domingo, 21 de agosto de 2011

Capítulo 21 (parte 2) (Por Stefan)

Adara calentó la pizza de Artemisa y yo me encargué de llevársela ya que ella tenía que salir e Isis parecía estar enfrascada en un libro de misterio o algo parecido, lo que sé es que no se separaba del libro para nada como si quisiera evadirse de algo.
Al llegar arriba, toqué en la puerta pero nadie respondió por lo que la abrí lentamente. Escruté la habitación y vi a Artemisa en la cama, durmiendo plácidamente.
Se abrazaba a sí misma como si se protegiera de algo aunque su rostro se mostraba sereno en el placentero sueño que parecía tener.
El vestido que llevaba puesto le quedaba a la perfección, como si lo hubiesen hecho para ella. Se ajustaba perfectamente a su cuerpo de piel tan suave que parecía imposible que fuera de este mundo, era perfecta. Sus pómulos sonrosados le daban un aire inocente que estando despierta no aparentaba y las dos medias lunas de sus pestañas descansaban sobre sus mejillas de forma delicada.
Dejé la bandeja en una mesa que tenía un portátil, seguramente lo usaría de escritorio, y me acerqué a la cama. Me senté a su lado para apartarle el mechón de pelo que ocultaba parte de su rostro.
No sé muy bien por qué pero me gustaba observarla mientras dormía. Le debo bastante por haber ayudado a mi hermano hoy y no sé cómo pagárselo.
-No...
Parpadeé al percatarme de que ella estaba hablando en sueños y la miré.
-¿Artemisa?- susurré.
-No... soy inocente...
¿Inocente? Mi ceño se frunció. ¿Por qué decía eso en sueños? ¿Sería solo una pesadilla?
-Dejadme... no he hecho nada... lo juro...
Se removió en la cama y todo su pelo quedó esparcido por completo sobre la almohada creando un halo de color oscuro.
La cogí de la mano, preocupado. ¿A qué venía todo aquello? No parecía ser una pesadilla corriente.
-No... dejad de torturarme... soy inocente... al fuego no... lo suplico... no...
-¿Fuego?- pregunté
-Por favor... no soy una bruja... ¡parad!
Comenzó a golpear en el aire como si tratara de defenderse de un enemigo invisible por lo que tuve que agarrarla con fuerza para que no acabara cayéndose de la cama.
-Artemisa, para, es un sueño...- le decía pero parecía no oírme mientras trataba de zafarse.
-¡No soy una bruja! ¡Soy inocente! ¡Dejadme!
Intentó arañarme la cara y por suerte lo esquivé pero me vi obligado a zarandearla para intentar despertarla. Estaba sufriendo mucho con esa pesadilla.
-¡Artemisa, despierta!- le grité.
Ella se incorporó soltando un grito de agonía y abrió los ojos al fin. Estaba cubierta de sudor y respiraba agitadamente. Parpadeó varias veces antes de mirarme con ojos asustados.
La puerta se abrió de repente y apareció Isis alarmada.
-¿Qué ha pasado?
Artemisa no decía nada, solo me miraba a mí y luego miraba a Isis mientras intentaba recuperarse.
-Nada... una... pesadilla...- dijo sin resuello como si hubiese corrido una maratón.
Isis me miró con el ceño fruncido por unos instantes.
-Pero está todo bien ¿no?
Artemisa asintió levemente por lo que entonces Isis salió pero no dejó de mirarme hasta que la puerta se cerró.
-¿Estás bien?- pregunté.
-Sí... solo ha sido... una pesadilla...- dijo mirando al frente.
-¿Quieres hablarlo?
-No, no recuerdo mucho...
-¿Estás segura?
-Sí...
No me dejó muy convencido por lo que le cogí la mano que temblaba ligeramente. Toda ella temblaba.
-Me estás engañando, Artemisa.
Ella me miró con cara de sorpresa y retrocedió un poco pero le agarré fuertemente la mano.
-¿En qué te estoy engañando?- preguntó como si tuviese miedo de mi respuesta.
-Recuerdas perfectamente todo lo que soñaste, estás temblando como una hoja y te has quedado pálida mirando a la nada. ¿Acaso es repetitiva esta pesadilla?
Encogió las rodillas y me miró. Sus ojos brillaban a causa de las lágrimas contenidas.
-Cada vez que cierro los ojos para dormir, tengo la misma pesadilla. Es horrible, tan vívida, la siento en mis carnes. Siento el dolor de la tortura, me insultan, me desprecian, me escupen, me... me...
Las lágrimas escaparon sin control de sus ojos. ¿Cómo era posible que siempre soñara con lo mismo y que sienta tanto dolor? Me acerqué más a ella y la atraje hacia mí para abrazarla con fuerza.
Artemisa se tensó al principio pero luego dejó escapar su llanto sobre mi hombro mientras la mecía suavemente.
-Tranquila, estoy aquí...- le decía para que se relajara un poco.
-No puedo más, no puedo...- decía ella entre hipidos.
-Debes combatirlo, tienes que sacar esa pesadilla fuera.
-Ojalá pudiese...- me dijo.
No dije nada, simplemente me limité a consolarla hasta que dejara de llorar.
Aunque algo me decía que realmente me gustaba estrecharla entre mis brazos. ¿Acaso estaba surgiendo algo dentro de mí? Me sentó confuso de repente.
Cuando el llanto se convirtió en un leve sollozo, ella me miró sonriendo levemente y me dijo:
-Gracias...
-De nada- le dije yo sonriendo.
Ella se acurrucó más entre mis brazos y cerró los ojos. No iba a dejar que ese día volviera a tener esa horrible pesadilla.

Capítulo 21 (parte 1)

-¡Stefan!- exclamé ante la sorpresa de verlo en la habitación.
Recogí el vestido de mis hombros ya que al no estar totalmente abrochado se me baja de los hombros. Notaba las mejillas ardiendo al ver cómo me miraba fijamente sin decir nada. Nada deseaba más en ese momento tener puesto otra cosa.
Ese vestido era algo especial que no deseaba compartir con nadie pero él ya me lo estaba viendo puesto.
-Lo... lo siento...- dijo Stefan- toqué varias veces pero no contestabas así que entré...
-No lo oí...- dije alejándome un poco más como si pudiese encontrar un lugar donde esconderme y que solo se viera mi cabeza- estaba poniéndome este vestido y claro...
-Ya veo... es un vestido muy bonito, te queda bien...- dijo él rascándose la nuca con las mejillas algo sonrojadas.
-Gracias.
-He visto que no lo tienes abrochado del todo, si quieres...- entró un poco más en la habitación. Me encogí un poco con vergüenza y luego me acerqué a él. Le di la espalda para que me abrochara los botones que me quedaban. Un escalofrío me recorrió cuando sentí los dedos de Stefan rozando mi espalda. Sus manos eran algo rudas pero muy cálidas- quería darte las gracias por haber ayudado a mi hermano cuando Ailin cayó por las escaleras. Ha sido un verdadero milagro lo de Ronny ¿verdad?
Miré hacia el espejo y lo vi sonreír de felicidad al saber que su hermano volvía a caminar. De repente me sentí débil y sin fuerzas, se me doblaron las rodillas un poco notando cómo mis poderes me abandonaban provocándome mareo.
Cerré los ojos y noté cómo las manos de Stefan me agarraban con fuerza.
-Artemisa, ¿estás bien?- no podía hablar, solo necesitaba alejarme de esos sentimientos que Stefan mostraba pero era imposible si él me agarraba de esa forma. Me llevó hasta la cama y me ayudó a sentarme- ¿Qué te pasa? ¿Llamo a tus amigas?
Negué con la cabeza.
-Estoy... bien...- dije con voz entrecortada.
-No, no lo estás, has estado a punto de desmayarte...
Abrí los ojos para mirarlo. La preocupación que sentía hacia mí me debilitaba aún más y todo me daba vueltas. Me recosté volviendo a cerrar los ojos y traté de serenarme pero me era imposible con tanto sentimiento junto. Esto es horrible.
¿Por qué me has hecho esto, Afrodita? ¿Acaso no he sido siempre una buena Ninfa que cumple con todo? No me merezco algo así.
-Debería avisar a tus amigas- me dijo y lo escuché abrir la puerta.
-No, por favor...- le pedí- no quiero preocuparlas...
-Pero es que estás pálida.
-Se me pasará...
-Yo no estaría tan seguro.
-Si te relajas podré calmarme, tus nervios hacen que me ponga más nerviosa- dije en un intento por que se calmara y dejara sus sentimientos aparte para así yo poder centrarme.
-Vale- dijo sentándose a mi lado en la cama- pero es que no estás bien.
-Se me pasará, de verdad, solo tienes que calmarte un poco.
Mantuve los ojos cerrados durante un buen rato antes de volver a abrirlos. El mareo había pasado y me sentía un poco mejor. Eso quería decir que Stefan había logrado serenarse y dejar de tener sentimientos tan fuertes.
-¿Puedo saber por qué te has puesto ese vestido?- preguntó él con lo que parecía ser curiosidad.
Abrí los ojos para mirarlo. Tenía ganas de contarle toda la verdad, total ya estaba sufriendo un castigo así que no me hubiera importado pero algo me impuso a mentir, como hago siempre.
-Bueno, lo encontré en ese baúl que me dio mi jefe- dije señalándoselo.
-¿El padre de Tim te dio ese baúl?
-Sí, es una larga tradición de familia que él ha cumplido.
-Tim nunca me ha contado nada de eso- dijo mirando el baúl y todas las cosas que había dejado en el suelo junto a él.
-Son recuerdos que un antepasado de Tim dejó para una posible reencarnación de su hermana- dije tragándome el nudo que tenía en la garganta.
-¿Reencarnación?
-Sí, ese vestido estaba ahí metido junto con otro tipo de recuerdos, incluso un dibujo de la joven en cuestión- dije mientras me levantaba para coger el dibujo y se lo mostré.
Él lo tomó entre sus manos y me miró sorprendido.
-Eres igual que la del dibujo.
-Eso parece- dije yo tragándome las verdaderas palabras que querían salir de mis labios.
-¿Entonces eres la reencarnación de la hermana del antepasado de Tim?
-No lo sé, he oído decir que las personas reencarnadas tienen recuerdos de un pasado lejano, como pequeños flashes de cosas que vivió y yo no he sentido tal cosa.
-Quizás solo haya sido una coincidencia.
-Es posible.
¡No lo era por todos los Caídos! ¡Esa chica del dibujo soy yo! Soy la misma, llevo en el mundo desde esa época aunque una vez morí pero soy yo... ¿Por qué no podía decirlo? ¿Qué me impedía hacerlo? ¿Que me mandaran al Limbo? Como si me importara. Las mentiras se van acumulando cada vez y estoy en el punto más álgido de mi paciencia.
-Dejaron muchos recuerdos en ese baúl, entre ellos ese vestido.
-Sí.
-Parece un vestido de novia ¿no? No sé, de color blanco con poco detalle de color...
Lo miré con sorpresa. ¿Cómo había adivinado que era un vestido de novia? Mi vestido de novia.
-A mí también me lo parece.
-Te queda bien.
Sonreí levemente, era la primera persona que me veía con el vestido con el que me iba a casar en un pasado muy lejano ya.
-Gracias, aunque es bastante antiguo y la tela es bastante delicada, por lo que puedo ver y tocar- dije mientras tocaba la larga manga de suave seda sonde seguro mi madre se había gastado una gran cantidad de dinero.
Él asintió, luego se acercó hasta mí y me miró a los ojos. Yo apenas pude moverme porque detrás de mí estaba el baúl y podría caer si intento retroceder.
-Deberías descansar un poco, aún estás pálida y no tienes buena cara, te vi antes cuando llegaste y parecías triste. Me preocupé bastante.
-Es que no he dormido bien y el susto que me dio tu hermano también me afectó un poco.. Luego tuve que salir por una urgencia y apenas he comido.
-Puedo decirle a tus amigas que te preparen algo.
-Quizás sea una buena idea.
La verdad es que me había dado hambre y también me encontraba muy cansada. Esto de perder poderes no es muy soportable que se diga.
Stefan salió de la habitación y aproveché para recoger las cosas y meterlas dentro del baúl.
El vestido me lo dejé puesto ya que necesitaba algo que me protegiera y nada mejor que el vestido hecho por mi madre para mí. Con él me sentía protegida y era como si sintiera los brazos de mi madre de mi madre alrededor.
Me acosté en la cama de lada abrazándome a mí misma mientras observaba el baúl cerrado.
Los párpados me pesaban y el sueño comenzaba a hacer mella en mí por lo que cerré los ojos y me dejé llevar al mundo de los sueños.

domingo, 7 de agosto de 2011

Capítulo 20 (parte 2)

Llegué a la Tierra y me dirigí a mi casa. Me sentía bastante mal al saber que Airam se quedaría en los Cielos para evitar estar cerca de sus hermanos. Lo que él más necesitaba era verlos y saber que estaban bien, se le hará muy duro no poder verlos al menos cuando duermen.
Abrí la puerta de casa donde ya me esperaban Isis y Adara con cara de preocupación.
-¿Qué te dijeron?- me preguntó Adara.
-Nos castigaron a Airam y a mí, si estamos cerca de sentimientos humanos muy fuertes, perderemos nuestro poder y seremos mortales hasta que nos alejemos de esos sentimientos.
-¿Cómo?- preguntó Isis- pero eso sería peligroso, en especial para ti que tienes que proteger a dos chicos... ¿se puede saber en qué está pensando Afrodita? A veces creo que lo único que le gusta es amargarnos la existencia. Vaya un castigo más inapropiado.
-Bueno, mejor eso que mandarla a Limbo- dijo Adara mirándome y me sonrió levemente.
-Esto no puede quedar así, ¿dónde está Airam?- preguntó Isis.
-Se quedó en los Cielos para evitar ver a sus hermanos y así conservar sus poderes, no sería de gran ayuda siendo mortal.
-Tú tampoco y esos chicos te necesitan, ¿cómo piensas hacerlo?
-Pensaba pediros que velarais por ellos durante un tiempo, no podría cuidar de ellos como me gustaría.
Adara e Isis me miraron con compasión.
-Haremos lo que esté en nuestras manos, te lo aseguro- dijo Adara frotándome el brazo con cariño.
Asentí agradecida y me dirigí a las escaleras.
-Estaré en mi habitación.
-¿No quieres comer algo?- preguntó Adara- he preparado pizza casera. Yo misma hice la masa.
-Gracias pero no tengo hambre.
-Te la guardaré en el horno entonces, cuanto tengas hambre, bajas y comes.
Asentí y finalmente subí para meterme en mi habitación donde me tiré en mi cama pensando en el castigo que Afrodita me había impuesto. En realidad no me importaba ser mortal durante algunos minutos pero si lo era no podía defender a Stefan y a Ronny como se merecen.
Ese es el gran inconveniente del castigo.
En mi nueva condición, no podré hacer nada por proteger a los chicos ya que los Ángeles Caídos tomarían ventaja sobre mí porque ellos tendrían sus alas y yo en cambio no.
Me giré hasta quedar de costado en la cama y entonces vi el baúl donde mi hermano había guardado muchos recuerdos que me habían pertenecido y que valoraba más que nada en el mundo.
Me senté sin dejar de mirar el baúl. Me acerqué y me senté en el suelo frente a él antes de abrirlo para contemplar todas las cosas que había guardadas.
El retrato estaba tan bien dibujado que parecía estar mirándome en un espejo. Esa expresión sonriendo ya era prácticamente desconocida para mí. Hace mucho tiempo que no he vuelto a sonreír de verdad. Mi único deber tras transformarme en Ninfa de los Cielos ha sido velar por mis protegidos así que no he tenido tiempo de recordar lo hermoso que es reír de forma natural.
La responsabilidad ha hecho que pierda parte de mis sentimientos de una forma tan dura que recordarlo hace que me sienta mal.
Dejé el dibujo a un lado y seguí sacando cosas como una muñeca que había hecho mi madre cuando era pequeña y que siempre tenía conmigo aún después de haber crecido lo suficiente como para trabajar en los campos.
Mi hermano siempre se burlaba de mí por no desprenderme de la muñeca pero no podía dejarla, había sido una compañera de juegos y que evocaba recuerdos de una infancia feliz.
Las joyas de poco valor que tenía, habían pertenecido a mi madre pero luego pasaron a mis manos al cumplir los dieciséis donde ya se consideraban a las chicas mujeres con posibilidad de casarse y lo habría estado de no ser porque el hombre con el que pretendían casarme había muerto tras ser atacado por un animal salvaje en el bosque cuando cazaba.
Entonces tras sacar el resto de cosas, saqué el vestido. Era un precioso vestido que mi madre había hecho especialmente para mí para cuando me casara. Me producía mucha nostalgia verlo porque me acordaba de cuando la veía coser en los pocos ratos libres que tenía.
El vestido era blanco, como el de toda novia, cosido con hilos azules. Su escote era cuadrado y las mangas eran largas, una vez que llegaban a la muñeca, este bajaba un buen tramo más pero siempre dejando la mano a la vista. En el borde de abajo lucía un precioso bordado azul de flores.
Me dieron ganas de ponérmelo, hacía muchísimos años que no me ponía un vestido de mi época así que me levanté para observarlo bien.
Mi madre había dado con las medidas justas para que no quedara ni muy ajustado ni muy ancho. Era perfecto. Mi cuerpo no ha cambiado nada desde mi muerte así que debería quedarme bien.
Me desvestí quedando en ropa interior. El vestido se abría por detrás con un gran número de botones que no estaba segura de poder abrochar sola pero no me impediría ponérmelo.
Metí las piernas y lo fui subiendo para luego colocar los brazos en sus mangas correspondientes. Hice un esfuerzo para abrocharme algunos botones y solo conseguí llegar hasta la mitad de la espalda. Con el resto tuve que desistir ya que era imposible abotonar los que quedaban.
Busqué dentro del baúl el pequeño cordón azul que iría en mi cintura como detalle para realzarla y lo amarré con un suave nudo para que no quedara muy apretado.
Me acerqué al espejo de cuerpo entero y me miré fijamente. Si mi madre me estaba viendo desde el Más Allá espero que sienta que hizo un buen trabajo con este vestido porque me quedaba perfecto.
-Artemisa...- dijo una voz a mis espaldas.
Me giré rápidamente y vi a Stefan justo frente a mí con la mano apoyada en el pomo de la puerta.

Capítulo 20 (parte 1)

Hoy salí del trabajo porque sentí que algo raro pasaba. Un presentimiento hizo que le pidiera a mi jefe salir antes y dirigirme a casa.
Corrí como alma que lleva el diablo, corrí con todas mis fuerzas y al llegar a casa abrí la puerta con decisión.
Todo estaba en silencio aunque un rumor me llegó desde el salón. ¿Qué hacía la televisión encendida? Yo la apagué antes de irme a trabajar y Ronny estará en su habitación o eso espero.
Cerré despacio la puerta y cogí un paraguas del paragüero de la entrada, no me fiaba nada. Me acerqué lentamente y me asomé. En el sillón vi a alguien sentado, alguien con el pelo igual que el de Ronny. Confuso, pregunté:
-¿Ronny?
Se giró y ante mí lo vi pero ¿cómo había llegado al salón? ¿Y dónde esta la silla? Al verme, me sonrió.
-¿Qué pasa, Stefan? Hoy has llegado temprano.
-¿Qué haces aquí?
-Ver la tele, ¿por qué lo preguntas?
-No veo la silla, ¿quién te trajo?
-Nadie...
Hubo unos segundos de silencio en los que lo vi levantarse. ¡Se había levantado! Sorprendido, me acerqué hasta él pero me hizo un gesto para que me detuviese.
Sin dejar de sonreír, se puso a caminar hasta que llegó hasta mí
Negué con la cabeza, no podía creerlo.
-Nadie me trajo porque logré venir solo- dijo Ronny.
No podía moverme del sitio, era un milagro, al fin mi hermano volvía a andar. Tengo que estar soñando, seguro que todo esto es un sueño y me voy a despertar de un momento a otro.
Sonreí.
-¿Esto es real?- no pude evitar preguntar, no podía salir de mi asombro- ¿o es solo un sueño?
-Totalmente real, Stefan. Tan real que ni yo mismo me lo creo.
Abracé a mi hermano lleno de alegría al saber que ya no dependería más de esa maldita silla de ruedas.
-Pero... ¿cómo?- pregunté apartándome.
-Ailin vino a verme y yo seguía negándole mi cariño por lo que discutimos y salió corriendo de la habitación. Sentí varios golpes y me acerqué a las escaleras, entonces la vi al final de las escaleras inconsciente. Sin saber muy bien cómo, me levanté y bajé las escaleras hasta donde estaba ella. Grité pidiendo ayuda y apareció Artemisa...- lo miré al ver que dudaba en decir algo aunque seguramente serían cosas mías porque rápidamente continuó- entre los dos conseguimos despertar a Ailin y saber que estaba bien. Se fue a su casa y me dijo que me llamaría luego ya que se puso feliz de verme de pie y que volvía a ser el de antes del accidente.
-No sabes lo que me alegro, hermano. Me sentía tan mal al no poder hacer nada por ayudarte.Negabas cualquier muestra de cariño...
-Pero eso ya ha cambiado.
-Sí, ha cambiado. Esto tenemos que celebrarlo, por cierto ¿has llamado a papá y a mamá? Estoy seguro de que les encantará la noticia.
-La verdad es que no me he acordado de llamarlos pero ahora mismo lo hago.
-Será lo mejor- dije y volví a donde estaba el paragüero para dejar el paraguas que había cogido mientras Ronny llamaba a nuestros padres.
Volví al salón y me miró sonriendo. Luego colgó.
-Dicen que vienen corriendo para acá. De tan sorprendidos que están, no se lo creen.
-Es normal pero será un buen momento para verlos, desde que te viniste a vivir conmigo ni los has llamado, supongo que se habrán alegrado mucho de que los llamaras.
-No me sentía con fuerzas para hablar con nadie y tú lo sabes.
-Tanto que estuviste casi un mes sin hablar.
-No tenía ganas de que la gente me preguntara una y otra vez lo del accidente. Muchos no entendían que no recordaba nada más allá de ir en la moto con Airam y luego despertar en el hospital, inválido.
-Sigues sin recordar nada ¿verdad?- él me miró por unos instantes y enseguida supe la respuesta- lo has recordado...
-Algo así- dijo él- no fue culpa de Airam, fue un coche que venía en sentido contrario y no nos dio tiempo a esquivarlo.
-Eso fue lo que sucedió entonces.
-Sí- dijo sentándose en el sillón y llevándose las manos a la cabeza- no teníamos que haber salido ese día, Stefan. Algo me decía que no debíamos haber salido pero no hice caso de mi instinto... en parte me siento culpable de que Airam muriese de una forma tan cruel.
Me acerqué para sentarme junto a él y posé una mano en su hombro.
-Si así tenía que suceder, debemos aceptarlo. Yo tampoco he superado su muerte pero quizás esté en un buen lugar, viéndonos y cuidándonos- Ronny me miró y percibí cierta sorpresa por su parte ante mis palabras- ¿pasa algo?- pregunté confuso.
-¿Eh? No nada, nada- dijo rápidamente.
Una forma muy extraña de responder. ¿Por qué me había mirado así? Aparté esos pensamientos de mi mente y me levanté.
-Deberías llamar a Ailin.
Ronny se levantó rápidamente y asintió.
-Tienes razón, la llamaré en lo que vienen papá y mamá.
-Yo debería ir a ver a Artemisa para agradecerle que te ayudara.
-No creo que esté en su casa, me dijo que iba a ir a un sitio- dijo mi hermano con el auricular del teléfono en la mano.
-Entonces esperaré a que venga, ¿quieres tomar algo?
-Perfecto, me apetece un refresco bien frío.
-¡Marchando!- exclamé entrando en la cocina.
Oí a mi hermano hablar por teléfono con su chica y de repente sentí un poco de envidia. Desde que lo dejé con Giovanna, me he sentido solo, quizás fuera por eso que la aguantaba hasta que mi mente dijo basta.
No estaba enamorado de ella. Eso lo sabría desde hacía mucho tiempo y no sé lo que se siente al estar enamorado. Antes del accidente, Ronny y Ailin se veían a menudo y me daban una ligera idea de lo que era pero parece que ahora era mucho más intenso ese sentimiento que yo desconozco.
¿Encontraría algún día a una persona que me hiciera sentir lo que es el amor?
Al mirar hacia la ventana, vi aparecer a Artemisa que se dirigía a su casa y no parecía estar muy contenta que se diga. Parecía más bien triste y alicaída...
Cuando salí de la cocina con los refrescos, iba a salir para ir a casa de Artemisa. Me preocupó verla así de triste. Pero justo cuando me acercaba a la puerta, tocaron el timbre por lo que abrí y me encontré con mis padres.
-Hijo, ¿dónde está tu hermano?- preguntó mi madre con urgencia.
-En el salón- dije yo mientras mi padre cerraba la puerta.
Mi madre me arrastró, literalmente, hasta allí y al ver a Ronny de pie junto al teléfono, comenzó a llorar de emoción y corrió a abrazarlo. Miré a mi padre que estaba mirándolos emocionado a mi lado y se acercó hasta Ronny.
-Bien hecho, hijo- dijo mi padre sonriendo- al fin has conseguido recuperarte del todo.
Ronny sonrió y dejó que mamá lo abrazara con fuerza mientras lloraba emocionada al ver a su hijo como era antes. Al menos ya cargaba con menos dolor en su interior. La muerte de Airam quedará para siempre en nuestra memoria y no creo que podamos superar ese dolor como si no hubiese sucedido nada.