domingo, 16 de enero de 2011

Capítulo 14 (parte 2) (Por Stefan)

-¿Te la estás tirando?- preguntó directamente.
Una pregunta que me esperaba y para la cual tenía la respuesta.
-Está claro que no pero como sé que vas a pensar lo que quieras, no me voy a molestar en decirte nada. Todo lo que yo digo, tú le das la vuelta.
-Porque así sois todos los tíos. Ninguno es capaz de decir la verdad.
-Yo siempre te he dicho la verdad, quizás seas tú la que no es sincera en esta relación.
Ella me miró con cara asombrada para luego ponerse roja de ira. Algo que no me sorprendía lo más mínimo. Con esa cara parecía el color rojo de un semáforo.
-¿Cómo te atreves a decirme algo semejante?
Giovanna levantó la mano para golpearme pero la detuve a unos centímetros de mi cara.
-No te atrevas a pegarme, Giovana, estoy cansado de tus escenitas de celos injustificadas. Acabas de espantar a mi vecina la cual ni siquiera conoce tu verdadero carácter y no estaba preparada para el ataque.
Giovanna se apartó de mí y se estiró la minifalda que llevaba puesta aunque no sé qué coño se iba a estirar cuando era tan corta que no dejaba nada a la imaginación. Siempre me he preguntado si cuando hacen ese tipo de falda es porque son sobras de otro tipo de prendas y las usan haciendo eso. Es una curiosidad que siempre he tenido. Tendré que preguntar por ahí a ver si hay alguna solución a mi incógnita.
-No me puedo creer que hayas dicho que no soy sincera en esta relación cuando lo he sido mucho más que tú.
-¿De verdad? Yo, sinceramente, lo pongo en duda.
-Estoy harta de tener que dar todo en esta relación y tú no estés dando absolutamente nada.
-¿Eso crees? Entonces no sé por qué seguimos con esta relación que no nos lleva a ninguno de los dos a ningún sitio.
-¿Estás sugiriendo que lo dejemos?
-Lo sugeriste tú misma al decir que tú lo dabas todo en la relación y yo no, solo estoy corroborando tus palabras.
-Entonces quieres dejarlo...
-¿Quieres que sea sincero? ¿O le doy la vuelta para que lo entiendas mejor? Mejor que sea sincero, ya que dices, a lo mejor lo pillas a la primera y todo. La verdad es que estoy cansado de todos tus estúpidos celos, tus llamadas a cualquier hora, los desplantes como el que me acabas de hacer, tu forma de tratar a las personas que considero amigos porque esa chica- dije señalando hacia la casa de Artemisa- es una buena amiga que está ayudando a mi hermano. ¿No lo sabías? Claro que no, ¿cómo lo vas a saber? Si según me viste con ella, enseguida corriste a hacerle un desplante muy típico de ti. Así que sí, quiero dejar esta relación que nos lleva a ningún sitio.
Ella me miró con la barbilla bien alta. Que se vea que conserva el orgullo, claro que sí.
-Muy bien, tú lo has querido pero no eres tú el que rompe conmigo, no señor, aquí la que rompe la relación ¡soy yo!
Se giró con tarta fuerza que pensé que trastabillaría con esos tacones pero me equivoqué y se marchó de allí. Mira que bien, ahora me siento mucho más aliviado. Una cosa que tendré que tachar de mi lista de tareas: llamar o salir con Giovanna. Eso me deja tiempo para hacer otras cosas... umm, está difícil elegir, hay muchas opciones. ¿Consola? ¿Libros? ¿Partidito de fútbol con los colegas? No sé, ya miraré qué puedo hacer, ahora lo que me interesa es entrar en mi casa y comer algo porque mientras hablaba con doña Estirada, mi estómago parecía un león con tanto rugido.
Abrí la puerta.
-¡Ronny, ya estoy en casa!
-¡Ya era hora, me muero de hambre!
-¡Enseguida subo!
-¡Date prisa!
Saqué la comida de la bolsa y la coloqué en unos platos que luego puse sobre una bandeja. Puse unos refrescos y subí hasta la habitación de mi hermano que estaba en la cama.
-Aquí traigo la cena, lo siento si está fría pero es que doña Estirada no me dejaba en paz.
-¿Doña Estirada?
-Sí, es el nuevo nombre de mi ex, Giovanna.
-¿Tu ex? ¿Lo dejaste al fin?
Vaya hombre, otro que no veía con buenos ojos la relación, ahora va a ser que estaba ciego y no veía la realidad. ¿Es que nadie me podía quitar la venda de los ojos?
-Sí, ya no soportaba sus estúpidos celos. Le hizo un desplante a Artemisa cuando ya estábamos llegando aquí y la pobre chavala sin deber la culpa de la gran imaginación de la otra. Por cierto, mañana hablaré con ella, alguien tendrá que disculparse con ella y ten por seguro que Giovanna no lo hará.
Mi hermano cogió su plato y comenzó a comer.
-¿Te preocupa mucho lo que pueda pensar Artemisa?
Miré a Ronny sin comprender muy bien qué quería decir. No pude evitar fruncir el ceño.
-No sé a qué te refieres- y era verdad. Ronny parecía hablar a veces como un profesor de matemáticas de los malos a los que no se les entiende ni papa. Los traumas del pasado te llevan a tales comparaciones.
-Bueno, desde que Artemisa se ha mudado no pareces el mismo. Diría incluso que has madurado un poco.
-¡Eh!
¿A qué venía eso? Yo soy un tipo maduro y con los pies en el suelo, bueno, tampoco es que podamos tener los pies en otro sitio que no sea el suelo, es lo que tiene la gravedad de la Tierra.
-Es verdad, no lo niegues. Antes no hacías más que preocuparte de que estuviese bien y te pasabas casi las veinticuatro horas pegado a mí, ahora te tengo que ver sólo un par de horas al día. Te veo más serio, más... maduro. Y sinceramente me alegro de que estés cambiando, Giovanna no te hacía ningún bien, amigo.
¿De verdad había cambiado tanto desde la llegada de Artemisa? ¿Qué podría haber hecho ella para que se produjera semejante cambio en mí?

Capítulo 14 (parte 1) (Por Stefan)

Nunca imaginé encontrármela allí trabajando. Ni siquiera sabía que había encontrado uno. Miré a Tim.
-¿Cómo es que buscábais a gente para trabajar aquí? Me lo hubieras dicho.
-En realidad no buscábamos a nadie pero cuando mi padre la vio, la contrató, como si quisiera tenerla cerca por alguna extraña razón.
-¿Y qué razón podría ser esa?
-La verdad es que no lo sé, yo cuando los vi hablando, mi padre la miraba sorprendido, como si la conociese de algo o al menos eso me pareció a mí.
Mi ceño se frunció.
-¿Conocerla? Hasta donde yo sé, ella es nueva aquí en el pueblo.
-Lo sé, al igual que sus amigas pero no sé, el viejo parecía confuso.
-Es raro...
-Muy raro, amigo- me dijo Tim mientras limpiaba una jarra de cerveza.
Me encogí de hombros.
-Pues no sé...
No tuve que esperar mucho tiempo por Artemisa ya que al momento apareció sin el uniforme del trabajo puesto y me sonrió. La verdad es que cada vez que sonreía, me parecía ver una extraña luz a su alrededor. Un aura resplandeciente que me ilumina y me atrapa para darme calidez.
-Ya estoy, podemos irnos- me dijo y luego miró a Tim- buenas noches, Tim, nos vemos mañana.
-Tenlo por seguro, es lo que tiene trabajar que nos tenemos que ver la cara todos los días...
La risa de Artemisa me produjo una sensación indescriptible, era una deliciosa sinfonía como si no fuese de este mundo.
Tras las despedidas de rigor, salimos de allí, ella cargando con su bolso y yo con mi comida. Íbamos callados pero que pronto cortó.
-¿Cómo está Ronny?- me preguntó.
-Bien, dice que a veces siente las piernas lo que nos da esperanzas de que vuelva a caminar.
-¿Sigue sin recordar qué pasó el día del accidente?
Sólo pude asentir.
-Lo tiene realmente frustrado, dice que cuando intenta llegar al momento del accidente, se encuentra con un muro que le impide acceder a ese recuerdo. Los médicos dicen que es debido al trauma y que su mente se niega a recordar algo tan traumático y doloroso como el accidente y la muerte de nuestro hermano.
-Entiendo... ¿dónde estabas tú cuando sucedió todo?
-Trasladando unas cosas que se quedaron en la casa de mis padres y que no había podido ir a recoger antes. Cuando me llamaron, no pude creerlo, Airam era de lo más precavido cuando iba en la moto, no solía hacer ninguna locura, no entiendo qué pudo pasar aquel día.
-¿Te comunicaron al instante que tu hermano estaba muerto?
-No, me enteré en el hospital, estaba vivo cuando llegó pero no pudo soportar las hemorragias internas y murió. Ronny también estuvo bastante mal durante un tiempo y creí que también lo iba a perder pero por suerte logró sobrevivir.
-Se ve que es fuerte.
-Sí, el más fuerte de todos, mis padres estaban destrozados y yo ni siquiera pude decirle nada a mi hermano Airam, ojalá pudiese volver a verlo una sola vez para decirle que lo echo de menos y que no tenía derecho a abandonarnos como lo hizo.
Ella me miró y me cogió la mano con delicadeza para darme un ligero apretón.
-Estoy segura de que él te está viendo y está tanto contigo como con Ronny...
-Sí pero no es lo mismo, él puede estar viéndome pero yo no y lo que más quiero es ver a mi hermano por última vez y despedirme.
Me estaba poniendo demasiado triste al hablar de esta situación que me carcome por las noches porque cuando me mudé, se enfadó conmigo justamente por eso, porque me iba y no lo vi más tras aquella discusión. No me atreví ni a mirar en su ataúd porque si lo veía me llevaría el peor de los golpes.
Sentí la mano de Artemisa en mi mejilla para limpiar una lágrima que había escapado de mis ojos y sonrió con tristeza.
-Quizás no te valga de mucho pero si te está viendo, te habrá escuchado todo lo que me ha dicho y podrá descansar en paz.
-Es posible- dije tratando de sonreír.
-Pues no te pongas triste, te lo ruego, no me gusta verte así de afligido.
Asentí y rápidamente cambiamos de tema. Nunca había hablado del tema de mi hermano con nadie que no fuera Ronny y al hacerlo con ella, sentía que podía confiarle toda mi vida. Pondría la mano en el fuego asegurando que ella no iría contando todos mis problemas a nadie.
Era una chica que me hacía reír, no como Giovanna que lo único que sabía hacer era echarme en cara mis pocas salidas sin ella y sus celos incontrolables.
No sé qué hacía saliendo aún con ella. Tim tenía razón. Ella no estaba bien de la cabeza. Quizás debería dejarla de una vez por todas, esta relación no nos beneficia a ninguno de los dos y para estar mal, mejor no estar.
Todos estos pensamientos hicieron que desatendiera la conversación con Artemisa por unos instantes.
-Stefan... ¿estás bien?- me preguntó.
Yo salí de mi ensimismamiento y la miré.
-¿Eh? Ah sí, sí estoy bien.
-¿De verdad? Parecías un poco ido.
-Es que pensaba en Giovana.
-Tu novia ¿no?
-Exacto... es muy celosa y fijo monta escenitas que verdaderamente hacen que te sientas avergonzado.
-Ya veo... ¿y por qué no la has dejado antes?
-La esperanza de que algún día cambiase...- dije suspirando- pero ella no cambiará nunca.
-¿Has hablado con ella del tema?
-Lo intento pero no me hace caso... mientras más se lo digo, más pasa ella del tema.
-Entonces déjala, no tienes que seguir una relación que no lleva a nada.
-Es lo que pensaba- dije sonriendo.
Ya nos acercábamos a nuestras casas cuando la vi frente a mi puerta con los brazos cruzados. Por más que tocaba el timbre, nadie podría abrirle la puerta puesto que Ronny no podía bajar las escaleras.
Se giró y al verme, se acercó a mí completamente enfadada al ver que iba acompañado de Artemisa.
-¡A ti te quería ver yo!- me gritó en plena cara lo que me hizo fruncir el ceño ante su voz de pito.
-Hola, ¿cómo estás? Bien, gracias- dije con ironía. Al menos podía haberme dicho hola como las personas normales.
Ah, se me olvidaba, ella no era normal, era una desquiciada. Me miró frunciendo el ceño.
-No estoy para bromas, Stefan...- miró a Artemisa y enseguida vi en su mirada los celos carcomiéndola- ¿se puede saber quién es esta?- preguntó señalándola.
-Ella es Artemisa, mi vecina.
-¿Artemisa? ¿Qué ridículo nombre es ese?
-El nombre que me pusieron, yo no lo elijo- dijo Artemisa como si eso no le afectara de ninguna forma, luego me miró- será mejor que os deje a solas, Isis y Adara deben de estar esperándome para cenar. Ya nos veremos.
-Adiós- le dije y la vi marchar hacia su casa mientras que yo me tuve que quedar allí plantado ante doña Estirada que me miraba con el ceño fruncido y con los brazos cruzados.

lunes, 3 de enero de 2011

Capítulo 13 (parte 2)

Pasaron varios días desde que sucedió todo lo de la trampa en Verona en la cual estuvimos a punto de ver caer a mi amiga Adara pero por suerte conseguimos salvarla a tiempo y aunque sus alas no volvieron a ser blancas del todo, ella volvía a ser la misma de siempre, sin una pizca de maldad en su cuerpo.
Lo único que evidenciaba todo lo sucedido era aquella mancha del tamaño de un puño que lucía en una de sus alas y que no se había ido. Al principio nos preocupamos por ello pero al ver que Adara no mostraba ningún signo que evidencia que esa mancha no era buena, decidimos volver a la Tierra y ponernos a buscar trabajo.
La fiebre que me produjo estar a la intemperie después de vomitar, se me pasó casi al poco tiempo. Aún al pensar en las palabras de Afrodita siento arcadas pero logro controlarme. Mi odia hacia Badariel se incrementó aún más porque me engañó. Hizo que me enamorara de él y lo que él pretendía era violarme.
Pero lo mejor es olvidar ese tema y centrarme en mis dos protegidos y en mi trabajo. Busqué en varios sitios hasta que encontré uno en una cafetería de camarera. Era más bien un restaurante familiar y bastante acogedor. Tenía una zona donde los niños podían jugar después de comer. Los fines de semana por la noche suelen haber actuaciones de grupos del lugar que comenzaban a hacer sus pinitos.
Todos eran bastante amables conmigo puesto que al ser la nueva aún no me adecuaba al lugar pero a medida que pasaban las horas allí, llegué a sentirme como si hubiese estado trabajando toda la vida en ese lugar.
El uniforme era bastante sencillo. Los hombres llevaban pantalones largos oscuros con una camiseta de color rojo que tenía el logo del restaurante. Las chicas llevábamos los pantalones tipo pirata con la misma camiseta y el delantal donde teníamos el bloc y el bolígrafo.
Algunos chicos también lo llevaban. Los que estaban en la barra se encargaban de cobrar, avisar a la cocina y servir a los que decidían comer solos en aquel sitio.
-¿Todo bien, Artemisa?- me preguntó Janet, una joven de cabellos pelirrojos y cara de duendecillo donde sus ojos de color verde destacaban al igual que las pequitas que tenía en las mejillas.
Yo sonreí y asentí.
-Perfectamente- le dije- pensé que iba a ser más difícil- y era verdad, esto de servir mesas llevando tantos platos juntos podría suponer un peligro para alguien que no dominara este arte.
-Una vez que te acostumbras ya está, esto es como ir en bicicleta, desde que aprendes ya no lo olvidas nunca- dijo antes de lanzarme una sonrisa e ir hacia una de las mesas para servir los cuatro platos de comida para una pequeña familia que al parecer eran turistas y en la guía del lugar hablaban muy bien de este sitio.
Me acerqué a la barra para dejar el pedido de una de las mesas.
-Eh, Tim, aquí tienes el pedido de la mesa ocho- dije mientras cogía unos vasos y las bebidas.
Tim era un chico joven de pelo corto oscuro y ojos oscuros, hijo del dueño del lugar. Cuando me vio me sonrió y cogió la nota para dársela al cocinero.
-Te adaptas rápido ¿eh?
-Eso parece- dije yo poniendo unos cubitos de hielo en los vasos y sonriendo- y qué remedio, si quiero cobrar a fin de mes tendré que adaptarme rápido y evitar romper algún plato o vaso.
Tim soltó una carcajada.
-Qué razón tienes, mi padre es bastante estricto con ese tema, Ya a mí me ha descontado de mi sueldo tres platos y cinco vasos.
-Pues ten cuidado entonces- le dije yo- bueno, voy a llevar estas bebidas.
Tim asintió y me dirigí a la mesa con una sonrisa.
El jefe había salido de la cocina y me miraba fijamente como si me conociera de algo pero era casi imposible, nunca nos habíamos visto antes y eso me mosqueaba un poco.
Preferí no darle mucha importancia a esa cuestión porque la puerta se abrió y apareció Stefan que venía a por algo de comida para él y para su hermano para llevar, algo que sería habitual durante mi estancia allí.
Este se acercó a la barra y le pidió a Tim lo que se iba a llevar.
-Vaya, Stefan, hacía tiempo que no te veía por aquí- le dijo Tim.
-Ya sabes que tengo que estar en casa por si mi hermano me necesita...- dijo algo apesadumbrado.
-Sí pero ya apenas sales con nosotros, con los colegas, se te echa de menos. Giovanna cualquier día me va a volver loco con tanta pregunta sobre ti.
-Pero si la llamo todos los días...
-Pues no sé, tío. Giovanna nunca ha estado muy bien de la cabeza. Ve cosas donde no las hay. No sé cómo consigues aguantarla con todos los numeritos de celos que te ha montado.
-Yo tampoco lo sé, Tim.
Me acerqué a la barra y saludé a Stefan sintiéndome un poco culpable de haber oído la conversación.
-Stefan, qué sorpresa verte aquí- dije mirándolo.
Él me miró con, con cara sorprendida, antes de mirarme de arriba abajo.
-¿Artemisa? ¿Trabajas aquí?
-Empecé hace poco, la verdad.
-Vaya, no pensé encontrarte aquí- dijo él.
Tim nos miró a ambos y enarcó una ceja.
-¿Os conocéis?- preguntó, confuso.
-Somos vecinos- dijo Stefan, hace unas semanitas que se mudó a la casa de al lado.
-Vaya coincidencia ¿no?- dijo Tim.
-Bastante, no sabía que eras amigo de Stefan- dije yo sonriendo afablemente antes de mirar a mi vecino- ¿tienes mucha prisa?
-No mucha, tengo que esperar a que hagan lo que he pedido para llevármelo.
-Mi turno acaba dentro de poco así que podemos volver juntos.
Y de paso protegerlo de algún posible ataque de alguno de los amiguitos Caídos.
-Vale, me parece bien.
Cogí los platos de la mesa pendiente.
-Termino de servir esa mesa y me cambio.
Él asintió y yo me fui a servir la mesa.

Capítulo 13 (parte 1)

Todas miramos hacia la puerta y nos encontramos con Afrodita que nos miraba apoyada en el marco.
-¿Qué?- pregunté confusa.
-La inocencia que desprendías era lo que atraía a Badariel hacia ti.
-¿Qué es lo que estás diciendo? No te entiendo.
-Los Caídos buscan chicas inocentes para seducirlas y dejarlas embarazadas. De ahí nacen los Nefilim. Badariel quería dejar su semilla en ti para tener descendencia maldita.
-¿Quieres decir que quería convertirla en una mujer maldita a causa de sus hijos?- preguntó Isis sorprendida.
-Exactamente y el destino que le hubiese esperado hubiese sido el mismo después de haber tenido al primer Nefilim. La muerte acusada de herejía. Nadie podía salvarte de ese destino maldito... Badariel era uno de los Caídos más poderosos a la hora de engendrar Nefilim, era, por decirlo de alguna forma, el encargado de crear Nefilims aparte de las otras cosas que hacen los Caídos.
Mi cuerpo tembló ante esa revelación y me agarré con fuerza a la cama. Quería convertirme en una mujer maldita que traería al mundo a un ser horrible: un Nefilim.
Noté que Isis intentaba sujetarme por miedo a que me cayera. Levanté la mirada para mirar a Afrodita. Después de contar esto, permanecía igual que siempre, no cambió su semblante sereno.
Tenía ganas de vomitar. Me llevé una mano al vientre como si me doliese y salí corriendo de la habitación. En el pasillo me choqué con alguien pero no le di importancia sino que seguí corriendo hasta estar lejos de todos. Me interné en el bosque y vomité todo lo que tenía en mi estómago.
Después de echarlo todo, caí de rodillas al lado de los vómitos con una mano en la boca intentando contener las ganas de gritar ante lo que podía haber sucedido.
Alguien se acercó por detrás y me giré. Ante mí vi a Airam que me miraba preocupado.
-¿Te pasa algo, Artemisa?
Sin saber muy bien por qué, me abracé a él. Necesitaba algo de consuelo después de tan dura noticia. Atrapé su camiseta entre mis manos mientras notaba las lágrimas ardientes correr por mis frías mejillas. Seguro que estaba muy pálida.
-Mi destino estuvo escrito en todo momento. Iba a morir en la hoguera de todas maneras...
-¿De qué hablas?
-Badariel quería que yo engendrara a sus Nefilims. Quería que fuera una mujer maldita...
Airam me apartó un poco para mirarme a la cara. Yo no quería que me mirara, sólo quería un poco se consuelo.
-¿Qué has dicho?
-Mi destino ya estaba sellado, iba a acabar aquí de todas formas...- bajé la cabeza.
-Tranquila, Artemisa, estás muy nerviosa, te va a dar algo.
-Ojalá me dé algo para ir al Más Allá. Yo nunca quise esto, Airam, nunca.
-Pero eres una de las mejores Ninfas que tenemos aquí en los Cielos, ¿no te hace eso sentir orgullosa?
-Intento ser la mejor para pagar mi deuda por haberme dejado vivir todos este tiempo y así pasar al Más Allá.
-¿No quieres seguir viviendo?
-Claro que quiero seguir viviendo pero no así... si tengo que vivir quiero hacerlo como una mortal normal y corriente...
-Si después de tanto tiempo no te han concedido tu deseo, no creo que lo hagan ahora.
-Eso es lo que más me jode, que nunca voy a poder estar en paz.
Airam me abrazó con cariño mientras me daba leves golpecitos en la espalda para consolarme mientras yo me desahogaba. Cuando acabé de llorar, intenté levantarme pero al haber vomitado me había dejado bastante débil porque no tenía nada en el estómago.
-¿Estás bien?
-No, eché toda la comida ahora y no tengo muchas fuerzas...
-Entonces te llevaré al anexo para que te den algo de comer, ¿te parece?
No tenía fuerzas para negarme así que él me cogió entre sus brazos y me llevó hasta el anexo donde Isis esperaba preocupada.
Al vernos llegar, la oí suspirar aliviada y se acercó a nosotros.
-¿Estás bien?- me preguntó.
-La encontré en el bosque, ha vomitado y no tiene muchas fuerzas...- explicó Airam ya que yo no tenía fuerzas para hablar.
No sé muy bien por qué pero me entró mucho frío y comencé a tiritar. El frío de aquí es impresionante. Isis me tocó la frente.
-Tiene fiebre... habrá cogido frío en el bosque.
-Probablemente.
-Llevémosla dentro- volvió a mirarme- Artie, no sales de una para meterte en otra.
Intenté sonreír ante aquella frase porque la verdad es que tenía bastante razón. No hace mucho salgo con vida de una caída segura hacia el Infierno por culpa de una herida y ahora que me entero de la verdad de las razones que llevaron a Badariel a conquistarme, me pongo enferma.
La suerte no me está acompañando mucho durante estos días, la verdad. Sólo espero que esta racha acabe pronto. Empiezo a estar cansada de venir siempre aquí.
Airam me llevó a una habitación y me cubrió con una manta en lo que Isis iba a buscarme algo para comer.
-¿Mejor?
Asentí, con la manta me sentía un poco mejor porque me cobijaba del frío. Me senté acurrucada y cubrí todo mi cuerpo con la manta mientras él se sentaba a mi lado.
De repente, sonreí al darme cuenta de una cosa. Vaya, parece que estando enferma tengo más percepción de lo que hay a mi alrededor.
-Te gusta Isis- dije.
Él abrió los ojos, sorprendido a la vez que colorado.
-¿Qué?
-Vi cómo la mirabas ahora, ¿qué pasó en Verona? Que yo sepa, la ciudad del amor es París, no Verona y mucho menos una iglesia abandonada...
Llevó una de sus manos a mi frente.
-Creo que estás delirando...- dijo él.
Le aparté la mano.
-No estoy delirando, es la verdad, Venga, dime qué pasó...
-No pasó nada, Artemisa, nada de nada, ¿qué iba a pasar cuando uno está encadenado con la cabeza a punto de estallarle por el dolor? Me golpearon en la cabeza, me dolía horrores...
-Cuando le curaste la herida de la mano no te dolía la cabeza...- dije recordando el momento en el que decidí ir a la Tierra para hablar con Stefan y Ronny.
-Bueno, no creo que pudiese curarse sola.
Fruncí el ceño.
-¿Seguro? No sé si sabes que la otra mano la tenía bien.
-¿Podemos cambiar de tema?- preguntó bruscamente.
Yo levanté las manos en señal de rendición.
-De acuerdo, no te atosigaré pero tarde o temprano me contarás qué te cueces con una de mis mejores amigas.
En ese momento apareció Isis con un plato de comida para mí y que me vi obligada a comer a pesar de que el estómago me dolía después de la vomitona.
Al acabar, me acosté hasta dormirme.