lunes, 3 de enero de 2011

Capítulo 13 (parte 1)

Todas miramos hacia la puerta y nos encontramos con Afrodita que nos miraba apoyada en el marco.
-¿Qué?- pregunté confusa.
-La inocencia que desprendías era lo que atraía a Badariel hacia ti.
-¿Qué es lo que estás diciendo? No te entiendo.
-Los Caídos buscan chicas inocentes para seducirlas y dejarlas embarazadas. De ahí nacen los Nefilim. Badariel quería dejar su semilla en ti para tener descendencia maldita.
-¿Quieres decir que quería convertirla en una mujer maldita a causa de sus hijos?- preguntó Isis sorprendida.
-Exactamente y el destino que le hubiese esperado hubiese sido el mismo después de haber tenido al primer Nefilim. La muerte acusada de herejía. Nadie podía salvarte de ese destino maldito... Badariel era uno de los Caídos más poderosos a la hora de engendrar Nefilim, era, por decirlo de alguna forma, el encargado de crear Nefilims aparte de las otras cosas que hacen los Caídos.
Mi cuerpo tembló ante esa revelación y me agarré con fuerza a la cama. Quería convertirme en una mujer maldita que traería al mundo a un ser horrible: un Nefilim.
Noté que Isis intentaba sujetarme por miedo a que me cayera. Levanté la mirada para mirar a Afrodita. Después de contar esto, permanecía igual que siempre, no cambió su semblante sereno.
Tenía ganas de vomitar. Me llevé una mano al vientre como si me doliese y salí corriendo de la habitación. En el pasillo me choqué con alguien pero no le di importancia sino que seguí corriendo hasta estar lejos de todos. Me interné en el bosque y vomité todo lo que tenía en mi estómago.
Después de echarlo todo, caí de rodillas al lado de los vómitos con una mano en la boca intentando contener las ganas de gritar ante lo que podía haber sucedido.
Alguien se acercó por detrás y me giré. Ante mí vi a Airam que me miraba preocupado.
-¿Te pasa algo, Artemisa?
Sin saber muy bien por qué, me abracé a él. Necesitaba algo de consuelo después de tan dura noticia. Atrapé su camiseta entre mis manos mientras notaba las lágrimas ardientes correr por mis frías mejillas. Seguro que estaba muy pálida.
-Mi destino estuvo escrito en todo momento. Iba a morir en la hoguera de todas maneras...
-¿De qué hablas?
-Badariel quería que yo engendrara a sus Nefilims. Quería que fuera una mujer maldita...
Airam me apartó un poco para mirarme a la cara. Yo no quería que me mirara, sólo quería un poco se consuelo.
-¿Qué has dicho?
-Mi destino ya estaba sellado, iba a acabar aquí de todas formas...- bajé la cabeza.
-Tranquila, Artemisa, estás muy nerviosa, te va a dar algo.
-Ojalá me dé algo para ir al Más Allá. Yo nunca quise esto, Airam, nunca.
-Pero eres una de las mejores Ninfas que tenemos aquí en los Cielos, ¿no te hace eso sentir orgullosa?
-Intento ser la mejor para pagar mi deuda por haberme dejado vivir todos este tiempo y así pasar al Más Allá.
-¿No quieres seguir viviendo?
-Claro que quiero seguir viviendo pero no así... si tengo que vivir quiero hacerlo como una mortal normal y corriente...
-Si después de tanto tiempo no te han concedido tu deseo, no creo que lo hagan ahora.
-Eso es lo que más me jode, que nunca voy a poder estar en paz.
Airam me abrazó con cariño mientras me daba leves golpecitos en la espalda para consolarme mientras yo me desahogaba. Cuando acabé de llorar, intenté levantarme pero al haber vomitado me había dejado bastante débil porque no tenía nada en el estómago.
-¿Estás bien?
-No, eché toda la comida ahora y no tengo muchas fuerzas...
-Entonces te llevaré al anexo para que te den algo de comer, ¿te parece?
No tenía fuerzas para negarme así que él me cogió entre sus brazos y me llevó hasta el anexo donde Isis esperaba preocupada.
Al vernos llegar, la oí suspirar aliviada y se acercó a nosotros.
-¿Estás bien?- me preguntó.
-La encontré en el bosque, ha vomitado y no tiene muchas fuerzas...- explicó Airam ya que yo no tenía fuerzas para hablar.
No sé muy bien por qué pero me entró mucho frío y comencé a tiritar. El frío de aquí es impresionante. Isis me tocó la frente.
-Tiene fiebre... habrá cogido frío en el bosque.
-Probablemente.
-Llevémosla dentro- volvió a mirarme- Artie, no sales de una para meterte en otra.
Intenté sonreír ante aquella frase porque la verdad es que tenía bastante razón. No hace mucho salgo con vida de una caída segura hacia el Infierno por culpa de una herida y ahora que me entero de la verdad de las razones que llevaron a Badariel a conquistarme, me pongo enferma.
La suerte no me está acompañando mucho durante estos días, la verdad. Sólo espero que esta racha acabe pronto. Empiezo a estar cansada de venir siempre aquí.
Airam me llevó a una habitación y me cubrió con una manta en lo que Isis iba a buscarme algo para comer.
-¿Mejor?
Asentí, con la manta me sentía un poco mejor porque me cobijaba del frío. Me senté acurrucada y cubrí todo mi cuerpo con la manta mientras él se sentaba a mi lado.
De repente, sonreí al darme cuenta de una cosa. Vaya, parece que estando enferma tengo más percepción de lo que hay a mi alrededor.
-Te gusta Isis- dije.
Él abrió los ojos, sorprendido a la vez que colorado.
-¿Qué?
-Vi cómo la mirabas ahora, ¿qué pasó en Verona? Que yo sepa, la ciudad del amor es París, no Verona y mucho menos una iglesia abandonada...
Llevó una de sus manos a mi frente.
-Creo que estás delirando...- dijo él.
Le aparté la mano.
-No estoy delirando, es la verdad, Venga, dime qué pasó...
-No pasó nada, Artemisa, nada de nada, ¿qué iba a pasar cuando uno está encadenado con la cabeza a punto de estallarle por el dolor? Me golpearon en la cabeza, me dolía horrores...
-Cuando le curaste la herida de la mano no te dolía la cabeza...- dije recordando el momento en el que decidí ir a la Tierra para hablar con Stefan y Ronny.
-Bueno, no creo que pudiese curarse sola.
Fruncí el ceño.
-¿Seguro? No sé si sabes que la otra mano la tenía bien.
-¿Podemos cambiar de tema?- preguntó bruscamente.
Yo levanté las manos en señal de rendición.
-De acuerdo, no te atosigaré pero tarde o temprano me contarás qué te cueces con una de mis mejores amigas.
En ese momento apareció Isis con un plato de comida para mí y que me vi obligada a comer a pesar de que el estómago me dolía después de la vomitona.
Al acabar, me acosté hasta dormirme.

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