domingo, 15 de mayo de 2011

Capítulo 17 (parte 2) (Por Isis)

Había cerrado los ojos por unos instantes mientras pensaba qué criatura podía ser cuando noté un calor atravesando las heridas de mi pecho. El escozor me hizo sisear pero aún así lo soporté lo mejor que pude. Miré las manos de Airam que aplicaban el método de curación totalmente concentrado y con una mirada cargada de de culpablidad, lo que me hizo sospechar qué es lo que estaba pensando en esos momentos.

-Tú no tienes la culpa, Airam, si no hubiese salido a tirar la basura, probablemente hubieras desaparecido...

-Hubiese preferido desaparecer a esto que te han hecho.

-¿Entonces quién cuidaría de tus hermanos aparte de Artemisa? Parece ser que visitarlos en medio de la noche es unas costumbre que tienes. No podía dejar que tus hermanos no te tuviesen cerca aunque no te pudiesen ver.

-Espero que puedas perdonarme.

-No hay nada que perdonar, yo me metí sola en este asunto. Olvídalo ¿vale?

Airam negó con la cabeza, las heridas se cerraban con rapidez aunque con demasiado dolor y escozor. Cuando ya estuvieron curadas, pasó a las del vientre. Estas, al ser solo unos pequeños agujeros se curaron más rápidamente aunque con igual intensidad de dolor.

-Lo siento...

Me incorporé lentamente mientras miraba los lugares donde antes habían estado las heridas. No había quedado ni una cicatriz.

-Mi turno- le dije acercando mis manos a la herida de su cuello que aún sangraba.

Concentré todo mi poder curativo para transmitirlo a la herida y poco a poco fue cerrándose.

Una vez completamente curado, me fijé en que tenía la camiseta manchada de sangre por lo que fui a la cocina a por un paño mojado con el que limpiar la mancha.

Airam, por alguna razón que no supe identificar aunque lo sospechaba, tenía la mirada baja y entristecida.

Me senté frente a él y cogí la camiseta. La mancha estaba a la altura del corazón ya. Cuando cogí la camiseta y acerqué el paño para limpiarla, mis nudillos rozaron su piel y sentí un calambrazo que me hizo dar todo vueltas. Cerré los ojos y cuando los abrí me vi sentada en una moto que iba a una velocidad estable.

Alguien se agarraba a mi cintura y al mirar, vi al hermano de Airam...

-Ya casi estamos- me dijo él a través del casco que llevaba y yo a pesar de tener otro puesto, logré entenderle.

Asentí.

Estábamos yendo por una carretera de dos carriles en la misma dirección y me sorprendí al ver que un coche rojo venía de frente haciendo eses. Intenté pasarme de carril rápidamente pero tardé demasiado y la moto chocó contra el coche.

Todo fue demasiado rápido, salí disparada de la moto y caí en medio de la carretera. Con dolor, intenté incorporarme y conseguí levantarme pero al mirar de frente, otro coche que intentaba frenar me atropelló lo que hizo que chocara contra el cristal de este haciendo que se rompiera.

Intenté protegerme de los cristales cuando caí al suelo y un gran dolor se apoderó de todo mi cuerpo.

Mis pulmones se negaban a funcionar correctamente y me faltaba el aire. Giré la cabeza a un lado y vi a Ronny tirado en el suelo, inmóvil.

Estiré mi mano intentando llegar a él pero era imposible. La distancia que nos separaba era amplia.

Mi visión se estaba tornando borrosa, no podía respirar, el dolor en mi cuerpo era insoportable, solo quería descansar para no sentir dolor alguno.

-Ronny...- salió de mis labios con voz ahogada y entonces todo se tornó oscuro.

Abrí los ojos mientras tomaba una gran bocanada de aire, asustada. Miré a Airam que también parecía sorprendido y nos apartamos a la vez el uno del otro.

La sorpresa se reflejaba en el rostro de él y supongo que la mía también reflejaría lo mismo. Había visto cómo había muerto.

-Lo vi todo...- susurré.

-¿Todo?- me preguntó él.

Asentí.

-Fue sorprendente...

-¿Qué fue lo que pasó?- sus ojos reflejaban miedo pero a al vez esperanza de poder quitarse un peso de encima.

-No tuviste la culpa, Airam...- comencé a decirle- ibas a una velocidad normal por el carril correcto.

-¿Entonces?

-Fue un coche que venía en dirección contraria, no pudiste apartarte a tiempo. Caíste en la carretera y un coche te atropelló porque no le dio tiempo a frenar- me abracé a mí misma sintiendo aún el dolor desgarrador de la agónica muerte de Airam- noté tu dolor, fue una auténtica agonía, no podía respirar y el cuerpo me dolía demasiado.

Airam miró al suelo y se llevó las manos a la cabeza.

-No fui el culpable, Ronny no está así por mi culpa...- lo miré fijamente y vi las lágrimas escapando de sus ojos sin control- no fui yo... yo no tuve la culpa...

sin poder contenerme me acerqué a él y lo abracé mientras él se desahogaba.

Capítulo 17 (parte 1) (Por Isis)

No pude evitar gritar cunado vi a Airam con su propia espada en su cuello. Había salido a tirar la basura que Artemisa se había olvidado de tirar.

Él estaba frente a una joven de alas negras pero no parecían ser las alas de una Ninfa Caída. Tenían aspecto de ser más ásperas y mucho menos sedosas. ¿Serían las de una diablesa?

Necesitaba mi ballesta pero la había dejado en mi habitación para ahora limpiarla, ¿cómo iba a ayudar a Airam si no tenía mi ballesta?

Si quería evitar su desaparición, debía actuar con rapidez por lo que extendí mis alas y volé hasta mi habitación para coger mi ballesta y mi carcaj. Volé con rapidez, maldiciendo el momento en que cogí la habitación del otro extremo de la casa.

Cuando llegué al lugar donde estaban, preparé una de mis flechas mientras ella hablaba con Airam que ya lucía una fea herida en el cuello.

-¡Desaparece, maldito!- gritó histérica la diablesa.

-No si yo puedo evitarlo...- murmuré apuntando con la ballesta.

Sonreí y disparé al lugar que apuntaba.

La diablesa gritó de dolor cuando la flecha se clavó en una de sus alas lo que hizo que perdiera la concentración de lo que pretendía hacer con Airam el cual, por lo que pude ver, apartó la espada de su cuello.

La diablesa se giró hacia mí con una terrible cara de odio que no me achantó en ningún momento.

-¡Maldita! ¡Has dañado mi ala! ¿Cómo te atreves?

-Intentabas matar a Airam y no iba a dejar que lo hicieras.

Noté la mirada de él sobre mí. A pesar de lo poco que nos conocemos, es un compañero de batalla, no quiero verlo desaparecer ante mis ojos.

La diablesa enarcó una ceja y se me acercó amenazadoramente.

-Te voy a arrancar la cabeza- me dijo mostrándome unas largas uñas pintadas de rojo.

-¡No te atrevas!- exclamó Airam.

Tanto ella como yo lo miramos. Sostenía su espada con firmeza apuntando hacia la loca esa.

-¿Cómo?- preguntó ella.

-Lo que has oído. No te atrevas a hacerle nada o si no, seré yo el que acabe contigo.

No pude evitar mirarlo, sorprendida ante semejantes palabras. ¿De verdad haría eso por mí? Nunca antes habían intentado protegerme de esa forma. Siempre me he tenido que buscar la vida sola.

Al ver que la tipa no me miraba, me acerqué volando y le di una patada a la altura de las costillas para derribarla y que cayera al suelo pero tras dársela, no sé cómo lo hizo que me atrapó y puso sus uñas a la altura de mi corazón, aplastando mis alas. Con su otro brazo, oprimía parte de mi torso impidiéndome respirar con normalidad.

La maldita tenía fuerza.

-Así que acabarás conmigo si le hago algo ¿eh? quizás podría hacerle algo así...

Sus uñas se clavaron en mi carne atribuyéndome un dolor atroz que me dejó sin respiración durante unos segundos. Se había clavado justo por encima de mi corazón.

Miré a Airam en busca de ayuda pero solo podía mirarnos. ¿Por qué no se movía? Quise decirle algo pero de mis labios solo salió un intenso grito de dolor al notar cómo esas uñas rasgaban mi piel en cinco líneas que me recorrían de lado a lado.

-¡Basta!- gritó Airam- ¡no sigas!

-¿Por qué no? Es divertido.

Divertido para ella, para mí era una tortura soportar ese horrible dolor.

-Mátala, Airam- le dije e intenté zafarme del agarre de esta psicópata- tienes que matarla.

¿Por qué dudaba? ¿Por qué no se acercaba y la mataba?

-Hazlo y ella desaparecerá conmigo.

-¡No le hagas caso!- le grité.

Sus uñas salieron de mi carne para luego volver a clavarse pero esta vez en el vientre, justo por encima del ombligo.

No podré soportar mucho más este dolor, mi ballesta había caído, seguro que hecha pedazos y mi carcaj se apretaba entre ella y yo, si al menos pudiese coger una y clavársela, podría escapar de sus garras y matarla de paso.

-No podrás conmigo, precioso.

-Déjala, no sigas haciéndole daño...

-Puedo dejarla pero con una condición: que tú vengas conmigo.

La voz de esa diablesa me daba escalofríos, solo de pensar en lo que podría hacerle se me encogía el estómago y me entraban ganas de vomitar.

Airam y yo nos miramos por un momento, mi frente estaba sudorosa a causa del esfuerzo para soportar el dolor y supliqué silenciosamente que no hiciera una locura con tal de salvarme.

Cuando lo vi bajar la espada deseé gritar de rabia e insultarlo por ser tan imbécil al dejarse engañar por una arpía.

Miré a la diablesa la cual sonrió tras sacar sus uñas de mi vientre, me empujó contra el suelo pero yo extendí mis alas y me elvé en el aire en el momento justo en el que Airam se acercaba a la diablesa.

Los ojos de esta eran tan rojos como el fuego. Su aura oscura daba repelús. Por unos instantes me miró y sonrió con malicia.

Enseguida supe lo que iba a pasar. Iba a matarlo delante de mis narices sin poder evitarlo. Negué con la cabeza como si así pudiera convencerla aunque era improbable que algo así sucediese. Tanto los Caídos como los demonios menores no tenían compasión alguna por los demás.

Miré a mi alrededor rápidamente, pronto amanecería y verían la pelea. Al mirar hacia abajo, vi la espada de Airam que había dejado caer en señal de rendición. Volé hasta ella con toda la rapidez de la que fui capaz y la cogí entre mis manos. Solo tenía que volar hasta ella y clavársela o en todo caso cortarle la cabeza. De cualquiera de las dos formas iba a desaparecer porque no iba a dejar que matara a Airam ni a nadie más.

La adrenalina se apoderó de mi cuerpo y con un grito, me elevé con velocidad interponiéndome entre Airam y la diablesa, la cual me miró con una ceja enarcada y sonriendo pero quien ríe el último, ríe mejor, con la espada en alto, la descendí con rapidez y fuerza cortándola desde el hombro hasta el ombligo lo que hizo que al instante desapareciera sin siqueira brotar un poco de sangre negra.

Sonreí satisfecha y la espada cayó al suelo de mis manos. Me sentía débil y falta de fuerzas, con ganas de descansar...

Las manos de Airam me rodearon con delicadeza para que no cayera y lo miré. La herida de su cuello parecía no dejar de sangrar.

El sol comenzaba a salir allá por el horizonte.

-Entremos en mi casa, rápido... podrían vernos con las alas.

-Tienes razón- él me agarró con fuerza y voló hasta la entrada de mi casa por la que entró conmigo. Cerró la puerta y fuimos al salón donde me obligó a recostarme en el sofá- hay que curarte esas heridas- me dijo con voz preocupada.

-Tranquilo, solo son unos rasguños.

-No lo parecen, Isis, un rasguño no sangraría de esta forma.

-Estoy bien...- pero no era cierto porque el salón parecía dar vueltas a mi alrededor, me negaba a mostrar debilidad.

-Por favor, Isis, necesito que te quedes quieta para curarte.

-No, antes tenemos que aclarar un par de cositas como por ejemplo, ¿qué hacías ahí fuera y quién era la tipa esa?

-Quería ver a mis hermanos y estaba en la habitación de Ronny cuando vi una sombra pasar por delante de la ventana.

-No puedes ir a ver a tus hermanos, ¿y si se hubiesen despertado.

-Estoy preocupado por Ronny... sé que Artemisa está haciendo un buen trabajo con él pero no es suficiente. Anoche movió una pierna- dijo él sonriendo- apliqué un poco de curación y al poco hizo un movimiento con la pierna.

-Era una locura y lo sabes.

-Claro que lo sé.

-Entonces apareció ella ¿no?- dije llevándome una mano a la cabeza.

-Sí, me dijo que si quería irme con ella, que disfrutaba poco de los hombres porque todos acababan sucidiándose... entonces, como me negué a acompañarla, me obligó a poner la espada contra mi cuello.

domingo, 8 de mayo de 2011

Capítulo 16 (parte 2) (Por Airam)

La noche parecía estar tranquila hoy, así que me dirigí a la casa de mis hermanos para verlos. Era mejor verlos cuando dormían porque así no se enteraban de mi presencia.

Me acerqué hasta la ventana de Ronny y comprobé que estuviera abierta. Casi siempre, Stefan se la deja abierta igual que cuando era pequeño, al igual que yo, nunca le tuvo miedo a la oscuridad y no le importaba que la ventana estuviera abierta.

Stefan era el que siempre tenía miedo y acudía casi todas las noches a dormir a mi cuarto. No pude evitar sonreír al recordar cómo me despertaba mientras se abrazaba a un perro de peluche y me pedía que si se podía quedar conmigo y eso que solo soy tres años mayor que él.

Al entrar en la habitación, me acerqué a la cama donde Ronny dormía tranquilamente. Estaba de lado por lo que dejaba su columna a la vista, algo que aproveché para aplicar un poco de curación y acelerar el proceso de Artemisa.

Ella estaba haciendo un buen trabajo con ellos pero aún así me duele ver que mi hermano no puede caminar todavía. Artemisa me ha dicho que comienza a sentir las piernas pero no es suficiente.. La culpabilidad me obliga a curarle.

Siento que yo tuve toda la culpa de lo que sucedió aquel día y que Ronny no merece estar en una silla de ruedas. Aislándose de los demás como sucede con aquella chica. Me siento muy mal.

Me arrodillé junto a la cama y acerqué mis manos a su columna. Me concentré todo lo que pude aplicando el método de curación. Sabía que el proceso producía una extraña sensación en el cuerpo y mi hermano se removió algo inquieto.

Entonces vi algo que me sorprendió bastante. ¡Había movido una pierna! Ronny había movido la pierna. ¿Será posible que por fin pueda volver a caminar? Nada me alegraría más que verlo andar de nuevo.

-Airam...- susurró Ronny en sueños.

Después de todo aún seguía recordándome. Estoy a su lado todo el tiempo y no puede saberlo. Es un dolor con el que tengo que cargar cada vez que vengo a verlos. Ninguno de los dos tiene permitido verme ya que supondría un duro golpe a su conciencia y creerían que no estaba muerto pero sí lo estaba.

A pesar de conservar mi cuerpo, mi corazón, mi sangre, mi alma... sigo estando muerto. Soy un Ángel y nadie puede cambiar ese destino.

De repente, una sombra cruzó rápidamente por delante de la ventana de la habitación así que me levanté y me asomé.

Justo frente a mí vi a una joven con unas alas negras, realmente bella, de larguísimos cabellos oscuros y unos ojos tan azules como el mismísimo cielo en un día despejado, llevaba un vaporoso vestido blanco que asemejaba más a un camisón. Un aura de peligro la rodeaba y no me gustaba nada que estuviese frente a la ventana de mi hermano.

Me conocía a casi todos los Caídos del Infierno pero a esta no la había visto antes.

Me deslicé fuera de la habitación y batiendo mis alas quedé frente a aquella hermosa joven.

-¿Quién eres?- pregunté con la mano junto a la empuñadura de mi espada.

Ella mostró una dulce sonrisa que hubiera derribado a cualquier hombre ante sus pies.

-Me llamo Alouqua... ¿acaso no me conoces?

No pude evitar fruncir el ceño.

-¿Es que tengo la obligación de conocerte?

-Por supuesto, todos los hombres caen rendidos ante mi presencia, me gusta mucho ir por las noches a sus habitaciones y volverlos locos de pasión, el problema es que todos me duran muy poco...- dijo haciendo un mohín de tristeza- no sé por qué todos se vuelven locos y acaban suicidándose o entregándome sus almas.

-¿Qué eres?

Ella se mordió un dedo con sensualidad y algo dentro de mí se removió, no sé muy bien por qué. Un deseo irrefrenable se apoderaba de mi ser.

-Si te quedas conmigo te lo contaré todo- dijo sonriendo con picardía haciendo tensar todo mi cuerpo.

¿Qué me estaba pasando? Quería decirle que sí que quería quedarme con ella para aliviarme pero sabía que no. Era como si mi cuerpo tuviese vida propia. Cerré mis manos en puños con fuerza hasta que mis nudillos se quedaron blancos.

-No...- murmuré intentando contenerme pero me estaba resultando del todo imposible- no, no voy a caer... no puedo caer...

Miré a la joven la cual volvió a hacer aquel mohín.

-¿Por qué no quieres?- me preguntó con voz de niña triste- eres muy guapo y no tiene nada de malo... tú no tienes toda tu alma porque ya estás muerto...

-No... no quiero ser un Caído... no voy a irme contigo...- decía yo pero mi cuerpo seguía sin responder a las órdenes de mi cerebro.

¿Acaso ella estaba controlándome? ¿Por qué no podía hacer lo que realmente quería que era matarla con mi espada?

Ella se enfadó ante mis palabras y sus ojos pasaron del azul al rojo en casi menos de un segundo.

-¿No quieres irte conmigo? ¡Entonces pagarás muy cara esta humillación!- mi mano se movió hacia la empuñadura de mi espada y la saqué de la vaina pero en vez de apuntar con esta hacia aquella joven, me la puse junto al cuello- ya te dije que los hombres se suicidaban tras estar conmigo. Había pensado dejarte vivir después de acostarnos pero en vista de que te resistes, te suicidarás y con eso desaparecerás para siempre.

La risa estridente y aguda llegó a mis tímpanos produciéndome un fuerte dolor de cabeza. El sudor corría por mi frente mientras intentaba evitar que la espada rebanase mi cuello y desapareciese.

Ya estaba muy cerca y un pequeño hilo de sangre ya escapa del pequeño corte que se me formó cuando de repente escuché un grito que no sé de dónde había salido.

-¡No!

Capítulo 16 (parte 1)

Tim me llevó a mi casa en su coche. Detrás iba el baúl que me había dado su padre con los recuerdos que había depositado mi hermano para una posible reencarnación mía pero resulta que yo estoy viva por ser una Ninfa de los Cielos y todas esas cosas han ido a parar a mis manos.


-Quién me iba a decir a mí que este viejo baúl tuviera cosas tan antiguas y con un retrato en el que eres completamente igual- me dijo Tim.


-Yo también estoy sorprendida.


-Menos mal que no me tengo que hacer cargo de él porque yo siempre pierdo las cosas, no me he dejado la cabeza atrás porque la llevo pegada al cuerpo que si no...


Traté de sonreír pero mi corazón estaba completamente encogido, aquel retrato y todos aquellos recuerdos... era realmente hermoso ver que alguien no se ha olvidado de una después de todo lo que había sucedido.


Mi familia se llevó todo el desprecio del pueblo por tener una hija que se entendía con el demonio pero nadie pensó jamás que fui engañada y que mi destino iba a ser el mismo.


Miré por la ventanilla del coche y al ver mi casa le dije que se detuviera. Entre los dos llevamos el baúl al interior y le agradecí la ayuda.


-Muchas gracias por haberme traído.


-Lo que sea por una buena amiga y compañera de trabajo- sonreí y le di un beso en la mejilla lo que hizo que él se pusiera colorado. Se rascó la nuca sin saber muy bien qué hacer para luego señalar la puerta- mejor me voy...


-Nos vemos mañana.


Tim sintió y salió de mi casa.


-¿Quién era ese?- me preguntó Isis saliendo de la cocina.


-Un compañero de trabajo que me ayudó a traer esto- dije señalando el baúl.


Ella frunció el ceño antes de mirarme de nuevo.


-Ah ¿y qué significa ese baúl?


-Mi jefe es un descendiente de mi hermano...- dije mirándole fijamente.


Isis abrió los ojos, sorprendida por la noticia que le acababa de dar.


-¿Qué? ¿Descendiente de tu hermano? Pero ¿cómo lo has sabido?


Sin decir nada abrí el baúl y saqué el retrato para mostrárselo. Isis lo tomó entre sus manos y lo observó detenidamente.


Sonreí cuando me miró.


-Lo hizo mi hermano y también guardó varias cosas que me pertenecían. Hasta un vestido que estaba haciendo mi madre para cuando encontrara un hombre y me casara- dije arrodillándome frente al baúl, saqué el vestido para observarlo mejor.


Las lágrimas resbalaron por mis mejillas al recordar a toda mi familia. Abracé el vestido mientras me desahogaba. La mano de Isis se posó en mi hombro para consolarme.


-Es un vestido precioso.


-A pesar de haber muerto injustamente, siguieron queriéndome...


-¿Cómo no iban a quererte? Era tu familia.


-Ya lo sé pero los humillaron tras mi muerte, se vieron despreciados por todos los que decían ser sus amigos. Tuvieron que buscarse su futuro en otro lugar... Fue muy injusto, todas esas personas me conocían y no dudaron ni un solo segundo en llamarme bruja, en escupirme, en lanzarme cosas... Nadie me escuchó cuando dije que era inocente...


El abrazo de Isis me reconfortó un poco.


-La gente en esa época no era capaz de pensar un poco con la cabeza...- sonreí ante sus palabras y me limpié las lágrimas- por cierto, tenemos que hablar de Adara, me tiene un poco preocupada.


Inmediatamente me aparté y la miré.


-¿Qué pasa?


-Me contó que había visto a Adirael...


-¿A Adirael? ¿Dónde? ¿La atacó?


-Lo vio en su mente... verlo la hace torpe, me dijo que hoy se le caían todas las cosas cuando su mente se dirigía inconscientemente hacia él.


-¿Por qué no las llevaste a los Cielos?


-No quería, cree que es por el trauma sufrido... ¿tú qué piensas?


-¿La verdad? No lo sé... la noticia me ha pillado desprevenida, hay que tener en cuenta que nunca habíamos visto nada parecido; la obligó a beber de su sangre, es posible que haya una pequeña conexión a través de la mancha que quedó en el ala de Adara.


-Quizás debería ver a Afrodita...


-Déjame hablar con ella antes de que decidamos las cosas- le dije guardando el vestido dentro del baúl para luego cerrarlo- ¿dónde está?


-En su habitación, me dijo que iba a descansar un poco, supongo que estará allí.


Me levanté y me dirigí hasta la habitación donde encontré a Adara sentada cómodamente en su cama con un libro en las manos. Ella al verme, sonrió y dejó el libro sobre la mesilla de noche.


Me senté a su lado.


-Veo que ya Isis te contó lo que me pasó- me dijo ella.


-Sí, es normal, estamos preocupadas.


-Lo sé pero quizás no sea más que el trauma de lo sucedido.


-¿De verdad lo crees?


-Es la primera vez que me pasa, me ha pillado completamente desprevenida, ni siquiera sé exactamente qué ha pasado.


-Cuéntamelo a ver... quizás así averigüemos qué pasa.


-Era muy raro- me dijo como recordando- cada vez que mi mente se dirigía a él junto con todo mi odio, todo lo que tuviera en las manos se me caía al suelo. Luego, cuando llegué a casa, me di un buen baño con espuma y todo para relajarme por el mal día pero cuando cerré los ojos, lo vi.


-¿Qué estaba haciendo cuando lo viste?


-Estaba mirándose en un espejo, con la mirada perdida como si pensara en algo, tenía el pelo algo alborotado y vestía únicamente unos pantalones.


-Esto es muy raro... nunca había visto algo así, las conversiones siempre han sido por haber mantenido relaciones sexuales con los Caídos o bien por realizar una acción fuera de la ley de los Ángeles y las Ninfas de los Cielos. No sabía que la sangre pudiese convertir a alguien. el problema es que cuando bebiste la sangre de Isis no fue suficiente porque quedó una mancha en el ala.


-Lo sé y me da mucha rabia verla cuando las extiendo porque no me merecía algo así. ¿Por qué yo? En las ocasiones en la que nos hemos visto y luchado, no he hecho para que quiera hacerme esto.


-Si queremos saber las razones no nos quedará otro remedio que averiguarlo. En mi opinión creo que deberíamos hablar con Afrodita sobre lo que te está pasando.


-Pero es que ella tampoco sabrá por qué me pasa esto... como bien acabas de decir, nunca habías visto algo semejante, ¿crees acaso que Afrodita sí?


-Ella tiene muchos más años que yo.


Adara se abrazó las rodillas y apoyó la barbilla en estas.


-Tengo miedo de lo que me pueda decir- me confesó tras unos minutos de silencio- tengo miedo que me diga que la mancha se extenderá, no pasa ni un solo día en que miro mis alas para comprobar que no se ha extendido. Esto de hoy ha sido la primera vez y temo que sea por esa maldita mancha que apena me deja dormir por la preocupación.


Me acerqué a ella y la abracé con fuerza.


-Ni Isis ni yo vamos a dejar que te pases al otro bando, te lo prometo.


-Gracias por estar aquí conmigo y con Isis.


-De nada- dije yo, luego me aparté y la miré- tengo que contarte una cosa.


-Dime.


-Mi jefe es un descendiente de mi hermano y ha estado guardando un baúl con muchos recuerdos que depositó, incluso mi vestido de novia y un retrato que mi hermano dibujó.


-Vaya, eso es genial, eso quiero verlo yo.


Ambas nos levantamos entonces de la cama y bajamos para ver el contenido del baúl. Al menos durante unas horas nos olvidaríamos de los problemas y disfrutaríamos un poco de mis recuerdos.