domingo, 21 de agosto de 2011

Capítulo 21 (parte 2) (Por Stefan)

Adara calentó la pizza de Artemisa y yo me encargué de llevársela ya que ella tenía que salir e Isis parecía estar enfrascada en un libro de misterio o algo parecido, lo que sé es que no se separaba del libro para nada como si quisiera evadirse de algo.
Al llegar arriba, toqué en la puerta pero nadie respondió por lo que la abrí lentamente. Escruté la habitación y vi a Artemisa en la cama, durmiendo plácidamente.
Se abrazaba a sí misma como si se protegiera de algo aunque su rostro se mostraba sereno en el placentero sueño que parecía tener.
El vestido que llevaba puesto le quedaba a la perfección, como si lo hubiesen hecho para ella. Se ajustaba perfectamente a su cuerpo de piel tan suave que parecía imposible que fuera de este mundo, era perfecta. Sus pómulos sonrosados le daban un aire inocente que estando despierta no aparentaba y las dos medias lunas de sus pestañas descansaban sobre sus mejillas de forma delicada.
Dejé la bandeja en una mesa que tenía un portátil, seguramente lo usaría de escritorio, y me acerqué a la cama. Me senté a su lado para apartarle el mechón de pelo que ocultaba parte de su rostro.
No sé muy bien por qué pero me gustaba observarla mientras dormía. Le debo bastante por haber ayudado a mi hermano hoy y no sé cómo pagárselo.
-No...
Parpadeé al percatarme de que ella estaba hablando en sueños y la miré.
-¿Artemisa?- susurré.
-No... soy inocente...
¿Inocente? Mi ceño se frunció. ¿Por qué decía eso en sueños? ¿Sería solo una pesadilla?
-Dejadme... no he hecho nada... lo juro...
Se removió en la cama y todo su pelo quedó esparcido por completo sobre la almohada creando un halo de color oscuro.
La cogí de la mano, preocupado. ¿A qué venía todo aquello? No parecía ser una pesadilla corriente.
-No... dejad de torturarme... soy inocente... al fuego no... lo suplico... no...
-¿Fuego?- pregunté
-Por favor... no soy una bruja... ¡parad!
Comenzó a golpear en el aire como si tratara de defenderse de un enemigo invisible por lo que tuve que agarrarla con fuerza para que no acabara cayéndose de la cama.
-Artemisa, para, es un sueño...- le decía pero parecía no oírme mientras trataba de zafarse.
-¡No soy una bruja! ¡Soy inocente! ¡Dejadme!
Intentó arañarme la cara y por suerte lo esquivé pero me vi obligado a zarandearla para intentar despertarla. Estaba sufriendo mucho con esa pesadilla.
-¡Artemisa, despierta!- le grité.
Ella se incorporó soltando un grito de agonía y abrió los ojos al fin. Estaba cubierta de sudor y respiraba agitadamente. Parpadeó varias veces antes de mirarme con ojos asustados.
La puerta se abrió de repente y apareció Isis alarmada.
-¿Qué ha pasado?
Artemisa no decía nada, solo me miraba a mí y luego miraba a Isis mientras intentaba recuperarse.
-Nada... una... pesadilla...- dijo sin resuello como si hubiese corrido una maratón.
Isis me miró con el ceño fruncido por unos instantes.
-Pero está todo bien ¿no?
Artemisa asintió levemente por lo que entonces Isis salió pero no dejó de mirarme hasta que la puerta se cerró.
-¿Estás bien?- pregunté.
-Sí... solo ha sido... una pesadilla...- dijo mirando al frente.
-¿Quieres hablarlo?
-No, no recuerdo mucho...
-¿Estás segura?
-Sí...
No me dejó muy convencido por lo que le cogí la mano que temblaba ligeramente. Toda ella temblaba.
-Me estás engañando, Artemisa.
Ella me miró con cara de sorpresa y retrocedió un poco pero le agarré fuertemente la mano.
-¿En qué te estoy engañando?- preguntó como si tuviese miedo de mi respuesta.
-Recuerdas perfectamente todo lo que soñaste, estás temblando como una hoja y te has quedado pálida mirando a la nada. ¿Acaso es repetitiva esta pesadilla?
Encogió las rodillas y me miró. Sus ojos brillaban a causa de las lágrimas contenidas.
-Cada vez que cierro los ojos para dormir, tengo la misma pesadilla. Es horrible, tan vívida, la siento en mis carnes. Siento el dolor de la tortura, me insultan, me desprecian, me escupen, me... me...
Las lágrimas escaparon sin control de sus ojos. ¿Cómo era posible que siempre soñara con lo mismo y que sienta tanto dolor? Me acerqué más a ella y la atraje hacia mí para abrazarla con fuerza.
Artemisa se tensó al principio pero luego dejó escapar su llanto sobre mi hombro mientras la mecía suavemente.
-Tranquila, estoy aquí...- le decía para que se relajara un poco.
-No puedo más, no puedo...- decía ella entre hipidos.
-Debes combatirlo, tienes que sacar esa pesadilla fuera.
-Ojalá pudiese...- me dijo.
No dije nada, simplemente me limité a consolarla hasta que dejara de llorar.
Aunque algo me decía que realmente me gustaba estrecharla entre mis brazos. ¿Acaso estaba surgiendo algo dentro de mí? Me sentó confuso de repente.
Cuando el llanto se convirtió en un leve sollozo, ella me miró sonriendo levemente y me dijo:
-Gracias...
-De nada- le dije yo sonriendo.
Ella se acurrucó más entre mis brazos y cerró los ojos. No iba a dejar que ese día volviera a tener esa horrible pesadilla.

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