domingo, 8 de mayo de 2011

Capítulo 16 (parte 2) (Por Airam)

La noche parecía estar tranquila hoy, así que me dirigí a la casa de mis hermanos para verlos. Era mejor verlos cuando dormían porque así no se enteraban de mi presencia.

Me acerqué hasta la ventana de Ronny y comprobé que estuviera abierta. Casi siempre, Stefan se la deja abierta igual que cuando era pequeño, al igual que yo, nunca le tuvo miedo a la oscuridad y no le importaba que la ventana estuviera abierta.

Stefan era el que siempre tenía miedo y acudía casi todas las noches a dormir a mi cuarto. No pude evitar sonreír al recordar cómo me despertaba mientras se abrazaba a un perro de peluche y me pedía que si se podía quedar conmigo y eso que solo soy tres años mayor que él.

Al entrar en la habitación, me acerqué a la cama donde Ronny dormía tranquilamente. Estaba de lado por lo que dejaba su columna a la vista, algo que aproveché para aplicar un poco de curación y acelerar el proceso de Artemisa.

Ella estaba haciendo un buen trabajo con ellos pero aún así me duele ver que mi hermano no puede caminar todavía. Artemisa me ha dicho que comienza a sentir las piernas pero no es suficiente.. La culpabilidad me obliga a curarle.

Siento que yo tuve toda la culpa de lo que sucedió aquel día y que Ronny no merece estar en una silla de ruedas. Aislándose de los demás como sucede con aquella chica. Me siento muy mal.

Me arrodillé junto a la cama y acerqué mis manos a su columna. Me concentré todo lo que pude aplicando el método de curación. Sabía que el proceso producía una extraña sensación en el cuerpo y mi hermano se removió algo inquieto.

Entonces vi algo que me sorprendió bastante. ¡Había movido una pierna! Ronny había movido la pierna. ¿Será posible que por fin pueda volver a caminar? Nada me alegraría más que verlo andar de nuevo.

-Airam...- susurró Ronny en sueños.

Después de todo aún seguía recordándome. Estoy a su lado todo el tiempo y no puede saberlo. Es un dolor con el que tengo que cargar cada vez que vengo a verlos. Ninguno de los dos tiene permitido verme ya que supondría un duro golpe a su conciencia y creerían que no estaba muerto pero sí lo estaba.

A pesar de conservar mi cuerpo, mi corazón, mi sangre, mi alma... sigo estando muerto. Soy un Ángel y nadie puede cambiar ese destino.

De repente, una sombra cruzó rápidamente por delante de la ventana de la habitación así que me levanté y me asomé.

Justo frente a mí vi a una joven con unas alas negras, realmente bella, de larguísimos cabellos oscuros y unos ojos tan azules como el mismísimo cielo en un día despejado, llevaba un vaporoso vestido blanco que asemejaba más a un camisón. Un aura de peligro la rodeaba y no me gustaba nada que estuviese frente a la ventana de mi hermano.

Me conocía a casi todos los Caídos del Infierno pero a esta no la había visto antes.

Me deslicé fuera de la habitación y batiendo mis alas quedé frente a aquella hermosa joven.

-¿Quién eres?- pregunté con la mano junto a la empuñadura de mi espada.

Ella mostró una dulce sonrisa que hubiera derribado a cualquier hombre ante sus pies.

-Me llamo Alouqua... ¿acaso no me conoces?

No pude evitar fruncir el ceño.

-¿Es que tengo la obligación de conocerte?

-Por supuesto, todos los hombres caen rendidos ante mi presencia, me gusta mucho ir por las noches a sus habitaciones y volverlos locos de pasión, el problema es que todos me duran muy poco...- dijo haciendo un mohín de tristeza- no sé por qué todos se vuelven locos y acaban suicidándose o entregándome sus almas.

-¿Qué eres?

Ella se mordió un dedo con sensualidad y algo dentro de mí se removió, no sé muy bien por qué. Un deseo irrefrenable se apoderaba de mi ser.

-Si te quedas conmigo te lo contaré todo- dijo sonriendo con picardía haciendo tensar todo mi cuerpo.

¿Qué me estaba pasando? Quería decirle que sí que quería quedarme con ella para aliviarme pero sabía que no. Era como si mi cuerpo tuviese vida propia. Cerré mis manos en puños con fuerza hasta que mis nudillos se quedaron blancos.

-No...- murmuré intentando contenerme pero me estaba resultando del todo imposible- no, no voy a caer... no puedo caer...

Miré a la joven la cual volvió a hacer aquel mohín.

-¿Por qué no quieres?- me preguntó con voz de niña triste- eres muy guapo y no tiene nada de malo... tú no tienes toda tu alma porque ya estás muerto...

-No... no quiero ser un Caído... no voy a irme contigo...- decía yo pero mi cuerpo seguía sin responder a las órdenes de mi cerebro.

¿Acaso ella estaba controlándome? ¿Por qué no podía hacer lo que realmente quería que era matarla con mi espada?

Ella se enfadó ante mis palabras y sus ojos pasaron del azul al rojo en casi menos de un segundo.

-¿No quieres irte conmigo? ¡Entonces pagarás muy cara esta humillación!- mi mano se movió hacia la empuñadura de mi espada y la saqué de la vaina pero en vez de apuntar con esta hacia aquella joven, me la puse junto al cuello- ya te dije que los hombres se suicidaban tras estar conmigo. Había pensado dejarte vivir después de acostarnos pero en vista de que te resistes, te suicidarás y con eso desaparecerás para siempre.

La risa estridente y aguda llegó a mis tímpanos produciéndome un fuerte dolor de cabeza. El sudor corría por mi frente mientras intentaba evitar que la espada rebanase mi cuello y desapareciese.

Ya estaba muy cerca y un pequeño hilo de sangre ya escapa del pequeño corte que se me formó cuando de repente escuché un grito que no sé de dónde había salido.

-¡No!

2 comentarios:

  1. Sta interesante tia, pero a que viene esto de scribir tan separado aora?¿
    Bsss, Adara

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  2. no se xk se puso asi separado la verdad.... tendre k mirar en el diseño del blog x si tal... jajajaja me alegro k t gustara :D

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