domingo, 16 de octubre de 2011

Capítulo 24 (parte 2)

Ha pasado varios días en los que apenas he salido de mi habitación, no puedo salir sin sentirme débil a causa de los sentimientos de los demás. Fui a trabajar y me jefe me dijo que me tomara unos días hasta que me sintiera mejor pero si Afrodita no me levantaba el castigo, quizás no pueda volver nunca y ese trabajo me gusta.
Me he pasado varias horas intentando leer un libro pero no puedo concentrarme del todo..
No puedo soportar este encierro, me volveré loca...
Alguien tocó en la puerta lo que hizo que me sobresaltara de repente.
-Adelante...- dije en voz baja.
La puerta se abrió y por esta apareció Ronny.
-¿Estás ocupada?
-No... llevó varios días aquí sin poder hacer mucho así que no estoy ocupada- dije mostrando una leve sonrisa.
-¿Acaso es por lo que te pasó cuando vino mi hermano Stefan?
-En parte.
Ronny se sentó a mi lado en la cama.
-¿Qué pasa? ¿Por qué no ha venido Airam? ¿Qué sucedió ahí arriba?- preguntó señalando hacia el cielo.
-Nos castigaron. Un castigo muy duro. Cuando hay sentimientos humanos cerca nos debilitamos y perdemos todos nuestros poderes. Nos sentimos tan débil que casi podemos perder el conocimiento, al menos yo, Airam no sé ya que decidió quedarse en los Cielos para no verse afectado.
-Ya veo... entonces no merece la pena que me asome todas las noches a la ventana esperando verlo para preguntarle todo lo que no recuerdo del día del accidente, no me dio detalles cuando hablamos...
-Al menos hasta que acabe el castigo no- dije mientras me abrazaba las rodillas.
-Entiendo. ¿Y tú cómo estás?
-Fatal, no puedo salir a ningún sitio sin sentirme fatal y a este paso creo que me voy a volver loca.
-Asssí que era verdad...- dijeron desde la ventana- estásss sssufriendo un cassstigo...
Ronny y yo miramos hacia la ventana y vimos a una criatura agazapada en el alféizar. Tenía unas alas sin plumas y puntiagudas por lo que supuse que sería un demonio menor. Su piel blanquecina con tonos marrones en algunas partes de su cuerpo daba a pensar en un paño usado en algo realmente desagradable. Sus grandes ojos completamente oscuros, sin una pizca de blanco, me miraron fijamente mientras de entre sus labios salía una lengua muy parecida a la de las serpientes.
Rápidamente me levanté de la cama y me puse delante de Ronny que también se había levantado.
-¿Quién eres?- pregunté sin dejarme asustar por su lengua sibilante.
Sus pies desnudos de largas uñas amarillentas se posaron en el suelo para luego estirarse en toda su altura. Era casi tan alto como yo, incluso diría que más.
-Miss amoss me llama Ganael, cuando essstán de buen humor al menosss... pero essso no importa ahora...- dijo mientras movía la cabeza levemente como si fuese un tic pero de un modo lento y bastante terrorífico.
-¿Y te mandaron a comprobar mi estado de debilidad?- pregunté mientras hacía aparecer mi espada en mis manos.
-Claro que sssí. Sssoy un demonio muy ssservicial.
-Ya veo, ¿no te advirtieron de que podría matarte antes de darte cuenta?
-No podrásss hacer nada sssi te debilitasss.
-¿Cómo sabéis que he recibido un castigo?
-Losss rumoresss también llegan al infierno, pequeña.
-¿Qué demonios es eso?- preguntó Ronny a mis espaldas.
-Tú mismo lo has dicho: un demonio. Son subordinados de los Ángeles Caídos y algunos pueden ser bastante letales.
-¿Todos tienen ese aspecto?
-No todos, cada uno tiene un aspecto bastante desagradable al igual que este.
Ganael no tardó en comenzar a atacar por lo que levanté mi espada en alto para detenerlo pero se movía con rapidez; me esquivó con facilidad. Pude ver cómo se acercaba a Ronny con la baba cayéndole por la comisura del labio.
-Me encantan losss humanosss, ssson muy ssabrossoss...
-¡Ronny, apártate!- le grité y de repente sentí su miedo- no, no, ahora no, por favor... Ronny, por favor, aparta el miedo de ti...- dije apoyándome en la parte baja de la cama- si no lo haces, no podré acabar con el demonio...
El joven se acercó hasta ella tras alejarse lo suficiente del demonio que no tardó en empezar a acercarse.
-Artemisa... ¿qué pasa?
-Tú miedo... es un sentimiento... que me afecta...
-Misss amosss ssse pondrán muy contentosss con Ganael... una buena presssa, también me llevaré al humano.
Miré hacia Ganael aunque lo estaba viendo todo borroso cuando sentí la mano de Ronny agarrar con fuerza la que sostenía mi espada e izarla hacia el demonio.
-Ronny...- giré mi cabeza hacia él.
-Alguien tiene que acabar con esa criatura y si te sientes débil yo te ayudaré, no quiero ser la cena de ningún demonio.
Posó la otra mano en mi cintura para agarrarme mientras yo trataba de sacar fuerzas de donde no tenía para poder atravesar con mi espada a Ganael.
-No sé si podré, Ronny.
-Tenemos que hacerlo, es la única oportunidad que tenemos de salir bien parados de esto, vamos, confía en mí.
Asentí y posé la mano libre sobre el brazo de Ronny mientras veíamos cómo se nos acercaba Ganael mostrando unos horribles dientes puntiagudos y amarillentos.
Ambos nos acercamos y sentí cómo la espada se hundía en la carne del demonio del que empezó a salir una masa viscosa oscura. Parecía sangre pero algo más espesa.
Sonreí levemente y apoyé la cabeza en el hombro de Ronny completamente debilitada mientras el demonio se consumía, gritando, ante mis ojos dejando un intenso olor a azufre y una masa viscosa en el suelo.

Capítulo 24 (parte 1) (Por Isis)

Nos miramos directamente a los ojos y no supe muy bien qué sucedió. La enorme conexión que sentí con él cuando vi lo que sucedió el día del accidente, se acababa de incrementar al mirar fijamente aquellos rasgos tan bien definidos.
-¿Mejor?- me preguntó.
-Sí... ya... ya no me duele tanto...- dije nerviosa, pero ¿qué me pasaba? Me estoy comportando como una adolescente.
-Me alegro.
Traté de sonreír levemente mientras él se apartaba para coger su camiseta y ponérsela.
-¿Cómo estás?
Él se encogió de hombros mientras recogía las cosas para salir de allí.
-No me quejo. Ahora puedo hacer mucho deporte.
-¿Y no estás preocupado por tus hermanos? Supongo que te estará costando no verlos.
-Algún día tendría que haberlo dejado, mejor cuanto antes- dijo mientras salía.
Yo le miré la espalda y luego lo seguí aunque  casi tenía que correr para poder seguir su paso.
-¿Te ha pasado lo mismo que a Artemisa?- pregunté, aunque fuésemos Ángeles y Ninfas de los Cielos, también teníamos sentimientos por lo que también podía afectarle. Airam no me contestó por lo que tuve que agarrarlo del brazo para detenerlo- te ha pasado, por eso vienes al gimnasio, para no pensar y para huir de los sentimientos.
Él no me miró pero supe que había acertado en mis suposiciones.
-Esto es muy duro, Isis, es horrible esa sensación de debilidad- me dijo mientras lo veía cerrar los ojos como si estuviese sintiéndolo ahora- sentir que pierdes tu fuerza sin poder evitarlo es lo peor que me puede pasar después de ser lo que soy. Apenas puedo ir a ningún sitio sin sentirme débil por culpa de los sentimientos. Odio esto que me está pasando, lo odio.
Me mordí el labio inferior y cogí una de sus manos entre las mías mientras lo miraba fijamente.
-Voy a convencer a Afrodita para que os levante el castigo, no puede haceros esto.
Airam negó con la cabeza.
-Déjalo así, no me gustaría tener que curarte el labio más- dijo mostrando una leve sonrisa que no le llegaba a los ojos.
-Airam, no me gusta verte así, ¿por qué no dices abiertamente que echas de menos a tus hermanos y que quieres verlos?- pregunté exasperada al ver que trataba de mostrarse de una forma en la que realmente no se sentía.
-¿Y de qué serviría que lo dijera, Isis? Eso solo acrecentaría mi dolor y me debilitaría, prefiero no pensar.
-Que me ayudaría a saber que realmente no te estás volviendo un ser sin sentimientos como pretendes aparentar ahora. Sé lo que es no poder estar cerca de tu familia y el dolor por el que se pasa. No sabes lo difícil que fue ver cómo todos lloraban un cuerpo irreconocible a causa de las puñaladas y los golpes, lo difícil que fue estar cerca de ellos y no poder decirles que ya no estaba sufriendo dolor alguno, que estaba perfectamente, no viva pero bien a fin de cuentas. Me tragué todo el dolor y no lo mostré con nadie sino que me pasaba el día entrenando con la ballesta, día y noche sin parar para no pensar en mi familia. Me volví un ser sin sentimiento alguno que solo se dedicaba a acabar con los Caídos día tras día. No quería consuelo de nadie hasta que Artemisa se me acercó una vez y me quitó la ballesta de las manos. Me dijo que lo dejara que me estaba haciendo daño y así era, sin apenas haberme dado cuenta me vi con el brazo lleno de heridas que ella curó con amabilidad aunque apenas habíamos hablado- no pude evitar sonreír levemente al recordar aquel momento- me derrumbé. Estuve llorando mucho tiempo, ni siquiera me di cuenta de que me quedé dormida tras desahogarme, por eso no quiero que te contengas aunque te debilite... no quiero que te pase lo que me pasó a mí, Airam, no se lo deseo a nadie.
De repente unos brazos me rodearon con fuerza, sorprendiéndome. Apenas me moví y parpadeé varias veces. Levanté apenas la mirada y noté su mentón en mi cabello.
-Siento haberte preocupado así- me dijo casi en un murmullo- no pensé que fueras a sentirte así.
Sin saber muy bien por qué rodeé con mis brazos su cintura y sentí que él me daba un beso en la cabeza. Levanté la mirada hacia sus ojos hasta que casi sin darnos cuenta acercamos nuestros rostros hasta que nuestros labios quedaron unidos. Fue algo inesperado para mí, nunca antes me habían besado y no supe muy bien cómo reaccionar al principio.
Cerré los ojos dejándome llevar por las sensaciones que estaba padeciendo. Entreabrí mis labios dejando que él explorara mi boca haciéndome sentir escalofríos. Un extraño sentimiento me embargó hasta embotarme los sentidos pero los brazos de Airam dejaron de sostenerme y estuve a punto de caer porque las rodillas me temblaban.
Al abrir los ojos vi que Airam intentaba apoyarse en la pared que tenía detrás con esfuerzo.
-¿Airam?- pregunté aún embotada. Él levantó la mano libre para que no hablara y me sentí confusa por unos instantes hasta que entonces caí en la cuenta de lo que pasaba- ¡maldición!- exclamé antes de acercarme- lo siento, lo siento.
-Estoy bien...- me dijo casi en un susurro y con los ojos cerrados- se me pasará...
-Lo siento, Airam, de verdad que lo siento. Ven, vamos a sentarnos.
Pasé uno de sus brazos por mis hombros y lo conduje hasta una de las habitaciones para sentarlo en la camilla.
-Si intentas no preocuparte tanto, se me pasará... maldita sea, todo me da vueltas.
-Cierra lo ojos y si puedes mete la cabeza entre las rodillas- le dije.
Él me obedeció y se hizo un ovillo sobre la camilla mientras trataba de respirar tranquilamente, yo intentaba relajarme y alejar mis sentimientos para que no le siguiera afectando más. Me senté a su lado en la camilla y lo observé fijamente. No quería preocuparme porque sabía que le afectaría así que lo único que pude hacer fue posar una mano en su hombro para darle apoyo.
Tras un rato, Airam levantó la mirada y sonrió levemente.
-Siento haberte asustado- me dijo con una media sonrisa que me dio un vuelvo al corazón.
¿Por qué nos habíamos besado? ¿Qué me está pasando? ¿Por qué siento esta especial conexión con él? Era bastante confuso porque yo nunca había sentido nada igual y es algo nuevo para mí.
-No te preocupes, quizás deberías descansar un poco. Debes estar muy cansado después de lo que te ha pasado- dije incorporándome pero de repente su mano agarró mi brazo.
Nos miramos a los ojos fijamente.
-No te vayas, por favor, cuando me pasa esto no quiero estar solo.
No supe qué decir, lo veía tan vulnerable que deseé quedarme para consolarlo. Me senté a su lado de nuevo y Airam me abrazó.
-Airam...- susurré.
-Esto es muy duro, Isis, no sé si podré soportarlo más, de verdad. No puedo ver a mis hermanos, cada vez que hay un sentimiento me debilito hasta casi perder el conocimiento. No puedo más.
Mis brazos se movieron solos alrededor de su cuerpo para abrazarlo y así consolarlo.
-Te prometo que hablaré con Afrodita para que os levante el castigo, no me gusta veros sufrir a ti y a Artemisa.
-Eres muy buena- dijo él en voz baja- nunca dejes de lado tus sentimientos.
Los ojos se le estaban cerrando y apoyó su cabeza en mi hombro hasta que finalmente se quedó profundamente dormido. No pude evitar acariciar su mejilla.