lunes, 4 de junio de 2012

Capítulo 28 (parte 2)


            Volaba casi a la velocidad de la luz, tenía que hablar con Afrodita lo más rápido posible o Artemisa desaparecería. Llegué al edificio principal con los gritos de Aldana a mis espaldas.
            La rabia corría por mis venas.
            -¡Isis, espera!- me gritaba Adara.
            -No hay tiempo que perder, el tiempo corre en nuestra contra.
            -Quizás no está.
            -Tiene que estar ¿a dónde va a ir?
            -No lo sé pero se puede enfadar.
            -Que se enfade todo lo que quiera, Artemisa es mi amiga y pienso hacer todo lo posible por salvarla.
            -¿Y crees que yo no?
            -¡Maldita sea! Si la pierdo a ella también puedo perder a Airam- exploté al fin, llevaba mucho rato carcomiéndome la situación y que lo que le estaba pasando a mi amiga también podría pasarle a él- no quiero perderlo a él tampoco…
            -¿A quién no quieres perder?- oí a mis espaldas por lo que me giré rápidamente.
            Allí estaba él con su ropa de deporte y una toalla en un hombro. El pelo lo tenía mojado. Me mordí el labio inferior y me acerqué.
            -Artemisa está desapareciendo, Airam… nos atacaron en el asadero que habían organizado tus hermanos pero ella no lo soportó y cayó, ahora está tan débil que está desapareciendo…
            Las manos de él tomaron mis brazos con fuerza mirándome con preocupación.
            -¿Mis hermanos están bien?
            -Sí…- la presión se aflojó y no fue por el alivio sino por la debilidad y tuve que ayudarlo a mantenerse en pie- no por favor, tú no… Adara, ayúdame, por favor.
            Entre las dos lo ayudamos a sentarse en uno de los bajos muros y le agarré la mano.
            -¿Quién fue el que intentó atacar a mis hermanos?
            -Eran dos…- dijo Adara- al parecer Artemisa había matado a su demonio esclavo.
            -Si no hacemos algo, Artemisa desaparecerá y es posible que a ti te pase lo mismo- dije mostrando mis temores.
            Sentí la mirada Airam sobre mí y me obligué a mirarlo. Sus ojos brillaban con algo que no supe descifrar. Su mano tomó la mía con suavidad mientras me sonreía levemente.
            -Hablaremos con Afrodita y lo solucionaremos, no creo que quiera perder a una de sus mejores Ninfas.
            Se levantó con cierta dificultad, agarrándose de la pared y puso rumbo a la sala donde siempre estaba Afrodita.
            Los tres entramos en la estancia y vimos a la jefa sentada en su diván tomando uvas como si de una diosa se tratara. Esta imagen hizo que sintiera más rabia en su interior porque no parecía muy preocupada por sus Ninfas.
            La mano de Airam se posó en mi hombro y entonces me di cuenta de que mi sentimiento le estaba afectando. Lo miré mordiéndome el labio y cuando vi que más o menos se recomponía, di un paso adelante y hablé bien alto:
            -Afrodita.
            La mujer levantó la mirada.
            -Hola, Isis, ¿qué te trae por aquí?
            -Tienes que levantarle el castigo a Artemisa y ya.
            -¿Y puede saberse por qué me das órdenes?
            Adara se puso a mi lado y la miró con cara suplicante.
            -Es urgente, el cuerpo de Artemisa está desapareciendo.
            Afrodita se incorporó con el rostro mudado de sorpresa.
            -¿Cómo has dicho?
            -Que tu maldito castigo la ha debilitado tanto que está desapareciendo- no pude evitar decir con odio- si no haces algo perderás a tu mejor Ninfa… debes levantarles el castigo tanto a ella como a Airam.
            -Pero eso no era parte del castigo.
            -Tú sabrás lo que has hecho. Solo puedo decirte que la hemos dejado en brazos de uno de sus protegidos inconsciente y con su cuerpo desapareciendo muy lentamente.
            -No me hables así, Isis, recuerda lo que pasó la última vez.
            -Aún no lo he olvidado, créeme- dije llevándome una mano a la mejilla que ella misma me había golpeado.
            -No hay tiempo que perder entonces… debo buscar la forma de salvar a mi Ninfa antes que desaparezca del todo.
            -Levántales el castigo, por favor- pidió Adara- desde que se lo has impuesto, no es ella, no sale a ningún sitio, no puede hacer una vida normal. No sonríe. Apenas prueba bocado…
            -El castigo no le impide comer- dijo Afrodita casi con indiferencia.
            Adara apartó la mirada, entristecida. ¿Por qué se comportaba Afrodita tan duro con nosotras? ¿Qué le estaba pasando para que se pusiera de esa forma?
            Se acercó lentamente a Airam con un paso muy seductor, era como si flotara. Con gracilidad. Posó su mano sobre la frente de Airam que no se movió lo más mínimo y un pequeño resplandor salió de la mano de ella.
            Tras unos segundos se apartó y lo miró.
            -Te he levantado el castigo, Osiris. Vuelves a ser el de antes.
            Airam se giró hacia mí sonriendo levemente y no pude evitar corresponderle. Pero entonces pasó Afrodita entre los dos metiéndonos prisa para irnos a la Tierra y así ayudar a Artemisa.
            Salió tan rápido que no nos dio tiempo a seguirla y cuando salimos fuera, ya ella no estaba. Extrañados nos miramos todos y sin decir nada más, pusimos rumbo a la Tierra. Airam también iba con nosotros.

Capítulo 28 (parte 1)


            Aparté mis labios lentamente de los de Artemisa antes de que la puerta se abriera apareciendo Isis y Adara con mi hermano. Ambas se acercaron corriendo a la cama. Al ver el estado de su amiga, se miraron fijamente sin hablar.
            -Hay que ayudarla- dijo Ronny que estaba casi tan preocupado como yo.
            -Lo haremos, cuidad de ella- dijo Isis con determinación acercándose a la puerta.
            -Isis…- dijo Adara a modo de advertencia.
            -No, Adara, no me voy a quedar de brazos cruzados, ella nos ha ayudado en los malos momentos y no quiero verla desaparecer. Los Ángeles también podemos cometer errores. Voy a hablar con Afrodita y me da igual si vuelve a abofetearme pero no quiero que Artemisa desaparezca. Esto podría pasarle a Airam si no hacemos nada así que si quieres me sigues y si no pues quédate viendo cómo sufre mientras yo busco la solución.
            Sin decir nada más, Isis salió dando un portazo. Adara parpadeó sorprendida antes de mirarnos, en especial a Artemisa.
            -Será mejor que la acompañe- dijo antes de salir tras ella.
            Volví a mirar el rostro pálido y cada vez era más traslúcido.
            -Se pondrá bien ¿verdad?- me preguntó Ronny.
            -Es lo que más deseo…- levanté la mirada hacia él- ¿te has dado cuenta de lo hermosa que es?
            Ronny se sentó al lado del cuerpo de Artemisa que yo no soltaba para intentar darle calor.
            -¿Es que acaso te gusta?
            -No lo sé, a su lado siento cosas que nunca antes había sentido y enterarme de lo que era me ha dejado completamente sorprendido pero a la vez más fascinado por ella.
            -Tenemos que confiar en que ellas conseguirán algo- dijo Ronny.
            -Espero que se den prisa- dije yo atrayéndola más hacia mí, estaba helada y sentía cada vez más miedo- no quiero perderla, me he acostumbrado a verla todos los días y no soportaría verla desaparecer. No podría soportar algo así, desde que ella ha llegado a nuestras vidas muchas cosas han cambiado. Te ha curado…- sonreí con tristeza.
            Ronny me miró y agarró la mano de Artemisa.
            -Lo lograrán, ya lo verás.
            -Eso espero.

            No podía de abrazar a mis padres, estaba tan contenta de tenerlos a mi lado que no quería separarme de ellos. Era feliz.
            -Hija, deberías volver- decía mi madre acariciándome la mejilla.
            -No quiero. Si lo hago no volveré a veros…
            -Eso no es cierto, Bárbara. Siempre estaremos en tu cabeza y tu corazón.
            -No es lo mismo, mamá, aquí puedo tocaros y sentiros a mi lado.
            -Y cuando no nos ves también lo estamos- dijo mi padre- lo hacemos por ti, queremos que sigas salvando a gente inocente de esos Caídos. De los que te hicieron caer en desgracia.
            -No. Los que me hicieron caer en desgracia son los humanos, los que dices que tengo que proteger. Ellos me acusaron de ser una bruja cuando era inocente- las lágrimas escapaban de mis ojos sin control, aún no había superado aquel terrible episodio de mi existencia.
            -No todos son malos, hermana- dijo mi hermano que estaba a mi lado y me abrazaba con fuerza- yo me casé con una hermosa mujer de nobles sentimientos. Le hablé de ti y lo lamentó mucho, ella creía en tu inocencia.
            -¿Le hablaste de mí a tu esposa?
            -Claro que sí y también a mis hijos al que les entregué un baúl con cosas tuyas por si aparecía alguien parecida a ti o tú misma reencarnada.
            El labio inferior me temblaba.
            -Recibí el baúl, trabajaba en el restaurante de tu descendiente y él mismo me lo entregó… fue un detalle tan bonito…- me abracé con más fuerza a mi hermano.
            -¿Y no quieres seguir teniendo esos recuerdos en tus manos?
            -Pero os tengo aquí conmigo, ¿por qué insistís en que vuelva?
            -Porque hay gente que te espera- dijo mi padre y con un movimiento de la mano hizo aparece una especie de pantalla entre nubes donde pude ver a Stefan sosteniendo mi cuerpo entre sus brazos. Luego la imagen cambió y aparecieron Isis y Adara volando hacia los Cielos con una gran determinación- ellos quieren que vuelvas, hija. Te necesitan en sus vidas, nosotros ya estamos muertos y no podemos volver, tú tienes esa oportunidad. Vive por nosotros, por todas esas personas que una vez te quisieron y te defendieron a pesar de las consecuencias- en la imagen volvió a aparecer Stefan que me abrazaba cada vez más fuerte.
            Pude fijarme en un detalle en el que no reparé al principio. Mi cuerpo se estaba volviendo transparente.
            -¿Qué le pasa a mi cuerpo?- pregunté señalando hacia la imagen.
            -Tu cuerpo se desvanece poco a poco porque estás aquí, te estás volviendo más corpórea en este- dijo su madre- y si eso sucede ya no podrás volver.
            La cabeza de Stefan caía sobre la mía y me acariciaba con una mano la mejilla. Sin darme cuanta posé mi mano en el mismo sitio donde Stefan me acariciaba en la imagen pero no sentía nada. A pesar de ser la misma que estaba ahí no sentía la cálida mano de él.
            Quería quedarme con mis padres y mi hermano pero también quería volver. No sé muy bien por qué pero quería sentir aquella caricia en mi piel.
            -Te echa de menos, Bárbara- dijo mi hermano- siente algo por ti y no quiere perderte. ¿Vas a dejarlo solo? Nosotros ya vivimos nuestras vidas y no podemos recuperarla pero tú posees la inmortalidad de los Ángeles. Aprovéchala.
            -Pero…
            -Nada de peros, vuelve, es lo mejor.
            Cerré los ojos con fuerza, intentando concentrarme en encontrar mi otro cuerpo para volver a él pero no visualizaba nada. Era como si me topara con algún tipo de niebla que no me dejaba ver nada.
            ¿Por qué me pasa esto? Quiero volver a mi cuerpo, si pude venir aquí también debería poder volver ¿no? ¿Qué estaba pasando? Abrí los ojos mirando a mi familia.
            -No puedo volver y no sé por qué.
            -Vuelve a intentarlo- dijo mi madre mirándome preocupada.
            Le hice caso pero obtuve lo mismo que antes, toparme con una niebla que me impedía avanzar. De repente me sentí asustada. ¿Y si no podía volver nunca más y mi cuerpo desaparecía entre los brazos de Stefan? Todos sufrirían por mi culpa.
            Quedé de rodillas en el suelo sin dejar de mirar a la imagen.
            -No puedo…, no puedo volver…- sentí cómo se humedecían mis mejillas a causa de las lágrimas que escapaban de mis ojos- quiero volver. Quiero estar ahí, con mis amigas y con ellos dos que se han convertido en parte de mi existencia, también quiero estar cerca de Airam que me ha tratado como a una hermana. ¿Por qué no puedo? ¿Por qué?
            Unos brazos me rodearon con fuerza intentando consolarme.
            -Quizás no puedas hacerlo tú desde aquí, quizás tenga que hacerlo otra persona pero a cada segundo que pasa te haces más corpórea en este lugar…
            Me miré las manos y mi hermano tenía razón, cada vez era más corpórea en la Antesala. Ojalá pudiera hacer algo para volver pero parecía que mis poderes no me habían acompañado a ese lugar. Tengo mucho miedo de que me vean desaparecer y no volver a verlos más.
            -Yo quiero volver, quiero hacerlo.
            -Deja a ver qué hacen tus amigas… quizás ellas consigan la ayuda que necesitas.
            Volví a mirar la imagen y esta vez pude ver a mis amigas que volaban hacia los Cielos, seguramente en busca de Afrodita y mi corazón se llenó de esperanza.