domingo, 7 de agosto de 2011

Capítulo 20 (parte 2)

Llegué a la Tierra y me dirigí a mi casa. Me sentía bastante mal al saber que Airam se quedaría en los Cielos para evitar estar cerca de sus hermanos. Lo que él más necesitaba era verlos y saber que estaban bien, se le hará muy duro no poder verlos al menos cuando duermen.
Abrí la puerta de casa donde ya me esperaban Isis y Adara con cara de preocupación.
-¿Qué te dijeron?- me preguntó Adara.
-Nos castigaron a Airam y a mí, si estamos cerca de sentimientos humanos muy fuertes, perderemos nuestro poder y seremos mortales hasta que nos alejemos de esos sentimientos.
-¿Cómo?- preguntó Isis- pero eso sería peligroso, en especial para ti que tienes que proteger a dos chicos... ¿se puede saber en qué está pensando Afrodita? A veces creo que lo único que le gusta es amargarnos la existencia. Vaya un castigo más inapropiado.
-Bueno, mejor eso que mandarla a Limbo- dijo Adara mirándome y me sonrió levemente.
-Esto no puede quedar así, ¿dónde está Airam?- preguntó Isis.
-Se quedó en los Cielos para evitar ver a sus hermanos y así conservar sus poderes, no sería de gran ayuda siendo mortal.
-Tú tampoco y esos chicos te necesitan, ¿cómo piensas hacerlo?
-Pensaba pediros que velarais por ellos durante un tiempo, no podría cuidar de ellos como me gustaría.
Adara e Isis me miraron con compasión.
-Haremos lo que esté en nuestras manos, te lo aseguro- dijo Adara frotándome el brazo con cariño.
Asentí agradecida y me dirigí a las escaleras.
-Estaré en mi habitación.
-¿No quieres comer algo?- preguntó Adara- he preparado pizza casera. Yo misma hice la masa.
-Gracias pero no tengo hambre.
-Te la guardaré en el horno entonces, cuanto tengas hambre, bajas y comes.
Asentí y finalmente subí para meterme en mi habitación donde me tiré en mi cama pensando en el castigo que Afrodita me había impuesto. En realidad no me importaba ser mortal durante algunos minutos pero si lo era no podía defender a Stefan y a Ronny como se merecen.
Ese es el gran inconveniente del castigo.
En mi nueva condición, no podré hacer nada por proteger a los chicos ya que los Ángeles Caídos tomarían ventaja sobre mí porque ellos tendrían sus alas y yo en cambio no.
Me giré hasta quedar de costado en la cama y entonces vi el baúl donde mi hermano había guardado muchos recuerdos que me habían pertenecido y que valoraba más que nada en el mundo.
Me senté sin dejar de mirar el baúl. Me acerqué y me senté en el suelo frente a él antes de abrirlo para contemplar todas las cosas que había guardadas.
El retrato estaba tan bien dibujado que parecía estar mirándome en un espejo. Esa expresión sonriendo ya era prácticamente desconocida para mí. Hace mucho tiempo que no he vuelto a sonreír de verdad. Mi único deber tras transformarme en Ninfa de los Cielos ha sido velar por mis protegidos así que no he tenido tiempo de recordar lo hermoso que es reír de forma natural.
La responsabilidad ha hecho que pierda parte de mis sentimientos de una forma tan dura que recordarlo hace que me sienta mal.
Dejé el dibujo a un lado y seguí sacando cosas como una muñeca que había hecho mi madre cuando era pequeña y que siempre tenía conmigo aún después de haber crecido lo suficiente como para trabajar en los campos.
Mi hermano siempre se burlaba de mí por no desprenderme de la muñeca pero no podía dejarla, había sido una compañera de juegos y que evocaba recuerdos de una infancia feliz.
Las joyas de poco valor que tenía, habían pertenecido a mi madre pero luego pasaron a mis manos al cumplir los dieciséis donde ya se consideraban a las chicas mujeres con posibilidad de casarse y lo habría estado de no ser porque el hombre con el que pretendían casarme había muerto tras ser atacado por un animal salvaje en el bosque cuando cazaba.
Entonces tras sacar el resto de cosas, saqué el vestido. Era un precioso vestido que mi madre había hecho especialmente para mí para cuando me casara. Me producía mucha nostalgia verlo porque me acordaba de cuando la veía coser en los pocos ratos libres que tenía.
El vestido era blanco, como el de toda novia, cosido con hilos azules. Su escote era cuadrado y las mangas eran largas, una vez que llegaban a la muñeca, este bajaba un buen tramo más pero siempre dejando la mano a la vista. En el borde de abajo lucía un precioso bordado azul de flores.
Me dieron ganas de ponérmelo, hacía muchísimos años que no me ponía un vestido de mi época así que me levanté para observarlo bien.
Mi madre había dado con las medidas justas para que no quedara ni muy ajustado ni muy ancho. Era perfecto. Mi cuerpo no ha cambiado nada desde mi muerte así que debería quedarme bien.
Me desvestí quedando en ropa interior. El vestido se abría por detrás con un gran número de botones que no estaba segura de poder abrochar sola pero no me impediría ponérmelo.
Metí las piernas y lo fui subiendo para luego colocar los brazos en sus mangas correspondientes. Hice un esfuerzo para abrocharme algunos botones y solo conseguí llegar hasta la mitad de la espalda. Con el resto tuve que desistir ya que era imposible abotonar los que quedaban.
Busqué dentro del baúl el pequeño cordón azul que iría en mi cintura como detalle para realzarla y lo amarré con un suave nudo para que no quedara muy apretado.
Me acerqué al espejo de cuerpo entero y me miré fijamente. Si mi madre me estaba viendo desde el Más Allá espero que sienta que hizo un buen trabajo con este vestido porque me quedaba perfecto.
-Artemisa...- dijo una voz a mis espaldas.
Me giré rápidamente y vi a Stefan justo frente a mí con la mano apoyada en el pomo de la puerta.

2 comentarios:

  1. Sta muy bn pero espero algo de Adarita jajaj dnd sta mi demonio favorito?¿ besitos!!! Lo del vestido se sale!!!
    Adara

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  2. en el proximo capitulo no pero en el otro tengo una buena cosilla pensada jejeje :D besitos!!! me alegro k te gustara besitos!!!!

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