lunes, 3 de enero de 2011

Capítulo 13 (parte 2)

Pasaron varios días desde que sucedió todo lo de la trampa en Verona en la cual estuvimos a punto de ver caer a mi amiga Adara pero por suerte conseguimos salvarla a tiempo y aunque sus alas no volvieron a ser blancas del todo, ella volvía a ser la misma de siempre, sin una pizca de maldad en su cuerpo.
Lo único que evidenciaba todo lo sucedido era aquella mancha del tamaño de un puño que lucía en una de sus alas y que no se había ido. Al principio nos preocupamos por ello pero al ver que Adara no mostraba ningún signo que evidencia que esa mancha no era buena, decidimos volver a la Tierra y ponernos a buscar trabajo.
La fiebre que me produjo estar a la intemperie después de vomitar, se me pasó casi al poco tiempo. Aún al pensar en las palabras de Afrodita siento arcadas pero logro controlarme. Mi odia hacia Badariel se incrementó aún más porque me engañó. Hizo que me enamorara de él y lo que él pretendía era violarme.
Pero lo mejor es olvidar ese tema y centrarme en mis dos protegidos y en mi trabajo. Busqué en varios sitios hasta que encontré uno en una cafetería de camarera. Era más bien un restaurante familiar y bastante acogedor. Tenía una zona donde los niños podían jugar después de comer. Los fines de semana por la noche suelen haber actuaciones de grupos del lugar que comenzaban a hacer sus pinitos.
Todos eran bastante amables conmigo puesto que al ser la nueva aún no me adecuaba al lugar pero a medida que pasaban las horas allí, llegué a sentirme como si hubiese estado trabajando toda la vida en ese lugar.
El uniforme era bastante sencillo. Los hombres llevaban pantalones largos oscuros con una camiseta de color rojo que tenía el logo del restaurante. Las chicas llevábamos los pantalones tipo pirata con la misma camiseta y el delantal donde teníamos el bloc y el bolígrafo.
Algunos chicos también lo llevaban. Los que estaban en la barra se encargaban de cobrar, avisar a la cocina y servir a los que decidían comer solos en aquel sitio.
-¿Todo bien, Artemisa?- me preguntó Janet, una joven de cabellos pelirrojos y cara de duendecillo donde sus ojos de color verde destacaban al igual que las pequitas que tenía en las mejillas.
Yo sonreí y asentí.
-Perfectamente- le dije- pensé que iba a ser más difícil- y era verdad, esto de servir mesas llevando tantos platos juntos podría suponer un peligro para alguien que no dominara este arte.
-Una vez que te acostumbras ya está, esto es como ir en bicicleta, desde que aprendes ya no lo olvidas nunca- dijo antes de lanzarme una sonrisa e ir hacia una de las mesas para servir los cuatro platos de comida para una pequeña familia que al parecer eran turistas y en la guía del lugar hablaban muy bien de este sitio.
Me acerqué a la barra para dejar el pedido de una de las mesas.
-Eh, Tim, aquí tienes el pedido de la mesa ocho- dije mientras cogía unos vasos y las bebidas.
Tim era un chico joven de pelo corto oscuro y ojos oscuros, hijo del dueño del lugar. Cuando me vio me sonrió y cogió la nota para dársela al cocinero.
-Te adaptas rápido ¿eh?
-Eso parece- dije yo poniendo unos cubitos de hielo en los vasos y sonriendo- y qué remedio, si quiero cobrar a fin de mes tendré que adaptarme rápido y evitar romper algún plato o vaso.
Tim soltó una carcajada.
-Qué razón tienes, mi padre es bastante estricto con ese tema, Ya a mí me ha descontado de mi sueldo tres platos y cinco vasos.
-Pues ten cuidado entonces- le dije yo- bueno, voy a llevar estas bebidas.
Tim asintió y me dirigí a la mesa con una sonrisa.
El jefe había salido de la cocina y me miraba fijamente como si me conociera de algo pero era casi imposible, nunca nos habíamos visto antes y eso me mosqueaba un poco.
Preferí no darle mucha importancia a esa cuestión porque la puerta se abrió y apareció Stefan que venía a por algo de comida para él y para su hermano para llevar, algo que sería habitual durante mi estancia allí.
Este se acercó a la barra y le pidió a Tim lo que se iba a llevar.
-Vaya, Stefan, hacía tiempo que no te veía por aquí- le dijo Tim.
-Ya sabes que tengo que estar en casa por si mi hermano me necesita...- dijo algo apesadumbrado.
-Sí pero ya apenas sales con nosotros, con los colegas, se te echa de menos. Giovanna cualquier día me va a volver loco con tanta pregunta sobre ti.
-Pero si la llamo todos los días...
-Pues no sé, tío. Giovanna nunca ha estado muy bien de la cabeza. Ve cosas donde no las hay. No sé cómo consigues aguantarla con todos los numeritos de celos que te ha montado.
-Yo tampoco lo sé, Tim.
Me acerqué a la barra y saludé a Stefan sintiéndome un poco culpable de haber oído la conversación.
-Stefan, qué sorpresa verte aquí- dije mirándolo.
Él me miró con, con cara sorprendida, antes de mirarme de arriba abajo.
-¿Artemisa? ¿Trabajas aquí?
-Empecé hace poco, la verdad.
-Vaya, no pensé encontrarte aquí- dijo él.
Tim nos miró a ambos y enarcó una ceja.
-¿Os conocéis?- preguntó, confuso.
-Somos vecinos- dijo Stefan, hace unas semanitas que se mudó a la casa de al lado.
-Vaya coincidencia ¿no?- dijo Tim.
-Bastante, no sabía que eras amigo de Stefan- dije yo sonriendo afablemente antes de mirar a mi vecino- ¿tienes mucha prisa?
-No mucha, tengo que esperar a que hagan lo que he pedido para llevármelo.
-Mi turno acaba dentro de poco así que podemos volver juntos.
Y de paso protegerlo de algún posible ataque de alguno de los amiguitos Caídos.
-Vale, me parece bien.
Cogí los platos de la mesa pendiente.
-Termino de servir esa mesa y me cambio.
Él asintió y yo me fui a servir la mesa.

3 comentarios:

  1. Sta muy bien, sobretodo el cambio y el paso del time, te kedo wapo!! Sigue asi, spero cn ansia mas accion!!! jaja besitos!!!
    Adara

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  2. me alegro k t gustara si la semana k viene k hago un añito con el blog probablemente haya un pelin de accion jejejeje

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  3. Muy bueno el capitulo, poco a poco vamos enterandonos de mas cosas de la historia de Artemisa :P, sigue asi que vas muy bien pero no te dejes ir tanto jajaaja. Besos

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