martes, 21 de agosto de 2012

Capítulo 29 (parte 2)

            Miraba la pantalla con desesperación. Todos estaban en la habitación y vi como Afrodita miraba lo poco que quedaba de mi cuerpo.
            -Haced algo, por favor- le decía a la imagen en un vano intento que me escucharan aún sabiendo que era imposible- quiero volver… quiero estar a vuestro lado…
            A mi lado se hallaban mis padres y mi hermano dándome todo su apoyo mientras las lágrimas escapaban de mis ojos sin control.
            Entonces vi como Afrodita ponía su mano en mi frente de la cual salió un pequeño resplandor pero no parecía surtir efecto. Vi cómo se apartaba para mirar a mis amigos con cara de preocupación.
            -No parece volver- dijo.
            -¡Yo quiero volver!- grité golpeando la pantalla con impotencia.
            -¿Y qué podemos hacer?- preguntó Adara con cara preocupada.
            -La verdad es que es la primera vez que me encuentro en una situación semejante- dijo Afrodita- podríamos avisar a Hermes pero quizás tardaría demasiado y sería tarde para salvarla.
            Stefan se acercó y la agarró con fuerza por los brazos.
            -Ella va a volver, inténtalo de nuevo.
            La Ninfa lo miró fijamente mientras se apartaba.
            -No vuelvas a tocarme, muchacho.
            -Pues si has venido para salvarla, haz algo ya.
            -A mí no me das órdenes.
            Airam se acercó para apartar a su hermano.
            -No le hagas enfadar, lo más importante es traer de regreso a Artemisa- luego miró a Afrodita- ¿no ves alguna solución a esto?
            Ella negó con la cabeza.
            -Como ya he dicho nunca había visto algo así. No sé muy bien qué hacer.
            Isis se acercó a la cama y posó su mano en la mía sin dejar de mirarme.
            -Artie, por favor, vuelve con nosotras. No nos puedes abandonar ahora, no quiero tener que enfadarme- Isis sonrió con tristeza.
            Adara también se acercó y se puso junto a Isis. Sus ojos brillaban de lágrimas contenidas.
            -Isis tiene razón, ¿quién nos va a aconsejar cuando no sepamos qué hacer?- entonces las lágrimas comenzaron a correr por sus mejillas mientras Airam se acercaba también a mi cuerpo.
            -Tienes que volver o si no ¿quién cuidará de mis hermanos? Ellos te necesitan.
            Las lágrimas rodaban por mis mejillas mientras intentaba llegar a ellos a través de la pantalla. Ronny también se me acercó.
            -No hay palabras suficientes para agradecerte el que me ayudaras con mi recuperación por eso quiero que vuelvas, para darte las gracias todos los días que pueda y que tú has sido el vínculo que ha hecho que volviera a ver a mi hermano Airam- dijo sonriendo con cariño.
            El último en acercarse fue Stefan que me miró fijamente y se arrodilló junto a la cama para acariciarme la mejilla para luego decir en un leve susurro.
            -Vuelve, por favor…
            Algo tiró de mí con fuerza mientras lloraba. Miré a mí alrededor y pude ver a mis padres y a mi hermano sonreír.
            -¿Qué pasa?- pregunté sintiendo otro tirón de mi cuerpo asustándome.
            -Estás volviendo- dijo mi madre.
            Una sonrisa iluminó mi rostro de repente.
            -¿De verdad?
            -Sí, ellos te están dando la fuerza que necesitas para volver a tu cuerpo, tienes que hacerles caso.
            Asentí y miré a la pantalla.
            -¡Sí! ¡Voy a volver! ¡Quiero volver con todos!
            Todos levantaron la cabeza como si hubiesen oído mi voz y se miraron unos a otros.
            -¿Artemisa?- preguntó Isis.
            -¡Sí! ¡Seguid hablando y no me soltéis! ¡Voy a volver!
            Sentí más tirones y la euforia se apoderó de mí. Mi cuerpo en esa dimensión comenzó a desvanecerse poco a poco pero antes me abracé a mi familia.
            -Sé feliz, hija- dijo mi padre sonriendo con cariño.
            -Lo intentaré.
            -Vive lo que no pudiste vivir en tu vida mortal- dijo mi madre acariciando mi mejilla- si tienes que amar, ama. No hagas caso de las reglas, sé siempre tú.
            -Siempre- respondí asintiendo.
            Luego se acercó mi hermano que me abrazó con fuerza mientras me hablaba:
            -El baúl tiene un doble fondo, en ese lugar oculto hay más cosas que te dejé, cuando vuelvas al lugar que perteneces míralo, te gustará.
            -Lo haré.
            Miré de nuevo a la pantalla donde vi a todos a mi alrededor concentrados en hacerme volver. Mi cuerpo fue desapareciendo de ese lugar y cerré los ojos dejándome llevar hacia el lugar que me correspondía. Tenía que volver.
            De repente me sentí caer en un profundo abismo oscuro mientras oía las voces de mis amigos pidiéndome volver. También sentí algo en mi frente.
            Quería abrir los ojos, necesitaba abrirlos pero me estaba constando bastante. Solo un intento más, un poco más. El esfuerzo que han hecho no puede quedar ahí, necesito sólo un empujón más, entonces entre todas las voces me llegó una más clara que ninguna.
            -No me dejes, vuelve, por favor, vuelve…
            Era apenas un susurro pero superaba a las demás voces y sabía que era él, no podía ser otro.
            Vamos, Artemisa, debes abrir los ojos, hay que hacer un último esfuerzo. Mis párpados comenzaron a temblar hasta que lentamente comenzaron a abrirse.
            La luz que estaba comenzando a recibir me molestaba hacía que giré la cabeza para así poder abrir los ojos con tranquilidad. Al abrirlos sonreí, ante mí pude ver la cara que más anhelaba ver.

Capítulo 29 (parte 1) (Por Stefan)

            La puerta principal se había abierto de repente, sobresaltándome. Al parecer me había quedado medio traspuesto pero sin dejar de abrazar a Artemisa que estaba cada vez peor.
            -¡Ronny!- llamé a mi hermano para ver quién era pero de repente la puerta de la habitación se abrió.
            Una hermosa mujer con un vaporoso vestido blanco miraba fijamente lo poco que estaba quedando de Artemisa y se acercó lentamente. Mantenía el rostro impasible. Casi como por instinto, abracé aún más a Artemisa.
            De repente la mujer mostró una leve sonrisa y acarició el rostro de mi protectora.
            -Mi pobre Artemisa. Tranquila que pronto volverás a ser la de antes.
            -¿Quién eres?- pregunté.
            -Soy Afrodita, jefa de Artemisa.
            -Así que tú eres la que le impuso el castigo.
            -Fue porque tanto ella como tu hermano cometieron un terrible error.
            -¿Y tenías que castigarla de esta forma? Mírala.
            -Esto no entraba en el castigo. Ahora, por favor, apártate para levantarle el castigo y traerla de vuelta.
            -No puedo creerte. Le has hecho sufrir.
            -Era ese castigo o mandarla al Limbo y te puedo asegurar que el Limbo es el peor castigo de todos, así que no me hagas enfadar, chaval.
            Nos miramos fijamente cuando la puerta de la habitación volvió a abrirse.
            -¿Por qué no nos esperaste?- oí preguntar a Isis que entró como una tromba en la habitación.
            -Tenía prisa- dijo Afrodita- hay que traer de vuelta a Artemisa, siempre y cuando este chico se aparte.
            -No puedo fiarme de ella- dije en mi defensa.
            -Deja que le levante el castigo- dijo una voz tan conocida que no pude evitar apartar la mirada de aquella Ninfa.
            Frente a mí pude ver a mi hermano perdido. Aquel hermano que había echado de menos y del que ni siquiera pude despedirme.
            -¿Airam?
            Mi hermano sonrió al verme. Me había quedado inmóvil, no podía moverme de la impresión.
            -Ha pasado tiempo desde la última vez…
            -Sí…
            Airam abrió los brazos con una amplia sonrisa.
            -¿Es que no piensas venir a abrazar a tu hermano mayor o qué?
            Solté a Artemisa con suavidad dejándola sobre la cama cómodamente y me acerqué hasta mi hermano que me abrazó con fuerza. Seguía sin poder creerlo, lo tenía ante mí y no podía reaccionar.
            -¿Eres tú de verdad?
            -Claro, algo muerto pero soy yo… te ha impresionado más que a Ronny y eso que no eras tan impresionable…
            -No puedo creerlo… pareces tan real que es casi imposible que estés muerto.
            -Lo estoy, soy un Ángel y esta es mi nueva existencia.
            De repente, sin saber muy bien por qué le pegué un puñetazo.
            -¡Stefan!- exclamó Ronny acercándose a mí para separarme de mi hermano.
            -Eres un imbécil… ni siquiera esperaste para poder despedirme…- todo aquel dolor que sentí volvió a mí con una fuerza renovada.
            -Sigues teniendo un buen gancho de derecha, Stefan- dijo Airam tocándose la mandíbula.
            -No me vengas con esas ahora, imbécil- dije mirándolo mientras Ronny me sujetaba- ¿es que no escuchaste lo que te dije?
            -Te estás comportando como un niño- me dijo Ronny.
            -¿Cómo un niño? ¿Eso crees? Estuve esperándole para hablar con él. No llegó. Me avisaron horas más tarde cuando ya no había tiempo.
            -Créeme que si hubiese podido elegir, hubiera preferido estar vivo, yo no elegí morir de esa forma- dijo Airam mirándolo- no quería dejarte plantado y bien sabes que yo cumplo mis promesas.
            Conseguí zafarme de Ronny y salí de la habitación casi corriendo sin decir nada a nadie, no estaba en condiciones para seguir soportando aquello. Me senté en una de las tumbonas del jardín.
            De repente sentí una mano en mi hombro pero no levanté la mirada.
            -Déjame solo, Airam.
            -No, no deberías estar solo además Artemisa te necesita.
            -No creo que me necesiten, aquella tipa me quería echar de todas formas así que mejor me quedo aquí.
            -Entonces puedo sentarme en la otra hamaca- dijo recostándose y mirando al cielo- ¿sabes? En realidad es un milagro que no me hubieses visto antes… Llevo desde que me convertí en Ángel vigilándoos pero no os dabais cuenta y cuando enviaron a Artemisa para cuidaros me sentí muy bien, ella es una persona que trabaja muy duro por sus protegidos, tanto que ahora mismo está ahí arriba a punto de desaparecer por haberos protegido.
            -Esas palabras no me ayudan mucho la verdad, me hace sentir culpable de lo que le está pasando.
            Airam se incorporó y lo miró.
            -No tienes por qué sentirte culpable, ella lo hizo por ti y por Ronny. En especial por mí porque yo mismo le pedí que os cuidara. No confiaba en nadie y al conocerla por primera vez que fue cuando te salvó la vida, supe que era la protectora ideal.
            Mostré una leve sonrisa.
            -Y seguro porque también te pareció guapa.
            Airam también sonrió.
            -Sí al principio me lo pareció pero ahora hay alguien que me lo parece mucho más- dijo mirando para la casa lo que me hizo fruncir el ceño.
            -¿Quién?
            -Isis…- dijo casi en un susurro- gracias a ella pude recordar lo que sucedió el día del accidente. Pero las relaciones entre ángeles están prohibidas así que me tengo que conformar con verla. No poder rozar sus labios de nuevo será una tortura pero mejor eso que acabar en el Limbo.
            -¿En el Limbo?
            -Sí, es un mundo entre el Cielo y el Infierno, aparte de la Tierra, en el que van los ángeles y los demonios para cumplir castigos impuestos por no cumplir con las reglas. Dicen que es horrible y que cuando acabas el castigo no eres el mismo, básicamente te vuelves como loco.
           -Vaya, eso tiene que ser una putada de las grandes.
            -Y tanto. Tú sabes muy bien que cuando quiero a alguien doy hasta el alma pero en esta ocasión tendré que aguantarme- apartó la mirada de la casa para mirarme a los ojos- ¿y tú? ¿Qué fue de tu novia?
            -Lo dejamos- respondí simplemente encogiéndome de hombros- demasiados celos y posesividad por parte de ella.
            -Ya veo ¿y solo eso o hay algo más?
            -¿A qué te refieres?
            -Estabas abrazando a Artemisa como si te fuera la vida en ello. Nos conocemos, Stefan, a mí no puedes engañarme.
            Sentí la cara arder, en realidad casi soy como un libro abierto para el que sabe leerlo así que no me quedó más remedio que admitir lo que realmente sentía por Artemisa que era más profundo de lo que pensaba.
            -Sí, me gusta y mucho, no sé cómo empezó pero poco a poco fue calando en mi corazón y en mi alma hasta quedarse ahí.
            Airam sonrió.
            -Es tu tipo de chica, hermano. Deberíamos volver dentro, Afrodita va a curar a Artemisa y supongo que querrás estar ahí a su lado.
            Asentí y ambos entramos en la casa para ir a mi habitación.