domingo, 16 de octubre de 2011

Capítulo 24 (parte 1) (Por Isis)

Nos miramos directamente a los ojos y no supe muy bien qué sucedió. La enorme conexión que sentí con él cuando vi lo que sucedió el día del accidente, se acababa de incrementar al mirar fijamente aquellos rasgos tan bien definidos.
-¿Mejor?- me preguntó.
-Sí... ya... ya no me duele tanto...- dije nerviosa, pero ¿qué me pasaba? Me estoy comportando como una adolescente.
-Me alegro.
Traté de sonreír levemente mientras él se apartaba para coger su camiseta y ponérsela.
-¿Cómo estás?
Él se encogió de hombros mientras recogía las cosas para salir de allí.
-No me quejo. Ahora puedo hacer mucho deporte.
-¿Y no estás preocupado por tus hermanos? Supongo que te estará costando no verlos.
-Algún día tendría que haberlo dejado, mejor cuanto antes- dijo mientras salía.
Yo le miré la espalda y luego lo seguí aunque  casi tenía que correr para poder seguir su paso.
-¿Te ha pasado lo mismo que a Artemisa?- pregunté, aunque fuésemos Ángeles y Ninfas de los Cielos, también teníamos sentimientos por lo que también podía afectarle. Airam no me contestó por lo que tuve que agarrarlo del brazo para detenerlo- te ha pasado, por eso vienes al gimnasio, para no pensar y para huir de los sentimientos.
Él no me miró pero supe que había acertado en mis suposiciones.
-Esto es muy duro, Isis, es horrible esa sensación de debilidad- me dijo mientras lo veía cerrar los ojos como si estuviese sintiéndolo ahora- sentir que pierdes tu fuerza sin poder evitarlo es lo peor que me puede pasar después de ser lo que soy. Apenas puedo ir a ningún sitio sin sentirme débil por culpa de los sentimientos. Odio esto que me está pasando, lo odio.
Me mordí el labio inferior y cogí una de sus manos entre las mías mientras lo miraba fijamente.
-Voy a convencer a Afrodita para que os levante el castigo, no puede haceros esto.
Airam negó con la cabeza.
-Déjalo así, no me gustaría tener que curarte el labio más- dijo mostrando una leve sonrisa que no le llegaba a los ojos.
-Airam, no me gusta verte así, ¿por qué no dices abiertamente que echas de menos a tus hermanos y que quieres verlos?- pregunté exasperada al ver que trataba de mostrarse de una forma en la que realmente no se sentía.
-¿Y de qué serviría que lo dijera, Isis? Eso solo acrecentaría mi dolor y me debilitaría, prefiero no pensar.
-Que me ayudaría a saber que realmente no te estás volviendo un ser sin sentimientos como pretendes aparentar ahora. Sé lo que es no poder estar cerca de tu familia y el dolor por el que se pasa. No sabes lo difícil que fue ver cómo todos lloraban un cuerpo irreconocible a causa de las puñaladas y los golpes, lo difícil que fue estar cerca de ellos y no poder decirles que ya no estaba sufriendo dolor alguno, que estaba perfectamente, no viva pero bien a fin de cuentas. Me tragué todo el dolor y no lo mostré con nadie sino que me pasaba el día entrenando con la ballesta, día y noche sin parar para no pensar en mi familia. Me volví un ser sin sentimiento alguno que solo se dedicaba a acabar con los Caídos día tras día. No quería consuelo de nadie hasta que Artemisa se me acercó una vez y me quitó la ballesta de las manos. Me dijo que lo dejara que me estaba haciendo daño y así era, sin apenas haberme dado cuenta me vi con el brazo lleno de heridas que ella curó con amabilidad aunque apenas habíamos hablado- no pude evitar sonreír levemente al recordar aquel momento- me derrumbé. Estuve llorando mucho tiempo, ni siquiera me di cuenta de que me quedé dormida tras desahogarme, por eso no quiero que te contengas aunque te debilite... no quiero que te pase lo que me pasó a mí, Airam, no se lo deseo a nadie.
De repente unos brazos me rodearon con fuerza, sorprendiéndome. Apenas me moví y parpadeé varias veces. Levanté apenas la mirada y noté su mentón en mi cabello.
-Siento haberte preocupado así- me dijo casi en un murmullo- no pensé que fueras a sentirte así.
Sin saber muy bien por qué rodeé con mis brazos su cintura y sentí que él me daba un beso en la cabeza. Levanté la mirada hacia sus ojos hasta que casi sin darnos cuenta acercamos nuestros rostros hasta que nuestros labios quedaron unidos. Fue algo inesperado para mí, nunca antes me habían besado y no supe muy bien cómo reaccionar al principio.
Cerré los ojos dejándome llevar por las sensaciones que estaba padeciendo. Entreabrí mis labios dejando que él explorara mi boca haciéndome sentir escalofríos. Un extraño sentimiento me embargó hasta embotarme los sentidos pero los brazos de Airam dejaron de sostenerme y estuve a punto de caer porque las rodillas me temblaban.
Al abrir los ojos vi que Airam intentaba apoyarse en la pared que tenía detrás con esfuerzo.
-¿Airam?- pregunté aún embotada. Él levantó la mano libre para que no hablara y me sentí confusa por unos instantes hasta que entonces caí en la cuenta de lo que pasaba- ¡maldición!- exclamé antes de acercarme- lo siento, lo siento.
-Estoy bien...- me dijo casi en un susurro y con los ojos cerrados- se me pasará...
-Lo siento, Airam, de verdad que lo siento. Ven, vamos a sentarnos.
Pasé uno de sus brazos por mis hombros y lo conduje hasta una de las habitaciones para sentarlo en la camilla.
-Si intentas no preocuparte tanto, se me pasará... maldita sea, todo me da vueltas.
-Cierra lo ojos y si puedes mete la cabeza entre las rodillas- le dije.
Él me obedeció y se hizo un ovillo sobre la camilla mientras trataba de respirar tranquilamente, yo intentaba relajarme y alejar mis sentimientos para que no le siguiera afectando más. Me senté a su lado en la camilla y lo observé fijamente. No quería preocuparme porque sabía que le afectaría así que lo único que pude hacer fue posar una mano en su hombro para darle apoyo.
Tras un rato, Airam levantó la mirada y sonrió levemente.
-Siento haberte asustado- me dijo con una media sonrisa que me dio un vuelvo al corazón.
¿Por qué nos habíamos besado? ¿Qué me está pasando? ¿Por qué siento esta especial conexión con él? Era bastante confuso porque yo nunca había sentido nada igual y es algo nuevo para mí.
-No te preocupes, quizás deberías descansar un poco. Debes estar muy cansado después de lo que te ha pasado- dije incorporándome pero de repente su mano agarró mi brazo.
Nos miramos a los ojos fijamente.
-No te vayas, por favor, cuando me pasa esto no quiero estar solo.
No supe qué decir, lo veía tan vulnerable que deseé quedarme para consolarlo. Me senté a su lado de nuevo y Airam me abrazó.
-Airam...- susurré.
-Esto es muy duro, Isis, no sé si podré soportarlo más, de verdad. No puedo ver a mis hermanos, cada vez que hay un sentimiento me debilito hasta casi perder el conocimiento. No puedo más.
Mis brazos se movieron solos alrededor de su cuerpo para abrazarlo y así consolarlo.
-Te prometo que hablaré con Afrodita para que os levante el castigo, no me gusta veros sufrir a ti y a Artemisa.
-Eres muy buena- dijo él en voz baja- nunca dejes de lado tus sentimientos.
Los ojos se le estaban cerrando y apoyó su cabeza en mi hombro hasta que finalmente se quedó profundamente dormido. No pude evitar acariciar su mejilla.

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