lunes, 19 de marzo de 2012

Capítulo 27 (parte 2) (Por Stefan y Artemisa)

Abrí los ojos lentamente, me dolía un poco el cuello de la mala posición en la que al parecer me había quedado dormido. Miré a mi lado donde aún estaba Artemisa profundamente dormida.
Sonreí levemente y le acaricié la mejilla con suavidad. Era hermosa. Me gustaba mucho mirarla, parecía una hermosa muñeca de porcelana.
¿Cuánto tiempo llevo durmiendo? A través de la ventana se ve todo oscuro. Miré el reloj y era pasada de las nueve de la noche. El estómago me rugió de hambre por lo que me incorporé para ir a cenar dejando sola por unos instantes a Artemisa, no sin antes revisar que las ventanas estaban bien cerradas. No podía dejar que el que escapó le hiciese daño mientras no estaba.
La cubrí con la manta y salí de la habitación. El olor de unas hamburguesas me llegó desde las escaleras así que no lo dudé y me dirigí a la cocina. Ronny estaba cocinando.
-¿Aún no has cenado?
-La verdad es que no estaba con muchos ánimos para comer. Artemisa no estaría así de no ser por mí.
-No digas eso... tarde o temprano habríamos descubierto todo- dije mientras preparaba el pan de hamburguesa con algunas verduras que al parecer Ronny había picado- es imposible mantener esa fachada durante tanto tiempo.
-Me duele verla así pero sinceramente me alegro de haber podido ver a nuestro hermano y confirmar que él no fue el culpable de lo que nos pasó.
-Yo siempre supe que él no había tenido la culpa, algo dentro de mí me lo decía y no me equivocaba.
-Fue genial verlo, parecía brillar con luz propia, como los ángeles que se ven en los libros que hablan de ellos.
-Me hubiese gustado verlo.
-Quizás lo veas algún día.
Ronny sacó las hamburguesas y las puso en un plato para que cada uno cogiéramos uno. Rociamos ambos con distintas salsas y nos pusimos a comer en silencio.

Frío.
Tengo mucho frío. El calor que había sentido hacía tan solos unos instantes se había ido y el frío invadía mi cuerpo casi por completo. No podía moverme, ni tampoco abrir los ojos.
A mi alrededor era todo oscuridad y esta me debilitaba cada vez más. De repente todo pareció aclararse y volverse de un blanco luminoso. Era una luz enorme que me deslumbraba. A lo lejos vi tres figuras que se acercaban poco a poco a mí. No me había dado cuenta de que estaba en posición fetal dentro de una especie de burbuja aunque esta desapareció en el momento en que aparecieron las figuras.
Miré mi cuerpo que estaba enfundado en un hermoso vestido blanco de una tela tan suave y delicada que parecía que no tuviera nada. Mi piel era blanca como la porcelana.
-Hija...
Aquella voz hizo que detuviera mi propia inspección para levantar la mirada.
-¿Mamá?- pregunté con el corazón encogido.
-Sí, cariño, soy mamá.
Una de las figuras se acercó un poco más y pude ver el rostro de mi madre que sonreía.
Las lágrimas comenzaron a rodar por mis mejillas al verla. Estaba preciosa, tal y como la recordaba. Sin pensar en nada, corrí hacia ella para sentir sus brazos sobre mi cuerpo. Entonces detrás de ella aparecieron mi padre y mi hermano que también me abrazaron con alegría.
-¿Dónde estamos?- pregunté.
-Esto es la Antesala antes del Más Allá- dijo mi hermano.
-¿La Antesala?- pregunté confusa- eso quiere decir que...
-No, hija, aún no estás muerta- dijo mi padre- pero si no luchas por tu vida no podrás volver.
-No quiero irme ahora que os tengo a mi lado.
Los abracé con fuerza sintiendo que no quería irme de allí,  mientras mis padres y mi hermano estuviesen a mi lado allí sería feliz.

Volví a la habitación con una bandeja de comida para Artemisa a la que tendría que despertar para que comiese algo. Entré en la habitación y dejé la bandeja en mi escritorio.
Me acerqué a la cama para despertar a Artemisa pero lo que vi me dejó de piedra.
La piel estaba demasiado pálida y su respiración era demasiado irregular. La destapé para ver si eran imaginaciones mías pero realmente no respiraba con normalidad.
-¿Artemisa? pregunté esperando una respuesta que sabía que no iba a recibir- por favor, Artemisa, contesta- la cogí entre mis brazos. Era un peso muerto entre mis brazos- no puedes hacerme esto, le prometí a tus amigas que cuidaría de ti, no te puedes marchar así como así. Despierta. ¡Ronny!
Los pasos se oyeron al momento y la puerta se abrió.
-¿Qué pasa?
-¡Llama a Isis y Adara! ¡Se está muriendo!- miré su cara y me pareció que se volvía translúcida- ¡Rápido!- volví a mirar a Artemisa, preocupado. No contestaba por mucho que la llamara. La abracé con fuerza intentando que mi calor penetrara en su cuerpo- vamos, Artemisa, no te rindas, no puedes dejarme. ¿Quién nos va a proteger si te vas?- pregunté intentando sonreír- no nos vas a dejar ¿verdad? Por favor, Artemisa, no me hagas esto cuando estoy empezando a sentir algo tan fuerte que ni yo mismo lo entiendo.
Sin poder evitar lo que hacía mi cuerpo, acerqué mi rostro al suyo y besé sus fríos labios con delicadeza.

2 comentarios:

  1. Deseando seguir leyendo...Me ha gustado mucho y lo único algunas veces los tiempos verbales no concuerdan por lo demás perfecto...Besisss

    ResponderEliminar
  2. Gracias por leerme de verdad y sí es un fallo que tengo que corregir en muchas de mis novelas jejeje :D

    ResponderEliminar