sábado, 24 de septiembre de 2011

Capítulo 23 (parte 2) (Por Isis)

Es la tercera vez que leo el mismo párrafo sin enterarme de nada. Estoy tan preocupada que no me concentro. Hace un par de días que no sé nada de Airam y a pesar de que Artemisa me dijo que no pensaba bajar para no verse perjudicado por el castigo, se me hace muy raro no verlo por aquí vigilando a sus hermanos.
Supongo que no debe ser nada agradable perder todo tu poder por culpa de los sentimientos humanos. Al parecer, según me contó Artemisa cuando Stefan se fue, se siente muy mareada y débil. Otra que me tiene el alma en vilo. Esas pesadillas no pueden ser normales. Esos gritos de agonía como si realmente lo estuviese sufriendo en ese momento. Tiene que haber alguna de que olvide lo sucedido.
Me mordí el labio inferior al mirar al sofá que tenía a mi lado. El lugar donde había llegado a los recuerdos de Airam. Es un castigo injusto, ninguno de los dos se lo merece. Quizás si hablo con Afrodita...
En ese momento me decidí. Iba a ir a hablar con ella, quizás podía conseguir que cumplieran otro tipo de castigo no tan duro como este. Salí de mi casa hasta llegar a un lugar alejado de la civilización. Estiré mis Alas y me elevé lentamente en el aire para luego dirigirme a toda velocidad a los Cielos.
Al llegar arriba, me dirigí al Edificio Principal y entré sin hacer caso de los Ángeles que guardaban la puerta de entrada. Afrodita estaba sentada en un diván como siempre y la miré fijamente. Ella levantó la mirada y me sonrió levemente. Una sonrisa demasiado falsa que no mostraba sus verdaderos pensamientos.
-Bienvenida, Isis.
-Levántale el castigo a Artemisa y a Airam- dije sin andarme con rodeos.
Ella se incorporó lentamente para luego acercarse a mí mirándome directamente a la cara.
-Están cumpliendo un castigo justo, no veo la razón para levantárselo. Incumplieron las normas.
-No las incumplieron intencionadamente y lo sabes. Yo habría actuado igual que Airam.
-No pueden dejarse ver ante sus familiares y tiene suerte de que este sea un castigo leve, podría haberlos mandado al Limbo.
-Eres cruel con nosotros, ¿se puede saber qué es lo que te hace tan despiadada? Protegemos a los humanos porque fuimos elegidos por ti, cumplimos todas las órdenes, creo yo al menos que deberíamos tener una segunda oportunidad tras un fallo.
-Lo que sucedió no fue ningún fallo, Isis.
Apreté las manos en sendos puños.
-Están sufriendo. Artemisa casi pierde el conocimiento al quedarse sin fuerza. ¿Cómo pretendas que proteja a esos dos chicos si no puede hacer nada?
-Tendrá que buscar la forma de que los sentimientos humanos no le afecten.
-¡Ella también tiene sentimientos humanos! De un momento a otro podría desaparecer si la ataca cualquier Caído y no es capaz de defenderse porque no tiene toda su fuerza para hacerlo. ¿De verdad quieres perder a tu mejor Ninfa?
-Creo que esto no es asunto tuyo, Isis, yo sé lo que hago.
-Yo no estaría tan segura, estás poniendo en peligro las vidas de esos chicos al igual que la de Artemisa pero parece que te da igual lo que les pase. ¿Qué pasa? ¿Acaso se te están acabando los Ángeles y quieres tener a esos dos chicos entre tus filas? Seguro que quieres recrearte la vista un rato ¿no?- estaba realmente enfadada y estaba soltando lo primero que me venía a la cabeza- ah claro, es que quieres tenerlos en tu habitación ¿verdad?
Su mano impactó contra mi mejilla con fuerza. Me llevé la mano a esta mientras la miraba sorprendida, nunca nadie me había levantado la mano.
-Será mejor que no sigas, Isis, no me gustaría tener que castigarte al igual que a Artemisa y a Osiris.
Su voz me produjo escalofríos al igual que su mirada penetrante. Retrocedí un paso con cierto temor a que volviera a golpearme. Sentí el regusto metálico de la sangre sobre mis labios. Sin decir nada, salí corriendo de allí en busca de un lugar tranquilo en el que recuperarme de la sorpresa.
Sin casi darme cuenta, me dirigí al anexo que se encontraba vacío y me senté en uno de los sillones cuando oí ruidos en una de las habitaciones. Este provenía del gimnasio que había para que los heridos ya casi curados recuperaran fuerzas. La curiosidad me pudo y tras levantarme, me dirigí hasta la puerta que estaba abierta.
Al parecer alguien estaba haciendo ejercicio en el interior así que no pude evitar asomarme. Al mirar, no pude evitar sonrojarme porque ante mí veía una espalda desnuda que se elevaba y descendía desde una barra fija que había instalada en el lugar. enseguida reconocí ese pelo castaño y entré.
-¿Molesto?- pregunté en voz baja.
Él se detuvo y me miró con aquellos ojos verdes oscuros que bien podrían representar la hierba en la noche. Se soltó de la barra para limpiarse la cara con una toalla.
-¿Qué haces aquí?- me preguntó antes de coger una botella de agua y darle un buen trago.
-Vine a hablar con Afrodita sobre el castigo que estáis sufriendo tú y Artemisa. No me parecía justo que os llevarais un castigo semejante, Artemisa casi se desmaya delante de tu hermano Stefan. Estaba preocupada y vine a comentárselo pero no me hizo mucho caso.
Me miró fijamente antes de acercarse y posar su mano en mi barbilla para que lo mirara.
-¿Por qué tienes el labio partido?
Pasó el pulgar por mi labio herido y me limpió la sangre sin dejar de mirarme a los ojos.
-Digamos que no me comporté debidamente con Afrodita y este fue el precio que pagué por no pensar las cosas antes de decirlas.
-No debería haberte pegado.
Su mano curó mi herida y me sonrió levemente, algo que me dejó sin aliento.

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