensando en el castigo que Afrodita me había impuesto. En realidad no me importaba ser mortal durante algunos minutos pero si lo era no podía defender a Stefan y a Ronny como se merecen.
Ese es el gran inconveniente del castigo.
En mi nueva condición, no podré hacer nada por proteger a los chicos ya que los Ángeles Caídos tomarían ventaja sobre mí porque ellos tendrían sus alas y yo en cambio no.
Me giré hasta quedar de costado en la cama y entonces vi el baúl donde mi hermano había guardado muchos recuerdos que me habían pertenecido y que valoraba más que nada en el mundo.
Me senté sin dejar de mirar el baúl. Me acerqué y me senté en el suelo frente a él antes de abrirlo para contemplar todas las cosas que había guardadas.
El retrato estaba tan bien dibujado que parecía estar mirándome en un espejo. Esa expresión sonriendo ya era prácticamente desconocida para mí. Hace mucho tiempo que no he vuelto a sonreír de verdad. Mi único deber tras transformarme en Ninfa de los Cielos ha sido velar por mis protegidos así que no he tenido tiempo de recordar lo hermoso que es reír de forma natural.
La responsabilidad ha hecho que pierda parte de mis sentimientos de una forma tan dura que recordarlo hace que me sienta mal.
Dejé el dibujo a un lado y seguí sacando cosas como una muñeca que había hecho mi madre cuando era pequeña y que siempre tenía conmigo aún después de haber crecido lo suficiente como para trabajar en los campos.
Mi hermano siempre se burlaba de mí por no desprenderme de la muñeca pero no podía dejarla, había sido una compañera de juegos y que evocaba recuerdos de una infancia feliz.
Las joyas de poco valor que tenía, habían pertenecido a mi madre pero luego pasaron a mis manos al cumplir los dieciséis donde ya se consideraban a las chicas mujeres con posibilidad de casarse y lo habría estado de no ser porque el hombre con el que pretendían casarme había muerto tras ser atacado por un animal salvaje en el bosque cuando cazaba.
Entonces tras sacar el resto de cosas, saqué el vestido. Era un precioso vestido que mi madre había hecho especialmente para mí para cuando me casara. Me producía mucha nostalgia verlo porque me acordaba de cuando la veía coser en los pocos ratos libres que tenía.
El vestido era blanco, como el de toda novia, cosido con hilos azules. Su escote era cuadrado y las mangas eran largas, una vez que llegaban a la muñeca, este bajaba un buen tramo más pero siempre dejando la mano a la vista. En el borde de abajo lucía un precioso bordado azul de flores.
Me dieron ganas de ponérmelo, hacía muchísimos años que no me ponía un vestido de mi época así que me levanté para observarlo bien.
Mi madre había dado con las medidas justas para que no quedara ni muy ajustado ni muy ancho. Era perfecto. Mi cuerpo no ha cambiado nada desde mi muerte así que debería quedarme bien.
Me desvestí quedando en ropa interior. El vestido se abría por detrás con un gran número de botones que no estaba segura de poder abrochar sola pero no me impediría ponérmelo.
Metí las piernas y lo fui subiendo para luego colocar los brazos en sus mangas correspondientes. Hice un esfuerzo para abrocharme algunos botones y solo conseguí llegar hasta la mitad de la espalda. Con el resto tuve que desistir ya que era imposible abotonar los que quedaban.
Busqué dentro del baúl el pequeño cordón azul que iría en mi cintura como detalle para realzarla y lo amarré con un suave nudo para que no quedara muy apretado.
Me acerqué al espejo de cuerpo entero y me miré fijamente. Si mi madre me estaba viendo desde el Más Allá espero que sienta que hizo un buen trabajo con este vestido porque me quedaba perfecto.
-Artemisa...- dijo una voz a mis espaldas.
Me giré rápidamente y vi a Stefan justo frente a mí con la mano apoyada en el pomo de la puerta.

Capítulo 20 (parte 1)

Hoy salí del trabajo porque sentí que algo raro pasaba. Un presentimiento hizo que le pidiera a mi jefe salir antes y dirigirme a casa.
Corrí como alma que lleva el diablo, corrí con todas mis fuerzas y al llegar a casa abrí la puerta con decisión.
Todo estaba en silencio aunque un rumor me llegó desde el salón. ¿Qué hacía la televisión encendida? Yo la apagué antes de irme a trabajar y Ronny estará en su habitación o eso espero.
Cerré despacio la puerta y cogí un paraguas del paragüero de la entrada, no me fiaba nada. Me acerqué lentamente y me asomé. En el sillón vi a alguien sentado, alguien con el pelo igual que el de Ronny. Confuso, pregunté:
-¿Ronny?
Se giró y ante mí lo vi pero ¿cómo había llegado al salón? ¿Y dónde esta la silla? Al verme, me sonrió.
-¿Qué pasa, Stefan? Hoy has llegado temprano.
-¿Qué haces aquí?
-Ver la tele, ¿por qué lo preguntas?
-No veo la silla, ¿quién te trajo?
-Nadie...
Hubo unos segundos de silencio en los que lo vi levantarse. ¡Se había levantado! Sorprendido, me acerqué hasta él pero me hizo un gesto para que me detuviese.
Sin dejar de sonreír, se puso a caminar hasta que llegó hasta mí
Negué con la cabeza, no podía creerlo.
-Nadie me trajo porque logré venir solo- dijo Ronny.
No podía moverme del sitio, era un milagro, al fin mi hermano volvía a andar. Tengo que estar soñando, seguro que todo esto es un sueño y me voy a despertar de un momento a otro.
Sonreí.
-¿Esto es real?- no pude evitar preguntar, no podía salir de mi asombro- ¿o es solo un sueño?
-Totalmente real, Stefan. Tan real que ni yo mismo me lo creo.
Abracé a mi hermano lleno de alegría al saber que ya no dependería más de esa maldita silla de ruedas.
-Pero... ¿cómo?- pregunté apartándome.
-Ailin vino a verme y yo seguía negándole mi cariño por lo que discutimos y salió corriendo de la habitación. Sentí varios golpes y me acerqué a las escaleras, entonces la vi al final de las escaleras inconsciente. Sin saber muy bien cómo, me levanté y bajé las escaleras hasta donde estaba ella. Grité pidiendo ayuda y apareció Artemisa...- lo miré al ver que dudaba en decir algo aunque seguramente serían cosas mías porque rápidamente continuó- entre los dos conseguimos despertar a Ailin y saber que estaba bien. Se fue a su casa y me dijo que me llamaría luego ya que se puso feliz de verme de pie y que volvía a ser el de antes del accidente.
-No sabes lo que me alegro, hermano. Me sentía tan mal al no poder hacer nada por ayudarte.Negabas cualquier muestra de cariño...
-Pero eso ya ha cambiado.
-Sí, ha cambiado. Esto tenemos que celebrarlo, por cierto ¿has llamado a papá y a mamá? Estoy seguro de que les encantará la noticia.
-La verdad es que no me he acordado de llamarlos pero ahora mismo lo hago.
-Será lo mejor- dije y volví a donde estaba el paragüero para dejar el paraguas que había cogido mientras Ronny llamaba a nuestros padres.
Volví al salón y me miró sonriendo. Luego colgó.
-Dicen que vienen corriendo para acá. De tan sorprendidos que están, no se lo creen.
-Es normal pero será un buen momento para verlos, desde que te viniste a vivir conmigo ni los has llamado, supongo que se habrán alegrado mucho de que los llamaras.
-No me sentía con fuerzas para hablar con nadie y tú lo sabes.
-Tanto que estuviste casi un mes sin hablar.
-No tenía ganas de que la gente me preguntara una y otra vez lo del accidente. Muchos no entendían que no recordaba nada más allá de ir en la moto con Airam y luego despertar en el hospital, inválido.
-Sigues sin recordar nada ¿verdad?- él me miró por unos instantes y enseguida supe la respuesta- lo has recordado...
-Algo así- dijo él- no fue culpa de Airam, fue un coche que venía en sentido contrario y no nos dio tiempo a esquivarlo.
-Eso fue lo que sucedió entonces.
-Sí- dijo sentándose en el sillón y llevándose las manos a la cabeza- no teníamos que haber salido ese día, Stefan. Algo me decía que no debíamos haber salido pero no hice caso de mi instinto... en parte me siento culpable de que Airam muriese de una forma tan cruel.
Me acerqué para sentarme junto a él y posé una mano en su hombro.
-Si así tenía que suceder, debemos aceptarlo. Yo tampoco he superado su muerte pero quizás esté en un buen lugar, viéndonos y cuidándonos- Ronny me miró y percibí cierta sorpresa por su parte ante mis palabras- ¿pasa algo?- pregunté confuso.
-¿Eh? No nada, nada- dijo rápidamente.
Una forma muy extraña de responder. ¿Por qué me había mirado así? Aparté esos pensamientos de mi mente y me levanté.
-Deberías llamar a Ailin.
Ronny se levantó rápidamente y asintió.
-Tienes razón, la llamaré en lo que vienen papá y mamá.
-Yo debería ir a ver a Artemisa para agradecerle que te ayudara.
-No creo que esté en su casa, me dijo que iba a ir a un sitio- dijo mi hermano con el auricular del teléfono en la mano.
-Entonces esperaré a que venga, ¿quieres tomar algo?
-Perfecto, me apetece un refresco bien frío.
-¡Marchando!- exclamé entrando en la cocina.
Oí a mi hermano hablar por teléfono con su chica y de repente sentí un poco de envidia. Desde que lo dejé con Giovanna, me he sentido solo, quizás fuera por eso que la aguantaba hasta que mi mente dijo basta.
No estaba enamorado de ella. Eso lo sabría desde hacía mucho tiempo y no sé lo que se siente al estar enamorado. Antes del accidente, Ronny y Ailin se veían a menudo y me daban una ligera idea de lo que era pero parece que ahora era mucho más intenso ese sentimiento que yo desconozco.
¿Encontraría algún día a una persona que me hiciera sentir lo que es el amor?
Al mirar hacia la ventana, vi aparecer a Artemisa que se dirigía a su casa y no parecía estar muy contenta que se diga. Parecía más bien triste y alicaída...
Cuando salí de la cocina con los refrescos, iba a salir para ir a casa de Artemisa. Me preocupó verla así de triste. Pero justo cuando me acercaba a la puerta, tocaron el timbre por lo que abrí y me encontré con mis padres.
-Hijo, ¿dónde está tu hermano?- preguntó mi madre con urgencia.
-En el salón- dije yo mientras mi padre cerraba la puerta.
Mi madre me arrastró, literalmente, hasta allí y al ver a Ronny de pie junto al teléfono, comenzó a llorar de emoción y corrió a abrazarlo. Miré a mi padre que estaba mirándolos emocionado a mi lado y se acercó hasta Ronny.
-Bien hecho, hijo- dijo mi padre sonriendo- al fin has conseguido recuperarte del todo.
Ronny sonrió y dejó que mamá lo abrazara con fuerza mientras lloraba emocionada al ver a su hijo como era antes. Al menos ya cargaba con menos dolor en su interior. La muerte de Airam quedará para siempre en nuestra memoria y no creo que podamos superar ese dolor como si no hubiese sucedido nada.

sábado, 16 de julio de 2011

Capítulo 19 (parte 2)

-¿Diga?- contesté.
-Artemisa, Hermes y yo queremos veros a ti y a Osiris ahora mismo. Uno de los hermanos ha descubierto a Osiris y tú no lo impediste.
-Ahora vamos a los Cielos.
-Os esperamos. Os quiero aquí en veinte minutos.
-De acuerdo- dije con cierto temor y luego colgué- quieren vernos ya, tenemos veinte minutos para llegar allí.
Airam se levantó.
-Pues vamos.
-Pero...- dijo Ronny.
-No te preocupes, hermano, ahora mismo lo que deberías hacer es llamar a Ailin para que vuelva y esté contigo, sé que la has echado de menos cuando no podías caminar- dijo Airam sonriendo levemente.
-¿Volveré a verte? Me gustaría que me contaras qué has hecho desde que te convertiste en Ángel.
-Espero poder contártelo algún día, ahora me voy.
Ronny asintió y nos despidió. Airam y yo salimos hasta la parte trasera de la casa para sacar nuestras alas y remontar el vuelo para ir a los Cielos. Una vez nos pusimos en camino, miré preocupada a Airam.
-¿Qué crees que pasará? Aunque parezca una falta leve, tiene su gravedad, en especial porque Ronny es tu hermano...
-La verdad es que no lo sé y prefiero no pensar en ello.
-Tienes que pensarlo, de lo que Afrodita y Hermes nos digan, depende nuestro futuro.
-No pasará nada grave, ya lo verás.
-¿Y si creen que ha sido muy grave y nos mandan al Limbo? No creo que podamos soportarlo, los que salen de allí vuelven en un estado lamentable.
No creo que pudiera soportar que me manden al Limbo, antes preferiría desaparecer del mundo, es el peor castigo que le pueden imponer tanto a un Ángel o Ninfa de los Cielos como a los Ángeles y Ninfas Caídos.
-No pienses algo semejante, Artemisa, o será peor.
-Quizás tengas razón pero en todos los siglos que llevo de Ninfa nunca he recibido un castigo por alguna infracción. Nunca he cometido ninguna infracción.
-Tú no tuviste la culpa de nada, no te preocupes.
-Tampoco me gustaría que te castigaran duramente, te preocupaste por tu hermano, yo hubiese hecho lo mismo de estar en tu situación.
-No creo que Afrodita y Hermes vayan a entenderlo...
Aparté la mirada de él y seguí mirando al frente aunque la preocupación me carcomía por dentro al pensar en los posibles castigos que nos podrían imponer.
Llegamos a los Cielos justo a tiempo y nos dirigimos rápidamente al edificio principal- donde ya nos esperaban Afrodita y Hermes con semblantes series y para nada compasivos con nuestra situación. Hicimos el saludo de rigor y permanecimos arrodillados hasta que nos instaron a levantar.
Los miramos y Hermes comenzó a hablar:
-Hoy ha ocurrido algo insospechado en la Tierra y creo que sabéis qué es ¿no?
Ambos asentimos a la vez.
-Sabéis que es una infracción lo que ha sucedido- dijo Afrodita- aunque me gustaría oír vuestra explicación de lo sucedido para ver si realmente coincide con lo que hemos visto.
Miré a Airam con temor y este asintió levemente por lo que fue él quien comenzó a narrar los hechos de hacía tan solo un rato.
-Estábamos en la casa donde vive Artemisa con sus compañeras desayunando después de una larga noche en la que me vi amenazado por un súcubo que hirió a Isis aunque eso no es lo que queréis saber... bueno,, como decía, desayunábamos tranquilamente cuando oímos gritar a mi hermano pequeño en la casa de al lado. Artemisa salió corriendo para ver qué sucedía. Yo me preocupé porque pensé que se había caído por las escaleras o algo y no pude evitar correr a la casa... ahí fue donde Ronny me vio y no pude evitarlo, lo siento...- dijo Airam agachando la cabeza.
Hermes y Afrodita me miraron fijamente, lo que me hizo dar un paso hacia atrás.
-¿Confirmas lo que nos ha contado Osiris, Artemisa?- preguntó Afrodita.
-Sí- dije yo bajando la mirada- Ronny incluso me vio curando a la chica que cayó por las escaleras, un gran error por mi parte... lo siento.
-Sabemos que lo sentís pero esta infracción no puede quedar sin castigo- dijo Hermes.
-Aceptaremos cualquier castigo que se nos imponga- dije aunque mis temores acrecentaron.
-Como ambos habéis dejado ver al humano cosas que no debía ver hemos pensado como castigo el que cuando estéis cerca de humanos con grandes dosis de sentimientos, os debilitaréis y seréis mortales por el espacio de tiempo que permanezcáis junto a él o ella.
Levanté la mirada sorprendida.
-¿Qué?- pregunté- ¿mortales?
-Lo que has oído, Artemisa, te debilitarán los sentimientos humanos- dijo Afrodita.
-Pero si eso sucede no poder proteger a Stefan y a Ronny. Sus sentimientos me afectarán.
-Lo siento, Artemisa, pero esto no hubiese pasado sucedido si no hubieseis cometido semejante infracción.
-No es justo que nos hagáis algo así- me quejé- ¿qué haré cuando intenten atacar a mis protegidos?
-Tendrás que buscar la forma de defenderlos siendo una mortal y para ti, Airam, deberás procurar no acercarte más a tus hermanos.
Él asintió sin decir nada así que yo me vi obligada a protestar.
-No le pueden hacer eso, por favor, son sus hermanos. No se acercará a ellos pero no pueden alejarlo definitivamente.
-Si hacemos eso, todos los que hayan fallecido recientemente querrán estar junto a sus familiares- dijo Hermes.
-Él los ha protegido casi tanto como yo, no se merece algo así...
Airam me cortó poniendo una mano delante de mi cara y miró a nuestros jefes.
-¿Cambiará de alguna forma nuestra apariencia cuando nos volvamos mortales?- preguntó él.
-En principio no debería cambiar nada- dijo Afrodita seriamente.
-De acuerdo, aceptaremos el castigo. Intentaré no bajar a la Tierra para que no me llame la tentación de ir a ver a mis hermanos- dijo él resignado.
Miré a Airam, asombrada, pero al ver que él aceptaba el castigo, yo también me limité a aceptarlo porque no podía luchar contra el alto mando de los Cielos.
-Arrodillaos- dijo Afrodita.
Ambos obedecimos y ambos sentimos en nuestras frentes las manos de esa Ninfa. Un calor inundó mi cabeza y tras esto, ese calor se expandió por mi cuerpo.
Luego apartó las manos y nos instó a marcharnos.
Ahí comenzaba nuestro castigo.