sábado, 24 de septiembre de 2011

Capítulo 23 (parte 1) (Por Adirael)

El salón era bastante tétrico, decorado con un estilo muy gótico para mi gusto. Las paredes eran de color negro al igual que el suelo y el techo. Era como si estuviese en una caja. Las luces eran de color rojo que le daban un aire macabro a la habitación. En uno de los laterales había una chimenea, también negra como no, con un cálido fuego encendido
Al fondo de esta había un enorme sillón hecho de huesos de todo tipo. Desde cúbitos hasta cráneos. Incluso había alguna que otra mano repartida por todo ese amasijo de huesos. El lugar destinado a posar las posaderas estaba tapizado de terciopelo negro.
Encima de ese terciopelo se encontraba Lucifer, Luci para los amigos, bueno en realidad así solo lo llamo yo cuando él no me escucha. Si se enterara sería capaz de enviarme al Limbo de una patada en el trasero así que espero que me guardes el secreto.
¿Quieres que describa al amigo Luci? No es nada del otro mundo. Eso sí, como ahora están de moda las novelas de vampiros podrías pensar que lo es pero no es así, este es un Ángel Caído bastante demoníaco. Tiene una larga melena negra con un corte bastante estrafalario y parte de este ocultaba sus ojos tan negros como su pelo. Labios finos siempre con la misma mueca de desdén y superioridad y nariz fina como la de una mujer. Eso sí, su aura es muy siniestra.
-Vaya, Adirael...- dijo al verme. Su voz podría darte escalofríos en esos momentos- pensé que no vendrías.
Los pelos se me pusieron de punta y no era porque no tuviese la camiseta puesta, que no la tengo, tampoco porque hiciese frío allí, más bien hacía demasiado calor con tanta lucecita roja.
-Me mandaste llamar y aquí estoy- dije encogiéndome de hombros.
-Sí y se trata de un asunto bastante delicado... me han dicho que has dejado de complacer a mis queridas Caídas.
-Últimamente me pillan cuando estoy de mal humor.
-¿Mal humor? Eso no es lo que me ha dicho Deméter. Al parecer ha recibido varios desplantes por tu parte. Está bastante indignada y ya sabes como es ella.
Claro que lo sé. Es una arpía que busca nada más satisfacerse sin dar nada a cambio, que yo también tengo necesidades.
-Sí, sé como es ella pero no puedo estar siempre a disposición de ella cuando quiere y como quiere. Yo también tengo cosas que hacer como por ejemplo hacer lo que le tocaba a Badariel. Los genes más poderosos estaban en él y también yo los tengo por ser de los Antiguos.
-Ella también es de las Antiguas, Adirael. No puedo permitir que esté descontenta.
La mirada que me echó me dijo todo lo que tenía que saber.
-No, olvídalo... tengo cosas que hacer.
-He cancelado todos tus deberes, desde este momento servirás a Deméter en todo lo que ella quiera y no pienso aceptar un no por respuesta.
-No pienso hacer algo semejante, Lucifer. Esa tía está loca.
-No me obligues a hacer algo que no quiero.
Lo estás deseando, Luci. Te diviertes haciendo sufrir a los demás.
-Me da igual, no pienso hacer nada para ella.
Luci suspiró ruidosamente de forma cansina y se incorporó en toda su altura. Podría medir peferctamente los dos metros.
-Adirael, Adirael... ¿cuánto tiempo hace que nos conocemos?
Enarqué una ceja ante aquella pregunta.
-Demasiados como para contarlos- contesté.
-¿Y aún hoy piensas que podrás escapar de mis órdenes?- se me acercó y dio una vuelta a mi alrededor, por lo que parece tengo pinta de rotonda- jamás podrás escapar de lo que yo ordene, Adirael. Ni lo pienses por un solo momento. Ahora harás todo lo que Deméter te ordene o te mandaré directamente al Limbo donde estarás encadenado y con una máscara ocultando tu rostro de por vida, sufriendo un duro castigo por tu estupidez al no querer realizar algo tan sencillo. ¿Aún sigues negándote? Podemos hacerlo a las buenas o a las malas, tú decides.
No quise contestar, cualquiera de las dos opciones me llevaría a la misma situación así que permanecí callado y quieto como una estatua. Yo no quiero encontrarme con esa Caída. Es perversa y cruel. Si tiene que hacerte daño para someterte a su voluntad, lo hará encantada.
-Estoy esperando una respuesta... ¿es que no piensas contestar? Muy bien, pues lo haremos por las malas. ¡Chicos!
La puerta se abrió con estrépito y sentí cómo dos pares de manos me agarraban con fuerza para sacarme de allí. Intenté resistirme todo lo que pude pero al parecer estos tíos habían pasado por el gimnasio que teníamos en el Infierno y han sacado demasiado músculo.
-¡Soltadme!- exigí.
-Que disfrutes, Adirael, ya me contarás la experiencia- dijo Lucifer con una mueca burlona en el rostro.
-¡Maldito seas, Lucifer, pagarás por esto te lo juro!- le grité con toda la rabia que bullía en mi interior.
los dos tipos no dejaron de arrastrarme hasta que llegamos a una habitación en la que me metieron a empujones. En ese momento estaba totalmente oscura pero cuando se encendió la luz, no pude evitar hacer una mueca de asco. Aquello parecía más una sala de torturas que un lugar para un encuentro... vamos a tacharlo de esporádico aunque esa no sea la palabra adecuada para lo que veían mis ojos.
Me zafé de los brazos de los dos gorilas e intenté escapar de aquel lugar. Llegué a salir pero no tardaron mucho en darme caza. Intenté escapar de nuevo pero todo fue en vano, volvieron a meterme en el interior de la habitación.
-¡Dejadme ir!- exigí.
Pero ninguno de los dos me hizo caso y me llevaron hasta el fondo de la habitación donde había una enorme cama de sábanas rojas con cojines del mismo color. Me tendieron allí sin darme tiempo a replicar y oí varios sonidos metálicos. Algo se cerró alrededor de mis muñecas y cuando me miré las manos estas estaban encadenadas a la cama.
-Esto es una broma de mal gusto- dije mirando a los dos gorilas- soltadme- moví las manos y las cadenas tintinearon- odio este tipo de bromas, en serio. ¡Eh, no os vayáis! ¡Maldición!- exclamé al ver cómo se cerraba la puerta tras esos tipos de los que cuando saliera de aquí me vengaría.
Intenté con todas mis fuerzas soltarme pero cada intento que hacía sólo conseguía hacerme daño. Suspiré mirando al techo y golpeé la cabeza contra los cojines que tenía debajo.
La puerta se abrió de repente y oí el ruido de unos tacones acercándose a la cama.
-Al fin te tengo todo para mí, Adirael.
-Vaya, Deméter, la última vez que nos vimos no estabas tan... ¿cómo decirlo? Tan vieja...
Ella se rió y se colocó su larga melena dorada sobre uno de sus hombros mientras me miraba con aquellos ojos azules. Vestida con un traje de cuero rojo que mostraba más que ocultaba, se acercó y se arrodilló a mi lado y pasó su mano por mi torso.
-Qué bromista eres, querido. Ya verás que lo pasamos bien durante mucho tiempo.
Gruñí cuando me clavó las uñas en el torso y la miré.
-Mientras no destroces este cuerpo que me han dado, vamos bien, ah y acaba rápido que tengo cosas que hacer.
-¿No te dijo Lucifer que ibas a estar aquí el tiempo que yo quisiese?
Enarqué una ceja.
-Veremos quién se cansa antes, Deméter.
Ella sonrió.
-Ya lo veremos.
Se acercó hasta mis labios y me besó pero mi mente se alejó de allí para estar con Adara.

No hay comentarios:

Publicar un comentario