domingo, 21 de agosto de 2011

Capítulo 21 (parte 1)

-¡Stefan!- exclamé ante la sorpresa de verlo en la habitación.
Recogí el vestido de mis hombros ya que al no estar totalmente abrochado se me baja de los hombros. Notaba las mejillas ardiendo al ver cómo me miraba fijamente sin decir nada. Nada deseaba más en ese momento tener puesto otra cosa.
Ese vestido era algo especial que no deseaba compartir con nadie pero él ya me lo estaba viendo puesto.
-Lo... lo siento...- dijo Stefan- toqué varias veces pero no contestabas así que entré...
-No lo oí...- dije alejándome un poco más como si pudiese encontrar un lugar donde esconderme y que solo se viera mi cabeza- estaba poniéndome este vestido y claro...
-Ya veo... es un vestido muy bonito, te queda bien...- dijo él rascándose la nuca con las mejillas algo sonrojadas.
-Gracias.
-He visto que no lo tienes abrochado del todo, si quieres...- entró un poco más en la habitación. Me encogí un poco con vergüenza y luego me acerqué a él. Le di la espalda para que me abrochara los botones que me quedaban. Un escalofrío me recorrió cuando sentí los dedos de Stefan rozando mi espalda. Sus manos eran algo rudas pero muy cálidas- quería darte las gracias por haber ayudado a mi hermano cuando Ailin cayó por las escaleras. Ha sido un verdadero milagro lo de Ronny ¿verdad?
Miré hacia el espejo y lo vi sonreír de felicidad al saber que su hermano volvía a caminar. De repente me sentí débil y sin fuerzas, se me doblaron las rodillas un poco notando cómo mis poderes me abandonaban provocándome mareo.
Cerré los ojos y noté cómo las manos de Stefan me agarraban con fuerza.
-Artemisa, ¿estás bien?- no podía hablar, solo necesitaba alejarme de esos sentimientos que Stefan mostraba pero era imposible si él me agarraba de esa forma. Me llevó hasta la cama y me ayudó a sentarme- ¿Qué te pasa? ¿Llamo a tus amigas?
Negué con la cabeza.
-Estoy... bien...- dije con voz entrecortada.
-No, no lo estás, has estado a punto de desmayarte...
Abrí los ojos para mirarlo. La preocupación que sentía hacia mí me debilitaba aún más y todo me daba vueltas. Me recosté volviendo a cerrar los ojos y traté de serenarme pero me era imposible con tanto sentimiento junto. Esto es horrible.
¿Por qué me has hecho esto, Afrodita? ¿Acaso no he sido siempre una buena Ninfa que cumple con todo? No me merezco algo así.
-Debería avisar a tus amigas- me dijo y lo escuché abrir la puerta.
-No, por favor...- le pedí- no quiero preocuparlas...
-Pero es que estás pálida.
-Se me pasará...
-Yo no estaría tan seguro.
-Si te relajas podré calmarme, tus nervios hacen que me ponga más nerviosa- dije en un intento por que se calmara y dejara sus sentimientos aparte para así yo poder centrarme.
-Vale- dijo sentándose a mi lado en la cama- pero es que no estás bien.
-Se me pasará, de verdad, solo tienes que calmarte un poco.
Mantuve los ojos cerrados durante un buen rato antes de volver a abrirlos. El mareo había pasado y me sentía un poco mejor. Eso quería decir que Stefan había logrado serenarse y dejar de tener sentimientos tan fuertes.
-¿Puedo saber por qué te has puesto ese vestido?- preguntó él con lo que parecía ser curiosidad.
Abrí los ojos para mirarlo. Tenía ganas de contarle toda la verdad, total ya estaba sufriendo un castigo así que no me hubiera importado pero algo me impuso a mentir, como hago siempre.
-Bueno, lo encontré en ese baúl que me dio mi jefe- dije señalándoselo.
-¿El padre de Tim te dio ese baúl?
-Sí, es una larga tradición de familia que él ha cumplido.
-Tim nunca me ha contado nada de eso- dijo mirando el baúl y todas las cosas que había dejado en el suelo junto a él.
-Son recuerdos que un antepasado de Tim dejó para una posible reencarnación de su hermana- dije tragándome el nudo que tenía en la garganta.
-¿Reencarnación?
-Sí, ese vestido estaba ahí metido junto con otro tipo de recuerdos, incluso un dibujo de la joven en cuestión- dije mientras me levantaba para coger el dibujo y se lo mostré.
Él lo tomó entre sus manos y me miró sorprendido.
-Eres igual que la del dibujo.
-Eso parece- dije yo tragándome las verdaderas palabras que querían salir de mis labios.
-¿Entonces eres la reencarnación de la hermana del antepasado de Tim?
-No lo sé, he oído decir que las personas reencarnadas tienen recuerdos de un pasado lejano, como pequeños flashes de cosas que vivió y yo no he sentido tal cosa.
-Quizás solo haya sido una coincidencia.
-Es posible.
¡No lo era por todos los Caídos! ¡Esa chica del dibujo soy yo! Soy la misma, llevo en el mundo desde esa época aunque una vez morí pero soy yo... ¿Por qué no podía decirlo? ¿Qué me impedía hacerlo? ¿Que me mandaran al Limbo? Como si me importara. Las mentiras se van acumulando cada vez y estoy en el punto más álgido de mi paciencia.
-Dejaron muchos recuerdos en ese baúl, entre ellos ese vestido.
-Sí.
-Parece un vestido de novia ¿no? No sé, de color blanco con poco detalle de color...
Lo miré con sorpresa. ¿Cómo había adivinado que era un vestido de novia? Mi vestido de novia.
-A mí también me lo parece.
-Te queda bien.
Sonreí levemente, era la primera persona que me veía con el vestido con el que me iba a casar en un pasado muy lejano ya.
-Gracias, aunque es bastante antiguo y la tela es bastante delicada, por lo que puedo ver y tocar- dije mientras tocaba la larga manga de suave seda sonde seguro mi madre se había gastado una gran cantidad de dinero.
Él asintió, luego se acercó hasta mí y me miró a los ojos. Yo apenas pude moverme porque detrás de mí estaba el baúl y podría caer si intento retroceder.
-Deberías descansar un poco, aún estás pálida y no tienes buena cara, te vi antes cuando llegaste y parecías triste. Me preocupé bastante.
-Es que no he dormido bien y el susto que me dio tu hermano también me afectó un poco.. Luego tuve que salir por una urgencia y apenas he comido.
-Puedo decirle a tus amigas que te preparen algo.
-Quizás sea una buena idea.
La verdad es que me había dado hambre y también me encontraba muy cansada. Esto de perder poderes no es muy soportable que se diga.
Stefan salió de la habitación y aproveché para recoger las cosas y meterlas dentro del baúl.
El vestido me lo dejé puesto ya que necesitaba algo que me protegiera y nada mejor que el vestido hecho por mi madre para mí. Con él me sentía protegida y era como si sintiera los brazos de mi madre de mi madre alrededor.
Me acosté en la cama de lada abrazándome a mí misma mientras observaba el baúl cerrado.
Los párpados me pesaban y el sueño comenzaba a hacer mella en mí por lo que cerré los ojos y me dejé llevar al mundo de los sueños.

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