martes, 13 de septiembre de 2011

Capítulo 22 (parte 1) (Por Adara)

El parque estaba oscuro a esta hora, solo la zona principal estaba iluminada por las farolas pero yo sabía que los Caídos se escondían en la oscuridad.
Aunque ese día no me apetecía encontrarme con ninguno porque no estoy de humor. Las imágenes que aparecen de repente en mi mente me tienen en un estado de alerta y me da miedo lo que sucede. ¿Beber la sangre de un Caído provocaba semejante unión a pesar de estar casi limpia?
De repente, un ruido me alertó. Provenía de la zona oscura del parque donde todos los árboles se movían al son que marcaba el viento. Sin hacer el menor ruido, me acerqué al lugar para descubrir qué era lo que provocaba aquellos sonidos.
Lo que vi me desconcertó ya que había un Ángel Caído besando a una pobre chica que parecía no darse cuenta del peligro que corría en los brazos de aquel ser despreciable. Hice aparecer mi katana y apunté al Caído.
-Déjala...- dije con rabia en la voz.
El Ángel Caído dejó de besar a la joven pero no me dio la cara. La chica, de cabellos rubios, quedó entre los brazos de él inconsciente.
-Parece que nuestro destino es encontrarnos ¿no crees?
Aquella voz me hizo retroceder un paso y que las manos me temblaran ligeramente. Finalmente, dejó que la chica cayera al suelo de cualquier manera y se giró hacia mí. Al mirarme sonrió. Una sonrisa que denotaba malicia.
-¿Qué estabas haciendo, Adirael?
-Divertirme un poco con esta joven ¿o es que no lo estabas viendo?
-Ibas a maldecirla dejándola embarazada de un Nefilim.
Él se encogió de hombros.
-Es posible, soy casi tan bueno como lo era Badariel.
-No seas cruel. Es una joven inocente.
-Esas son las mejores ¿no crees?- me preguntó sonriendo.
La rabia creció en mi interior y corrí hacia él con la katana en alto. Cuando estuve a su altura, él cogió la katana con la mano para apartarla, luego me cogió del brazo y me atrajo hacia él quedando mi espalda contra su torso.
Mi respiración se aceleró por el miedo y no me moví ni un milímetro.
-Déjame- logré decir.
-¿Y si no quiero?
-Si no lo haces te cortaré las manos.
-Ya me corté una- dijo mostrándome la mano herida. Un gran corte recorría la palma de su mano- mira, como la última vez, ¿quieres beber un poco?
Aparté la cara para evitar que acercara su mano a mi boca.
-¿No crees que ya bebí suficiente? No sé si sabrás que a pesar de todo hay una conexión entre los dos.
-Así que después de todo estamos conectados.
-Te vi mirándote en un espejo.
-Y parece que te gustó ¿no?
-No- dije con convicción.
-Ya veo.
La mano sana acarició mi mejilla con delicadeza mientras me sostenía con la herida para evitar escapar. Bajó por mi cuello, lo que hizo que un escalofrío recorriera mi columna.
-No sigas, Adirael.
-¿Por qué, Adara? Yo sé que te gusta esto.
Posó sus labios en mi cuello y cerré los ojos con fuerza. Intenté apartarme pero él era más fuerte que yo.
-Para... basta...
-Quiero saciar mi deseo y si no es con esa chica ¿con quién lo haré? A ti te tengo aquí y por lo que veo has venido sola ¿no?
-¿Acaso te importa?
Un mordisco en la piel de mi cuello me hizo estremecer.
-Claro, con tus amiguitas aquí no podría hacer esto.
Su mano recorrió mi vientre con tanta delicadeza que sentí miedo de caer bajo el influjo de sus caricias.
-Basta... ¡basta!
Me aparté rápidamente y con respiración agitada lo miré. Adirael sonreía con los brazos a sus costados y de la mano herida caía un reguero de sangre que manchaba la hierba.
-Pues entonces mátame, pequeña, no sé por qué dudas tanto y te dejas hacer.
-No me tientes, Adirael.
-Si me dejas ir, caerá sobre tu conciencia lo que pase.
-No creo que puedas hacer nada. Tienes la mano herida.
Adirael se la miró.
-¿Acaso te estás compadeciendo de mí por estar herido?
-Es un defecto que tenemos las Ninfas de los Cielos: la compasión.
-No quiero tu compasión, Adara.
-Tampoco pensaba sentirla mucho tiempo más.
Me acerqué hasta donde estaba la chica para agacharme junto a ella y tomarle el pulso. Era constante y respiraba con normalidad. Parecía estar dormida. Probablemente de un momento a otro abriría los ojos y nos vería a ambos allí hablando y sin saber muy bien qué era lo que había sucedido.
-No la he matado si es lo que te preocupa- dijo Adirael con los brazos cruzados.
No respondí, simplemente me incorporé y lo miré.
-Me han dicho que tú no eras así...
Adirael me miró sin demostrar ningún ápice de sorpresa o cualquier otra reacción.
-¿Es que te han hablado de mí? Pensé que allá arriba ya no hablaban de gente como yo.
-Eras un ejemplo a seguir en aquella época... ¿qué pasó? ¿Qué te hizo caer?
Él cerró los puños con fuerza. No pude evitar acercarme para mirarlo a la cara. Observé sus ojos verdes fijamente y casi sin darme cuenta le cogí la mano herida.
-No era un ejemplo si luego caí...- me dijo él en un leve susurro.
-¿Te arrepientes?
-Aunque así fuera ya es tarde para eso.
Rasgué un poco de tela de mi blusón y con él envolví la mano herida de Adirael. No sé muy bien por qué estaba siendo amable con él cuando debería haberlo matado.
-Deberías matarme...- dijo él como si me hubiese leído el pensamiento.
-Estás herido, no necesito tener ningún tipo de ventaja. Quizás la próxima vez- dije mientras sonreía levemente- ahora vete de aquí antes de que la chica se despierte.
-Puedo buscar a otra.
-Algo me dice que no lo harás.
-Nunca des nada por sentado.
-Tienes muchas Ninfas Caídas para saciar tu deseo, estarán encantadas de darte todo lo que quieras, no hagas más daño a chicas inocentes.
-¿Quién te dice que te haré caso?- preguntó apartándose y mirándose la mano vendada.
Me dio la espalda para marcharse y entonces yo me agaché junto a la chica que comenzaba a despertar. Cuando ya casi lo había perdido de vista me pareció haberlo oído decir "gracias" pero seguro que solo eran imaginaciones mías.
Cuando la chica se despertó, me miró confusa y le dije que se había desmayado. La ayudé a levantarse mientras me daba las gracias por preocuparme pero si en realidad supiera lo que había sucedido, saldría corriendo gritando como una loca.
Al menos yo lo hubiese hecho.
La vi marchar mientras mi mente volvía a dirigirse hacia Adirael y la conexión que teníamos.

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